tiqqun - .a través de lo cual toda comunicación vuelve a ser nuevamente posible, no está ya...

Download Tiqqun - .A través de lo cual toda comunicación vuelve a ser nuevamente posible, no está ya postulada,

Post on 29-Oct-2018

212 views

Category:

Documents

0 download

Embed Size (px)

TRANSCRIPT

  • Tiqqun

  • Fuente:

    www.bloom0101.org

    Edicin espaola:

    Acuerela libros / A. Machado libros

    www.acuarelalibros.com

    www.machadolibros.com

    Ilustracin de portada:

    De la serie "Mapeo" de Lucas Pisano

    Lapiz de color y semen sobre hojas negras

    lucaspisano.blogspot.com

    foliaediciones@gmail.com

    foliaediciones.wordpress.com

  • Tiqqun

    LlamamientoSeguido de A un amigo

    coleccin

    sana violencia

  • ADVERTENCIA

    Ningn prlogo impreso en este llamamiento.Decirlo/escucharlo lo funde con una voz que se est corriendo.

  • Llamamiento

  • 11

    Proposicin I

    Nada falta al triunfo de la civilizacin. Ni el terror poltico ni la miseria afectiva. Ni la esterilidad uni-versal. El desierto ya no puede crecer ms: est en todas partes. Pero an puede profundizarse. Frente a la evidencia de la catstrofe, estn los que se indignan y los que toman nota, los que denuncian y los que se organizan. Estamos del lado de los que se organizan.

  • 12

    Escolio

    Esto es un llamamiento. Es decir que se dirige a los que lo escuchan. No haremos el esfuerzo de de-mostrar, de argumentar, de convencer. Iremos a la evidencia.

    La evidencia no es una cuestin de lgica, ni de razonamiento.

    Est del lado de lo sensible, del lado de los mun-dos.

    Cada mundo tiene sus evidencias. La evidencia es lo que se comparte o lo que parte.

    A travs de lo cual toda comunicacin vuelve a ser nuevamente posible, no est ya postulada, sino que debe construirse.

    Y eso, esa red de evidencias que nos constituye, SE nos ense tan bien a ponerla en entredicho, a esqui-varla, a silenciarla, a guardarla para nosotros. SE nos ense tan bien que todas las palabras faltan cuando queremos gritar.

    En cuanto al orden bajo el cual vivimos, cada uno sabe a qu atenerse: el imperio salta a la vista.

    Que un rgimen social agonizante no tenga ms justi cacin para su arbitrariedad que su absurda determinacin su determinacin senil de, simple-mente, durar;

  • 13

    Que la polica, mundial o nacional, haya recibido carta blanca para poner en su lugar a los que se salgan de la raya;

    Que la civilizacin, herida de muerte, no encuen-tre en ninguna parte, en la guerra permanente a la que se ha lanzado, ms que sus propios lmites;

    Que esta fuga hacia adelante, ya casi centenaria, no produzca ms que una serie ininterrumpida de desastres cada vez ms prximos;

    Que la masa humana se acomode a golpe de men-tiras, de cinismo, de embrutecimiento o de pastillas, a este orden de cosas,

    Nadie puede pretender ignorarlo. Y el deporte que consiste en describir intermina-

    blemente, con una complacencia variable, el desastre presente, no es ms que otro modo de decir: Es as; el premio a la infamia les corresponde a los periodis-tas, a todos aquellos que, cada maana, hacen como si descubriesen de nuevo las inmundicias que consta-taron el da anterior.

    Pero lo sorprendente, a estas alturas, no son las arrogancias del imperio sino ms bien la debilidad del contraataque. Es como una colosal parlisis. Una parlisis masiva, que cuando an habla dice tanto que no se puede hacer nada al mismo tiempo que admite, exasperada, que hay tanto por hacer, lo cual es lo mismo. Y al margen de esta parlisis, est el hay que hacer algo, lo que sea de los activistas.

    Seattle, Praga, Gnova, la lucha contra los Orga-nismos Genticamente Modi cados o el movimien-

  • 14

    to de los desocupados; hemos tomado parte, hemos tomado partido en las luchas de los ltimos aos, y ciertamente no del lado de Attac o de los Tute Bian-che.

    El folklore contestatario ha dejado de entretener-nos.

    En la ltima dcada, hemos visto al marxismo-le-ninismo recomenzar su aburrido monlogo en boca de estudiantes en edad escolar.

    Hemos visto al anarquismo ms puro rechazar in-cluso lo que no entiende.

    Hemos visto al economicismo ms plano el de los amigos de Le Monde Diplomatique convertirse en la nueva religin popular. Y al negrismo imponerse como nica alternativa al fracaso intelectual de la iz-quierda mundial.

    En todas partes el militantismo se ha entregado de nuevo a rehacer sus construcciones tambaleantes, sus redes depresivas, hasta el agotamiento.

    Han bastado tres aos a policas, sindicatos y otras burocracias informales para dar cuenta del breve movimiento anti-globalizacin. Para fragmentarlo. Dividirlo en terrenos de lucha tan rentables como estriles.

    En este momento, de Davos a Porto Alegre, del Medef a la CNT, el capitalismo y el anti-capitalismo adolecen de la misma ausencia de horizonte. La mis-ma perspectiva mutilada de la administracin del desastre.

  • 15

    Lo que se opone a la desolacin dominante no es en de nitiva ms que otra desolacin bastante menos provista. En todas partes la misma idea tonta de la felicidad. Los mismos juegos infectos de poder. La misma desarmante super cialidad. El mismo analfa-betismo emocional. El mismo desierto.

    Decimos que esta poca es un desierto y que este desierto se profundiza sin cesar. Esto, por ejemplo, es una evidencia, no es poesa. Una evidencia que contiene muchas otras. En particular la ruptura con todo lo que protesta, todo lo que denuncia y glosa sobre el desastre.

    Porque quien denuncia se exime. Pareciera que los izquierdistas acumularan razones

    para rebelarse de la misma manera que el gerente acumula medios para dominar. Del mismo modo, es decir, con la misma fruicin.

    El desierto es el progresivo despoblamiento del mundo.

    La costumbre que hemos adquirido de vivir como si no estuvisemos en el mundo. El desierto se en-cuentra tanto en la proletarizacin continua, masiva y programada de las poblaciones, como en los barrios residenciales californianos, ah donde la angustia consiste justamente en el hecho de que nadie parece sentirla.

    Que el desierto de la poca no sea percibido veri -ca an ms ese desierto.

    Algunos han tratado de nombrar el desierto. De designar lo que hay que combatir no como la accin

  • 16

    de un agente extranjero, sino como un conjunto de relaciones. Han hablado de espectculo, de biopo-der, de imperio. Pero tambin eso se ha sumado a la confusin reinante.

    El espectculo no es una cmoda sntesis del siste-ma de los mass-media. Consiste tambin en la cruel-dad con la que todo nos remite sin tregua a nuestra propia imagen.

    El biopoder no es un sinnimo de seguridad social, de Estado de bienestar o de industria farmacutica, sino que se aloja gustosamente en la atencin que prodigamos a nuestro cuerpo como algo precioso, en medio de una cierta extraeza fsica tanto de uno mismo como de los otros.

    El imperio no es una especie de entidad supra-terrestre, una conspiracin planetaria de gobiernos, de redes nancieras, de tecncratas y de multinacio-nales. El imperio est all donde no pasa nada. En cualquier sitio donde esto funciona. Ah donde reina la situacin normal.

    A fuerza de ver al enemigo como un sujeto que nos hace frente en vez de experimentarlo como una re-lacin que nos sostiene, uno se encierra en la lucha contra el encierro. Se reproduce, bajo el pretexto de alternativa, la peor de las relaciones dominantes. La lucha contra la mercanca se convierte en un produc-to. Nacen las autoridades de la lucha anti-autoritaria, el feminismo con cojones y las persecuciones anti-fascistas.

  • 17

    Formamos parte, en todo momento, de una situa-cin. En su seno, no hay sujetos y objetos, yo y los otros, mis aspiraciones y la realidad, sino el conjun-to de las relaciones, el conjunto de los ujos que la atraviesan.

    Hay un contexto general el capitalismo, la civi-lizacin, el imperio, lo que se quiera, un contexto general que no slo pretende controlar cada situa-cin sino que, peor an, intenta que por lo general no haya situacin. SE han ordenado calles y casas, el lenguaje y los afectos, y an el tempo mundial que todo eso implica, con ese nico n. SE acta por to-das partes de modo que los mundos se deslicen unos sobre otros o se ignoren. La situacin normal es esta ausencia de situacin.

    Organizarse quiere decir: partir de la situacin y no rechazarla. Tomar partido en su seno. Y tejer las so-lidaridades necesarias, materiales, afectivas, polticas. Es lo que sucede en cualquier huelga en cualquier o cina, en cualquier fbrica. Es lo que hace cualquier banda. Cualquier guerrilla. Cualquier partido revo-lucionario o contrarrevolucionario.

    Organizarse quiere decir: dar consistencia a la si-tuacin. Tornarla real, tangible.

    La realidad no es capitalista.

    La posicin tomada en el seno de una situacin determina la necesidad de aliarse y, por ello, de esta-blecer ciertas lneas de comunicacin, circulaciones ms amplias. A su vez, esos nuevos vnculos recon-

  • 18

    guran la situacin. A la situacin que nos ha sido dada, la llamaremos guerra civil mundial. Donde ya nada puede limitar el enfrentamiento de las fuer-zas presentes. Ni siquiera el Derecho, que participa del juego como otra forma del enfrentamiento gene-ralizado.

    El NOSOTROS que se expresa aqu no es un NO-SOTROS delimitable, aislado, el NOSOTROS de un grupo. Es el NOSOTROS de una posicin. Esta posicin se a rma hoy como una doble secesin: por un lado, secesin en relacin al proceso de valori-zacin capitalista, y por otro, secesin con respecto a todo lo que la simple oposicin al imperio, an extra-parlamentaria, impone de esterilidad; secesin, por consiguiente, de la izquierda. Aqu secesin no indica tanto el rechazo prctico de comunicar como una disposicin a formas de comunicacin de una intensidad tal que arrebaten al enemigo, ah donde se establezcan, la mayor parte de sus fuerzas.

    Para ser breves, diremos que una tal posicin toma

    de los Bla