rebelion nº1

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REBELION es una publicacion con fines netamente historicos que aborda textos oficiales de aquellas voces que hoy estan siendo acalladas...Es la otra version de la historia

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  • REBELIONEL LADO B DE LA HISTORIA

    N1 Marzo 2011

  • REBELION es una publicacion con fines netamente historicos que aborda

    textos oficiales de aquellas voces que hoy estan siendo acalladas...Es la otra version de la historia

  • LA LUCHA POR NUESTRA CONCEPCIN DEL MUNDOAlfred Rosenberg

    NOTA DE LA EDITORA CENTRAL DEL NSDAPA fines de enero de 1934 el Fhrer encarg a Alfred Rosenberg la supervisin del adoctri-namiento y de la educacin de todo el Movimiento Nacionalsocialista. El 22 de febrero A. Rosenberg inaugur su actividad con un gran discurso fundamental sobre La Lucha por la Concepcin del Mundo. Al acto concurri la casi totalidad de la Reichsleitung (Conduccin del Reich) del NSDAP, la mayora de los Reichsstatthalter (Gobernadores del Reich) y Gauleiter (Dirigentes de Comarcas), representantes de los Gobiernos del Reich y de los Lnder (Es-tados provinciales), el cuerpo diplomtico, la totalidad de la prensa del interior y del exterior, representantes de las universidades e Iglesias y de toda la Alemania espiritual. El discurso fue transmitido por radiodifusin y luego reproducido en Sud y Norteamrica, Africa y Asia.

  • Altos invitados! Mujeres y hombres alemanes!

    Cuando en noviembre de 1918 los Ejrcitos regresaron a la Patria despus de la ms grande de todas las guerras, seguramente ellos y con ellos todos los otros millones que sufrieron la prueba, tenan el natu-ral deseo de volver a dedicarse a su profesin, a su vida personal. Pero muy pronto se hizo evidente que todo el mundo exterior e interior se haba transformado, que la Guerra Mundial formaba una cesura en-tre dos pocas vitales que ya no estaban unidas entre s por ninguna clase de relaciones ms profundas.Incomprensibles aparecan las formas de existencia anteriores a 1914, extrao el optimismo superficial del tiempo de pre-guerra, sin sentido el pensar puramente comercial. Y aunque este alejamiento de un pasado agonizante, por de pronto no se hizo perceptible entre las potencias victoriosas en la embriaguez del poder material conquistado, sin embargo, la fuerza de la resistencia interior contra un viejo mundo se desarroll especialmente en todas partes all donde el trmino de la guerra haba provocado un profundo inconformismo o hasta un ambiente de desesperacin. Cre un rumor en constante crescendo que pasa a travs de millones y millones de almas humanas como expresin de un profundo saber de que vivimos en uno de los ms grandes cambios de tiempos y mundos, en una poca que significa una transforma-cin que va hasta las races, no slo en algunos campos de la existencia sino en todo nuestro sentir vital.Dondequiera que miremos, en todas partes los viejos dogmas han sucumbido, las viejas conduc-ciones desaparecido. En la vida social vemos que muchas barreras que hace pocos decenios an eran conceptuadas como insalvables, han cado. Juicios y prejuicios entre distintos estamentos y pro-fesiones en la actualidad casi ya no existen en millones de cerebros y corazones. En el campo po-ltico los viejos partidos, que en apariencia estaban tan firmemente fundamentados, han sido ba-rridos de la escena. Todos ellos eran los testigos exteriores de que vigorosas concepciones del mundo antao estaban detrs de ellos, que alrededor de ellos estaban agrupadas gigantescas es-tructuras del siglo XIX: potencias de la industria y del comercio, grandes concentraciones del dinero.La dimisin de estas potencias, empero, finalmente por cierto slo significa que interiormente se ha-ban vuelto sin fe, que ya no posean una fuerza de resistencia interior para poder enfrentarse efi-cazmente a un nuevo tiempo y sus problemas. Ahora los millones de anteriores adeptos de todos es-tos dogmas y agrupamientos fenecidos buscan un nuevo contenido de la vida. Y ste ha sido el secreto tambin del xito nacionalsocialista en estos 14 aos, que desde el comienzo no hemos atacado a un grupo nico, a un partido nico, sino que hemos conducido la lucha en un ataque frontal contra todos.Por eso este ataque estaba fundamentado no slo poltica y socialmente sino ante todo ideo-lgicamente. Una victoria tan slo poltica nunca hubiera trado a nuestro Movimiento la an-siada verdadera realizacin. Si hoy nos quisiramos conformar solamente con el poder pura-mente estatal, entonces el Movimiento Nacionalsocialista no hubiera cumplido su misin. No hubiramos podido exigir en estos 14 aos de lucha estos grandes sacrificios de todos nosotros, no hubiramos debido sufrir que seres humanos entregasen por este Movimiento y su Fhrer sangrey vida, si slo se hubiera tratado de provocar un desplazamiento del poder poltico. Aun cuando hubisemos podido decir que este sistema poltico hoy derrocado era carcomido y corrupto y que con razn llevbamos la lucha por una renovacin poltica, sin embargo, hubiramos debido decir tambin simultneamente que esta nueva evolucin poltica apenas podra durar ms que nuestra propia existencia humana ya que no po-damos llenarla e impregnarla con la sangre de una gran idea, con una potente fe, con un contenido creador de toda nuestra vida. Slo con ello estaba dada la premisa de que la probada mentalidad estatal y popular poda propagarse de generacin en generacin y las funestas potencias que haban sido derrocadas fue-ran vencidas para siempre sin ninguna perspectiva de que jams volvern a dominar a la Nacin alemana.Estbamos todos en medio de una pugna de los ms diversos sistemas espirituales. Por el alma de cada alemn luchaban concepciones del mundo con frecuencia totalmente opuestas, de ex-cluyente orientacin de los impulsos. Llamamos liberal a la concepcin del mundo de los si-glos XVIII y XIX, y marxista es la que vemos levantarse a fines del siglo XIX. Observamos finalmen-te a travs de todos estos tiempos, que formas del Medioevo siguen an manteniendo su lugar.La concepcin del mundo liberal, contra la cual hemos llevado la lucha, era la con-secuencia de una cada vez mayor adaptacin a la ciudad del ser humano alemn,

  • y no slo del alemn, sino de todos los europeos en general. Cada vez ms desligado de la Sangre y del Sue-lo el hombre de la ciudad mundial deba perder poco a poco el juicio sobre los fines tiles de su accionar.El productor, campesino o artesano, poda siempre examinar en el resultado final visible de su, trabajo, si sus medios y formas de proceder eran apropiados al fin, si eran justos, es decir, si llevaban fruto orgnico o no. El ser humano de la mquina, en cambio, el esclavizado de las gigantescas empresas industriales al trmino del siglo XIX no poda valorar con justeza el fin y los medios de su oficio. Y por eso aqu no era de extraar que la original tesis liberal del perfeccionamiento de la personalidad individual, condujo final-mente a un exange e inconsistente intelectualismo de las grandes ciudades. Junto a estos intelectuales extraos al mundo y al pueblo, fueron creciendo luego las cada vez mayores masas de trabajadores de las ciudades mundiales, que se haban alejado tanto como ellos de la vida y no encontraron en aquel tiem-po a ningn guardin y protector que se hubiese ocupado de ellos en verdad interna y externamente.As vemos como resultado de esta evolucin que dur decenios, que el intelectual desrai-zado y el proletario no ya vinculado a la sangre se encontraron y devinieron ambos vcti-mas de una ideologa utpica y enemiga del pueblo, que llamamos el movimiento marxista.As como un fumador de opio en sus embriagueces puede soar con los ms hermosos castillos y los ms audaces pensamientos de poder mundial, as fue posible narcotizar con este opio marxista tambin a las an-chas masas de todos los pueblos, de todas las ciudades mundiales, y volverlos infieles a sus propios intereses naturales. Hemos combatido en estos 14 aos esta teora marxista en todas las aldeas y ciudades de Alema-nia; hoy la hemos echado por tierra poltica y estatalmente, pero no es superfluo volver a recordar siempre de nuevo estas teoras y precisamente ahora, en la cima del poder poltico, no contentarse con lo que he-mos rendido durante 14 aos porque sabemos exactamente que muchas premisas para la consolidacin de la concepcin marxista existen an hoy, y que por eso sigue apareciendo como necesario luchar contra sus principios ideolgicos. Me permitir, por consiguiente, caracterizar brevemente cuatro puntos cardinales.Cuando el marxismo hablaba de una solidaridad de todos los proletarios del mundo, con ello no haba proclamado una consigna favorable a los trabajadores, sino que por el contrario haba puesto el hacha en la raz vital del trabajador alemn; porque mientras los pueblos viven, el trabajador, el campesino o el artesano estn ligados con su destino indisolublemente a la Sangre y al Suelo. Desde que existe el mun-do slo gente rica tuvo la posibilidad de recorrer viajando muchos pases y de llegar a conocer pueblos extraos. En el curso de la historia mundial nunca fueron internacionalistas los trabajadores, campesinos y artesanos, siempre solamente los prestidigitadores, charlatanes y defraudadores del pueblo. Por eso no es casualidad que al crecer las urbes mundiales estos tipos de la sociedad pasaran a primer plano.La segunda teora del marxismo fue la prdica de la lucha de clases. A travs de ella se ha asestado un segundo golpe contra el trabajador, porque es falsedad llamar a una parte de un organismo contra la otra a la revuel-ta y prometer luego a todo el cuerpo el saneamiento. Esto fue interna, orgnica e ideolgicamente, el ma-yor fraude que se cometi contra el trabajador alemn; an cuando comprendemos que millones siguieron esta consigna porque sintieron dirigidos contra ellos otra lucha de clases, una lucha de clases del capitalis-mo, desde arriba. Por eso la historia ha de juzgar la lucha de clases capitalista desde arriba de la misma ma-nera que la lucha de clases marxista desde abajo. Ambas son culpables de la miseria de la Nacin alemana.En tercer lugar la prdica del pacifismo fue la consecuencia necesaria de estas dos confusiones de concep-tos.