proudhon, pierre joseph, apuntes autobiográficos

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  • COLECCIN POPULAR

    373 APUNTES AUTOBIOCRAFfCOS

  • Traduccin de JuAN DAMONTE

  • PIERRE-JOSEPH PROUDHON

    APUNTES AUTOBIOGRAFICOS Textos ese o gidos y ordenados

    por Bernard Voyenne

    / '

    COLECCION

    D FOPULAil

    FONDO DE CULTURA ECONMICA MXICO

  • Primera edicin en francs, 198 3 Primera edicin en espaftol, 1987

    Ttulo original: Mbnoires sur ma ve. Textes choisis et ordonns par Bernard

    Voyenne 1983, tditions La Dcuverte, Pars ISBN 2-7071-1366-2

    D. R. 1987, FoNDO DE CuLTURA EcoNMICA, S. A. DE C. V. Av. de la Universidad, 975; 03100 Mxico, D. F.

    ISBN 968-16-2614-1

    Impreso en Mxico

  • INTRODUCCiN

    -Prevengamos al lector sin rodeos: estas memorias son ficticias. Sin embargo, no hay una sola linea que no $ea autntica. Aun el titulo proviene de un estudio redactado por Ptoudhon. A no ser por algunos peque-6oS aaegls que estn siempre indicados, los textos reunidos aqut han sido tomados, en su forma exacta, de alpno de los tres elementos que componen esta obn: alrededor de cincuenta volmenes, que se pu Micaron en vida del autor o despns de su muerte; su correspondencia, considerable desde cualquier punto de vista; y sus anotaciones penonales, recopiladas por Pierre Hanbtmann y cuya edicin est preparndose. La Bibliografia, presentada al final del h'bro, nos per tnitint remitimos a cada uno de sus trabajos.*

    Slo el ordenamiento es responsabilidad ~nestra, con todos los riesgos que comporta y que, por supuesto,

    iSumimol. Esta >resentaci6n ha querido ser, ante todo, fiel, pero su pnneipal propsito es . poner al pblico actual en contacto con un escritor que se ha vuelto

    , ~ffcilmente accesible. Sin pretender engafiar a mdie, :~ ha parecido que esta forma de relato continuo ::,evitarla la aridez de los "fragmentos escogidos'' -los hay, por lo dem, excelentes- al posibilitar un acceso ms directo al hombre y su pensamiento. Proudhon no tuvo nunca tiempo (sin duda, tampo

  • biogrficos abunden en su obra. Nuestro intento de reconstruirla tendr, tal vez, la ventaja de mostrarnos en su fluir aqueiio que sus contemporneos, en la mayora de los casos, han comprendido tan mal y que la posteridad se ha esforzado, de manera ms o menos deliberada, en ocultar. Esperemos haber alcanzado nues-tro objetivo.

    Frente a los ataques de.la prensa, que ya rivalizaban en indecencia con los de ahora, el autor de Justicia siempre proclam su desprecio por esos chismorreos, tanto los que le halagaban como los malintencionados, y se neg a darles importancia: "Las cosas de mi vida, escribi, son menos que nada. . . no es bueno, para la libertad y . el honor de un pueblo, que los ciudadanos exhiban su vida ntima, tratndose entre ellos como personajes de comedia o como saltimbanquis." Este pudor privado, este rechazo a las ancdotas ms o menos legtjmas, no niega sin embargo que el hombre y su obra estn ntima01ente ligados. Cmo explicar, si no, que la misma obra que pronuncia esta condena nos ofrezca tambin los pasajes ms abundantes y ms her-mosos en los que el socilogo se nos muestra en toda su verdad? :1 prefera decir personalmente aquello que el pblico tena derecho a saber.

    Discreto, pero no secreto. Nada resultaba ms. ajeno , a su forma de ser que la duplicidad del hombte de letras: su divisa fue Dictum Factum. Era hombre de una sola pieza, enteramente comprometido en un combate en el cual, segn su forma de ver, su per-sona no contaba en absoluto. Qu podra haber tenido que esconder de su vida? Es recta y, adems, banal, si se la compara con la de otros revolucionarios: un Blanqui, un Bakunin, un Lenin. Sin embargo, comq a todos los grandes creadores, su infancia, nica como lo 8

  • son todas y de una dureza ejemplar, lo haba marcado profundamente. Sin haber cado nunca en el roman .. ticismo, conoci todas las tendencias de su poca. Per-seguido por la Monarqua de Julio, representante del pueblo en 1848, encarcelado por la Repblica y exiliac.lo por el Imperio, amigo, interlocutor por correspondencia o, ms a menudo, impugnador de gran nmero de con temporneos importantes, nadie podr sostener que Proudhon no ha sido un testigo importante. Unido firmemente a su trabajo, jams; desert del foro -por asqueado que estuviera- y slo ppdramo~ acusarlo de algunas dispersiones ocasionales.

    Este filsofo, en el sentido que se le daba a la pala-bra durante el siglo pasado, quera ser juzgado exclusi-vamente por sus ideas. Sin desconocer, empero, la carga de lgrimas y de sangre que stas guardaban inevita-blemente en su base. Su obra es vastsima y no son es casas las compilaciones de sus libros. Sin embargo, lo esencial proviene de su contenido, no slo de sus reflexiones, y de su rebelda. "Todo lo que s, lo, debo a la desesperacin", le confi tina vez a uno de sus ntimos. Un pesar sin duda vano~ porque la miseria de su familia no le haba permitido seguir estudios ms ortodoxos, obligndolo a descub:rir con grandes esfuer-zos aquello que otros haban aprendido fcilmente. Pero tambin est el rechazo de una estructura social fundamentalmente injusta, que probablemente . haba hecho morir a uno de sus hermanos y que, al llevar a la quiebra a su padre, un hombre l;wnrado, le oblig a l mismo a abandonar el colegio prematuramente. Desde ese da jur venganza, no por l, puesto que el resentimiento le era ajeno, sino por el honor de los pobres de quienes quera ser heraldo y mensajero.

    De todos los fundadores del socialismo, Proudhon es 9

  • el nico que vena directamente del pueblo. Tanto en lo fisico como en lo moral, se describa a si mismo como "rstico, un verdadero campesino", y todo el mundo lo vea de la misma manera, llegando a pro-longar esos rasgos basta lo caricaturesco. Era, en todos los msgos de su personalidad, un aldeano del Franco Condado, con sus costumbtes rsti~ su dignidad, su tozudez, su irritabilidad. Tena desp1antes de seor ("Yo soy UD. hombre noblel.,), y al mismo tiempo completa ausencia de pejuicios jerrquicos. Dicho de oba forma, puesto que todos eran sus iguales y l era igual a todos, nadie podfa atropelJarlo sin que se sintie~ ra apviado. Por otra parte, quienquiera que se diri-giese a l en forma respetuosa, as{ fuera un advenario, poda estar seguro de ser tiatado de la misma manera. No babia bajeza en su polmica, por encendida que sta fuera.

    Reconoca deberle a su proviucia, lo mismo que su sentido iuuato de igualdad, el culto a la libertad. Con la firmeza que le daba una amplia experiencia, no se dejaba impresionar por los bablad01es de la ciudad: ''Siempre he querido ser como los de mi regin: franco y leal aunque discutidor, p~nte, custico, brom~ ta y .burln, implacable con todos esos minuslurbens que quieten hacemos creer en aquello que no existe." Aisla~ do del mundo el9nte de Parls, despreciado por ste (aunque el sentimiento era mutuo), siempre vivi con la nostalgia por BU regin natal.

    Lo que le era propio era ese anlisis poderoso que va dd efecto a la causa, buscando siempre (y no sin peligros) una generalizacin que fuera lo ms amplia posible. Tomaba el absurdo como una ofensa personal. Pero se sobreponfa a sus sentimientos para encontrar una ley univmal. Aunque no poda soportar que un lO

  • hombre dominara a otro por medio del poder o del dinero) y menos an que lo humillara, tampoco estaba hecho para predicar un igualitarismo vulgar. Por el COQtrario, lo que l quera era Wla sociedad en la cual todos fueran diferentes, sin que nadie pudiera hacer 4e su singularidad un instrumento de explotacin. Todo tipO de subordinacin, segn l, no poda estar basada ms que en la impostura. Cualquiera que la justificara por fatalismo era culpable de un crimen contra la hu-manidad, al mismo tiempo que ultrajaba los descu-brimientos de la ciencia: sa fue la razn de su ruptura con la Iglesia, a cuyo servicio haba pensado poner-se alguna vez.

    Este plebeyo orgulloso estaba muy lejos de ser una fueJza de la naturaleza. Instintivo, si; afectivo, jams. Su pensamiento era esencialmente cerebral -tal vez demasiado en ciertos aspectos-; potente por la ampli-tud de sus conocimientos, su forma de percibir las correlaciones) su capacidad de sntesis. Em todo lo con-trario a un especialista, en ese siglo que comenzaba a especializarse. Ya sea que consideremos este hecho como un acto de fuerza o de debilidad, el peor contra-sentido con respecto a l sera el de encasillarlo en al-guno de esos dominios en los que incursion: metafl. sica, historia) economa, sociologa, saber poltico. Nada de lo humano le era extrao.

    Hemos mencionado la interrupcin de sus estudios, lo cual ciertamente desempefi6 un papel importante en la orientacin de su vida. Sin embargo, acerca de este tema -tan fcil- del Proudhon autodidacto ha-bra que aclarar, mejor an, corregir, muchas cosas. Es indudable que no hizo ms estudios secundarios que los de retrica, pero le fueron suficientes pam conocer a fondo el latfn, adems, por supuesto, de su propia

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  • lengua; en otro lado aprob despus el bachillerato, necesario para obtener la beca que le posibilitara ;1-canzar un mejor nivel. Convertido una_ vez ms en estudiante despus de los treinta aos, el becario Suard frecuent el Colegio de Francia y aprendi hebreo; contaba entre sus amigos varios estudiantes, y discuta con ellos de igual a igual. Tomaba notas sobre todos los temas con un hambre canina tan insaciable como antigua. Hasta que la enfermedad lleg para detenerla, su capacidad de trabajo fue inmensa. A partir de los aos cincuenta, alimentar a su familia solamente con sus trabajos como escritor. Aunque lea mucho, no lo baca al azar; tamizaba, al contrario, todo aquello que iba a ser importante para la ciencia de su siglo. Era para sacar sus propias conclusiones, al abrigo de cual~ quier conformismo y arriesgando perderse en esas nuevas tierras. Aunque solitario, no fue de ninguna manera un hombr