Nietzsche: el Anticristo y el Amor a la Vida

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    Nietzsche: el Anticristo y el Amor a la Vida

    Santiago Lario Ladrn9684sll@comb.es

    Resumen: Desde su poca juvenil hasta el final, Nietzsche anhela superar lacondicin humana. Al inicio pone su esperanza en el arte pero, a partir de Humano,demasiado humano, se desvincula de esa tesis y pone todo el nfasis en lograr unaelevacin de la vida a travs de una nueva moral: el superhombre sera as el fruto, untanto brumoso y evanescente, de ese futuro ascenso, Zaratustra su profeta, y elAnticristo, como acrrimo defensor de la moral contraria a la de Cristo, su ms firmevaledor.

    El Anticristo es el nico manuscrito indito de Nietzsche ya que, cuando sesumi en la locura, lo tena listo para mandarlo a la imprenta. Por su contenidoantirreligioso y su estilo furibundo y en apariencia fcil, ha sido uno de sus libros msledo; y sin embargo, su autor lo juzgaba tan ininteligible como Zaratustra (y todossabemos que Nietzsche juzgaba muy ardua su interpretacin, lo que indicara que talvez la aparente sencillez de ste resulte engaosa), hasta el punto de que reservabasu comprensin a aquellos que la hayan conseguido con el primero: Este libropertenece a los menos. Tal vez no viva todava ninguno de ellos. Sern, sin duda, losque comprendan mi Zaratustra. (El Anticristo, prlogo). Con lo cual parece aludir, noslo a las que puedan ser sus dificultades hermenuticas, sino a un posibleparentesco de contenidos. Y ya estamos todos los lectores buscando ese posible nexode unin.

    Nietzsche empieza proclamando su alborozo por haber hallado el sentido de lavida: Nosotros hemos descubierto la felicidad, nosotros sabemos el camino, nosotrosencontramos la salida de milenios enteros de laberinto- Qu otro la ha encontrado?Pero no sin confesar su sufrimiento -Nosotros fuimos lo bastante valientes, no tuvimosindulgencia ni con nosotros ni con los dems; pero durante largo tiempo no supimos adnde ir con nuestra valenta. Nos volvimos sombros, se nos llam fatalistas. [...]Haba en nuestro aire una tempestad, la naturaleza que nosotros somos seentenebreca- pues no tenamos ningn camino- antes de que ocurriese el milagro:Frmula de nuestra felicidad: un s, un no, una lnea recta, una meta .(El Anticristo,fragmento 1). Cul puede ser esa meta?

    Es la pregunta a la que an nos enfrentamos al cabo de cien aos. Paraempezar hay que recordar que para Nietzsche cada fin requiere una determinadamoral: Slo si la humanidad tuviese un fin reconocido, generalmente podraproponerse as y as debe actuarse; por el momento no existe tal fin [...] Recomendara la humanidad un fin es bien distinto: entonces el fin se piensa como algo que quedaa nuestro libre albedro. Suponiendo que fuera tan del agrado de la humanidad comose ha propuesto, a continuacin podra darse tambin una ley moral, igualmente desdesu libre albedro. (Aurora, fragmento 108). Y puesto que por esas fechas (aunque no

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    se atreva a proclamarlo abiertamente), l ya parece que ha encontrado el suyo (Setiene precisamente su camino para s- y, justo es, su amargura, su disgusto ocasionalen ese para s, que incluyen, por ejemplo, saber que ni siquiera los amigos podrnadivinar dnde se est, adnde se va, que algunas veces se preguntarn cmo?,pero es que va a alguna parte?, acaso tiene an un camino? (Aurora, prlogo, 2),eso le obligar a decantarse por una tica concreta, lo que podremos aprovechardesde el punto de vista hermenutico para adivinar la naturaleza del fin que lleva enmente.

    Y eso es lo que nunca deberamos olvidar, porque, aunque al comienzo semueva sigilosamente, Nietzsche no da un solo paso que lo aleje de l. Eso podraexplicar su sbito y desmesurado inters por los temas morales a partir de Humano,demasiado humano, aunque, puesto que lo que menos desea es asustarnos, alcomienzo adopte la forma de una aparente libertad normativa. De ah su meliflua voz,llena de rebuscados quizs, por completo, ms bien y tal vez, cuando nosplantea sus tmidas propuestas: Quiz una visin del porvenir sobre las necesidadesde la humanidad no ponga por completo de manifiesto que sea de desear que todoslos hombres realicen actos semejantes; quiz debera, ms bien, en inters de finesecumnicos para toda la humanidad, proponer deberes especiales, tal vez, en ciertascircunstancias malos (Humano, demasiado humano, aforismo 25).

    Por eso, al inicio, se limita a proclamar la relatividad de todas las morales,aunque esa voz amoral, no siempre pueda, o quiera, ocultar hacia donde van sussimpatas y en algn aforismo, se olvida de su neutralidad: as arremete contra lacompasin (Ibid, 48 y 50), y la benevolencia (Ibid, 49); ofrece una visin neutral, oincluso ligeramente favorable, de la mentira (Ibid, 54 y 99); o justifica el egosmo: elegosmo no es malo, porque la idea del prjimo - la palabra es de origen cristiano yno corresponde a la realidad- es en nosotros muy dbil; y nos sentimos libres eirresponsables para con l casi como para la planta y la piedra..(Ibid, 101).

    Hay autores para los que Nietzsche no defiende una moral determinada (sololuchara por conseguir una libertad normativa). Es verdad que podemos hallar citasque pareceran justificar ese punto de vista, pero lo que, por mucho que busquemosno encontraremos, es una sola frase que defienda la moral cristiana o humanista de lasolidaridad y la compasin. Claro que siempre podremos argumentar que Nietzsche,poda tener una tica favorita y en cambio estar a favor de una libertad moral, pero sifuese as lo disimula bastante bien, porque todos sus libros, desde Humanodemasiado humano en adelante, rezuman improperios para una y alabanzas para laotra (aunque al comienzo no lo diga claramente, para Nietzsche slo hay dosmorales).

    Desde este punto de vista qu peculiaridades ofrece El Anticristo? Paraempezar abundan los prrafos en los que la antigua capacidad de la vida para valorarla bondad o maldad de cualquier doctrina [Tenas ante todo que ver con tus propiosojos dnde hay siempre ms injusticia, a saber: all donde la vida tiene su desarrolloms mezquino, ms estrecho, ms pobre, ms rudimentario y donde, sin embargo, nopuede hacer ms que tomarse a s misma por fin y medida de las cosas. (Humano,demasiado humano, prlogo, fragmento 6); La falsedad de un juicio no es paranosotros ya una objecin contra el mismo; acaso sea en esto en lo que ms extraosuene nuestro nuevo lenguaje. La cuestin est en saber hasta qu punto ese juiciofavorece la vida, conserva la vida, conserva la especie, quiz incluso selecciona laespecie (Ms all del bien y del mal, fragmento 4)], pasa ahora a ser sustituida por lavoluntad de poder: Qu es bueno?- Todo lo que eleva el sentimiento de poder, lavoluntad de poder, el poder mismo en el hombre. Qu es malo- Todo lo que procedede la debilidad. Qu es felicidad? - El sentimiento de que el poder crece, de que unaresistencia queda superada (El Anticristo, fragmento 2). Qu significa este cambio?

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    Para Heidegger, sera algo esencial. Siempre ha defendido que cuandoNietzsche habla de vida en realidad se refiere a voluntad de poder, y estas frasesconfirmaran su teora. Nietzsche se ha cansado de subterfugios y al fin habla conclaridad: Y ese sera el nexo misterioso que relacionara esta obra con Zaratustra

    Para empezar debemos recordar que Nietzsche abraza su moral, antes deque tenga el menor atisbo de esa doctrina, porque favorece la vida (y por lo tanto si nohaba dado con la voluntad de poder, esas frases no pueden referirse a ella). Cuandopor aquellas fechas habla de que la moral cristiana, blanda y compasiva, acarrea ladegeneracin de la vida, mientras que por el contrario la suya, dura y cruel, conducea su fortalecimiento, lo hace desde el punto de vista ms rabiosamente biolgico.

    Claro que siempre se podr mantener que, a partir de cierto momento, aquellafinalidad pro vida es sustituida por otra en pro de la voluntad de poder. PeroNietzsche no se cansa de decirnos, que lo que le interesa de cualquier doctrina, noson sus fundamentos tericos, sino sus efectos prcticos: todas estas cosas sonnicamente condiciones previas de su tarea: esta misma quiere algo distinto, - exigeque l cree valores [...] los autnticos filsofos son hombres que dan rdenes ylegislan: dicen as debe ser, son ellos los que determinan el hacia dnde y el paraqu del ser humano [...] Su conocer es crear, su crear es legislar, su voluntad deverdad es- voluntad de poder. (Ms all del bien y del mal, aforismo 211). Y lasmorales (y los hacia dnde) de esas dos estn tan imbricadas, que cuestasepararlas: nadie tuvo el valor de considerar la virtud como una consecuencia de lainmoralidad (de una voluntad de podero) al servicio de la especie (o de la raza, de lapolis), pues la voluntad de podero era considerada una inmoralidad (La voluntad depodero, aforismo 422). Hasta el punto de que es posible que Nietzsche hayaconcebido la doctrina de la voluntad de poder para apoyar metafsicamente sutransvaloracin de valores (es decir, su moral): (sta) reclama un proyectofilosficamente fundado de orientaciones del obrar futuro, no proyecciones arbitrariaspara una praxis ciega. Nietzsche ha ensayado darnos esta fundamentacin filosficade la transmutacin de todos los valores con una teora de la voluntad de poder y conla hiptesis del eterno retorno de lo mismo. (Habermas, Sobre Nietzsche y otrosensayos, La crtica nihilista del conocimiento en Nietzsche, Madrid, Tecnos, 1982, p33)].

    Porque es el caso que dejando de lado las implicaciones que la teora de lavoluntad de poder pueda tener para la esencia del ser o la teora del conocimiento,las consecuencias biolgicas de ambas doctrinas seran idnticas, y un simple cambiode fundamentacin no las hara desaparecer (es decir, que los defensores a ultranzade la voluntad de poder, que siguiesen a rajatabla sus dictados, se encontraran con lasorpresa de que, al cabo de unos miles de aos, habran ayudado a traer al mundo unsuperhombre biolgico).

    Por eso, mientras no se demuestre lo contrario, la meta (o cuando menos unade ellas) por la que Nietzsche sigue luchando es la misma que en Zaratustra (de ahaquella frase del prlogo: Este libro pertenece a los menos. Tal vez no viva todavaninguno de ellos. Sern, sin duda, los que comprendan mi Zaratustra). Una meta paracuya consecucin slo hara falta el triunfo de su moral (ya hemos visto que defiendeque cada moral es un medio hacia un fin distinto). De ah que esa exaltacin que(mientras escriba Zaratustra) le haca rer y llorar, no est propiciada porque unhombre (o toda la humanidad) rompa con una determinada moral, o cumpla unasespeciales condiciones metafsicas. Eso slo es el medio necesario y suficiente paraque, una vez alcanzado, el resto del camino hasta la verdadera meta se haga por sislo. Una condicin que slo tiene sentido desde el punto de vista biolgico porque, aladmitir sus normas - da igual que lo hagamos por seguir su moral, o los dictados deesa concepcin metafsica- recuperaramos aquel ecosistema compatible con la

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    seleccin y la evolucin que traera consigo una revitalizacin y una posiblesuperacin de la especie.

    Por eso, pese a que ahora lo revista con la vitola de la voluntad de poder, elcomportamiento al que nos empuja (si es que hay alguno que se sienta obligado aactuar por ese imperativo metafsico), es el mismo al que nos ha estado incitandodurante aos, y adems sazonado con idnticos argumentos. Y as, no es extrao quesigamos encontrando prrafos similares a los de siempre: Los dbiles y malogradosdeben perecer: artculo primero de nuestro amor a los hombres. Y adems se debeayudarlos a perecer. Qu es ms daoso que cualquier vicio? - La compasin activacon todos los malogrados y dbiles - el cristianismo. (El anticristo, fragmento 2).

    Aqu, y pese al empeo de muchos por conseguirlo, no caben subterfugios: nose trata de un canto a la entereza o al valor de saber soportar nuestro sufrimiento o eldel prjimo, sino de eliminar a los tarados. Y habra que preguntarnos: cuandoaconseja proceder as, slo est tratando de mantenerse dentro de las normas de lavoluntad de poder? Ha convertido esa teora en una deidad ms tirnica y terribleque cualquiera de las que ha luchado por destruir? No parece ser el caso. Otra vezproclama que acta as por amor a los hombres. Y no puede estar ms claro que,cuando habla de hombres, est hablando de humanidad como un todo, es decircomo especie: lo nico que queda daado con la presencia de esos infortunados, yfortalecido con su desaparicin. Y no olvidemos su inveterada costumbre de comenzarcada libro con las ideas que juzga ms importantes.

    Pero ya no suea con crear otra especie; ahora slo aspira a formar un grupoque compendie las mejores esencias: No que reemplazar a la humanidad en la seriede los seres es el problema que yo planteo con esto (el hombre es un final-): sino qutipo de hombre se debe criar, se debe querer, como ms valioso, ms digno de vivir,ms seguro de futuro. (Ibid, 3).

    Ha iniciado la suplantacin del antiguo concepto de superhombre y,mientras parece estar explicando su significado, en realidad est falseando aquelsentido de la tierra, aquella estrella danzarina, o aquel mtico ser de Zaratustra, acuyo lado deberamos sentir la misma vergenza dolorosa que pueda sentir un simiorespecto a nosotros, por un sucedneo: La humanidad no representa una evolucinhacia algo mejor, ms fuerte, o ms alto, al modo como hoy se cree eso. El progresoes meramente una idea moderna, es decir, una idea falsa. (Ibid, 4). [Ojo Estasfrases sacadas de su contexto, podra parecer que van contra la interpretacinbiolgica. Pero no si se leen junto con las dems Es cierto que la humanidad, bajolas normas morales que imperan hoy en da, no evoluciona hacia algo mejor o msfuerte; y eso lo sabe Nietzsche desde antes de Humano demasiado humano:precisamente por eso quiere cambiarlas. De ah esa apelacin del fragmento anterior aque tipo de hombre se debe querer y criar. O este otro prrafo del fragmento 5: Alcristianismo no se le debe adornar ni engalanar; l ha hecho una guerra a muerte aese tipo superior de hombre.]

    Y admiremos la habilidad para sortear el sentido de ciertos prrafos deZaratustra construyendo otros, de significado muy distinto, con los mismos trminos:En otro sentido se da, en los ms diversos lugares de la tierra y brotando de las msdiversas culturas, un logro continuo de casos singulares, con los cuales un tiposuperior hace de hecho la presentacin de s...