pierre-joseph proudhon - la idea de la revolución en el siglo xix

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  • 7/27/2019 Pierre-Joseph Proudhon - La idea de la revolucin en el siglo XIX

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    La idea de la revolucin en el siglo XIX de Pierre Joseph Proudhon

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    LA IDEA DE LA REVOLUCIN EN EL SIGLO XIX*Pierre Joseph Proudhon

    PREFACIO

    En toda historia de una revolucin se tienen que observar tres cosas:

    El rgimen anterior que la revolucin trata de abolir y que en su afn para conservarse se hacecontrarrevolucionario.

    Los partidos que, tomando la revolucin desde ciertos puntos de vista, siguiendopreocupaciones e intereses diversos, se esfuerzan, cada uno, por atraerla hacia s y porexplotarla en su provecho.

    La revolucin en s misma, o su solucin legtima.

    La historia parlamentaria filosfica y dramtica de la revolucin de 1848, podra dar materiapara muchos volmenes; pero me circunscribir a tratar, de una manera independiente, algunasde las cuestiones que permiten ilustrar nuestros conocimientos actuales. Me lisonjeo que misestudios bastarn para explicar la marcha, y hacer conjeturar el porvenir de la revolucin en elsiglo XIX.

    Lo que voy a trazar no es una historia, sino un plan especulativo, un cuadro intelectual de larevolucin.

    Llenad el tiempo y el espacio con fechas, nombres, discursos, manifiestos, proclamas, batallas,episodios, golpes de habilidad, evoluciones parlamentarias, venganzas, desafos, etc., etc., ytendris la revolucin en carne y hueso; tal como se ve en Buchez y en Michelet.

    Por primera vez el pblico juzgar el espritu y conjunto de una revolucin antes de que serealice por completo: quin sabe las desgracias que hubiesen evitado nuestros padres, si,dejando aparte el azar, los hombres y los partidos, hubiesen podido leer con anterioridad sudestino.

    En mi exposicin tendr cuidado de recurrir en lo posible a los hechos y elegir siempre entreestos los ms sencillos y vulgares: es el nico medio para que la revolucin social, que no hasido hasta aqu ms que un Apocalipsis, se convierta en una realidad.

    * Traduccin: Pedro Segu. Ttulo original: Lidee de la revolution dans le XIX siegle. Digitalizacin KCL.

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    PRIMER ESTUDIO

    LAS REACCIONES DETERMINAN LAS REVOLUCIONES

    CAPTULO IDE LA FUERZA REVOLUCIONARIA

    As entre los hombres partidarios del movimiento como entre los partidarios de la resistencia,existe la idea de que una revolucin, cuando se halla atacada en su origen, puede ser detenida,rechazada, esquivada, o desnaturalizada. Para esto slo se necesitan dos cosas: la astucia y lafuerza. Uno de los escritores ms juiciosos de nuestros tiempos, M. Droz, de la academiafrancesa, ha escrito una historia sobre el reinado de Luis XVI durante el que, segn l, sehubiese podido evitar la revolucin que le cort el trono y su existencia. Blanqui, uno de los msinteligentes revolucionarios de nuestros das, dice, as mismo, que con una energa y habilidad

    suficiente, el poder tiene medios para guiar al pueblo como mejor le parezca, hollar el derecho yahogar el espritu revolucionario. Tanto la poltica del tribuno de Belle Isle (ruego a sus amigosque tomen la calificacin en el buen sentido de la frase) como la del juicioso acadmico,encuentra su origen en su miedo de ver la reaccin, triunfante, miedo que, en mi concepto, noes nada ms que ridculo. As la reaccin, germen del despotismo, existe en el corazn delhombre; aparece, aun mismo tiempo, en las dos extremidades del horizonte poltico y constituyeuna causa, no pequea, de nuestras muchas desgracias.

    Privar que una revolucin siga su curso: Acaso no es esto una amenaza a la Providencia, undesafo al inflexible destino, cuanto, en una palabra, se puede inventar de ms absurdo! Privada la materia que pese, a la llama que arda, al sol que brille!

    Con lo que pasa a nuestros ojos, yo mostrar que as como el instinto de la relacin esinherente a cualquier institucin social la necesidad de la revolucin, es, igualmente, irresistible;que todo partido poltico, sea cual fuere, puede convertirse conforme a las circunstancias enrevolucionario y reaccionario; que estos dos extremos, reaccin y revolucin, correlativos unodel otro, y engendrndose mutuamente, son, en los conflictos, esenciales a la humanidad: desuerte que puede evitar los escollos que a derecha e izquierda amenazan a la sociedad, elnico medio que existe (al revs de lo que la legislacin actual se lisonjea de hacer) es que lareaccin transija perpetuamente con la evolucin. Acumular los agravios, y, si se puede emplearesta frase: almacenar, con la represin, la fuerza revolucionaria, equivale a que se franquee deun golpe todo el espacio que la prudencia manda salvar poco a poco y sustituir al tranquilo ypacfico progreso, el progreso realizado con saltos y sacudidas.

    Quin ignora que los ms poderosos monarcas han dejado un ilustre nombre en la historiahacindose revolucionarios a medida que las circunstancias lo exigan? Alejandro deMacedonia devolvi a Grecia su unidad Julio Csar que fund el imperio romano sobre losescombros de una venal e hipcrita repblica; Clovis, cuya conversin fue la seal delestablecimiento definitivo del cristianismo en las Galias, y, hasta cierto punto, el origen de lafusin entre las hordas francas en el ocano galo; Carlomagno que inaugur la centralizacinde los alodios e indic el punto de donde arranc el feudalismo; Luis el Gordo, tan querido en elTercer Estado por el favor que hubo de dispensar al municipio; San Luis, que organiz losgremios; Luis XI y Richelieu, que dieron el ltimo golpe a la nobleza, fueron todos ms o menosrevolucionarios. La misma noche de San Bartolom, que en el espritu del pueblo, de acuerdocon Catalina de Mdicis, fue dirigido contra la nobleza, ms que contra la reforma, ha sido una

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    manifestacin violenta contra el rgimen feudal. Pero en 1814, en la ltima reunin de losEstados Generales, la monarqua francesa abjur su papel de iniciadora, y, faltando a suspropias tradiciones, se atrajo el 21 de enero de 1793, donde espi su felona.

    Nada tan fcil como el citar ms ejemplos: todo el mundo los suplir por pocos conocimientosque tenga de la historia.

    Una revolucin es una fuerza contra lo que ningn poder, divino o humano, prevalece. Unarevolucin se engrandece y fortifica en la misma resistencia que encuentra. Se puede dirigirla ymoderarla y ya dije, no hace mucho, que la poltica ms sabia consiste en ceder a ellalentamente con objeto de que la evolucin constante de la humanidad se realiceinsensiblemente en vez de realizarse con sacudidas y trastornos. A una revolucin no se lerechaza ni engaa; nadie la desnaturaliza ni nadie llaga a vencerla; cuanto ms se lecomprime, ms se acrecienta su impulso: su accin no es irresistible. Tan cierto es esto, quepara el triunfo de una idea lo mismo da que se la persiga o se la deje en sus principios, comoque se la permita desenvolver y propagar sin ningn gnero de vallas. A semejanza de laantigua Nmesis, que ni las amenazas ni los ruegos eran bastante a impresionar, la revolucinavanza con sombro y fatal paso sobre las flores que le echan sus devotos, en la sangre de susdefensores, y sobre los cadveres de sus mismos enemigos.

    Cuando en 1822 las conspiraciones cesaron, no falt quien creyese que la restauracin habavencido a la Revolucin. En esta poca bajo el ministerio Villele ya propsito de la expedicin aEspaa, se la prodigaron toda clase de insultos. Pobres locos! la Revolucin haba pasado;ms los aguardaba en 1830.

    Cuando en 1839 y despus de la tentativa de Blanqui y de Barbes se dispersaron lassociedades secretas, pensase, tambin, en la inmortalidad de la joven dinasta: no pareca sinoque el progreso estaba a sus rdenes. Los aos que siguieron fueron los ms brillantes delreinado. Y sin embargo, a partir de 1839 la clase media empez a coaligarse; el pueblo seamotin, hasta que, por fin, llegaron las jornadas de febrero. Quiz con ms prudencia o msaudacia, se hubiese prolongado la existencia de esa monarqua esencialmente reaccionaria;

    pero la catstrofe, retardada, hubiera sido mucho ms violenta.

    Despus de febrero, se ha visto cmo los jacobinos, los girondinos, los bonapartistas, losjesuitas, todos los partidos de otras pocas (casi he nombrado todas las fraccionessucesivamente contrarrevolucionarias de los pasados tiempos) queran ahogar una revolucinque ni tan slo fue comprendida. Hubo un instante en que la coalicin fue completa. El partidorepublicano casi haba cedido. Pues bien que la coalicin insista, qu se obtiene en larealizacin de sus planes? su derrota ser ms completa. Si la revolucin pierde terreno, luegoavanzar a grandes pasos. Esto es tan fcil de comprender como un axioma geomtrico. Larevolucin no suelta el bocado por la misma razn de que nunca se perjudica a s misma.

    Las revoluciones empiezan siempre con las quejas del pueblo que slo la acusacin contra un

    estado de cosas vicioso y en el cual la case pobre es siempre la vctima. Las masas no sesublevan ms que contra lo que les daa en su constitucin fsica o moral y esto es un motivopara que se los persiga y se ejerza en ellas toda clase de venganzas. Qu locura! Un gobiernocuya poltica se funda en no escuchar la voz del pueblo, y en rechazar sus quejas, se denunciaa s mismo. Es como el bandido que acalla sus remordimientos con la ejecucin de varioscrmenes. En cada atentado la conciencia ruge ms fuerte y ms terrible, hasta que al fin, elculpable se turba y entrega al verdugo su existencia.

    Para conjurar los peligros de la revolucin no existe ms que un medio: hacer justicia. El pueblosufre y no est contento de su suerte. Es un enfermo que gime, un nio que llora. Id hacia l,atended sus quejas, estud