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  • ACERCA DE LAS FUENTES DE MIS APORTES A LA PSICOLOGIA (*)

    Claudio Naranjo C.

    *Conferencia dictada el Viernes 24 de Junio de 1994 en el XI Congreso Nacionale

    de Psicología Clínica, Momentos Creativos en Psicoterapia, y publicada en el Vol.

    V(1), Nº 21,1994 de Terapia Psicológica (revista oficial de la Sociedad Chilena de

    Psicología Clínica). Reimpresa por autorización especial.

    Los organizadores del Congreso me sugirieron que hablara de las cosas

    que he contribuído a la Psicología y, cuando me pidieron un título, me parcció de

    perogrullo llamarlo de esta manera, aunque podría ser más interesante que el

    titulo reflejara la esencia de mis hallazgos a través de esta exploración. He

    querido ya tener, al comenzar a hablar, cierta conclusión de cuál sea la clave de

    mi creatividad: estuve tentado de dar un título de fondo, pero me parecería

    como escribir una novela policial diciendo de partida quién es el asesino. Así que

    hay un título secreto de esto: se los voy a dar al final, más bien.

    Ya expliqué ayer cómo mi llegada a la psicoterapia fue una llegada por

    carambola; no fue un decir "Lo que yo quiero es ser psicoterapeuta", sino que

    pensé que quería ser científico: llegué a la Escuela de Medicina, no me encontré,

    estuve a punto de salirme, de irme a estudiar Física a los Estados Unidos cuando

    estaba en el Cuarto Año. Me quedé al descubrir la Psiquiatría porque me servía a

    mí, y porque vi que había un lugar para algo más especulativo. Les conté

    también de mi incamodidad en mis primeros años de ejercicio de la profesión;

    pero también cómo -dentro de la torpeza del aprendiz-, a empezar, ya en esos

    años, a hacer una historia de cierta creatividad. Y expliqué un ejemplo de lo que

    aparentemente es un accidente, pero creo que muchas de las historias de la

    creatividad en la ciencia son accidentes, y tal vez la diferencia entre una persona

    creativa y otra un poco menos creativa es que uno sabe aprovechar mejor los

    accidentes. Es como una selección natural: ciertos accidentes sobreviven y otros

    no sobreviven. Hay accidentes que pasan a la historia: al cultivo de bacterias de

    Fleming le cae ahí un hongo que produce penicilina, y Fleming se da cuenta que

    no es simplemente cosa de esterilizar mejor las placas e impedir que caigan

    hongos, sino que se da cuenta de que aquí hay una posibilidad útil. Yo creo que

    esto es algo muy general en la vida: creo que todos tenemos adversidades,

    obstáculos, pero hay gente que aprende más de las adversidades, de los

    obstáculos. Hay gente que tiene más una actitud de áprendizaje en la vida, y hay

    personas que más bien se empecinan en que de los obstáculos hay que hacer un

    enemigo, sin derivar tanto beneficio de ellos.

    Para retomar desde allí, podría, tal vez, contar un episodio más. En

    general, lo que me propongo hacer hoy es ir enumerando algunos de mis

    fortuitos o afortunados aportes y ver cómo se originaron, para ver si -después

    de examinar una serie de asuntos- llego a alguna conclusión general. Espero que

    llegue a la misma que ya conozco, porque si no, me asustaría mucho (risas).

  • Les contaba de una sesión de psicoterapia que resultó, por accidente,

    sumamente efectiva; hay otro caso semejante que me permitirá ir un poco más

    al detalle. Mi primer trabajo fue en el Servicio de Medicina Psicosomática en el

    Hospital del Salvador - no sé si existirá todavía, fue creado por el Dr. Torreblanca

    -y yo aún no me recibía de médico, pero había hecho el curso de Psiquiatría y

    estaba haciendo mi Memoria en Hipnosis, en un tema sumamente poco

    interesante, enteramente fisiológico. Esto requería, sin embargo, hipnotizar a la

    gente para hacer las mediciones de temperatura en la piel, ver cómo era este

    proceso por lo demás conocido: que se puede variar la temperatura de la piel por

    sugestibilidad hipnótica. Yo estaba investigando ese mecanismo fisiológico; y,

    porque hipnotizaba a la gente, pasaban otras cosas, y a mí me interesaba ya la

    psicoterapia, y el Dr. Torreblanca confió suficientemente en mí para pedirme que

    viniera a aportar algo a este Servicio.

    Entonces, allí estaba un día hipnotizando a una mujer que tenía eclamsia

    -ustedes conocerán el síndrome de vómitos en el embarazo, que pueden a veces

    ser fatales, hay gente que realmente muere de desnutrición o deshidratación,

    complicaciones de esta forma tan exagerada de los síntomas molestos del

    embarazo-. Y para esta mujer, esta eclamsia había comenzado después de la

    muerte prematura de su marido, recién casados. Poco después de la luna de

    miel, muere el marido y ella empieza a vomitar, a vomitar, y está allí viniendo a

    este Servicio de Medicina Psicosomática. Yo la hipnotizo y durante un tiempo

    traté de reemplazar los síntomas -es una de las estrategias de cura sintomática

    de la hipnosis-. Traté de cambiarle los vómitos por dolor de cabeza, por dolores

    de toda índole, y eso duraba unas horas pero no se engaña al inconsciente por

    mucho tiempo cuando hay una cosa muy importante.

    En aquella época, yo había aprendido la técnica del ensueño dirigido de Desoille,

    que usaba Lola Hoffman -quien había llegado a la Clínica un par de años antes

    que yo, bastante de aficionada en esa época- y que había aprendido en Europa

    este método, que se usa tanto en Estados Unidos ahora con otros nombres:

    Guided lmagery. El trabajo con imaginería, en que uno puede desenvolver gran

    creatividad en cómo colabora con esa situación, cómo uno. supervisa ese

    proceso de la fantasía de otro. Y en una fantasía, yo le sugiero a esta mujer que

    se encuentre con su marido -era de perogrullo sentir que había algo inconcluso

    allí, que esta eclamsia no es casual, sino que tiene algo que ver con la pérdida del

    marido-. Pero, ¿qué es lo que tiene que ver? ¡Vaya uno a saber! Podría uno

    especular: "Tal vez ella quiere morirse para reunirse con él", en fin.

    En todo caso, al evocar al marido, ella le ve el cuerpo transparente, y le ve

    el estómago. Sugerente... una persona que sufre de vómitos, verle el estómago

    al marido. Y yo le pregunto qué siente, qué piensa, y lo que me dice -que no

    recuerdo literalmente- es que hay un deseo de comerle el estómago al marido.

    Tal vez otra persona podría escandalizarse con eso o no saber qué hacer; yo tal

    vez tenía una actitud suficientemente abierta o curiosa o explorativa o, poco

    convencional, así que le di instrucciones de que le comiera el estómago al

  • marido. Tal vez eso sería una cosa bastante poco, convencional; otras personas

    sentirían que es demasiado canibalista para sugerírselo a nadie, (risas) pero

    siguió ella mis instrucciones y, ¡oh milagro! , se curó deflnitivamente de la

    eclamsia.

    Para mí ésta fue una gran experiencia de aprendizaje: que pudiera pasar

    una cosa así, que en un trance hipnótico ligero, nada tan espectacular, sin

    emociones intensas, sin drama, sin llanto, sin insight siquiera, por un acto mágico

    -comerle el estómago al marido -se terminan sus vómitos. Hasta hoy, no puedo

    decir que entienda la dinámica de esto -debe haber alguna dinámica, algún

    pensamiento inconsciente, alguna fantasía inconsciente que curó la otra, la que

    estaba produciendo el síntoma. Pero si miro retrospectivamente cómo ocurre un

    acto creativo así -además de ser una casualidad- qué hay un poco más allá del

    accidente feliz, yo diría que algo así corno el colaborar con el impulso del otro,

    "colaborar con el impulso organísmico" lo llamaría Perls, el impulso creativo, el

    impulso sanador del inconsciente ajeno. Es como si yo hubiera buscado, dentro

    de mi propia impasse, de mi propia limitación, de mi propia falta de visión -en

    primer lugar, a través de la hipnosis- obtener un estado de facilitación del acto

    creativo ajeno; y luego, dentro de esa hipnosis, saber oír. "Ah, surgió ese

    pensamiento de comerle el estómago al otro", y lo demás era una fe, una fe en

    que eso es curativo, una fe de que fue más importante eso que el seguir los

    moldes de lo que dice tal libro, de lo que yo ya entiendo, ir más allá de lo

    entendido.

    Dejémoslo allí como punto de partida. En general, yo diría que mi primera

    fase de aprendizaje en la psicoterapia fue muy poco apoyada. Por ejemplo,

    Carlos Whiting, mi supervisor en psicoterapia analítica, me reprochaba el uso del

    humor. Sentía que las cosas más interesantes que yo decía las decía en forma de

    chiste. Con el tiempo y con perspectiva, tengo la convicción de que iba por mal

    camino ese supervisor (risas). Con el tiempo, ahora ya es vox populi, ya se han

    hecho hasta maratones sobre el uso del humor en psicoterapia, y creo que le

    contaba a algún grupo ayer que uno de los elogios más acertados que he

    recibido como terapeuta fue algunos años atrás: alguien en España me decía que

    yo había desarrollado una técnica especialísima de interpretación por supositorio

    -que es un

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