el diamante del rajá

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El diamante del rajRobert LouisStevenson Obra reproducida sin responsabilidad editorialAdvertencia de Luarna EdicionesEste es un libro de dominio pblico en tantoque los derechos de autor, segn la legislacinespaola han caducado.Luarna lo presenta aqu como un obsequio asus clientes, dejando claro que:1) Laedicinnoestsupervisadapornuestro departamento editorial, de for-ma que no nos responsabilizamos de lafidelidad del contenido del mismo.2) Luarnaslohaadaptadolaobraparaque pueda ser fcilmente visible en loshabituales readers de seis pulgadas.3) A todos los efectos no debe considerarsecomo un libro editado por Luarna.www.luarna.comHHiissttoorriiaaddeellaassoommbbrreerreerraaHarryHartleyhabarecibidolaeducacinpropia de un caballero hasta los diecisis aos,primero en una escuela privada y luego en unadeesasgrandesinstitucionesqueforjaronlafama de Inglaterra. Manifest entonces un no-table desdn por el estudio y, como el nico desuspadresqueanvivaerapersonadbileignorante, en adelante se le permiti dedicarsea actividades simplemente frvolas y elegantes.Dos aos ms tarde se encontr hurfano y casimendigo.PortemperamentoyformacinHarryfuesiempreincapazdetodaempresaactivaoindustriosa.Entonabacancionesro-mnticas,acompandosediscretamenteenelpiano; no le faltaba gracia con las damas, aun-que fuese ms bien tmido; gustaba mucho delajedrez; en fin, la naturaleza le haba enviado almundo con un aspecto ms que atractivo. Erarubio y rosado, con saltones ojos de paloma ysonrisasimptica,tenaunairedeagradableternuramelanclicaymodalessuavesyhala-gadores.Dichoesto,esprecisoreconocerqueno se contaba entre los hombres que comandanejrcitos o presiden gobiernos.Unaocasinfavorableyalgo deinfluenciahicieron que Harry consiguiera en su hora dedesamparoelcargodesecretarioprivadodelcomandante general sir Thomas Vandeleur. SirThomas era un hombre de sesenta aos, ruido-so, violento y dominante. Por alguna razn, porun servicio cuyo carcter se contaba en voz bajay se negaba con reiteracin, el raj de Kashgarhaba regalado a sir Thomas el sexto diamantedelmundo.Elobsequioconvirtialgeneral,que siempre haba sido pobre,en un hombrerico, y dej de ser un militar vulgar y de pocosamigosparaconvertirseenunadelascele-bridades de Londres. Dueo del Diamante delRaj,fue bien recibido en los crculos ms ex-clusivos y hasta encontr a una hermosa damade buena familia dispuesta a considerar comosuyo eldiamante, e incluso de casarse con sirThomasVandeleur.Porentoncessoladecirseque, puesto que las cosas semejantes se atraenentres,unajoyahabaatradoaotra;ladyVandeleur no slo era una joya de muchos qui-lates, sino que ostentaba un engaste muy lujo-so; varias autoridades respetables la colocabanentrelastresocuatromujeresmejorvestidasde Inglaterra.Comosecretario,losdeberesdeHarrynoeranparticularmenteirritantes;perotodotra-bajoprolongadoleinspirabaverdaderaaver-sin; le disgustaba mancharse los dedos de tin-ta; y los encantos de lady Vandeleur y sus ropa-jesle llevaban con mucha frecuencia de la bi-bliotecaalgabinete.Tenacon lasmujereslasmaneras ms delicadas, disfrutaba hablando demodas y nada le haca ms feliz que criticar elcolor de un lazo o llevar un encargo a la modis-ta. En suma, la correspondencia de sir Thomassufri un retraso lamentable y la duea de casatuvo una nueva criada.Un buen da el general, uno de los jefes mili-tares ms impacientes, se levant de su asientopresa de un violento ataque de clera e informa su secretario que en adelante no tendra nece-sidad de sus servicios, valindose, a manera deexplicacin, de uno de aquellos gestos que muyrara vez se usan entre caballeros. Por desgracia,la puerta estaba abierta y el seor Hartley rodpor las escaleras.Seincorporalgomaltrechoyprofunda-mente resentido. La vida en casa del general erade su predileccin; su condicin, ms o menosambigua, le permita alternar con la gente dis-tinguida; trabajaba poco, coma muy bien y enpresenciadeladyVandeleurleinvadaunavaga complacencia a la que en su propio cora-zn daba un nombre ms enftico.Inmediatamente despus de sufrir el ultrajeinferido por el pie militar, corri al gabinete acontar sus penas.-Sabe usted muy bien, miquerido Harry -ledijoladyVandeleur,quelellamabaporsunombre,como a un nio o a un criado-,queusted no hace nunca, ni por casualidad, lo quele ordena el general. Tampoco yo, me dir us-ted. Pero la cosa es distinta. Una mujer puedehacerse perdonar un ao entero de desobedien-cia con un solo acto de hbil sumisin; adems,no se acuesta con su secretario. Sentir muchoperderle pero, como no puede quedarse dondelehaninsultado,ledeseobuenasuerteyleprometoqueelgeneralsearrepentirdesucomportamiento.Harry se sinti anonadado; se le cayeron laslgrimas y se qued mirando a lady Vandeleurcon un gesto de tenue reproche.-Seora -dijo-, qu es un insulto? Toda per-sona seria puede perdonarlos por docenas. Peroabandonaralosamigos;romperloslazosdelafecto...Nopudoseguir,puesleahogabalaemo-cin, y se ech a llorar.Lady Vandeleur le mir con una expresincuriosa.Este joven imbcil -pensaba- cree estar estenamorado de m. Por qu no servirme de l?Tiene buena pasta, es servicial, sabe de modas.Adems, as no se meter en los: es demasiadoguapo para dejarle suelto en plaza.Esa noche habl con el general, que se sentaun poco arrepentido de su verborragia, y Harryfue transferido al rea femenina, enel que suvida se hizo poco menos que celestial. Siempreiba vestido de punta en blanco, luca delicadasflores en el ojal y atenda a todo visitante contacto y buen humor. Su relacin servilcon unadama tan hermosa le llenaba de orgullo; recibalas rdenes de lady Vandeleur como muestrasde favor; gustaba de exhibirse ante otros hom-bres, que se burlaban de l y le despreciaban,en su condicin de criada y modista masculino.No se cansaba de pensar en su existencia, con-siderndolabajounpuntodevistamoral.Lamaldadleparecaunatributofundamental-mente viril, y pasar los das con una mujer tanfina, ocupado sobre todo de sus vestidos y al-hajas, era como vivir en una isla encantada enmedio del proceloso mar de la vida.Unamaanaentralsalnycomenzaarreglar unos partituras sobre el piano. Al otroextremo de la habitacin, lady Vandeleur con-versaba animadamente con su hermano, Char-lie Pendragon, un joven con una fuerte cojera aquienlavidadisipadahabaenvejecidoantesde tiempo. El secretario privado, a cuya entradanoprestaronatencin,escuchsinquererloque hablaban.-Ahoraonunca-decalaseora-.Debeserhoy, de una vez por todas.-Pueshoy,siasdebeser-respondisuhermano con un suspiro-. Pero es un error, Cla-ra, un grave error que nos pesar en el alma.Lady Vandeleur mir a su hermano fijamen-te, de manera algo extraa.-Te olvidas de que, al fin y al cabo, ese hom-bre debe morir -le dijo.-Mi querida Clara -dijo Pendragon-, eres labribona ms desalmada de Inglaterra.-Yvosotrosloshombressoistangroserosquenosabisdistinguirlosmatices-contestella-. Sois rapaces, rudos, incapaces de la menordistincin y, sin embargo, cuando una mujer sepermite ser precavida, os llevis las manos a lacabeza. Carezco de paciencia para soportar esastonteras; despreciarais enun banquero la es-tupidez que esperis de nosotras.-Esposiblequetengasrazn-admitisuhermano-. Siempre fuiste ms lista que yo. Yasabes mi lema: Ante todo la familia.-S, Charlie -respondi ella, cogiendo la ma-no de su hermano entre las suyas-. Conozco tulema mejor que t. Y antes que la familia, Cla-ra. No es sa la segunda parte? Eres el mejorde los hermanos y te quiero mucho.El seor Pendragon se puso en pie, confun-dido por tantos mimos fraternales.-Ms vale que no me vean -dijo-. S mi papelal pie de la letra y no perder de vista al mansogatito.-Eso,sobre todo -respondi ella-. Esunbi-cho muy miedoso y puede echarlo todo a per-der.Le lanz un beso con la mano y su hermanose retir, pasando por el gabinete y la escalerade servicio.-Harry-dijoladyVandeleur,volvindoseasu secretario tan pronto como estuvieron solos-,tengo un encargo para usted esta maana. Ten-dr que coger un coche, no quiero que mi secre-tario camine con este sol, que es malo para lapiel.Dijo estas palabras con nfasis, con una mi-rada de orgullo semimaternal; el pobre Harry,feliz, se declar encantado de servirla.-ste ser otro de nuestros grandes secretos -sigui diciendo la seora-, nadie debe saberlo,salvo mi secretario y yo. Sir Thomas hara unescndalo:sisupieraustedloqueestoymemolestan sus escenas! Ah, Harry, Harry: pue-de explicarme por qu son los hombres tan in-justos y prepotentes? No, s muy bien que nopuede,puestoqueeselnicohombredelmundo que lo ignora todo de las pasiones ver-gonzosas.Ustedestanbuenoyamable!Almenos, puede ser amigo deuna mujer y,sa-be?,creoque,encomparacin,losdemspa-recen todava ms desagradables.-Es ustedquien se porta amablemente con-migo-dijoHarry,siempregalante-.Metratacomo...-Comounamadre-leinterrumpiladyVandeleur-. Trato de ser una madre para usted.O, por lo menos -se corrigi, con una sonrisa-,casi una madre. Creo ser demasiado joven to-dava.Digamosqueunaamiga,unaqueridaamiga.Se interrumpi lo suficiente para que sus pa-labrashiciesenefectoenelsentimentaljoven,aunque no lo bastante como para darle tiempoa responder.-Pero todo esto no viene al caso -sigui di-ciendo-. Encontrar usted, a la izquierda, en elarmario de roble, una sombrerera: est bajo elvestidocolorrosaquemepuseelmircoles,junto a mi encaje de Malinas. Llvela en el actoa esta direccin -y le dio un papel-, pero no laentreguedeningunamanerahastaquenolehayandadounreciboescritopormmisma.Meentiendeusted?Conteste,porfavor...,contsteme! Esto es de la mayor importancia ydebo pedirle toda su atencin.Harry la tranquiliz repitiendo susinstruc-ciones,ylaseoraibaacontinuarcuandoelgeneral Vandeleur penetr atropelladamente alapartamento, rojo de ira, llevando en la manolo que pareca ser una larga y minuciosa cuentade la modista.-Quiere usted ver esto, seora? -exclamabaagritos-.Quiereustedtenerlabondaddeechar una mirada a esta factura? S muybienquesecasustedconmigopormidinero,yestoydispuestoasertanindulgentecomocualquier otro oficial pero, vive Dios!, hay queponer fin a este vergonzoso dispendio.-SeorHartley-d