Meinvielle - Libertad religiosa

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<ul><li><p>8/2/2019 Meinvielle - Libertad religiosa</p><p> 1/25</p><p>LA DECLARACIN CONCILIAR SOBRE LIBERTAD RELIGIOSA YLA DOCTRINA TRADICIONAL</p><p>(Apndice de Julio Meinvielle a la segunda edicin de su libro De Lamennais a Maritain)</p><p>Prlogo</p><p>La reciente Declaracin conciliar sobre la Libertad Religiosa suscitadiversos y graves problemas que ataen a la filosofa y a la teologa y quemerecen por lo mismo una detenida consideracin.</p><p>En primer lugar, y despus de una lectura superficial, pareciera que la</p><p>nueva Declaracin conciliar de Vaticano II modificara la doctrina catlicatradicional sobre la materia. Sin embargo, esto debe ser firmemente excluido yrechazado porque lo excluye y lo rechaza la misma Declaracin en su parteintroductoria. Leemos all, en efecto: Finalmente, como la libertad religiosa queexige los hombres en el cumplimiento del deber que tienen de dar culto a Diosmira a la inmunidad de coercin en la sociedad civil, deja ntegra la doctrinatradicional catlica sobre la obligacin moral de los hombres y de las sociedades</p><p>para con la verdadera religin y para con la Iglesia nica de Cristo.</p><p>Alguien pensar que la Declaracin conciliar de Vaticano II viene aconfirmar las posiciones que aos atrs defendi tan brillantemente JacquesMaritain en su Humanismo Integraly que fueron censuradas enrgicamente enmi libro De Lamennais a Maritain.No lo creemos. Porque la posicin deMaritain, lo mismo que la de Lamennais, su verdadero inventor, as como la detodo el liberalismo catlico tan vivamente censurado en los documentos deGregorio XVI, Po IX y Len XIII, se funda en una concepcin progresiva de lahistoria y del hombre; progreso que determinara la adquisicin de nuevosderechos que corresponderan al nuevo estado de adultez del hombre y que no</p><p>podran adjudicrsele en aquellos siglos de infancia e inmadurez.</p><p>Por otra parte, Maritain califica de natural inviolable el derecho quetendra la persona humana frente al Estado, a la comunidad temporal y al podertemporal de escoger su va religiosa a sus riesgos y peligros(Les Droits, pg.103), lo cual se asigna un carcter que rebasa la ndole de secundario ycondicionado que reviste dicho derecho en la Declaracin conciliar.</p><p>Adems, Maritain se empea en caracterizar y calificar de NuevaCristiandad y de sociedad vitalmente cristiana una sociedad que noalcanzara los caracteres de testa y que mas bien debiera considerarseagnstica, si no abiertamente atea y materialista.</p></li><li><p>8/2/2019 Meinvielle - Libertad religiosa</p><p> 2/25</p><p>Porque el problema con Maritain no estriba en el reconocimiento delhecho de que hoy, no es aplicable la doctrina tradicional que subrayaba losderechos de la verdad religiosa, y es nicamente aplicable, y debe ser aplicadaan por Prudencia poltica, la que subraya la libertad. El problema estriba en la</p><p>filosofa de los valores y de la historia que funda y explica este nuevo hecho quedetermina la aplicacin de nuevos derechos. El hombre moderno que reclamalibertad, significa, en s y absolutamente, simpliciter en lenguaje escolstico,un progreso sobre el hombre de la Cristiandad, que reclama la verdad? O, encambio, es un hombre enfermo y decadente que se ha hecho incapaz de soportarel derecho fuerte que se ha de aplicar al hombre sano? El cambio que en laformulacin de la doctrina de la libertad religiosa impone hoy el ConcilioVaticano II est exigido por un progreso verdaderamente humano que se haefectuado en el hombre o, por el contrario, est exigido por un verdaderoregreso?</p><p>Es claro que, al determinar este problema, hemos de partir del texto y delcontexto de la Declaracin conciliar, examinando a la luz de toda la doctrinasecular de la misma Iglesia, sin que interese la opinin particular que hayan</p><p> podido sustentar los Padres conciliares al respecto; porque el actoverdaderamente conciliar, como acto de la Iglesia, y que merece la asistencia delEspritu Santo, es el texto en su plena formulacin objetiva, aprobado por actodefinitivo de la Asamblea conciliar y del Soberano Pontfice.</p><p>Es claro tambin que la interpretacin autntica de la Declaracinconciliar ha de darla el magisterio de la Ctedra romana, al cual debemos todoslos cristianos acatamiento pleno.</p><p>Fiesta de Juan Bosco de 1966</p></li><li><p>8/2/2019 Meinvielle - Libertad religiosa</p><p> 3/25</p><p>El hecho de la libertad religiosa hoy</p><p>La Declaracin conciliar sobre la Libertad Religiosa comienza porsituarse en un hecho, que se da hac nostra aetate, en esta nuestra edad. Estehecho es el de que los hombres se hacen ms y ms conscientes de su dignidadde persona humana y de que aumenta el nmero de los que exigen que en elobrar los hombres gocen y usen de su propio consejo y libertad, no movidos porla fuerza, sino guiados por la conciencia del deber. Piden asimismo la limitacin</p><p> jurdica del poder pblico para que no se circunscriban excesivamente loslmites de la libertad honesta tanto de las personas como de las asociaciones.</p><p>Este hecho a que alude la Declaracin conciliar no bastara para legitimar</p><p>una nueva condicin jurdica si no fuera acompaado de otras circunstancias queponen de relieve y llevan al primer plano esta apetencia de libertad. Porqueansias de libertad las hubo y las ha de haber siempre. Pero en otras pocas, enque dominaba el sentido de la Verdad y de la virtud, la apetencia de libertad sehallaba condicionada por ese sentido y a l subordinada. Hoy, en cambio, en quelas sociedades sufren de anarqua intelectual, sobre todo en materia religiosa, loshombres buscan la libertad y nicamente la libertad para determinarse cada vezms por lo que les parece mejor. Adems, antes, cuando el hombre seencontraba en la verdad y en la verdad humana, que satisfaca el mbito de susaspiraciones, su anhelo de libertad revesta un carcter pacfico y normal,mientras que hoy, cuando el hombre se siente como empujado y predestinadohacia la servidumbre de la sociedad mquina, tambin siente en s agudizadaesta ansia de libertad, libertad que en cierto modo se aleja de sus realizacionesefectivas. Ante la amenaza de una civilizacin de mecanismos automticos quemanejaran las cosas y los hombres, se trata urgentemente de salvar lo ms</p><p>posible la libertad de la persona humana, sobre todo en materia religiosa. LaDeclaracin conciliar alude expresamente a la amenaza de nuestros tiempos nostrae aetatis, a la prdida de libertad.</p><p>Este hecho, del cual parte la Declaracin conciliar, ha de sersuficientemente subrayado para entender la naturaleza y alcance del nuevorgimen jurdico que propone para la situacin histrica del hombre de hoy.Porque esta situacin histrica, la nica que se nos da hoy como posible, es laque determina el abandono de ese otro rgimen jurdico que, aunque bueno ens, si no es posible ya en su aplicacin, y la que legitima el rgimen jurdico delibertad religiosa, sancionado por el Concilio. Entindase bien, sin embargo, queno es el hecho nuevo, ni la nueva situacin histrica la que constituye el nuevoderecho. Porque si as fuera, estaramos en pleno oportunismo y daramos valorde derecho al hecho consumado, sino que, al surgir nuevas e inditassituaciones, prevalecen derechos que se hallaban antes, pero que estaban</p></li><li><p>8/2/2019 Meinvielle - Libertad religiosa</p><p> 4/25</p><p>dominados por derechos superiores y dejan, en cambio, de actuar estos ltimosante la imposibilidad que se les presenta en la nueva situacin histrica.Entindase tambin que estos derechos que prevalecen sobre aquellos que</p><p>pierden su vigencia han de ser derechos secundarios y condicionados de la</p><p>persona humana. Porque si lo fueranprimarios y absolutos, como, por ejemplo,el que nadie pueda ser obligado a cometer un pecado, haban de considerarseinmutables y permanentes para cualquier situacin histrica y, por lo mismo, envigencia continua en toda circunstancia.</p><p>La obligacin de profesar la religin verdadera</p><p>Despus de haber destacado el hecho nuevo y la nueva situacin histricadentro de la cual va a proponer la Declaracin conciliar su doctrina sobrelibertad religiosa, pasa a establecer la obligacin que compete a todo hombre de</p><p>buscar la verdad objetiva, y una vez conocida, de abrazarla y seguirla; verdadobjetiva que ha hecho conocer Dios a todo el gnero humano y que se halla en laIglesia Catlica y Apostlica, a la cual se le ha dado el mandato de ir y predicara todos los pueblos.</p><p>Al poner de relieve la Declaracin conciliar esta obligacin a una verdadreligiosa objetiva cierra el camino a todo indiferentismo religioso. El hombreest obligado a buscar y a seguir la verdad que la Iglesia ensea. Y esto pormandato de Cristo, quien como Legado Divino se hizo presente en la humanidad</p><p>para revelarle la voluntad de Dios.</p><p>Esta obligacin fundamental que pesa sobre las personas humanas implicasimultneamente en la misma un derecho primario y absoluto, frente a cualquier</p><p>poder humano, a seguir y a profesar la verdad catlica. Porque es la obligacinante Dios la que funda el derecho ante los hombres. Y el derecho a seguir laverdad catlica no tiene la misma fuerza ni el mismo valor jurdico que puedainvocar el hombre para seguir, aunque sea de buena fe, el error religioso. Este</p><p>podr ser un derecho derivado, secundario y condicionado. Aqul es un derechoprimario y absoluto. El hombre slo tiene derecho absoluto e incondicionado al</p><p>Dios vivo y verdadero, que Jesucristo nos ha revelado porque slo la verdadobjetiva que este Dios calma como fin todas las aspiraciones y apetenciashumanas. El fin del hombre es la Verdad de Dios. El hombre ha sido creado paraconocer, amar y servir a Dios, dice con sencillez y profundidad el catecismo.</p><p>Pero el hombre ha de llegar a esta verdad de Dios con su libertad. Y elConcilio dice que estas obligaciones (las de seguir la verdad) tocan y atan laconciencia de los hombres, pero que la verdad no se impone sino por fuerza dela verdad misma, que penetra en las mentes de modo al mismo tiempo suave yfuerte. Si el hombre tiene derecho a la verdad y si a la verdad se llegalibremente, el hombre tiene derecho a la libertad. Pero tiene de suyo, derecho en</p></li><li><p>8/2/2019 Meinvielle - Libertad religiosa</p><p> 5/25</p><p>la medida en que busque la verdad y a ella se ordene. El derecho a la verdad essuperior al derecho de la libertad. Porque aqul funda a ste, que no ha de seraplicado sino en la medida en que lo requiera aquel fundante. Si el derecho a laverdad esprimario y absoluto, el derecho a la libertad no es tan primario ni tan</p><p>absoluto. Pero, sin embargo, la libertad a seguir la verdad religiosa, en privado yen pblico, es un derecho primario y absoluto. Hasta aqu, esta es la doctrinacatlica unnime y constante antes y despus de Vaticano II. El derecho de lalibertad a la religin verdadera mantiene su fuerza delante de Dios y de loshombres.</p><p>El derecho de seguir cultos falsos en la doctrina tradicionaly en la Declaracin conciliar</p><p>La dificultad comienza con la cuestin del derecho a la profesin de</p><p>cultos falsos y, en consecuencia, con la obligacin y el deber del Estado areprimirlos en la rbita del derecho publico.</p><p>La doctrina tradicional en esta materia esta magnficamente expuesta porLen XIII en dos documentos celebrrimos y harto conocidos: LaInmortale Deidel 1/11/85 y la Libertas proestatissimum del 20/6/88. All Len XIII condenalos principios del llamado derecho nuevo que considera iguales a todas lasreligiones, lo que lleva al atesmo, y condena igualmente la libertad deconciencia en el sentido falso, mientras defiende la libertad de conciencia paraobedecer a Dios. Sin embargo, hace constar expresamente Len XIII, que laIglesia no condena a los jefes de Estado que, en virtud de un bien que se ha deconseguir o de un mal que se ha de impedir, toleran que en la prctica estosdiversos cultos tengan cada uno su sitio en el Estado. Seala igualmente lacostumbre universal de la Iglesia de velar con gran cuidado porque nadie seaforzado a abrazar la fe catlica contra su voluntad, porque, como lo advierte SanAgustn: El hombre no puede creer sino de plena voluntad. Tambin sealaLen XIII que no se ha de abusar del principio de tolerancia, sino que se ha deaplicar en la medida en que lo requiera el bien comn.</p><p>Fcil es advertir que en la doctrina tradicional no se habla de derecho sinonicamente para la verdad y el bien. Respecto de la falsedad y del mal se hablade tolerancia, la cual pertenece a la esfera civil, en la que el Estado o Poder</p><p>pblico ha de permitir, segn lo aconseje la prudencia poltica en las diversascircunstancias, una circulacin mayor o menor de la falsedad y del mal, en vistadel mayor bien comn.</p><p>La Declaracin conciliar sobre Libertad Religiosa habla, en cambio, dederecho de la persona humana y de las comunidades a la libertad social y civilen materia religiosa y niega el derecho de intervencin del Estado a forzar la</p></li><li><p>8/2/2019 Meinvielle - Libertad religiosa</p><p> 6/25</p><p>profesin de un culto, aunque sea el verdadero, o de reprimir la de otros, aunquesean falsos.</p><p>Como es fcil advertir, la Declaracin conciliar se coloca en el plano civil de los</p><p>derechos. No habla del plano de la conciencia frente a Dios, porque eso lo haconsiderado ya en la introduccin y all ha reconocido slo derechos a la verdadreligiosa objetiva</p><p>Cmo funda la Declaracin conciliar este derecho a la libertad an parael error, y ello no slo para la conciencia de buena fe sino tambin para la de lamala fe? Los funda diciendo que el ejercicio de la religin, por su mismandole, consiste primeramente en actos internos voluntarios y libres, por loscuales el hombre se ordena a Dios directamente: y tales actos no pueden sermandados o prohibidos por un poder puramente humano. Esto, como se ve, por</p><p>lo que respecta a la profesin privada de cultos falsos. Pero la Declaracinconciliar justifica igualmente el derecho de la persona humana a la profesin</p><p>pblica de estos mismos cultos y as aade que: La misma naturaleza social delhombre exige que ste exprese externamente los actos internos de religin, quecomunique con otros en materia religiosa y profese su religin de modocomunitario. Y para que nadie piense que esto se limita a la profesin privada y</p><p> publica de cultos errneos practicados de buena fe, cuando la Declaracinconciliar declara la naturaleza del acto psicolgico de buscar la verdad religiosay por lo mismo la necesidad de que proceda inmune de coercin externa, aade:El derecho a la libertad religiosa se funda no en la disposicin subjetiva de la</p><p>persona sino en su misma naturaleza. Y a continuacin expresa: Por lo cual elderecho a esta inmunidad persevera an en aquellos que no satisfacen a laobligacin de buscar la verdad y de adherir a ella; su ejercicio no puede serimpedido mientras se respete el justo orden pblico.</p><p>En consecuencia, la Declaracin conciliar sostiene el derecho civilde lapersona humana a la profesin, incluso de mala fe, de cultos falsos, y niega elderecho civil del Estado de reprimirlos o el de forzar la profesin pblica delculto verdadero.</p><p>Por aqu aparece claro en qu concuerdan y en qu se diferencian una yotra formulacin. Colocada una y otra en unasituacin histrica en que el bien</p><p>pblico hace imposible la represin de los cultos falsos, la una, la tradicional,habla tan slo de tolerancia; la otra, la de la Declaracin conciliar, habla dederechos de la persona humana.</p><p>Est...</p></li></ul>