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  1. 1. Alvaro Vargas Llosa - Mensaje a la semilla Sobre (contra) la educacin pblica y obligatoria JUNIO 1996 Querida semilla: el editor de un peridico del sureste de los Estados Unidos -un gringo colorado con pelo blanco y cara de eso que en el Per llaman, exquisitamente, un "huevn a la vela"- me mir con desprecio el da que le dije que tu madre pensaba retirar a su hijo del colegio pblico en el que haba pasado unos meses aprendiendo ingls. Ponindose ms colorado, me explic que no se puede tener una nocin de lo que es la vida si no se pasa por la escuela pblica, joya del sistema americano. Pocos das despus me enter de que este cruzado de la escuela estatal haba metido a su hija a la escuela privada ms cara del condado (cerca de mil dlares mensuales), a cuya junta de directores, adems, perteneca. No es el nico caso. De Clinton a Tony Blair, los socialistas (y los "huevones a la vela") olvidan todas las grandezas morales de la escuela pblica cuando se trata de educar a sus hijos. Qu quiere decir esto? No te inculcar tan pronto la nocin de que el bpedo humano es un extrao ser que hace lo contrario de lo que dice. Ms bien, te sembrar esta otra sugerencia: la educacin estatal es una institucin que goza de tanto predicamento moral que casi nadie se atreve a desafiarla como idea, prefiriendo hacerlo slo en la prctica y con mucho disimulo. No extraigas, por tanto, de todo esto la enseanza de que los hombres son hipcritas: ms bien que son... cmo diramos...?, depositarios de un fervoroso respeto a la inercia institucional. Y la intromisin del Estado en la educacin es una de las ms poderosas instituciones de nuestro tiempo, una tradicin que creemos antigua por ms que su linaje se remonta apenas al siglo pasado. Lo que alimenta la vocacin educativa del Estado es, como ocurre tanto en poltica, una idea equivocada: la de que existen "derechos econmicos". El derecho es un concepto moral que tiene que ver con la relacin de cada individuo con los dems. El puente entre los principios que me brincan como saltamontes en la cabeza y el resto de los seres humanos se llama derecho y puede tomar la forma de algo no escrito o de un cdigo legal. En cualquier caso, recuerda esto: la moral nace en el individuo, y sus derechos, que son hijos de la moral, no son colectivos sino particulares. Y antes de que bosteces, voy a la conclusin de que no hay sino un derecho: el derecho a la vida, o, mejor dicho, el derecho a la libertad, es decir el derecho, que alguna vez ser tambin tuyo, de disponer uno de su vida como crea conveniente. Qu implica esto en tu relacin con el resto de los bichos humanos? Sencillamente, que no puedes imponerles ninguna obligacin para contigo que no sea el respeto a tu derecho a ser libre. Tu derecho es, por tanto, exclusivamente poltico. Extender la idea del derecho a la economa es anular la idea misma de derecho, pues implica forzar a alguien -ya que la sociedad, como Pap Noel, ese insigne redistribuidor, no existe- a sacrificar su libertad para favorecer a una tercera persona. Los derechos econmicos, como el derecho a la educacin, despojan a muchos individuos de su propiedad. El bobo editor de peridico que me hace la apologa de la educacin pblica la hace, no porque la prefiera para su hija, que no es el caso, sino porque le han hecho creer
  2. 2. que la educacin privada es inmoral. Y el mtodo mediante el cual le han hecho creer esto fue bautizado por una estupenda filsofa, Aun Rand, con el nombre -agrrate bien- de "falacia de la abstraccin congelada". Esto, que te sonar a chino, es muy fcil: significa la mentira de creer que la moral es comn, que se puede elevar la tica del individuo, es decir su derecho a la libertad, a una categora colectiva, la sociedad. Es como si el pezn del que mamars muy pronto no fuera el de tu madre sino el de toda la sociedad. No, la sociedad no tiene pezones, y tampoco tiene derechos. Los derechos, como los pezones, son de los individuos. La falacia moral que est detrs de la intervencin del Estado -ese grupo de individuos que actan en nombre de la sociedad y ostentan el monopolio de la fuerza- tiene mucho que ver con la idea de proteger al nio. La cosa aqu se complica, porque, efectivamente, el Estado tiene la funcin de proteger. Los liberales creemos que es la nica funcin que tiene. Pero ocurre que el Estado, en vez de proteger al individuo de los atentados contra su libertad, lo quiere proteger contra la ignorancia. El derecho a ser libre se vuelve derecho a dejar de ser ignorante, obligacin que tienen los dems de acabar con tu ignorancia. Y me temo mucho que los propios liberales han contribuido a este cacao poltico, pues los ms sabios defensores de la libertad se han llenado de dudas a la hora de abordar la situacin del Estado y la educacin, y ms ampliamente, del Estado y el nio. Adam Smith, por ejemplo, es uno de esos liberales que dudan de la libertad en el tema de la educacin. Piensa que "el Estado deriva no poca ventaja de la instruccin" de los ms pobres porque "mientras ms instruidos menos vulnerables sern a las falsas ilusiones del entusiasmo y la suposicin, que entre las naciones ignorantes con frecuencia ocasionan los peores desastres". Yo, que tengo alguna relacin familiar con el tema, no me atrevera a negar esta verdad. Ms discutible es la afirmacin de Smith de que la divisin del trabajo, con la consecuencia de que muchos trabajadores en las fbricas terminan haciendo labores repetitivas de escassimo contenido creativo, puede significar una reduccin de la fibra intelectual de la sociedad y de lo que llama "las virtudes sociales". Siendo el capitalismo un sistema cambiante, las labores propias del sistema tambin cambian. Quizs el gran escocs no tena por qu anticipar el apogeo de la economa de los servicios y la revolucin informtica de nuestros das, pero exager cuando vio en la repeticin mecnica de ciertas labores proletarias una amenaza a la sociedad, usando ese argumento para justificar la funcin educadora del gobierno. Su propuesta global, vista a la luz de nuestro tiempo, es muy liberal: el Estado debe concentrar su esfuerzo en subvencionar slo la construccin de las escuelas. Jams se le ocurri, por supuesto, proponer que el Estado regale la educacin, pues crea que el mercado es en s mismo el mejor transmisor de enseanza para todos. Pero el principio que us para justificar esta leve intervencin no podemos aceptarlo sin aceptar, como consecuencia lgica, una mayor intervencin. John Stuart Mill, por su parte, pensaba que en materia de educacin el problema es que el consumidor no sabe juzgar el producto y que resulta peligroso poner en el padre la responsabilidad de la proteccin absoluta del menor. Tampoco Mill propona una solucin comparable al Estado de nuestros das: la educacin pblica le pareca el principio de un "despotismo sobre el cuerpo y la mente". Su propuesta es que no haya educacin pblica -cmo podra pedirla quien se hizo genio estudiando en su propia casa-: apenas la obligacin de estar instruido, por lo que todos deberan aprobar un examen en determinado momento. Quienes no lo aprobaran seran forzados por el gobierno a recibir
  3. 3. una educacin. Ninguno de estos pensadores pretenda que el estudiante dejara de pagar directamente por su educacin, pero al atribuir a la educacin una cualidad social, y en ltima instancia moral, abran las puertas a la intervencin del gobierno y por tanto al cobro de impuestos para financiarla. Esta tendencia ha sido acentuada en tiempos ms recientes por pensadores como Milton Friedman, uno de los adalides del bono escolar. Para Friedman una sociedad estable y democrtica es imposible sin un grado mnimo de alfabetizacin y la aceptacin general de ciertos valores comunes. El profesor norteamericano cree que sin la informacin necesaria no puede funcionar la democracia. De all su aceptacin de que el Estado juegue un rol en la educacin a travs del subsidio directo a los estudiantes en la forma de un bono escolar que puede ser utilizado como medio de pago en una escuela de su preferencia. Aunque, a la luz de los constreimientos polticos de la sociedad actual, esta propuesta es ms bien liberal, ella parte de un principio discutible y peligroso, que puede servir para justificar peores formas de intervencin (tampoco olvidemos que el bono escolar encierra la idea de que la libertad -la propiedad- de unos puede ser violada para proteger a otros de la ignorancia). Es verdad que la sociedad democrtica necesita de ciertos valores comunes. Pero el nico valor comn en una sociedad libre es el respeto de los valores individuales, materia que no forma parte del currculum escolar o universitario. Lo que es cuestionable en la idea de estos liberales acerca de la educacin no es que la crean trascendental sino que crean que la intervencin del Estado es una forma de honrar esa trascendencia. Es ms: las aulas adems de colectivistas y autoritarias no son ni siquiera el principal vehculo educativo. Las lecciones ms importantes de tu vida -desde que te rompas la crisma al caer de la cama hasta que tu pareja te ponga los cuernos- las aprenders fuera de las aulas. Confieso, por ello, que ste es uno de los poqusimos temas en los que me siento ms cerca de algunos anarquistas que de algunos liberales. Te contar por qu. Estamos en Estados Unidos. Fines del siglo pasado. Hay una revista -Liberty- que es el aglutinante de un brillante movimiento de anarquistas, gente pacfica -no energmenos como sus contemporneos rusos o franceses- que defiende la libertad y polemiza intensamente en torno al tema de los derechos individuales del nio. El director de la revista, Benjamin Tucker, defiende una posicin bastante cruda. Para l, los derechos -la libertad- son producto de contratos entre individuos, una transaccin que confiere a las partes lo que l llama equal liberty. Como para l t no tienes conciencia ni capacidad de contratar tu libertad, no perteneces a la categora de los propietarios sino a la otra categora que completa nuestra especie: la de los que son propie