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NOSTALGIA DE UN CINCUENTON

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En Puebla de Cazalla

QUERIDA PUEBLARafael Rodrguez Sndez

Fotos: Manuel PezEn La Puebla de Cazalla, los Reyes Magos pasan a las doce del medioda del da cinco de enero. Los nios nos congregamos ante la torre del convento y le cantamos al campanero, Diego toca las campanas si no las tocas hoy las tocars maana, pues tenemos clara conciencia de la dificultad que tiene esta hora para los Reyes, y por eso manifestamos con nuestro cntico la comprensin que supone aplazar para maana la realizacin del prodigio. En los dems pueblos, los Reyes esperan a que se haga de noche para ocultarse y disimular su actuacin con la oscuridad. Pero en el nuestro realizan un ejercicio ms difcil todava y atraviesan el pueblo a pleno da y sin engaos y no se toman ms ventajas que la de que los nios estamos en la plaza del convento pendientes de las campanas. Creo que los Reyes realizan este alarde ante nosotros en gratitud y correspondencia a nuestra fe en ellos, una fe sin recelos ni atenuantes, una fe que no pide nocturnidad ni otras circunstancias que faciliten la creencia, una fe a pelo, con luz y campanero.

Entre los nios corre el rumor, adems, de que algunos aos se ve la mano y el brazo de uno de los Reyes, de Baltasar sobre todo, en el momento de tirar de la cuerda de la campana, ayudando a Diego y complicando todava un poco ms las dificultades. Los que hemos sido nios en la Puebla tenemos el recuerdo, que no podrn abatir nunca ni los aos ni las prdidas neuronales que los acompaan, de haber visto entre claridades del medioda y no entre brumas nocturnas, el brazo de Baltasar, slo el brazo, sobresalir por el hueco de las campanas de la torre del convento y tirar de la cuerda.

Estos acontecimientos de los Reyes Magos alegraban unos das que venan cargados con alguna tristeza a causa del fin de las vacaciones de Pascua, tan esperadas y tan breves. Todo lo que ocurra a lo largo de ellas nos pareca deslumbrante y de la mejor calidad, empezando con las jornaditas y el olor y los preparativos de los primeros portales de Beln, el sol, los das en los que luca, pero tambin la lluvia los das en los que llova, que le daba a las calles un aspecto triste y magnfico, y que haca tan placentera la entrada en la casa, tan acogedora la camilla con el brasero, expandido el aroma de la alhucema y el romero, y tambin, mirando desde la ventana o el cierro, la emocin que la misma lluvia provoca y la egosta alegra de saberse protegido y cobijado, y el sentimiento, que luego en el verano el calor normalmente desbarata, del gusto por lo ntimo y lo propio.

No eran de inferior clase los das soleados de las pascuas. Por la maana aparecan empaados los cristales de las ventanas y los restos de la helada nocturna permanecan todava sobre las macetas y arriates. El sol iba apareciendo entre indecisiones en el momento en que la primera copa del da llegaba a la camilla, puede que arrojando el humo de algn tizo, al que haba que coger con la badila o mejor con unas tenazas y apagar en un cubo de agua, operacin que produce siempre una satisfaccin inexplicable. Cuando el sol consegua al fin ser ms fuerte que la inercia de la noche, impona su luz en las calles entre tonos suaves y uniformes y gente que lleva fro entre los mantones, las mujeres, y las pellizas, los hombres.

Como todo el mundo habr observado, la luz de los das laborables no es la misma que la luz de los das que son vsperas y fiestas. Esta luz ha de ser clasificada en luz de vspera de domingo simplemente, esto es, luz de sbado, esplndida ciertamente, y repetida cada sbado a lo largo del ao, y luz de vsperas de fiestas mayores y ms extensas. En estas segundas, la luz alcanza una perfeccin casi total, no importa que llueva o ventee. La peculiaridad de esta luz y aquello por lo que especialmente se caracteriza es la de ir acompaada de una gran serenidad y quietud en el momento del atardecer, que es cuando la vspera luce de modo principal. La incertidumbre que bajo la figura del maana atemoriza a los hombres y les inquieta, aparece aniquilada en estas vsperas infantiles con la perspectiva de que al da siguiente no hay que temer a la clase temprana cuyas lecciones haba que saber desde el da anterior, sino que, muy al contrario, el da va a empezar con la maravilla del tiempo por delante sin mayores complicaciones, sin obligaciones escolares, con todos los atractivos de las fiestas abiertos ante uno, partido de pelota en el paseo, paseo por la carretera despus de comer, merienda y paseo por la calle Victoria con los amigos, y nuevo declinar del da con una nueva perspectiva de maravillas para el da siguiente. Por todo ello, el final de un tiempo de vacaciones, como el de las pascuas, era siempre algo triste y oscuro.

Si es el comienzo del otoo y ha llovido, disfrutamos con el cambio de estacin y el cambio de ropa tras el verano tan largo, y hay en la calle un aire nuevo y fresco, alguna seal de la lluvia en las aceras, una luz distinta y ms suave, un frescor maanero que nos conmueve. En la Puebla el otoo comienza cuando acaba la feria y es ms una seal de la costumbre que un acontecimiento estrictamente meteorolgico, pues no importa que acabada la feria siga haciendo calor de verano si ya hemos decretado que ha terminado el tiempo de pasear por el paseo y va a empezar el de pasear por la carretera. Es verdad que en muchas noches de septiembre ya no es agradable sentarse en la puerta de la calle pues hace fresco y no hay esa cosa rotunda del verano, ese ahondamiento de la noche, pero aunque viniera el mismo calor y el mismo ahondamiento, ya, despus de la feria no es lo mismo, pues, por ejemplo, no pasa tanta gente para el cine e incluso el cine de verano ya no abre y el de invierno no abre todava, o, con toda seguridad, despus de la feria, Cuchilleja no enciende el foco grande de la puerta de su casa, el que ilumina los veladores y da a la calle tanta luz y animacin. As que el otoo empieza con estas seales y la calle Victoria queda por las noches ms vaca y sola, y esperamos como cada ao la primera lluvia que trae el olor de tierra mojada que el verano ha hecho tan remoto, la que hace brillar los adoquines de la calle con el breve resplandor de la lmpara nocturna, la misma que hace sonar las primeras canales y trae los primeros olores de la ropa guardada entre alcanfor.

Estamos empezando el mes de octubre y estn maduros los duros membrillos y vienen las granadas con su primera acidez amarga y la luz ya no invade la calle ahuyentando a los vecinos sino que es amable y suave y la tarde, pasada la hora de la merienda, se acorta y apenas llega a las seis y media.

En las maanas de otoo e invierno se suelen instalar en la Plaza del Ayuntamiento vendedores ambulantes que practican una oratoria florida y persuasiva. Recuerdo una maana en la que el orador ofreci como regalo a todo el que le comprara el lote de mantas y toallas que ofreca una cartera de piel de lagarto tuberculoso, dijo, adjetivo que repiti con insistencia y que a mi me resulto discordante con la seriedad que haba tenido el discurso hasta aquel momento, dndome la impresin que esa nota de humor invalidaba el anterior discurso y quitaba calidad al gnero que venda, pues, si el regalo era de piel de lagarto tuberculoso, por qu no poda ser el cobertor, que no era objeto de regalo, de lana de oveja igualmente tsica?, o bien que la introduccin de aquel adjetivo demostraba para el que quisiera entenderlo que l, que posea dotes evidentes para triunfar en empresas ms importantes, ejerca la profesin de vendedor muy a disgusto y por la dificultad de los tiempos, que no estaban para escrpulos y florituras, con lo que l mismo dejaba sin valor una oratoria como la que practicaba, tan variada y estimable, o puede que tan slo estuviera haciendo una prueba de la atencin del pblico siguiendo un procedimiento que utilizan muchos maestros y oradores que consiste en la introduccin brusca de una discordancia para comprobar el nivel de inters de los oyentes. Procedimiento que usaba conmigo y para medir mi grado de atencin mi vecino Barrero cuando me apalabraba por las maanas para oyente de la lectura del peridico. Colocados l detrs del mostrador de la tienda y yo delante sentado en una silla, me lea con perfecta entonacin y con los movimientos de brazos y manos que el texto requiriera toda la variedad de noticias y discursos, pero de vez en cuando finga leer cosas del tipo sucesos: le sustraen una cartera vaca que contiene quinientas pesetas y me miraba con atencin y seriedad por encima de las gafas para comprobar si yo me percataba o no me percataba de lo que me haba dicho, si yo le oa con atencin sincera o con atencin simulada, en suma, si yo era un buen oyente o no era un buen oyente.

Durante la Navidad se coloca la tmbola benfica en uno de los arcos del Ayuntamiento. Esta tmbola ha cambiado el sistema de las papeletas con respecto a la que, antes de ella, se instalaba en la feria. En esta de la feria, las papeletas eran de papel blanco liado en diagonal con fina precisin y evidente mala leche y conseguir abrirlas era una tarea que no todos conseguan finalizar. La misma organizacin de la tmbola se compadeca de los compradores poniendo a su disposicin un tazn lleno de agua en el que stos mojaban la papeleta con la ilusin de abrirlas, pero logrando tan slo que se desprendieran trocitos de papel y que quedara desleda la tinta que en el interior poda anunciar la presencia de un premio.

Pero si no son las pascuas y no est la tmbola, la plaza tiene por las tardes de invierno un aire triste e ntimo, alumbrada con las luces de las cuatro altas y elegantes farolas que asentadas en un pedestal de ladrillos suben mediante tronco metlico hasta terminar en la lampara que viene a ser como una pia con tulipa de cristal. Luce tras las puertas del Central el ambiente del interior y tambin Reguera y el bar Puerto tienen las luces encendidas, y hay gente que sale y entra en ambos bares, y algunos nios que ju