un extraño visitante

Download Un extraño visitante

Post on 28-Jul-2016

218 views

Category:

Documents

2 download

Embed Size (px)

DESCRIPTION

Beatriz Pineda Sansone. Ilustrado por Enid Soto Páez. Cuentos para niños. Literatura infantil. Fundación Editorial el perro y la rana,

TRANSCRIPT

  • Un extrao visitante

    Beatriz Pineda Sansone

    Ilustrado por Enid Soto Pez

    Beatriz Pineda Sansone Fundacin Editorial el perro y la rana, 2013

    Centro Simn Bolvar,Torre Norte, piso 21, El Silencio,Caracas - Venezuela, 1010.Telfonos: (58-0212) 7688300 - 7688399

    correos electrnicoscomunicaciones@fepr.gob.veeditorialelperroylarana@fepr.gob.ve

    pginas web:www. elperroylarana.gob.vewww. mincultura.gob.ve/mppc/

    Diseo de coleccinMnica Piscitelli

    Ilustraciones Enid Soto Pez

    EdicinYanuva Len

    Correccinyanuva len / juan pedro herraiz

    DiagramacinDavid Dvila hecho el depsito de leydepsito legal: lf-40220148003133isbn: 978-980-14-2578-6

    Impreso en la Repblica Bolivariana de Venezuela

  • Presentacin Hay un universo maravilloso donde reinan el imaginario, la luz, el brillo de la sorpresa y la sonrisa esplndida. Todos venimos de ese territorio. En l la leche es tinta encantada que nos pinta bigotes como nubes lquidas; all estuvimos seguros de que la luna es el planeta de ratones que juegan a comer montaas, descubrimos que una mancha en el mantel de pronto se converta en caballo y que esconder los vegetales de las comidas raras de mam, detrs de cualquier escaparate, era la batalla ms riesgosa. Esta coleccin mira en los ojos de nios y nias el brinco de la palabra, atrapa la imagen del sueo para hacer de ella caramelos y nos invita a viajar livianos de carga en busca de caminos que avanzan hacia realidades posibles.

    El gallo peln es la serie que recoge tinta de autoras y autores venezolanos; el lugar en el que se escuchan voces trovadoras que relatan leyendas de espantos y aparecidos de nuestras tierras, la mitologa de nuestros pueblos indgenas y todo canto inagotable de imgenes y ritmos.

    Los siete mares es la serie que trae colores de todas las aguas; viene a nutrir la imaginacin de nuestros nios y nias con obras que han marcado la infancia de muchas generaciones en los cinco continentes.

  • quella tarde llegu agotada a casa. Vena de una prctica de tenis y estaba muerta de hambre. Para la cena encontr hamburguesas, as que tom una y la llev a mi dormitorio con el cosquilleo que me produca saber que un libro nuevo esperaba: Un extrao visitante.

  • Minutos despus me haba cambiado y acostado frente a la ventana con el libro en mano. El cuento me haba atrapado cuando la penumbra comenz a caer, an as me levant rpidamente y encend una luz.

  • Pero algo llam mi atencin sobre la mesa de noche. Desvi la mirada y encontr un simptico ratn que me observaba; fue curioso que al verse descubierto no huyera, por el contrario, sostuvo la mirada con sus ojitos redondos y negros como nix.

  • Sin pensarlo dos veces me fui tras l.

    Se levant luego sobre sus patas traseras, emitiendo un sonido nuevo

    que no comprend, pero saba que algo me estaba comunicando,

    cuando, inesperadamente, baj de la mesa y se encamin hacia otras habitaciones.

  • Aquel era un botn antiguo, agrietado y tallado por el pie de mi nonno que haba permanecido en casa, desde que recuerdo, aun cuando ya haba muerto.

    El recorrido se hizo lento, porque mi visitante entr y sali de otros dormitorios, hasta que por fin se detuvo en el armario junto a la biblioteca; husme la bota que perteneca a mi abuelo, y se introdujo en ella: era su guarida.

  • Quieres que entre en la bota como lo has hecho t...? Pero, lamento decepcionarte, soy muy grande, aunque quisiera no podra agregu, sin esperar respuesta.

    El ratn permaneci oculto algunos minutos. Yo no me mov, esper hasta que sali cubierto de polvo como un bolillo de pan. Entonces, con una de sus patas, me invit a entrar en el zapato.

    Sorprendida ante el gesto de aquel diminuto compaero, me extend en el suelo, quera asegurarme de que haba comprendido bien su sea, y ms cerca an le pregunt:

  • Fascinada ante aquel descubrimiento, solo atin a responder:

    Puedes hablar!

    S me respondi. Con este ensalmo podrs entrar en la bota, as que vamos

    Y zasss!

    Al instante me vi convertida en una personita tan pequea como l, y de nuevo me invit a seguirlo.

    Desconcertada, entr con l al interior del zapato. Enseguida un fuerte olor a cosa aeja me invadi.

    El ratoncito vino hasta m decidido y coloc una de sus frgiles patitas en mi nariz, diciendo:

    Con este hechizo s podrs.

  • Cuando mir hacia abajo un escalofro me asalt, pues me encontraba en la parte ms alta de uno de los mstiles mayores de una embarcacin remota, cuya arboladura se meca en medio del mar.

    El botn de mi abuelo era la boca secreta de un tiempo antiguo, que conduca, no s cmo, a otro lugar. Se trataba de un navo parecido al que usaron los conquistadores cuando llegaron a Amrica.

    Comenzamos a descender por un tronco robusto. El viento agitaba mis cabellos; unas velas infladas colgaban de otros palos como sbanas con escudos y signos extraos.

  • Yo segua al ratoncito, que descenda velozmente, sin saber a dnde me llevaba. Cuando por fin

    concluimos, me vi en la cubierta de aquel hermoso bosque sin fronteras, que solo haba visto en las

    ilustraciones de los libros de Historia, balancendose en medio de las aguas.

  • El viento lo meca como a una cscara de nuez, la madera cruja furiosa y algunos barriles rodaban libremente.

    Impaciente procuraba seguir al ratn, presa de una impresin indescriptible.

    Oye ratn corres demasiado, esprame.

  • Entramos a una cabina asquerosa con un fuerte olor a licor. Me di cuenta, enseguida, de que el navo estaba, al menos temporalmente, abandonado.

    Entonces se volte y me dijo:

    Yo no me llam ratn, mi nombre es Sylvio, y t cmo te llamas?

    Aurora le respond. Est bien, Sylvio, por favor, dime, por qu me has trado aqu?

    Ya lo vers

  • El desorden de los estantes, los mapas antiguos extendidos sobre un gran escritorio, las brjulas, los libros, las armas y las botellas rodando en el suelo me lo confirmaron. Tambin era evidente que las personas que aqu viajaban andaban buscando algo. Retir los desperdicios que estaban sobre uno de los mapas.

  • El lago de Maracaibo se abri ante m como un enorme globo azul! La sorpresa y el miedo me embargaron nuevamente. El corazn me daba saltos: dos calaveras sospechosas marcaban el lugar.

    Estamos en el lago! Pero qu estarn buscando aqu?

    Una de las seales estaba colocada sobre Maracaibo, la ciudad donde nac, enseguida la distingu; la otra se hallaba ubicada al Sur, justo al pie del lago. Me acerqu, an ms, y vi que indicaba a Gibraltar. Santo Dios!

  • Haba odo algo sobre esta ciudad, lo haba ledo, en fin, saba, por uno de mis abuelos, quien en sus tiempos tuvo una piragua, que era un poblado muy rico por sus haciendas de cacao, de caa y de tabaco.

    Pero haba algo ms que no lograba recordar; aguzaba la memoria, pero la sospecha y el espanto se apoderaron de m, no poda recordar. Tena los nervios erizados como espinas, cuando escuch la voz de Sylvio:

    Aurora, rpido, tenemos que escondernos, aqu vienen...

    El tono de su voz me asegur que corramos peligro y pregunt:

    Quines?

    Los del Olons contest Sylvio, preciso.

    Y quines son los del Olons?

    No sabes?

    Noo

  • Son piratas capaces de todas las crueldades: roban, incendian, matan Jean David Nau, el Olons, lleg a las Antillas, se alist en el ejrcito francs y cumpli el servicio militar, pero luego se qued en la isla de Santo Domingo. Fue all donde comenz su vida de pirata. S que algunos de sus ataques los hizo con el apoyo del gobierno francs que se hallaba en guerra contra Espaa.

  • Hace algunos aos continu Sylvio, cuando yo an no haba nacido, vino un pirata ingls llamado William Jackson con once naves repletas de soldados, y solo de las casas que saquearon se llevaron once mil monedas de plata, y todas las campanas y piezas debronce que encontraron. Metmonos aqu, rpido!

    Logramos introducirnos dentro de un bal grande de madera. Y cuando ya estbamos ocultos, le pregunt:

    Y t, cmo sabes todo eso, ah?

  • Mis abuelos y mis padres fueron navegantes y viajaron en barcos piratas por muchos aos. Por eso, cuando nios, todas las noches antes de acostarnos sala una historia calientica de la boca de mi madre. No haba noche sin cuentos, mi madre se apoderaba del crepsculo de la historia y lo haca vibrar como la aurora ante nuestros ojos limpios.

  • Mis siete hermanitos y yo, deslumbrados, finalmente nos dormamos y bajo el manto de aquellas temerarias aventuras comenzbamos a hilar nuestros sueos. Desde entonces aliment el deseo de ser navegante como ellos.

  • Pero, t conoces a los piratas? Ests seguro de que vienen a matar? Pero, por qu?

    Porque eso es lo que hacen los piratas, de eso viven respondi Sylvio sin la menor duda. Segn escuch decir a mis parientes que vivan en casas de altos funcionarios, la reina de Inglaterra, una que llaman virgen, les daba autorizacin a estos hombres para saquear los barcos espaoles que atravesaban el ocano. Luego compartan el botn. Desde entonces el mar Caribe se convirti en el ms debatido escenario. A los ms destacados piratas, ella los converta en nobles o los bautizaba con el nombre de corsarios.

  • Haba ledo algo sobre el castillo de San Carlos, construido para proteger la entrada a Maracaibo, pero nunca imagin que se tratara de piratas ni que se encontraran tan cerca de nosotros, en el mar Caribe o en el propio lago de Maracaibo.

    Tampoco pens jams que un ratn pudiese ser marino, ni que supiera tantas historias. Los diccionarios no cuentan estas cosas, tampoco los libros de animales; adems, el gest