Libro Curso Economia Ecologica Martinez Alier

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  • Curso de economa ecolgica 1

    Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente Oficina Regional para Amrica Latina y el Caribe

    CURSO DE ECONOMA ECOLGICA

    Juan Martnez Alier

    con la colaboracin de

    Jordi Roca y Jeannette Snchez

    1998

    Serie Textos Bsicos para la Formacin Ambiental N 1

  • 2 Textos bsicos para la formacin ambiental

    Primera edicin: 1995, versin corregida 1998

    Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente

    Oficina Regional para Amrica Latina y el Caribe

    Red de Formacin Ambiental para Amrica Latina y el Caribe

    Boulevard de los Virreyes N 155, Colonia Lomas de Virreyes

    11000 Mxico, D.F. Mxico

    ISBN 968-7913-03-7

  • Curso de economa ecolgica 3

    CONTENIDO

    PRESENTACIN 7

    MDULO I. El flujo de la energa y de materiales en la economa 9

    I.1 El consumo endosomtico y el uso exosomtico de energa por los humanos. La intensidad energtica de la economa: la elasticidad-ingreso del uso de energa

    9

    I.2 Fuentes de energa preindustriales e industriales. Dos visiones de la economa: la economa neoclsica y la economa ecolgica. El principio de Podolinsky

    12

    I.3 Antropologa ecolgico-energtica y antropologa econmica. Rappaport en Nueva Guinea y Brooke Thomas en los Andes. La productividad de la agricul-tura moderna

    17

    MDULO II. La contabilidad macroeconmica y el medio ambiente

    23

    II.1 Qu es le PIB? Algunas crticas ya conocidas 23

    II.2 La contabilidad nacional y la prdida de patrimonio natural, sin amortizacin. Otra crtica ecolgica de la contabilidad nacional: los gastos defensivos o compensatorios

    25

    II.3 Corregir monetariamente el PIB o suplementarlo con cuentas satlites en uni-dades fsicas? El Serafy y los recursos no renovables: sembrando petrleo? Los criterios de Roefie Hueting

    30

    MDULO III. Valoracin de externalidades y de bienes ambientales. Internalizacin de externalidades

    35

    III.1 Una negociacin coasiana 35

    III.2 Un impuesto piguviano 40

    III.3 Impuestos o normas cuantitativas? Descontaminacin: su costo marginal. Comparacin de un impuesto sobre la contaminacin y de un standard comn para todas las empresas

    43

  • 4 Textos bsicos para la formacin ambiental

    III.4 Premisos de contaminacin negociables 49

    III.5 Valoracin de bienes ambientales: el mtodo del costo viaje

    53

    III.6 La valoracin de contingencias 59

    III.7 La economa ambiental y la internalizacin de externalidades 63

    MDULO IV. El anlisis costo-beneficio y la evaluacin ambiental.

    69

    IV.1 Una introduccin al anlisis costo-beneficio. Las necesidades de las generacio-nes futuras y de los animales que no son humanos.

    69

    IV.2 El descuento del futuro en el anlisis costo-beneficio 75

    IV.3 El criterio de Krutilla. 81

    IV.4 Pluralismo de valores en la evaluacin ambiental 84

    IV.5 La inconmensurabilidad de valores en la evaluacin ambiental. 90

    IV.6 La disposicin a pagar: consumidores en un mercado ficticio o ciudadanos. 98

    MDULO V. La asignacin intergeneracional de recursos agotables y la economa de los recursos renovables.

    103

    V.1 La explotacin de recursos agotables. La regla de Gray-Hotelling

    103

    V.2 La economa forestal y de la pesca 109

    MDULO VI. Formas de propiedad su influencia en la gestin de los recursos natura-les.

    115

    MDULO VII. Indicadores monetarios y biofsicos de sustentabilidad.

    119

    VII.1 La llamada sustentabilidad dbil 119

  • Curso de economa ecolgica 5

    VII.2 La relacin entre pobreza y degradacin ambiental 124

    VII.3 La tasa de descuento de una economa sustentable y la explotacin de recursos agotables como descapitalizacin

    129

    MDULO VIII. Economa ecolgica, ecologa poltica e inconmensurabilidad.

    137

    MDULO IX. Algunas cuestiones internacionales.

    143

    IX.1 Comercio internacional y medio ambiente. La deuda ecolgica.

    143

    IX.2 La internacionalizacin de la internalizacin de externalidades.

    148

    IX.3 La discusin actual sobre el aumento del efecto invernadero. Propuestas para la reduccin de emisiones de dixido de carbono.

    152

    IX.4 La conservacin de la biodiversidad silvestre y agrcola. Los derechos de los agricultores.

    158

  • 6 Textos bsicos para la formacin ambiental

  • Curso de economa ecolgica 7

    PRESENTACIN

    La formacin ambiental es un proceso que depende de la construccin de nuevos acerca-mientos que ayuden a comprender y resolver los problemas socioambientales que crecen en com-plejidad y para los cuales los conocimientos actuales son insuficientes. En este sentido, la forma-cin ambiental implica la elaboracin de nuevas teoras, mtodos y tcnicas, su incorporacin en los programas curriculares en la educacin formal, y su difusin a un amplio grupo de actores, que tanto en el campo acadmico como en el de la gestin pblica y privada, son responsables de la gestin ambiental del desarrollo sustentable.

    Los cambios ambientales de nuestro tiempo han adquirido una dimensin global. Sin embargo, los problemas socioambientales se caracterizan por su especificidad regional y local, ecolgica y cultu-ral, econmica y poltica. La contribucin ms amplia al tratamiento de estos problemas est sien-do generada en los pases industrializados del Norte y transferidos a los pases del Sur. La mayor parte de esta nueva literatura no est disponible y su traduccin e incorporacin a los programas educativos se da con retrasos que implican un rezago en la actualizacin de los programas de for-macin ambiental de la regin. Ejemplo de ello es la incipiente oferta de cursos y medios de capa-citacin en temas tan importantes como la economa ecolgica, la economa y el manejo sustenta-ble de la biodiversidad, o el cambio climtico.

    Respondiendo a este reto, la Red de Formacin Ambiental para Amrica Latina y el Caribe del PNUMA ha iniciado un programa editorial, orientado a construir y difundir un conjunto de cono-cimientos como apoyo a los programas de formacin ambiental de la regin. Estos textos buscan sistematizar el conocimiento actual disponible y estimular una produccin de conocimientos, que respondan a la especificidad de los problemas socioambientales de la regin. Estos textos no slo podrn servir como materiales de apoyo a cursos formales, sino tambin como textos de referencia para las instancias de administracin y gestin ambiental del desarrollo de nuestros pases, tanto gubernamentales como no gubernamentales. La organizacin modular de estos textos habr de facilitar la programacin de cursos a distancia, para generar un proceso ms flexible y amplio de capacitacin que el que permiten los programas educativos formales. Asimismo, ofrecen una base para inducir procesos de autoformacin del pblico en general interesado en esta problemtica emergente.

    En este primer ttulo de la serie Textos Bsicos para la Formacin Ambiental, ofrecemos el "Texto de Economa Ecolgica", preparado por Juan Martnez-Alier, en colaboracin con Jordi Roca y Jeanette Snchez, cuya primera versin fue publicada por el PNUMA en 1995. Este texto aborda de manera al mismo tiempo rigurosa y didctica las contribuciones ms importantes al campo emergente de la economa ecolgica, cubriendo un amplio espectro de teoras y mtodos que van desde la economa ambiental (la economa neoclsica de los recursos naturales y de la contaminacin) y la economa ecolgica, hasta la ecologa poltica.

  • 8 Textos bsicos para la formacin ambiental

    Enrique Leff

  • Curso de economa ecolgica 9

    MDULO I

    EL FLUJO DE ENERGA Y DE MATERIALES EN LA ECONOMA

    I.1. El consumo endosomtico y el uso exosomtico de energa por los humanos. La in-tensidad energtica de la economa; la elasticidad- ingreso del uso de energa.

    La economa humana est abierta a la entrada de energa. En los sistemas econmicos preindustriales, la fuente ms importante de energa es la energa solar directa convertida por la fotosntesis en productos para la comida, el vestido, la vivienda. Por la fotosntesis, la energa solar que cae sobre la Tierra acta sobre el dixido de carbono y el agua, que forman los carbohidratos de las plantas, fuente directa de nuestra alimentacin, o fuente indirecta (si somos carnvoros o comemos peces que a su vez dependen del plancton del mar). El insumo de energa en la alimenta-cin se suele medir en kilocaloras, y desde hace unos ciento cincuenta aos se conoce que la ali-mentacin diaria de una persona adulta es equivalente a dos o tres mil kilocaloras (una kilocalora = la cantidad de calor necesaria para elevar un grado centgrado la temperatura de un litro de agua), dependiendo del tamao de la persona y del esfuerzo que haga al trabajar o moverse. Algo as como una quinta parte de ese consumo endosomtico (es decir, interior al cuerpo) de energa, se puede convertir en trabajo, es decir, el trabajo humano en un da equivale a 400 o 600 kcal. El resto de la energa alimenticia se gasta en mantener la temperatura del cuerpo y en el metabolismo, de manera que incluso una persona que apenas se mueva, necesita un suministro diario de energa endosomtica superior a las mil kcal.

    Es importante darse cuenta que el consumo endosomtico de energa obedece a instrucciones gen-ticas. As, si el consumo de alimentos est por debajo de ese mnimo de caloras, se muere lenta-mente de inanicin, mientras que los ricos, por ricos que sean, no consumen directamente en su alimentacin ms caloras que las que necesitan. De hecho, en los pases ricos a menudo los pa-quetes de alimentos contienen su contenido calrico, no para facilitar el clculo de una dieta con suficientes caloras al mnimo costo, sino al revs, para facilitar la extravagancia de gastar bastante dinero comprando pocas caloras, para no engordar. El tipo de alimentacin, la cuisine es por su-puesto un producto de cada cultura humana y estrato social, siempre que suministre las caloras, protenas y otros elementos necesarios; as, observamos con frecuencia tanto histrica como ac-tualmente, combinaciones de un cereal y una leguminosa (arroz y frijoles; arroz y soja; maz y frijo-les), o de tubrculos (yuca, papas) junto con algn alimento rico en protenas, como bases de la alimentacin popular, mientras los ricos consumen por lo general mayores cantidades de carne (y por tanto, indirectamente, mayores cantidades de productos vegetales, o incluso harina de pescado, que sirven para alimentar los animales). La cultura, la economa, y la poltica influyen en la ali-mentacin (por ejemplo, las polticas neoliberales que favorecen la importacin de alimentos bsi-cos como harina de trigo en pases tropicales). Sin embargo, el hecho bsico es que la energa en-dosomtica de la alimentacin (las 2000 o 3000 kcal diarias) viene determinada por la biologa

  • 10 Textos bsicos para la formacin ambiental

    humana. Podemos elegir (si tenemos plata) entre ir a trabajar en bicicleta, en transporte pblico o en automvil (que gaste veinte mil kcal al da de petrleo para un viaje de ida y vuelta de quince kms hasta el trabajo), pero no podemos preferir seis mil kcal al da de consumo directo de alimen-tos a dos mil kcal, por ricos que seamos.

    En cambio, en la situacin actual de la humanidad, el uso exosomtico de energa no tiene nada que ver con instrucciones genticas. Es sumamente distinto entre grupos humanos, oscilando, por da entre menos de cinco mil kcal para quienes son pobres y viven en climas clidos y slo gastan un poco de energa para cocinar los alimentos y para fabricar sus pobres vestidos y viviendas, y ms de cien mil kcal diarias para los ricos del mundo (independientemente del clima, pues si algu-nos ricos gastan energa para la calefaccin, otros o los mismos la gastan para la refrigeracin). El uso exosomtico de energa (directamente en los hogares y el transporte, e indirectamente a travs de la energa gastada en la produccin) no puede ser explicado por la biologa humana sino que depende de la economa, la cultura, la poltica, y las diferencias sociales. La humanidad es una especie animal que carece de instrucciones genticas que determinen su uso exosomtico de ener-ga. Este es un punto de partida para analizar toda la historia econmica de la humanidad, hasta el presente.

    La influencia de la riqueza se hace notar en todas las pautas de consumo exosomtico de energa. En general, a ms riqueza, ms dispendio de energa, aunque existe discusin y mucha investiga-cin sobre la intensidad energtica de las economas de distintos pases (es decir, el gasto de ener-ga por unidad de produccin), y hay quienes sostienen que la produccin de la economa (tal como se mide convencionalmente) puede crecer sin aumentar ya el gasto de energa, sino aumentando la eficiencia en el uso de energa. Hay sectores de la economa donde efectivamente sucede as. Por ejemplo, el uso de energa para cocinar en familias pobres de lugares pobres (donde no hay gas licuado de petrleo o keroseno disponibles o son productos demasiado caros), es superior al uso de familias que cocinen con gas o keroseno, ya que las familias pobres (que usan lea o carbn de lea o bosta) habitualmente queman esos combustibles en fuegos de hogar muy ineficientes ener-gticamente. As se da esa situacin excepcional y hasta paradjica, que al aumentar el ingreso puede ocurrir que disminuya el uso exosomtico de energa para cocinar. Pero no sucede as, sino al contrario, con el uso exosomtico de energa para transportes, o en la forma de otros productos o servicios de la economa.

    En los pases ricos est aumentando la eficiencia del uso de energa en los procesos industriales (especialmente tras los aumentos de precios de la energa en 1973 y 1979), pero ha aumentado la demanda de energa en el sector domstico y en el transporte. Las diferencias en el uso exosomti-co de energa en pases ricos y pobres continan siendo muy grandes. Por ejemplo, por dar una ilustracin, un viaje por avin entre Buenos Aires y Pars consume unas 70 toneladas de combusti-ble, y aunque el avin vaya bien lleno y lleve 350 pasajeros, eso representa media tonelada por persona, es decir, 500 kgs x 10,000 kcal = 2,000,000 kcal, por tanto unas dos veces ms que el consumo endosomtico de energa en todo un ao de una persona.

    En las averiguaciones sobre la intensidad energtica de la economa, a menudo se calcula la elasti-cidad-ingreso del consumo de energa, es decir, la relacin entre el aumento porcentual del consu-mo de energa y el aumento porcentual del ingreso. As, podemos expresar lo dicho hasta ahora con

  • Curso de economa ecolgica 11

    estas palabras: la elasticidad-ingreso del consumo endosomtico de energa es muy baja y pronto se torna cero; mientras que la elasticidad-ingreso del uso exosomtico de energa es mayor que cero, tal vez incluso igual o mayor que la unidad. El caso excepcional del combustible para cocinar en pases pobres, es un caso de uso de energa (en la forma de lea, carbn de lea o estircol seco) que muestra una elasticidad-ingreso negativa.

    I.2. Fuentes de energa preindustriales e industriales. Dos visiones de la economa: la economa neoclsica y la economa ecolgica. El principio de Podolinsky.

    Antes de la industrializacin, las fuentes de energa eran energa solar directa aprovecha-da por la fotosntesis, o energa solar transformada en viento (que mueve molinos), o cadas de agua (usada en molinos) previamente evaporada por la energa solar. Con la industrializacin, se aadi una fuente de energa nueva, el carbn, y ms tarde (desde finales del siglo XIX) el petrleo y el gas. Esas energas tambin proceden de la energa solar de pocas geolgicamente remotas, y lo que ahora hacemos es extraer esos combustibles fsiles y quemarlos a un ritmo mucho ms r-pido que el de su produccin geolgica. En efecto, no hay que confundir lo que es extraccin con lo que es verdadera produccin sostenible. Es por tanto errneo, o al menos confuso, hablar de pro-duccin de petrleo de la manera como habitualmente lo hacen los economistas, al referirse por ejemplo a la extraccin anual en Ecuador o Mxico y a la destruccin posterior de ese petrleo. Es errneo emplear la misma palabra, produccin, para dos procesos distintos: la extraccin de petr-leo y la produccin de biomasa en la agricultura mediante el flujo actual de energa solar y la foto-sntesis. Las relaciones entre el Tiempo biolgico y el tiempo econmico son muy distintas en am-bos tipos de produccin. Igualmente, la naturaleza proporciona unos ciclos biogeoqumicos de reciclaje de elementos qumicos, como el ciclo del carbono, o los ciclos del fsforo. Lo que hace-mos en la economa actual es acelerar esos ciclos, de manera que ponemos en la atmsfera ms dixido de carbono que el que la fotosntesis aprovecha o los ocanos absorben, con lo cual hace-mos aumentar el efecto invernadero; o ponemos (en algunos lugares del mundo) demasiado fsforo en el mar (por los fertilizantes y detergentes), ms aprisa que puede ser reciclado naturalmente, con lo que provocamos una contaminacin.

    El petrleo (o el carbn, o el gas) no se produce, porque ya se produjo; se extrae y se destruye. La primera ley o postulado de la termodinmica (ciencia de la energa y de sus transformaciones), que fue enunciado hacia 1840, dice que la energa se conserva, por tanto la energa del petrleo (o del carbn, o del gas) quemado, no se pierde pero se transforma en calor disipado (por la segunda ley o postulado de la termodinmica, que fue enunciado hacia 1850). Ese calor disipado es incapaz ya de proporcionar una energa de movimiento. Esos postulados de la termodinmica, tienen relevancia para la economa humana? Puede un economista ser competente como tal e ignorar la primera y segunda leyes de la termodinmica? Puede verse la economa simplemente como un circuito ce-rrado entre productores de mercancas y consumidores, coordinados por los mercados donde se forman precios que guan decisiones, o ms bien debemos entender la economa humana como un sistema abierto a la entrada de energa (y de materiales) y abierto tambin a la salida de residuos slo en parte reciclables?

  • 12 Textos bsicos para la formacin ambiental

    La economa neoclsica analiza los precios (es pues una crematstica) y tiene una concepcin metafsica de la realidad econmica que funciona como un perpetuum mobile lubricado por el dinero. Las empresas venden bienes y servicios, y con esto remuneran los factores de produccin (tierra, trabajo y capital).

    La economa ecolgica ve el planeta Tierra como un sistema abierto a la entrada de energa solar. La economa necesita entradas de energa y materiales. La economa produce dos tipos de residuos: el calor disipado (por la Segunda Ley de la termodinmica), y los residuos materiales, que median-te reciclaje pueden volver a ser parcialmente utilizados. El funcionamiento de la economa exige un suministro adecuado de energa y materiales (y el mantenimiento de la biodiversidad), y tambin exige poder disponer de los residuos de manera no contaminante. Los servicios que la naturaleza presta a la economa humana no estn bien valorados en el sistema de contabilidad crematstica propio de la economa neoclsica.

  • Curso de economa ecolgica 13

    Dos divisiones de la economa:

    La Economa Neoclsica

    Mercados debienes yservicios

    Mercados defactores deproductos

    FamiliasEmpresas ECONOMANEOCLSICA

    La Economa Ecolgica

    Materias primas

    Residuosmateriales

    Reciclaje

    Energatil

    Energaresidual

    ENERGASOLAR

    CALOR DISIPADO

    ECONOMAECONOMANEOCLSICANEOCLSICA

  • 14 Textos bsicos para la formacin ambiental

    El debate entre esas dos visiones de la economa, ha cobrado un gran mpetu en aos recientes, pero de hecho sus orgenes se remontan a ms de cien aos atrs, cosa fcilmente comprensible si recordamos que la qumica, la fsica y la biologa necesarias para entender cmo la economa humana est inmersa en ecosistemas mucho ms amplios, estaban ya disponibles desde hace cien-to cincuenta aos. Es decir, la escuela de economistas llamados Fisicratas, en la Francia del siglo XVIII, o Adam Smith (quien public La Riqueza de las Naciones en 1776, o David Ricardo, o Thomas Robert Malthus) escribieron antes de que se establecieran los postulados de la Termodi-nmica, pero eso no se aplica ni a Marx, ni a los economistas neoclsicos como Walras o Jevons, todos ellos autores de la segunda mitad del siglo XIX. Es sorprendente esa ceguera y ensimisma-miento persistentes de los economistas, hasta la reciente eclosin de una nueva escuela de econo-ma ecolgica.

    Naturalmente, las ciencias naturales han descubierto nuevos fenmenos desde mediados del siglo pasado. En el campo de la energa, tuvo enorme importancia el hallazgo de la energa interna de los tomos. Pero la tecnologa de la fisin atmica para la produccin de electricidad ha resultado ser peligrosa y controvertida, y por lo tanto la energa usada exosomticamente en las sociedades industriales proviene sobre todo de los combustibles fsiles. Desde el incidente de la central de Three Mile Island en Estados Unidos en 1979, y de Chernobyl en la ex-Unin Sovitica en 1986, se ha frenado la construccin de centrales nucleares, y en varios pases (Estados Unidos, Alema-nia) el ritmo de retirada de centrales del servicio es mayor que el de nueva construccin. Adems, los hechos estn dando la razn a los ecologistas que haban advertido de la estrecha conexin entre uso militar y civil de la energa de fisin nuclear.

    Por tanto, aunque la energa nuclear sea muy importante en algunos pases en la produccin de electricidad, las fuentes principales de energa en todas las sociedades industriales son el carbn, el petrleo y el gas. Por lo que respecta al consumo endosomtico de energa, la fotosntesis contina siendo por supuesto la nica fuente. De las consecuencias ambientales o externalidades (es decir, efectos no medidos por los precios del mercado) que tiene el empleo de formas de energa como los combustibles fsiles o la energa nuclear (aumento del efecto invernadero, residuos radioactivos, etc.) nos ocuparemos en otros mdulos de este curso. Aqu, una vez recordada brevemente la histo-ria de cules han sido las fuentes de energa principales antes y despus de la industrializacin, queremos exponer los fundamentos de la economa energtica de la humanidad, tal como fueron ya explicados hacia 1880 por S.A. Podolinsky.

    Las ideas pioneras de Podolinsky (un autor brillante que muri joven) son conocidas sobre todo por los comentarios que merecieron de Engels (el compaero intelectual y poltico de Marx) y de Vla-dimir Vernadsky, el gran eclogo ruso. Engels ley el trabajo de Podolinsky en 1882, y aunque apreci su esfuerzo, se pronunci contra la mezcla de la economa con la fsica, cortando as el desarrollo de un marxismo ecolgico. Vernadsky, en 1925, resumi acertadamente la contribucin de Podolinsky, quien "estudi la energtica de la vida y aplic esos resultados al estudio de los fenmenos econmicos".

    En efecto, Podolinsky, que tena un doctorado en medicina y conoca bien la reciente investigacin en fisiologa humana, quiso estudiar la economa como un sistema de conversin de energa. Para ello, compar la productividad energtica de diversos ecosistemas rurales: por un lado, bosques y

  • Curso de economa ecolgica 15

    prados naturales, por otro, prados artificiales y campos agrcolas. La produccin de biomasa era mayor cuando intervena el trabajo humano y de animales. Los clculos indicaban que una calora de trabajo humano o de animales contribua a producir entre 20 y 40 caloras extra. De dnde vena la capacidad del ser humano para trabajar? Si considerbamos el cuerpo humano como un tipo de mquina trmica, por as decir, sabamos que la capacidad de trabajar vena del consumo de alimentos [lo que hemos llamado energa endosomtica, con la denominacin de Alfred Lotka introducida hacia 1920]. La conversin, o coeficiente econmico [como lo llam Podolinsky, con terminologa de los ingenieros de las mquinas de vapor] era en el cuerpo humano de una quinta parte. Naturalmente, la humanidad no coma nicamente para trabajar; no todos los humanos se dedicaban al trabajo en la agricultura, y existan otras necesidades aparte de la alimentacin; ade-ms las clases sociales ricas usaban mucha ms energa en sus lujos que las clases pobres. Por tanto, segn el tipo de economa y de sociedad, ese coeficiente econmico (es decir, la relacin entre consumo de energa y trabajo efectuado) sera distinto. En la sociedad ms simple y ms tra-bajadora, estara cerca de ser 5:1. En este caso, la productividad energtica del trabajo, es decir, su contribucin a una mayor disponibilidad de energa, deba ser como mnimo de 1:5, para que la sociedad en cuestin fuera sostenible. En sociedades con mayores necesidades y con mayor dife-renciacin social, la productividad energtica mnima deba ser mucho mayor. Por supuesto, en actividades como la extraccin de carbn, podamos comprobar que la productividad energtica del trabajo humano (es decir, la relacin entre energa obtenida y energa gastada del trabajo humano) era muy alta, pero eso era engaoso porque el carbn era un recurso agotable.

    En resumen, mediante la agricultura la especie humana lograba ser como una mquina termodi-nmicamente perfecta (por usar una metfora que remita a los trabajos de Sadi Carnot de 1824), es decir, con la energa obtenida mediante el propio trabajo humano, consegua alimentar la propia caldera. Obviamente, el secreto estaba no slo en el ingenio y en el trabajo fsico humanos, sino en la fotosntesis.

    Ese principio de Podolinsky ha sido enunciado con posterioridad muchsimas veces por muchos investigadores, que no saban que haba sido ya descubierto. Entre las investigaciones ms relevan-tes para la Economa Ecolgica estn las de algunos antroplogos ecolgicos, como Roy Rappa-port.

    I.3. Antropologa ecolgico-energtica y antropologa econmica. Rappaport en Nueva Guinea y Brooke Thomas en los Andes. La productividad de la agricultura moder-na.

    Los antroplogos estudian con gran esfuerzo el funcionamiento de sociedades que llamamos primi-tivas, e intentan estudiarlas en todos sus niveles: no slo la economa, o no slo las relaciones fa-miliares, o no slo la religin y el simbolismo, sino todo a la vez. Los antroplogos han de ser a la vez cientficos de la naturaleza (es decir, han de entender las relaciones entre sociedades humanas y la naturaleza, tanto en trminos de la ciencia como en los propios trminos empleados por las sociedades estudiadas) y a la vez han de ser cientficos sociales, con competencia particular en relaciones de parentesco que tan importantes son en sociedades primitivas. En principio, parece que los antroplogos no han de ser economistas competentes, pues las sociedades que estudian

  • 16 Textos bsicos para la formacin ambiental

    carecen de instituciones econmicas complicadas, no tienen mercados, o apenas tienen mercados que son perifricos para sus decisiones de produccin.

    Si el objeto de la ciencia econmica es estudiar -como dicen muchos manuales- la asignacin de recursos escasos a finalidades alternativas, actuales y futuras, asignacin que se realiza mediante el sistema de precios (o, lo que es lo mismo, mediante la vara de medir del dinero, como dijo el eco-nomista Pigou), entonces, en qu sentido tienen economa las sociedades primitivas? Es su eco-noma lo mismo que su ecologa? Aristteles haba distinguido, en la poltica, dos sentidos de la palabra oikonomia: el estudio del aprovisionamiento material del oikos o de la polis; y el estudio de la formacin de los precios con el deseo de ganar dinero, lo que propiamente no era oikonomia sino crematstica. Hay sin embargo precios en economas que carecen de mercados y de dinero?

    El antroplogo Roy Rappaport estudi en los aos 1960 un pequeo grupo humano, los Tsembaga-Maring de Nueva Guinea, y public despus una famosa monografa sobre su economa ecolgica y su religin, Cerdos para los antepasados (traduccin castellana, Siglo XXI). Los Tsembaga cultivaban dos tipos de campos, con un sistema de cultivo itinerante o roza-tumba-y- quema; en uno predominaban taros y ames, en el otro, camote y caa de azcar, pero en ambos haba la feliz promiscuidad de plantas tpica de esa agricultura. Tras un par de aos de cultivo, los campos rever-tan a barbecho forestal o bosque secundario, sin que se apreciara erosin o disminucin de fertili-dad de la tierra. Adems, los Tsembaga se dedicaban a la crianza de los cerdos, cada grupo fami-liar dispona de algunos cerdos, que alcanzaban hasta las doscientas libras de peso, antes de ser sacrificados, casi todos a la vez, en una matanza ritual del cerdo, llamada kaiko, institucin social y religiosa fundamental en la vida de ese pueblo pues restableca mediante regalos las alianzas con grupos vecinos de cultura similar, frecuentemente rotas por guerras.

    Rappaport estudi cuidadosamente el trabajo de mujeres y hombres en el establecimiento, desyerbe y cosecha de los huertos, y tradujo ese trabajo en kilocaloras. Estudi tambin el rendimiento o productividad energtica de ese trabajo, al pesar los distintos productos cosechados y atribuirles su valor calrico. As consigui determinar el rendimiento calrico de insumos de trabajo medidos tambin en caloras, siendo en ambos tipos de campos alrededor de 20 a 1. Enunci despus lo que hemos llamado en el mdulo anterior el principio de Podolinsky (sin conocer a este autor), es decir, hizo notar que esa productividad energtica superaba satisfactoriamente el consumo energtico endosomtico que haca posible el trabajo fsico en los huertos. Entre los Tsembaga, todos los hombres y mujeres trabajaban, no haba una capa social ociosa que hubiera que mantener, tampoco haba exportacin mal pagada de productos, se trataba una economa de subsistencia igualitaria. La productividad energtica agrcola era suficientemente alta (como en tantos otros ejemplos que se han estudiado de cultivo itinerante tropical), como para mantener a los cerdos, que cuando eran chicos se alimentaban de los residuos domsticos pero que al crecer, requeran de un trabajo espe-cialmente dedicado a su alimentacin, es decir, requeran que se les dedicara huertos especiales.

    Al hacer el balance energtico de esa economa porcina, se presentaba la aparente paradoja que el rendimiento en caloras era tan bajo que pareca absurdo dedicarse a criar cerdos. As, haba que trabajar en la agricultura, cosechar, y alimentar a los cerdos (que no estaban inmovilizados en una suerte de campos de concentracin como en los pases de alta civilizacin, sino que corran sueltos, gastando mucha energa innecesariamente), y el balance energtico era muy pobre, aproximada-

  • Curso de economa ecolgica 17

    mente se gastaba tanta energa como la que se obtena. Mostraban pues los Tsembaga una irra-cionalidad econmico-ecolgica al dedicarse a criar los cerdos? La respuesta era negativa, por va-rias razones. De un lado, la carne de cerdo era consumida por las protenas, y no por las caloras (aunque los propios Tsembaga no saban hablar de protenas, s saban que la carne de cerdo era particularmente necesaria para nios y mujeres embarazadas). Era tambin consumida por su buen gusto. Y la matanza ritual de los cerdos era la propia religin de los Tsembaga.

    Cundo se iniciaba el kaiko, esa matanza colectiva ritual? Ciertamente, cuando los especialistas religiosos apreciaban ciertas seales propicias, pero asimismo cuando el nmero y el peso de los cerdos que haba que alimentar exceda cierta cantidad. Rappaport, antroplogo ecolgico y de la religin, escribe literalmente en su magnfica monografa: demasiados cerdos son caros. Cmo pueden ser caros si no hay mercado ni precios?

    Vemos aqu los dos sentidos de la palabra economa: aprovisionamiento material y energtico del oikos; y estudio de la asignacin de recursos escasos a fines alternativos mediante, no realmente los precios de mercado, pero s mediante la comparabilidad de valores. Las protenas de los cerdos resultan baratas, aunque sus caloras resulten caras, siempre que el nmero y el peso de los cerdos no sea excesivo. La monografa de Rappaport es realmente un estudio de economa ecolgica.

    Agudamente se ha sealado (por David McGrath, un eclogo que trabaja en la Amazona brasile-a) que el clculo energtico de la agricultura itinerante sera muy distinto si entre los insumos contamos, no slo la energa del trabajo humano, sino la energa del bosque primario o secundario quemado. Desde luego, la agricultura itinerante aparecera como la ms energticamente despilfa-rradora de todas las agriculturas (incluso ms que la agricultura moderna ms intensiva en el uso de combustibles fsiles), si pensamos en la enorme biomasa que se quema. El argumento en contra es que, si la densidad de poblacin no es alta y si no hay tampoco presin de la produccin para exportar, el sistema es sostenible sin grave degradacin ecolgica, ya que el bosque secundario vuelve a salir. El empleo de la expresin barbecho forestal indica esa visin tal vez demasiado optimista, ya que el barbecho consiste en dar descanso a la tierra para recuperar su fertilidad de manera que el sistema de cultivo sea sostenible.

    La economa vertical andina

    Lo que llev a John Murra, hacia 1965, al concepto de economa vertical andina, fue la siguiente pregunta, que naci de su vinculacin a la escuela de antropologa econmica de Karl Polanyi. Dado que antes de la conquista europea no haba mercados en los Andes, y una vez cons-ciente de que en economas de montaa no cabe la autarqua porque las producciones de distintos pisos ecolgicos son complementarias, cmo circulaban esos productos? La respuesta pre-hispnica es el tributo; una respuesta posterior es el trueque, y los mercados perifricos (que son compatibles con economas mayormente de subsistencia, es decir, cuyas decisiones de produccin no vienen guiadas nicamente por costes y precios: hay papas para comer y papas para vender).

    El estudio de Brooke Thomas de un grupo de familias de pastores en Puno, Per (un grupo de wak-chilleros) en los primeros aos l970, traduce la nocin de economa vertical de Murra (o la nocin equivalente de simbiosis interzonal de Condarco Morales) en trminos del estudio del flujo de

  • 18 Textos bsicos para la formacin ambiental

    energa. Brooke Thomas estableci que la productividad del trabajo humano empleado en el culti-vo de papa era nicamente de 1:10. Esa productividad energtica del cultivo de papa, a casi 4000 m. de altura, es de las ms bajas que se ha observado nunca en la agricultura. En efecto, un grupo humano, por pobre, igualitario e independiente que fuera, no podra subsistir si cada calora de trabajo humano reportara nicamente 10 cal de produccin, ya que el trabajo humano exige ya unas cinco veces mas energa de la alimentacin que la que se transforma en trabajo. De qu vivi-ran nios y viejos? Adems, el grupo humano en cuestin estaba sometido a la extraccin de un excedente en trabajo por la hacienda vecina. El secreto de la existencia de los wakchilleros era por supuesto el pastoreo, donde, en forma de lana y carne del ganado (y tambin en forma de bosta tan imprescindible para la fertilizacin de los campos, y como combustible), y a pesar de la pobreza de los pastos, se produca un excedente energtico suficiente para darle su renta al hacendado y para que esos pastores intercambiaran carne y lana por productos agrcolas de pisos ecolgicos inferio-res. Con el poco ganado disponible por familia (ya que la hacienda tena la mayor extensin, y trataba de reducir la disponibilidad de pastos para los wakchilleros), y con la escasa productividad energtica del cultivo de papas, era necesario recurrir a la economa vertical.

    La productividad de la agricultura moderna

    Hasta aqu, hemos resumido un par de estudios de antropologa ecolgico-econmica, de los muchos disponibles, que analizaron el flujo de energa en agriculturas muy simples. En 1973 y 1974 varios estudiosos, siguiendo una sugerencia del eclogo Howard Odum que haba escrito que la agricultura moderna consiste en cultivar con petrleo, presentaron balances energticos de di-versos tipos de agricultura. El estudio ms conocido es el de David Pimentel, de la Universidad de Cornell (una universidad de gran reputacin en estudios agrarios y forestales, cuyo fundador, el Sr. Cornell, consigui grandes ganancias crematsticas arrasando bosques). Pimentel mostr la decre-ciente eficiencia energtica del cultivo del maz en Estados Unidos, a causa del enorme y creciente insumo de petrleo o derivados del petrleo (como fertilizantes, pesticidas), y la compar con la mayor eficiencia energtica conseguida en la agricultura de la milpa en el sur de Mxico. Desde entonces, diversos autores se han preguntado qu significa el aumento de productividad en la agri-cultura que los economistas observan, realmente ha existido? La productividad econmica aumen-ta, la productividad energtica disminuye. Cmo conciliar esos hechos?

  • Curso de economa ecolgica 19

    La productividad se mide en economa de la forma siguiente:

    Valor de la produccin - Valor de los insumos

    ______________________________________________

    Cantidad del insumo cuya productividad se mide As, hablamos de la productividad por hectrea de tierra o por hora de trabajo. No hay duda que en la agricultura ha aumentado la productividad por hectrea o, an ms, por hora de trabajo, as me-dida, pero la cuestin es si esa medida es correcta. No ser, como dijo el poeta Antonio Machado, que todo necio/ confunde valor y precio? Para sumar y restar producciones e insumos heterog-neos, necesitamos hacerlos conmensurables, y eso se hace por sus precios. Pero, del valor de la produccin, no deberamos deducir las varias contaminaciones que son productos de la agricultu-ra moderna, y tambin el valor de la erosin del suelo y el valor de la prdida de biodiversidad, tan marcada precisamente en los maces hbridos modernos? Es decir, estn las externalidades nega-tivas deducidas del valor de la produccin? Y, el valor de los insumos, realmente asume la falta de disponibilidad futura del petrleo al usarlo ahora en tan grandes cantidades?

    Por tanto, al dudar de si la agricultura moderna realmente supone un aumento de la productividad, al sealar el conflicto entre valoracin econmica convencional y los resultados obtenidos al estu-diar el flujo de energa en la agricultura, al preguntarnos pues sobre la valoracin adecuada de recursos y servicios ambientales menoscabados por la modernizacin de la agricultura, estamos introducindonos en el tema principal de estudio de la economa ambiental.

  • 20 Textos bsicos para la formacin ambiental

    MDULO II

    LA CONTABILIDAD MACROECONMICA Y EL MEDIO AMBIENTE

    II. 1. Qu es el PIB? Algunas crticas ya conocidas.

    El medio ambiente significa en este contexto los recursos naturales y los servicios am-bientales. Cmo se contempla su contabilizacin dentro de la contabilidad macroeconmica, habi-tualmente llamada contabilidad nacional? La cuestin excede con mucho una preocupacin de especialistas, ya que los resultados de la contabilidad nacional proporcionan desde 1945 y la im-plantacin general del marco macroeconmico keynesiano -de la mano de las instituciones de Bretton Woods, es decir, Banco Mundial y Fondo Monetario Internacional, y de las Naciones Uni-das- la argumentacin indispensable, tal vez la ms importante, del debate poltico. Si el PIB au-menta y en qu porcentaje anual, es tema esencial no slo de la poltica econmica sino de la pol-tica en general. Pocas veces se discute la relevancia de ese lenguaje econmico, aunque hace ya quince aos los verdes alemanes presentaron interpelaciones en el parlamento de Bonn en contra de la contabilidad nacional.

    Primero, algunas definiciones, slo para hacer memoria. Se llama producto interno bruto (PIB), y se mide por lo general referido a un ao y al territorio de un estado, a la suma total de todas las producciones de todas las empresas y actividades (restando los insumos intermedios, para evitar la doble, o triple, contabilidad), es decir, a la suma de todos los valores aadidos; el mismo total se debe obtener por la suma de salarios, ganancias de las empresas, y rentas de la tierra; y la tercera manera de llegar a ese total es sumando los gastos en compras de bienes de consumo y en bienes de inversin (tanto los que sirven para reponer inversiones evitando la prdida de capital, como los que representan una inversin neta). Si al PIB le restamos la depreciacin o prdida de capital, obtenemos el producto interior neto o ingreso nacional.

    Surge una primera cuestin, y es si el producto interno bruto y sus incrementos son un buen indi-cador de bienestar social. La discusin es antigua. Por ejemplo, un mismo PIB puede obtenerse con una distribucin bastante igualitaria del ingreso o con una desigualdad enorme; y seguramente el contenido de ese PIB ser tambin entonces necesariamente distinto, pues la produccin de crce-les y servicios de guardias en un caso, tal vez sean producciones y servicios ms placenteros en el otro. Entre el PIB y el placer o el bienestar, no hay siempre mucha relacin.

    Un mismo PIB puede implicar un nivel de consumo muy inferior, si la inversin es muy grande, y deberamos entonces comparar los PIB a lo largo de muchos aos para ver cul es el efecto poste-rior de esa gran inversin sobre el consumo. Es cierto, sin embargo, que los pases con ms PIB per capita viven en general mejor. Pero, si el PIB es un indicador de bienestar, ocurrir entonces que un mismo PIB obtenido con jornadas laborales mucho ms largas indica el mismo grado de bienestar de los ciudadanos? Dicho de otro modo, el ocio no remunerado no est incluido en el PIB. De hecho, en principio ninguna corriente de servicios o productos no remunerados est in-

  • Curso de economa ecolgica 21

    cluida en el PIB, lo que provoca distorsiones considerables que han sido expuestas muchas veces e incluso han sido temas de debate poltico. As, en economas con un fuerte sector campesino de subsistencia, el producto interno bruto no suele incluir toda esa produccin que no circula por el mercado sino que va directamente de la produccin al consumo. En cambio, el PIB s imputa un valor al servicio que las viviendas proporcionan a sus dueos que viven en ellas, es decir, incluye una suerte de alquileres auto-pagados.

    Aunque sera injusto ensaarse con las convenciones, dudas y manas de los contables, pues lo ms importante es que sus criterios sean explcitos y coherentes de un ao al siguiente, sin embar-go el movimiento feminista ha hecho notar en los ltimos veinte aos que los trabajos domsticos no remunerados, dados por ahora predominantemente por mujeres no por gusto o por determina-cin biolgica sino a causa de instituciones sociales que as lo establecen, no estn incluidos en el PIB, y si lo estuvieran, este aumentara. Esos trabajos contribuiran una parte muy importante, tal vez el 20 o el 30 por ciento del nuevo PIB. En los antiguos libros de economa haba a veces el chiste, por llamarle de algn modo, que el PIB disminuira si un seor se casaba con su cocinera. Es decir, lo nuevo no ha sido percatarse de ese olvido sino la politizacin del tema a cargo del mo-vimiento feminista. Hay, por supuesto, la cuestin de qu salario se imputara a esos trabajos no remunerados; hay tambin la cuestin de si la inclusin en el PIB, que hara socialmente ms visi-bles esos trabajos, realmente llevara a, o tiene algo que ver con, una solucin a la desigual distri-bucin del trabajo domstico. En cualquier caso, no es de extraar que haya sido autoras eco-feministas (Marilyn Waring) quienes trazaron por primera vez el paralelo entre trabajo femenino domstico no remunerado (y no incluido en el PIB) y servicios de la naturaleza no remunerados (y no incluidos en el PIB).

    La cuestin del salario que se imputara a ese trabajo domstico no remunerado tiene que ver, en general, con la contabilizacin de muchos otros servicios que s son remunerados, pero con salarios que pueden parecer de origen extrao a la economa, en el sentido mercantil. As, la contribucin de las administraciones pblicas al PIB (bienes y servicios que no se venden, como la Defensa Nacional o la Enseanza Pblica gratuita) se cuenta segn el coste de esas producciones, es decir se computa segn los salarios que se pagan. Y al sumar, no ya solamente trabajos heterogneos, sino productos heterogneos, como hace el PIB al calcular la suma total de valores aadidos, he-mos de estar atentos tambin a la cuestin anloga de cmo se forman los precios: la macroeco-noma descansa sobre la microeconoma. Por tanto, el problema no es slo que el PIB olvide lo que no se mercantiliza y por tanto no tiene precio, sino que tambin lo mercantilizado y con precio puede tener precios muy discutibles.

    La ausencia o dudosa contabilizacin de los recursos naturales y servicios ambientales aparece ahora en primer plano en la discusin sobre la Contabilidad Nacional. Estos temas son expresa-mente recogidos en la cuarta revisin del Sistema de Cuentas Nacionales que rene las recomen-daciones de las Naciones Unidas en 1993.

  • 22 Textos bsicos para la formacin ambiental

    II.2. La contabilidad nacional y la prdida de patrimonio natural sin amortizacin. Otra crtica ecolgica de la contabilidad nacional: los gastos defensivos o compensatorios.

    Hay una asimetra en la forma de tratar la depreciacin del capital y el desgaste o prdida de recursos naturales. Es distinto el tratamiento que se da al capital (es decir, medios de produc-cin producidos, como mquinas de una fbrica o tractores de una granja), y el tratamiento que se da a los recursos naturales, ya que en el primer caso se aplica la amortizacin y en el segundo, no. Es decir, para pasar del clculo del PIB (producto interno bruto), al PIN o ingreso nacional, se resta del PIB el valor de la depreciacin del capital. As tenemos una medida del ingreso, es decir (segn la definicin de Hicks), lo que podramos dedicar ntegramente al consumo sin empobrecernos, sin descapitalizarnos. (Otra cosa es que dediquemos el Ingreso ntegramente al consumo, o que ms bien dediquemos una parte a la inversin neta, para aumentar posteriormente al consumo. Pero podramos consumir ntegramente el ingreso sin que la economa pierda sustancia, se descapitali-ce: sa es la definicin de ingreso).

    En cambio, cuando perdemos una parte de los recursos naturales o del patrimonio natural, no se aplica una depreciacin (ni una amortizacin que la compense) sino que lo que es una disminucin de patrimonio aparece por el contrario como ingreso (pues existe la convencin contable, basada en una curiosa visin de la naturaleza como fuente inagotable, que el gasto de recursos naturales es compensado con el descubrimiento de nuevas reservas: esos aumentos de inventarios tampoco son incluidos, es decir no son sumados al PIB).

    Por eso, al usar el trmino capital natural en vez de recursos naturales o de patrimonio natural se ha querido llamar la atencin al distinto trato contable a la prdida de ambas formas de recursos, los naturales y los producidos por los humanos; ahora bien, ese salto terminolgico de recursos naturales a capital natural puede tambin responder a un deseo de mercadeo generalizado de la naturaleza, y en este sentido la nueva terminologa (capital natural) no es tan benvola. Aqu usa-remos, a la vieja usanza, recursos naturales o patrimonio natural.

    * * *

    Veamos un sencillo ejemplo de lo que significa depreciacin y amortizacin. Suponga-mos una economa que disponga de un capital en la forma de medios de produccin o instrumentos de trabajo de 1000 unidades monetarias, y supongamos que estn hechos de madera, y que el bos-que de donde se saca la madera est en un rgimen de produccin sostenible. Supongamos que esos instrumentos tengan una vida media de 10 aos. Supongamos que al trabajar con esos instru-mentos, cada ao se obtiene en esa economa un total de bienes por valor de 1200 unidades mone-tarias, que es el PIB. Si nos comiramos las 1200 unidades monetarias, es decir, si todo fuera al consumo y por tanto la inversin bruta (suma de amortizacin y de inversin neta) fuera cero, en-tonces esta economa se estara descapitalizando y no podra aguantar el nivel de consumo por no disponer de suficientes instrumentos de trabajo. Teniendo esto en cuenta, el ingreso nacional o producto interior neto se calcula restando del PIB la depreciacin del capital. En este caso, la amor-tizacin que compensa esa depreciacin es 100 unidades monetarias, y por tanto el PIN o ingreso nacional ser 1100 unidades monetarias, pudiendo la economa mantener indefinidamente ese ni-vel de consumo, aunque tambin puede, como qued indicado, sacrificar una parte de ese consumo para hacer una inversin neta (aumentando el stock de medios de produccin producidos).

  • Curso de economa ecolgica 23

    En la prctica, como los precios de los medios de produccin varan, hay que decidir si se amortiza segn lo que cost adquirirlos o segn el coste de reposicin. Pero adems a menudo no podemos ya encontrar los mismos medios de produccin en el mercado cuando llega la hora de reponerlos, por tanto tal vez el fondo de amortizacin comprenda un elemento de inversin neta (ya que, por ejemplo, los nuevos modelos de maquinaria son ms eficientes). Tampoco la amortizacin tiene por qu hacerse segn una elemental frmula lineal como en ese ejemplo, de 100 unidades mone-tarias por ao para acumular un fondo de amortizacin de 1000 unidades en diez aos!

    Supongamos ahora otra economa, no basada en instrumentos de madera que proceden de un bos-que que se usa sosteniblemente (es decir, que proceden de la fotosntesis actual), sino una econo-ma basada en petrleo, un recurso no renovable cuya produccin se remonta a pocas geolgicas remotas. Cada ao se extrae una cantidad determinada de ese recurso. Supongamos que la tasa actual de extraccin es tal que las reservas slo duraran diez aos. (En la prctica las reservas se dividen en varias categoras, segn se conozca mejor o peor su existencia, y las compaas no in-vierten ms de lo necesario para asegurar una cierta relacin entre extraccin y reservas seguras: de otro lado, en algunos lugares, como Estados Unidos, la relacin entre extraccin y reservas no cesa ya de aumentar, lo que indica una progresiva disminucin de reservas que ya ocurri en otros terri-torios).

    El ingreso generado por esa economa que depende totalmente de la extraccin de petrleo es, su-pongamos, 1200 unidades monetarias al ao (de las que ya hemos restado la amortizacin de otros instrumentos de trabajo utilizados como medios de produccin). La metodologa habitual de la contabilidad nacional nos informar que el PIN o ingreso nacional es de 1200 unidades moneta-rias, pero si la economa mantiene ese consumo (o, aparentemente, si mantiene cualquier consu-mo), se encamina al colapso final en diez aos. Como veremos, El Serafy se pregunt e intent responder a la pregunta: cul es el consumo realmente sostenible en una tal economa?, siguiendo la vieja idea (ms fcil de enunciar que de practicar) de sembrar el petrleo.

    Adems, supongamos que en esa economa aumenta la extraccin de petrleo, de manera que el ingreso anual sube a 1300 unidades: la contabilidad nacional actual indicar que ha habido un crecimiento econmico cuando lo que ocurre es que se acerca ms rpido el colapso final.

    No extraa que se haya querido remediar esa asimetra entre la amortizacin del capital y la falta de amortizacin de los recursos naturales que se agotan, pero la solucin simple de rebautizar los recursos naturales o patrimonio natural como capital natural, y aplicarle una amortizacin, no es convincente. La amortizacin sirve para reconstituir el capital depreciado, es decir, gastado fsica-mente u obsoleto econmicamente. Esa idea de la reconstitucin no es aplicable a los recursos no renovables (cuyos ritmos de produccin natural son lentsimos en comparacin con nuestros ritmos de destruccin). Como ha escrito Naredo: "El problema estriba en que muchos de los recursos pa-trimoniales que [ya] los Fisicratas [del s. XVIII] incluan bajo la denominacin de bienes fondo no son renovables o productibles, no pudiendo por tanto reponerse. En el caso particular de una empresa, este problema se resuelve asegurando en su contabilidad privada, que la venta de sus productos le permita amortizar el valor monetario de los bienes fondo adquiridos. Una vez consu-midos esos bienes fondo no reproducibles, la empresa podr trasladar as su actividad a otros re-cursos, sin quebranto de su patrimonio medido en trminos monetarios. Sin embargo, si se ampla

  • 24 Textos bsicos para la formacin ambiental

    la escala de razonamiento al nivel estatal o incluso planetario, los lmites objetivos que comportan las dotaciones de bienes fondo disponibles, hacen inadecuados los principios que inspiraban el razonamiento y el registro contable propios de la empresa privada. La nocin de amortizacin pier-de su sentido para atajar procesos de degradacin patrimonial globalmente irreversibles".

    Esa sensata posicin de Naredo (el autor de La economa en evolucin) nos ser tambin til para la discusin posterior sobre la sustitucin de capital natural por capital hecho por los huma-nos, y sobre las nociones dbil y fuerte de sustentabilidad (presentadas por David Pearce y sus colegas). Si los recursos naturales valen crematsticamente poco, habr quien piense que las canti-dades monetarias que hay que separar para constituir unos fondos de amortizacin adecuados, sern cantidades pequeas.

    El concepto de gastos defensivos o compensatorios

    Gran parte de los gastos de los consumidores y de las administraciones pblicas de las economas avanzadas se dedican no tanto a obtener bienes como a corregir o evitar los males cau-sados por la propia economa. Muchos de los gastos en sanidad, contra enfermedades profesionales o contra los efectos de la contaminacin o para paliar los efectos de los accidentes de circulacin, son de este tipo. Si una empresa instala un filtro para evitar la emisin de dixido de azufre, eso es un gasto intermedio de esa empresa, su repercusin anual ser restada del valor de su produccin para obtener el valor aadido o producto neto del ao; la venta del filtro ser un ingreso para otra empresa. Pero los gastos defensivos, o mitigadores, o compensatorios de consumidores o adminis-traciones pblicas se contabilizan como produccin final.

    Parece que fue Fred Hirsch (en Los lmites sociales del crecimiento, 1976) quien acu el con-cepto. Las investigaciones recientes ms conocidas han sido las de Christian Leipert en Alemania. Aunque el propio autor no lo exprese as, hay de hecho una Ley de Leipert segn la cual los gas-tos defensivos aumentan (segn las cifras alemanas) ms rpido que el PIB, o sea que a la larga se llegara a la situacin absurda que la economa debe crecer ms y ms para proteger a la ciudada-na del crecimiento de la economa. Naturalmente, qu es lo que se incluye o no como gastos de-fensivos es motivo de discusin, pero lo interesante del trabajo de Leipert es que l aplica los mis-mos criterios de inclusin para varios perodos sucesivos, y su trabajo adquiere pues un valor com-parativo.

    Veamos algunos ejemplos de gastos defensivos. Si alguien tiene suficiente plata para insonorizar su casa y evitar los nuevos ruidos de los vecinos o de una nueva autopista o aeropuerto, no puede decirse que adquiera nuevos bienes o servicios finales sino que realiza un gasto protector para mantenerse donde estaba, es decir, que ese gasto es un coste; lo mismo se aplica al gasto de la ad-ministracin pblica para instalar pantallas acsticas en nuevas autopistas, o el gasto para eliminar manchas de petrleo en las costas, o el gasto de hospitales para evitar o curar el asma infantil pro-vocada por contaminacin de automviles o para remediar la intoxicacin con pesticidas en las plantaciones de bananos. Los ejemplos pueden multiplicarse, de tal manera que fcilmente el ejer-cicio se puede reducir al absurdo: los gastos de comida son un coste de la restauracin (nunca me-jor dicho) de las fuerzas del cuerpo humano, no son un producto final. Sin embargo, si, como hizo

  • Curso de economa ecolgica 25

    Leipert, se mantiene siempre el mismo criterio de clasificacin, podemos entonces comprobar el aumento de los gastos defensivos respecto del PIB.

    Deben esos gastos defensivos restarse o sumarse al PIB? En principio, no deben sumarse sino restarse, ya que los consideramos costes, pero tambin podra argumentarse que, si el dao ya est hecho o se est produciendo (el aeropuerto ya est construido), y si ahora se remedia, eso implica un aumento de bienestar, y es una contribucin positiva al PIB. Si Texaco indemniza a los indge-nas y colonos (en el Ecuador y en Per) por los daos de una extraccin de petrleo que ya se hizo, hay en primer lugar la cuestin de cmo el juez competente valora ese daos, si a precios del Ecuador y Per, o a precios de Estados Unidos; hay despus la cuestin de cmo se contabiliza esa reparacin, ese pago de una deuda ecolgica. Se aadira al Ingreso del Ecuador de ese ao, pero sin que se hubiera restado nada en aos anteriores a cuenta del dao, lo cual es obviamente equi-vocado.

    II.3. Corregir monetariamente el PIB o suplementarlo con cuentas satlites en unidades fsicas? El Serafy y los recursos no renovables: sembrando el petrleo. Los criterios de Roefie Hueting.

    Hemos visto dos crticas principales a la contabilidad nacional desde el punto de vista ecolgico. Ambas crticas (la ausencia de amortizacin del patrimonio natural; la inclusin de los gastos defensivos) estn muy lejos de proporcionar valoraciones monetarias consensuadas. Pense-mos adems qu informacin hara falta y qu estimaciones seran necesarias para incluir en el PIB funciones ambientales como la depuracin de residuos (que si no se hace de forma natural, resulta costosa), la disponibilidad de agua en zonas ms o menos ridas gracias a la evaporacin por energa solar, la absorcin de dixido de carbono por plantas y ocanos, etc. La economa sera como un pequeo planeta en una galaxia de externalidades positivas y negativas difcilmente valo-rables crematsticamente. Por tanto, no extraa que la contabilizacin crematstica de los recursos naturales y de los servicios ambientales en una contabilidad nacional corregida no haya avanzado apenas, no existe un PIB verde ni hay ningn avance substancial en direccin a un PIB verde. Las propuestas han ido en otra direccin, que es tambin la que se adopta en la revisin de 1993 del SCN de Naciones Unidas. Es la direccin de las cuentas satlites en trminos fsicos -pero, como dijo una vez Naredo en una reunin internacional, no sern esos satlites mayores que los plane-tas?

    En Noruega, Francia, Canad y otros pases, se establecen cuentas en trminos fsicos de los recur-sos y sus variaciones (stock de metros cbicos de maderas de distintas clases, etc., tambin sobre la tierra agrcola y su calidad, agua de acuferos y de superficie, etc., y, si est inventariada, tam-bin puede incluirse la biodiversidad de distintos tipos). Por el lado de la contaminacin, se esta-blecen cuentas de emisiones de CO2, de NOx, de SO2, etc. y de produccin de residuos domsticos e industriales. No se trata pues de llegar a un nuevo indicador sinttico y nico de la marcha de la economa que tenga en cuenta los aspectos ecolgicos. Ese empeo es abandonado, en favor de una rica variedad de estadsticas fsicas, que se supone complementan o suplementan la contabilidad macroeconmica habitual, aunque estn expresadas en unidades de medida distintas. Este es el enfoque realista, que equivale en la esfera macroeconmica a lo que la evaluacin multi-criterial

  • 26 Textos bsicos para la formacin ambiental

    supone en la evaluacin de proyectos, alejndose del espejismo de la conmensurabilidad cremats-tica.

    El segundo enfoque, al contrario, trata todava de llegar a un PIB verde, o PIN o ingreso nacional sostenible. Desde luego, sera agradable poder calcular tal magnitud. Por ejemplo, en el crecimien-to econmico actual existe una mezcla difcilmente separable de crecimiento autntico y de des-truccin, y por tanto resulta muy difcil establecer cual debera ser la tasa de descuento o de actua-lizacin de costes y beneficios futuros, si pensamos (como debera pensarse) que podemos infrava-lorar el futuro slo en la medida que exista crecimiento sostenible. Sera, pues, excelente, llegar al consenso sobre cmo medir o contabilizar el ingreso nacional sostenible. Veremos en seguida las bien intencionadas contribuciones de El Serafy y de Hueting, para llegar a la conclusin que no es posible ese consenso.

    a) El Serafy y los recursos no-renovables: sembrando el petrleo.

    Las propuestas de El Serafy (economista del Banco Mundial) fueron presentadas por pri-mera vez a mediados de los aos 1970, despus del primer boom de precios petroleros, pero se han difundido con generalidad recin a finales de los aos 1980 (con su participacin en los congresos de economa ecolgica, y al haber sido muy citado por Herman Daly, colega suyo en el Banco Mundial entre 1988 y 1994).

    Qu parte de los ingresos de un pas por la venta de recursos no-renovables puede considerarse verdaderamente ingreso y qu parte debe considerarse descapitalizacin o prdida de patrimonio? Para responder la pregunta, El Serafy toma como un dato el tipo de inters. Supongamos que un pas tiene reservas tales que el ritmo de extraccin puede mantenerse diez aos ms y el tipo de inters es 1O% anual. Cmo distribuir los ingresos de la venta, v, entre una parte, c, que podra gastarse ntegramente en consumo y considerarse ingreso, y otra parte, v-c, que debe invertirse, capitalizarse, para mantener el ingreso una vez agotado el recurso renovable?

    Si suponemos, en ese ejemplo de diez aos ms de extraccin y tipo de inters del 10%, que los ingresos anuales por la venta son 100 unidades monetarias; entonces, c es aproximadamente 65, y v-c es 35, con lo cual vemos que la situacin es bastante halagea; cunto mayor el tipo de inters (y/o cunto ms lenta sea la extraccin), ms fcil resulta asegurar el ingreso futuro. [Queda fuera de la discusin ese milagro de una economa que remunera las inversiones con un alto tipo de inte-rs a pesar que los recursos agotables se van agotando: la perspectiva de El Serafy no es planetaria, sino referida a un solo pas. Queda tambin excluida la posibilidad de inversiones fallidas, como algunas de KIO, que integra el Fondo Kuwait para las Generaciones Futuras].

    La aritmtica del capital acumulado a inters compuesto es la siguiente:

    ao 0 35 unidades monetarias

    ao 1 [35 x 1.1] + 35 = 73.5

    ao 2 [35 x 1.l2] + [35 x 1.1] + 35 = 115.85

    ...

  • Curso de economa ecolgica 27

    ao 10 Sumatorio (desde i=0 a i=10) de [35 x 1.li]

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    Ese capital acumulado en el ao 10, hace posible mantener a perpetuidad el ingreso, una vez ago-tado el recurso. Esa regla servira tambin, no slo para el clculo de un ms prudente ritmo de consumo, sino para recalcular el PIB y el ingreso nacional.

    Desde luego, que los ingresos procedentes de recursos naturales deben ser reinvertidos es una idea antigua; en la Amrica Latina, hay por lo menos desde mediados del siglo pasado textos conocidos y angustiados en este sentido, como los de Mariano de Rivero (el qumico nacido en Arequipa y formado en Pars) sobre las rentas del guano peruano. Lo novedoso de El Serafy es el criterio ope-rativo que presenta, y su vinculacin a la discusin sobre las correcciones ecolgicas de la contabi-lidad nacional. Pero su criterio no sirve para corregir la contabilidad nacional, ya que hemos de tomar un tipo de inters como dato, hemos de conocer las reservas (y la futura evolucin de la tec-nologa, que pueda quitar usos a los recursos naturales antes de agotarse las reservas), y se supone adems que las inversiones de capital pueden dar rendimientos y compensar as la prdida de los recursos naturales incluso aunque se agoten esos recursos naturales cruciales.

    b) Los criterios de Roefie Hueting

    La preocupacin de Hueting no es la amortizacin de los recursos agotables sino la valo-racin de los servicios o funciones ambientales daados. Hueting es autor de un interesante texto de economa ecolgica publicado en 1980 en ingls, y aos antes en holands; funcionario del ser-vicio de estadstica del Estado holands y encargado de estadsticas ambientales por recomenda-cin de Tinbergen; practicante de jazz en un conocido grupo de Amsterdam. Tras muchos aos de batallar en el campo de las correcciones ambientales de la contabilidad nacional pens que el In-forme Brundtland proporcionaba un criterio operativo para corregir la contabilidad nacional.

    El consenso sobre la sustentabilidad o el desarrollo sustentable pareca proporcionar (o le parece a Hueting que podra proporcionar) una serie de metas u objetivos concretos, en trminos fsicos, unos standards ambientales y de conservacin; slo hace falta entonces calcular los costos de llegar a esos objetivos, ya sea mediante la reparacin o restauracin de daos, o mediante la disminucin de ciertas producciones (por ejemplo, el costo de conservar biodiversidad no es, evidentemente, el costo actualizado de volver a producirla, ya que no pueden resucitarse las especies que desapare-cen, sino el costo de oportunidad de dejar de producir madera, ganado, etc.).

    Naturalmente, si esos objetivos colocados desde fuera la economa no existen, entonces, para en-mendar la contabilidad nacional, nos vemos obligados a calcular unos precios-sombra de las fun-ciones ambientales; por ejemplo, si daamos la capa de ozono, hemos de valorar el beneficio per-dido en trminos de evitacin de radiacin ultravioleta. Cmo conseguir esos valores? Mediante encuestas de disposicin a pagar, que incluyan tambin los daos futuros que estamos causando ahora? Mediante el coste de reparacin, cuando sta es posible? Pero, qu grado de reparacin? Pensemos por ejemplo en los nitritos en la capa fretica en Holanda: cmo crecen los costes mar-ginales de saneamiento y cules son los standards de contaminacin cientficamente recomenda-bles y polticamente tolerables? Ante tanta perplejidad, no puede extraar que Roefie Hueting se haya querido refugiar en brazos de la seora Brundtland! Pero la nocin de sustentabilidad y an menos la de desarrollo sostenible no pueden proporcionar directamente unas metas o lmites al deterioro de las funciones o servicios ambientales.

  • Curso de economa ecolgica 29

    MDULO III

    VALORACIN DE EXTERNALIDADES Y DE BIENES AMBIENTALES.

    INTERNALIZACIN DE EXTERNALIDADES

    III.1. Una negociacin coasiana

    Sea la empresa A que produce un bien a, cuyo precio estable es 80 unidades monetarias y cuyos costos totales estn definidos por la funcin C(a) = a2, de la manera siguiente:

    Produccin (unidades fsicas)

    Costos Totales ($) Costos Marginales ($)

    Ingresos Marginales ($)

    Ingresos Totales ($)

    1 1 1 80 80 2 4 3 80 160 3 9 5 80 240 ... ... ... ... 39 1,521 77 80 3,120 40 1,600 79 80 3,200 41 1,681 81 80 3,280

    [Costo marginal (o incremental o adicional) es el aumento del costo total al producir una unidad ms. Ingreso marginal (o incremental o adicional) es el aumento del ingreso total al producir y vender una unidad ms; en este caso, el ingreso marginal es igual al precio, ya que ste es estable. Si al vender ms, la empresa se viera forzada a bajar el precio de venta, entonces el ingreso margi-nal estara por debajo del precio. Aqu, para simplificar el ejemplo, suponemos un precio estable].

    Esa empresa A fabrica, por ejemplo, pasta de papel, y por tanto contamina el agua. Pero esta exter-nalidad no est incluida en sus costos. La empresa A tiene un derecho implcito o se arroga el de-recho a contaminar.

    Aguas abajo existe la empresa B, cuyo proceso de produccin del producto b requiere agua lim-pia. Podra ser, por ejemplo, una empresa agrcola que usa agua para regar. As, el grado de lim-pieza que el agua debe tener, depende mucho del uso al que se dedique. Supongamos que la em-presa B necesita un agua algo ms limpia que la que le llega de la empresa A, y que es la empresa B la que corre con los costos de descontaminacin del agua. As, una parte de los costos de la em-presa B responden a la fabricacin del producto a por la empresa A.

    Supongamos que el producto b tiene un precio estable de 100 unidades monetarias, y que la fun-cin de costos de la empresa B es as : C(b) = b2 + 30a , con lo cual indicamos que los costos de la empresa B dependen de su propia produccin pero tambin dependen (ya que debe depurar el agua) de la produccin de la empresa A.

  • 30 Textos bsicos para la formacin ambiental

    Aqu estamos midiendo el valor monetario de una externalidad por el costo de restauracin o depu-racin o descontaminacin. Suponemos que existe una tecnologa aplicada por al empresa B que hace que el agua vuelva a su estado anterior al paso por la empresa A o por lo menos que la hace utilizable por la empresa B. Supongamos que la empresa A fuera una empresa maderera en el Ecuador o en la costa chilena, que exporta celulosa, contamina el agua, y simultneamente produce prdidas de biodiversidad. Obviamente, no existe tecnologa que permita restaurar la prdida de biodiversidad. La valoracin monetaria de externalidades segn el costo de restauracin es aplica-ble solamente en el caso de externalidades reversibles. Es decir, tal como veremos en lecciones posteriores de este curso, hay distintos mtodos para intentar dar valores crematsticos a las exter-nalidades, que el mercado no valora. Uno de ellos es, precisamente, el averiguar el costo de restau-racin del perjuicio causado o el costo del reemplazo del recurso natural agotado. Pero ese mtodo no es aplicable si el mal es irreversible. En el ejemplo del agua contaminada por la empresa A, suponemos que el agua puede volver a un estado de calidad suficiente para los propsitos de la empresa B, y no valoramos la contaminacin del agua que an permanezca.

    El razonamiento de Coase (que ahora veremos) funciona bien cuando se trata de externalidades mutuas entre empresas, o de una empresa hacia otra, y si esas empresas son capaces de atribuirles a las externalidades un valor monetario actual. Si la externalidad hace sentir sus efectos en el futu-ro, interviene entonces la cuestin (que veremos ms a fondo en lecciones posteriores) de la tasa de descuento o actualizacin. Tambin funciona el razonamiento de Coase si se trata de externalida-des entre consumidores (mi consumo de msica fuerte produce molestias a los vecinos), o entre empresas y consumidores, siempre que podamos identificar a todos los afectados y que stos adju-diquen valores monetarios a las externalidades.

    En el ejemplo que aqu consideramos, la empresa B valora en 30a el coste de descontaminacin del agua. No se preocupa de si el agua tiene an algn residuo nocivo despus de esta contamina-cin, que slo alcanza el grado necesario para los propsitos de B. Existe pues, por hiptesis, una tecnologa que convierte en reversible la contaminacin del agua por la empresa A, en un tiempo corto, a un costo objetivamente igual a 30a.

    Consideremos ahora cules son las cantidades producidas por ambas empresas, por separado, que maximizan sus ganancias o beneficios. Sabemos que estas cantidades son aquellas para las que se igualan ingresos marginales (aqu, iguales a los respectivos precios) y costos marginales (sin con-tar, en la empresa A, el perjuicio que causa). As,

    la empresa A maximiza 80a - a2,

    es decir, 80 - 2a = 0 ; por tanto, a=40.

    la empresa B maximiza 100b - (b2 + 30a),

    es decir, 100 - 2b = 0 ; por tanto, b=50.

    As, si a=40, y si b=50, entonces

  • Curso de economa ecolgica 31

    Costos Ingresos Ganancias

    Empresa A 1600 3200 1600

    Empresa B 3700 5000 1300

    2900

    Ahora bien, si ambas empresas se fusionaran, la despreocupacin ecolgica de la cual la empresa A haca gala en lo que concierne a la contaminacin del agua, no tendra sentido, ya que descon-taminar el agua implica ahora costos (iguales a 30a) para la nueva empresa que realiza una pro-duccin conjunta de a y b. La nueva empresa internaliza las externalidades dentro de sus costos, y su programa de maximizacin de ganancias es:

    maximizar 80a - a2 + 100b - b2 - 30a

    La produccin de a bajara ahora hasta a=25, ya que ah los costos marginales (los propios de la fbrica A ms el costo de descontaminacin del agua para la fbrica B) son iguales a 80 y coinci-den con el precio de a. La produccin de b seguira siendo de 50 unidades. El nivel de contamina-cin sera menor (al bajar la produccin de a) y las ganancias totales seran mayores.

    Producto Produccin Costos Totales

    Ingresos Totales

    Ganancias

    A 25 625 2,000 -

    B 50 3,250 5,000 -

    3,875 7,000 3,125

    As pues, al fusionarse ambas empresas, aumenta la eficiencia de la situacin. Ahora bien, supon-gamos que no se fusionan, sino que los derechos de propiedad o ttulos jurdicos sobre el ambiente (en este ejemplo, sobre el agua) estn bien definidos. Supongamos que est establecido que el con-taminador paga, es decir, no se puede contaminar impunemente o, dicho de otro modo, suponga-mos que la empresa A no tiene un derecho implcito a contaminar sin ms. Entonces, la empresa B aceptar que el agua est contaminada en la medida que la empresa A le pague la descontamina-cin. Si la produccin de a es inferior a 25 unidades, A puede fcilmente compensar a B. Por ejemplo, al pasar de a=20 a a=21, la ganancia marginal de A es de 39 unidades monetarias y el costo marginal para B es slo de 30 unidades monetarias. As, la negociacin llevara a una inter-nalizacin de la externalidad. Ese resultado a veces se glorifica bajo el nombre de Teorema de Coase. El mismo resultado se conseguira con otra atribucin de ttulos jurdicos sobre el ambien-te. Supongamos que la empresa A tuviera derecho a contaminar por ser propietaria del curso de agua. Si la produccin de a es, por ejemplo, de 30 unidades, la empresa B pagar para que se reduzca la produccin de a y por tanto la contaminacin, hasta el nivel a=25.

  • 32 Textos bsicos para la formacin ambiental

    Examinemos grficamente la produccin de A.

    Fig. III.1.1

    Coste externo marginal

    Cantidad producida de a10

    Ganancia marginal

    Coste externo marginal

    25 3010 20

    C

    D

    30

    80

    40

    Supongamos que la situacin inicial es a=40. Al reducir la produccin de a=40 a a=25, la em-presa A pierde una ganancia igual al rea C pero la empresa B se ahorra un costo igual a D + C. Es decir, la empresa B puede compensar a la empresa A por su menor ganancia, y salir an ganando. Si los costos de transaccin de tales negociaciones no existen o no son muy grandes (por ejemplo, comisiones de intermediarios), entonces todo lo que hace falta para internalizar la externalidad es que sta tenga un valor monetario y que haya derechos de propiedad (o ttulos jurdicos) sobre el ambiente claramente definidos, y da lo mismo si el propietario del ambiente es el contaminador o el contaminado.

    Es importante darse cuenta de los supuestos restrictivos que hacen posible, en este caso, una nego-ciacin coasiana exitosa. Supongamos, por ejemplo, que la empresa A fuera una central trmica que produce electricidad y, a la vez, produce dixido de azufre y xidos de nitrgeno (que producen lluvia cida), y dixido de carbono (que es un gas con efecto invernadero). Quines son los perju-dicados? Son personas (y plantas y animales) que estn tal vez muy distantes o que no han nacido

  • Curso de economa ecolgica 33

    an. Es decir, un supuesto necesario es que los perjudicados sean identificados, y puedan acudir a una negociacin.

    III.2. Un impuesto pigouviano

    Supongamos que existen dos empresas, A y B, y que la produccin de la empresa A im-plica una externalidad negativa para la empresa B (por ejemplo, A contamina el agua que B aguas abajo, necesita). Una solucin alternativa a la negociacin coasiana sera colocar un impuesto so-bre la contaminacin. Es decir, el contaminador, paga. Cunto debe pagar? El impuesto pigouvia-no (del nombre de Pigou, economista de Cambridge que sugiri esta solucin en sus escritos de la dcada de 1920) es un impuesto que es exactamente igual al coste externo marginal en el nivel ptimo de contaminacin. Veamos que significa ese lenguaje de economista, y veamos qu infor-macin hara falta para lograr afinar tanto.

    El nivel ptimo de contaminacin no quiere decir el nivel cero sino el nivel donde se iguala la ga-nancia marginal de la empresa y el costo externo marginal (medido, en nuestro ejemplo, por el costo de restauracin o descontaminacin), es decir, una produccin a=25. Es importante obser-var que ese costo marginal de la externalidad es, en este ejemplo, constante, es decir, cada unidad ms de produccin de a implica un costo extra de descontaminacin (para la empresa B) de 30 unidades monetarias. Podramos establecer otros supuestos, ya sea que el costo externo marginal crece o, al contrario, que decrece (ya que descontaminar mucha agua contaminada resulta por uni-dad ms barato). Para simplificar la explicacin, continuamos aqu con el mismo ejemplo del m-dulo "Una negociacin coasiana", es decir, costo externo marginal constante, y medido por el costo de reparacin o restauracin. Pero hace falta advertir que no hay razn para suponer, en general, costos externos marginales constantes. Tal vez, al producir ms y ms pasta de papel por la empre-sa A, hay un efecto acumulativo sobre la contaminacin del agua y el costo marginal de desconta-minacin crece. O, por el contrario, resulta relativamente fcil descontaminar una gran cantidad de agua y, en cambio, resulta muy caro eliminar la contaminacin inicial, lo que nos dara un costo marginal de descontaminacin decreciente.

    En general, somos incapaces de dar valores monetarios actualizados a los costos externos futuros, irreversibles, inciertos, pero en este ejemplo sabemos que la empresa A produce una externalidad cuyo valor es (por lo menos desde el punto de vista exclusivo de la empresa B) igual a 30 unidades monetarias por cada unidad de a producida. Eso es lo que cuesta descontaminar el agua, que la empresa A ha contaminado, para los propsitos de la empresa B, aunque tal vez el agua contenga an residuos peligrosos para otros usos agua abajo, externalidad que no valoramos.

    Si la empresa A se ve obligada a pagar un impuesto pigouviano de 30 unidades monetarias por unidad de producto, sus decisiones de produccin seran las indicadas en la Figura III.2.1.

    Fig. III.2.1. Un impuesto pigouviano

  • 34 Textos bsicos para la formacin ambiental

    Ganancia marg.

    Coste ext. marg.

    30

    50

    80

    10 20 25 30 40

    Cantidad

    producida

    de a

    Coste

    externomarginal

    Impuesto

    10

    La ganancia marginal, despus de pagar el impuesto, es igual a cero y por tanto la ganancia total es mxima en el nivel de produccin a=25. Esa sera pues la decisin de esa empresa.

    Ntese los efectos distributivos distintos de una internalizacin de la externalidad lograda mediante soluciones coasianas (segn los ttulos jurdicos sobre el ambiente -el agua, en este caso- sean de la empresa A o de la empresa B), o mediante esa solucin fiscal.

    Supongamos que el costo externo marginal no fuera constante, como en nuestro ejemplo, sino que fuera decreciente. Si inicialmente est por debajo de la ganancia marginal, entonces es posible alcanzar nocionalmente ese nivel ptimo de contaminacin y por tanto es posible fijar un impuesto pigouviano OT (Fig. III.2.2.) igual al valor de costo externo marginal en el nivel ptimo de conta-minacin. Pero piensen ustedes en la situacin contraria, es decir, que el valor del costo externo marginal sea ya inicialmente superior a la ganancia marginal de la empresa: por ejemplo, que el perjuicio actualizado (a qu tasa de descuento?) de los residuos radioactivos de una central nuclear sea mayor que la ganancia que va ganando al vender ms kilowatios.

  • Curso de economa ecolgica 35

    Fig. III.2.2.

    Ganancia

    marginal

    Costo

    externo

    marginal

    8O

    T

    O 40

    Costo Externo Marginal

    Ganancia Marginal

    Cantidad producida de a

    III.3. Impuestos o normas cuantitativas?

    a) Descontaminacin: su costo marginal

    Supongamos una central trmica que produce energa elctrica y a la vez dixido de azufre (SO2). Si no existiera tecnologa de descontaminacin slo podra dejar de producir SO2 si dejara de producir electricidad, pero en este drstico caso, su costo marginal de descontaminacin coinci-dira con su curva de ganancia marginal. Es decir, al dejar de producir SO2 dejando de producir electricidad, deja de ganar todos los aumentos de ganancia (ingresos menos costes) que tendra al producir y vender esa electricidad.

  • 36 Textos bsicos para la formacin ambiental

    Tal vez esa central trmica pueda reducir un tanto la produccin de SO2 instalando filtros (scrub-bers) o cambiando de combustible (pasando de lignito a gas). Es lgico suponer que disminuir un poco la contaminacin no resulta muy caro, pero que disminuir radicalmente la contaminacin es mucho ms caro. Eso explica la pendiente descendiente del costo marginal de descontaminar (Fig. III.3.1).

    Figura III.3.1.

    O

    Costo

    m arginal de

    descontaminar

    Produccin

    de SO

    T

    C

    B

    A

    Y Z X2

    Supongamos que un fuerte movimiento ecologista intenta que el nivel de produccin de SO2 sea cero, pero que la autoridad competente tolera un nivel OY. Esa empresa, al pasar del nivel O de produccin de SO2 al nivel OY, se ahorra un costo equivalente al rea CBYO. Supongamos por el contrario que la autoridad competente vena tolerando unas emisiones de SO2 de esa central trmi-ca iguales a OX, y que ahora impone un standard inferior, OY. Si la empresa en cuestin respeta ese standard (ante las amenazas de derecho penal o administrativo, como crcel o multas), enton-ces incurre en un costo extra igual al rea ABYX. Prefiere pagar ese costo extra a dejar de producir electricidad, siempre que el costo marginal de descontaminar sea inferior a la ganancia marginal obtenida mediante la produccin y venta de electricidad.

  • Curso de economa ecolgica 37

    Supongamos ahora que, en vez de respetar ese standard o norma o lmite obligatorio, la empresa se ve obligada a pagar un impuesto sobre la produccin de SO2. Qu decidir hacer la empresa si el impuesto es igual a OT? (Fig. III.3.1.) Producir OZ unidades de SO2, ya que ms all de ese pun-to le sale ms barato descontaminar que pagar el impuesto, pero hasta ese punto le sale ms barato pagar el impuesto que descontaminar.

    b) Comparacin de un impuesto sobre la contaminacin y de un standard comn a todas las empresas

    Se trata aqu de discutir la cuestin de cules instrumentos de poltica econmica ambien-tal utilizar. De qu manera resulta ms econmico conseguir un objetivo? Es lo que se llama costo-efectividad. No discutimos los objetivos fsicos de descontaminacin (fijados desde fuera de la economa), sino el costo de alcanzar esos objetivos fsicos. (Este es el enfoque de los economistas Baumol y Oates).

    Sean tres centrales trmicas que (como en la seccin anterior) producen SO2 a la vez que producen electricidad. Su tecnologa es distinta, tambin lo es el combustible que queman (el lignito produce ms SO2 por kwh que el gas natural). Fijamos nuestra atencin nicamente en el SO2, que puede producir lluvia cida, afectando de diversa manera los suelos calcreos (que incluso se favorecen) o los suelos cidos. No prestamos atencin a los resultados de las emisiones, sino a las emisiones mismas.

    Como las tres centrales son distintas, sus costos marginales de descontaminacin son distintos (Fig. III.3.2.). Todos descienden, pues descontaminar un poco, es barato, mientras que desconta-minar mucho, es caro. (El origen comn se debe slo a comodidad expositiva).

  • 38 Textos bsicos para la formacin ambiental

    Figura III.3.2.

    Costo

    marginal de

    descontaminar

    CMDESCempresa 1

    CMDESCempresa 2

    CMDESCempresa 3

    Produccin

    de SO

    O

    D

    2

    Si con una poltica super-ecolgica, la contaminacin fuera reducida a 0, el costo total de descon-taminacin sera por supuesto toda el rea bajo cada una de las curvas (o rectas, en este caso) que indican el costo marginal de descontaminacin, desde los respectivos punto de produccin actual de SO2.

    La autoridad competente podra imponer un lmite obligatorio de produccin de SO2 igual a cero. Naturalmente, si la nica manera de no producir SO2 es dejar de producir electricidad, ese lmite sera absurdo. Pero cabe reducir la emisin de SO2 con cambios tecnolgicos. La autoridad compe-tente cede a los ruegos de las empresas, que no quieren cargar con los altos costos marginales de dejar totalmente de producir SO2, e impone en cambio un lmite cuantitativo OS (Fig. III.3.3.) igual para las tres empresas, medido en microgramos de SO2 por metro cbico de emisin de gases de combustin. El total de contaminacin tolerado es as tres veces OS. As, las empresas adquie-ren un derecho implcito a contaminar (gratuitamente) en esa cuanta; si se pasan, multa o a la crcel.

  • Curso de economa ecolgica 39

    Figura III.3.3.

    Costo

    marginal de

    descontaminar

    CMDESCempresa 1

    CMDESCempresa 2

    CMDESCempresa 3

    Produccin

    de SOO

    D

    A

    S

    B

    C

    2

    Esa permisividad de la autoridad (que no impone un standard O sino un standard OS) ahorra a las empresas, respectivamente, las reas DASO, DBSO y DCSO, que sera su respectivo costo total de descontaminar si en vez del standard OS se les impusiera un nivel cero de descontaminacin.

    * * *

  • 40 Textos bsicos para la formacin ambiental

    Ahora bien, consideremos un cambio de instrumento. En vez de una norma comn para todas las empresas (una norma OS que implica una produccin total de SO2 de tres veces OS), ese mismo objetivo fsico se logra mediante un impuesto. Qu ocurre entonces con los costos de las empresas? El objetivo es el mismo, no hay un standard total ms o menos tolerante que antes, pero ese objetivo fsico estar distribuido de otra manera entre las empresas, de una manera ms eco-nmica. Asimismo, los costos de la contaminacin (y de la descontaminacin) estarn ahora dis-tribuidos de otra manera entre las empresas y la sociedad. Ahora las empresas ya no contaminan gratis (hasta el lmite tolerado OS) sino que pagan un impuesto sobre las emisiones de SO2 desde la primera unidad producida.

    Intuitivamente, a la empresa 1 que tiene costos de descontaminacin mayores (Fig. III.2.1 y Fig. III.3.2), le convendr producir ms SO2 que antes y pagar el impuesto, mientras a la empresa 3 le puede convenir descontaminar (lo que le sale relativamente barato) en vez de pagar el impuesto.

    El impuesto es tal (OT) que consigue el mismo nivel conjunto de contaminacin (tres veces OS), ya que (Fig. III.3.4.) los segmentos GS y SH son iguales. Lo que ahora contamina de ms la em-presa 1 (hasta el punto H), lo contamina de menos (por construccin de la figura, es decir, por la eleccin astuta del nivel del impuesto) la empresa 3, que reduce su produccin de SO2 desde S hasta G. La empresa 2 contamina ahora lo mismo que bajo el sistema de norma comn.

  • Curso de economa ecolgica 41

    Figura III.3.4.

    Costo

    m arginal de

    descontam inar

    CMDESC

    empresa 1

    CMDESCempresa 2

    CMDESC

    empresa 3

    Produccin

    de SOO G S H

    T

    D

    E B F

    A

    C

    2

    Todas las empresas comparan lo que cuesta el impuesto con el costo marginal de descontaminar, y prefieren pagar el impuesto mientras sea ms barato que descontaminar. As, para la empresa 1 por ejemplo, a partir de H resulta ms caro producir SO2 (ya que ha de pagar el impuesto) que no pro-ducirlo, pero hasta ese punto, el costo marginal de descontaminar es superior al impuesto que ha de pagar. El impuesto opera como una suerte de permiso de contaminacin, pero ahora no gratuito! La empresa contaminadora paga un impuesto y ella misma decide hasta qu punto va a contaminar.

    Fijamos nuestra atencin en lo que las empresas ahora dejan de pagar, o pagan de ms, en costos de descontaminacin. No olvidemos nuestro punto de referencia super-ecolgico inicial: nivel de contaminacin cero.

    La empresa 2 queda como antes, en el sentido siguiente: contamina igual que antes y deja de pagar DBSO, que debera pagar si se le impusiera una contaminacin igual a cero. Eso tambin lo dejaba de pagar bajo la norma comn OS. Mientras antes ese ahorro se lo quedaba ella, ahora una buena parte de l, el rea TBSO, es transferido a la sociedad o al Estado como impuestos.

  • 42 Textos bsicos para la formacin ambiental

    La empresa 1 ahora contamina ms, lo que a primera vista es lamentable, pero sabemos que ese aumento es compensado por el descenso en la contaminacin de la empresa 3. En comparacin con el nivel de contaminacin 0, como ahora contamina ms, se ahorra mayores costos de descontami-nacin. Concretamente, bajo la norma comn que le permita emitir OS, se ahorraba el rea DASO (que hubiera debido pagar con contaminacin cero). Ahora se ahorra el rea DFHO, que excede en AFHS el ahorro anterior.

    Por el contrario la empresa 3 contamina menos. La norma comn OS le permita ahorrarse DCSO que hubiera debido pagar con nivel cero de contaminacin. Ahora se ahorra menos, porque paga ms en costos de descontaminacin; concretamente paga el rea adicional ECSG, y slo se ahorra (con referencia a contaminacin cero) el rea DEGO.

    En comparacin con la situacin de nivel cero de contaminacin, la situacin fsica es (bajo el sistema de impuesto en vez de norma comn) la misma, una contaminacin igual a tres veces OS. Pero la situacin econmica es bastante distinta bajo ambos sistemas. En el sistema de impuesto, lo que las empresas dejan de pagar en costos de descontaminacin, los gastos que se ahorran, es mayor (pues el rea AFHS que representa lo que la empresa 1 deja de pagar en costos de descon-taminacin al contaminar ahora ms bajo el sistema de impuesto que bajo el sistema de norma comn, es un rea mayor que el rea ECSG que es el costo extra de descontaminacin que paga la empresa 3 al disminuir su contaminacin desde OS a OG).

    Para empresas y sociedad en conjunto, queda claro que el sistema de impuesto es ms costo-efectivo (consigue el mismo objetivo fsico a menor costo) que el sistema de la norma, lmite o standard comn. Aunque, al poner un impuesto, existe otro efecto: una buena parte de ahorro de costos que para las empresas representa la tolerancia con sus emisiones de SO2, no se lo quedan ahora las empresas sino la sociedad o el estado (en la forma de impuestos). Pero si las empresas repercuten ese impuesto en los precios del kwh, los efectos distributivos son distintos (y el anlisis se complica, pues habra que estudiar el impacto del mayor precio en la demanda de kwh y por tanto en la produccin de SO2).

    Visto este anlisis, no sorprende que rara vez la autoridad competente imponga una norma fsica comn, sino que hace excepciones segn el tipo de empresas. Eso es patente al examinar las direc-tivas europeas sobre emisiones de SO2 en grandes instalaciones termoelctricas.

    III.4. Permisos de contaminacin negociables

    Los permisos (o licencias o derechos) de contaminacin comerciables son un instrumento de poltica econmica ambiental alternativo a los standards o normas cuantitativas obligatorias que dan lugar a multas u otras penas si no se respetan. Los permisos de contaminacin comerciables permiten alcanzar determinada reduccin de emisiones (decidida desde fuera de la economa) de una manera menos costosa, es decir, ms costo-efectiva, que otros instrumentos.

    La idea fue propuesta en la dcada de 1960 (por Crocker y Dales) y ha sido implementada en los Estados Unidos para emisiones de dixido de azufre, en mercados regionales bajo una bubble o burbuja ya que el objetivo es reducir emisiones en regiones determinadas. El sistema se ha aplica-

  • Curso de economa ecolgica 43

    do a empresas contaminantes. En principio se podra aplicar a consumidores contaminantes. O, a nivel mundial, se podra aplicar para distribuir las reducciones de dixido de carbono tericamente prometidas en la Conferencia de Ro de Janeiro de 1992. Agarwal y Narain (del Centro de Ciencia y Medio Ambiente de Nueva Delhi) argumentaron, en efecto, que deberan reducirse las emisiones por persona de dixido de carbono al nivel absorbible por la nueva vegetacin o por los ocanos. La mayor parte de habitantes del mundo estn por bajo de ese nivel, pero otros estn muy por en-cima. Cada pas tendra derecho a una cuota de emisin igual a su nmero de habitantes multipli-cado por ese nivel tolerable por persona, y podra vender la parte de la cuota que no utiliza. Por el momento, esa propuesta no ha sido aceptada.

    Nuestro ejemplo se refiere a emisiones de SO2. Supongamos que en un rea determinada hay unas emisiones de tantos cientos de miles de toneladas de dixido de azufre por ao, y que las autorida-des quieren conseguir un nivel inferior. El primer paso es distribuir permisos de contaminacin equivalentes a ese nivel inferior. Esa distribucin puede hacerse de dos modos:

    - Subastando los permisos entre las empresas de esa regin, segn el principio el contaminador paga;

    - Entregando los permisos gratuitamente, segn (por ejemplo) una determinada proporcin de las emisiones anteriores de cada empresa.

    Veamos cmo funciona ese sistema. Supongamos que una central trmica que produce kwh produ-ce tambin dixido de azufre. La valoracin econmica (ya sea mediante el costo de restauracin del dao o mediante la averiguacin de la disposicin a aceptar indemnizaciones de los contami-nados) no tiene porqu ser aceptada. Mucho menos podemos determinar un punto de contamina-cin ptima donde el dao econmico marginal se iguale al costo marginal de dejar de contaminar (ya sea instalando equipo descontaminador o, en ltimo trmino, dejando de producir kwh). Su-pongamos, sin embargo, que aunque no conocemos el costo marginal de esa externalidad s cono-cemos ese costo marginal de la descontaminacin (Fig. III.4.1).

    Supongamos ahora que la autoridad poltica ni coloca un standard o norma obligatoria mxima de emisin de dixido de azufre a cada empresa respaldada por multas u otros castigos, ni tampoco coloca un impuesto sobre las emisiones de dixido de azufre, sino que anuncia ese nuevo sistema, a primera vista tan escandaloso: permisos o licencias comerciables de contaminacin. Obviamente, el primer paso es saber cuntas licencias se van a dar, o lo que es lo mismo, cunta emisin de SO2 en toneladas/ao se va a permitir. Desde fuera de la economa, a travs de un proceso cientfico-poltico de evaluacin social, se decide que el total de contaminacin ser tanto (el nivel OS en la Fig. III.4.1), por ejemplo un nivel que sea un 30 por ciento inferior al anterior. Pero ahora en vez de castigar penal o administrativamente a los infractores una vez repartido el nivel agregado tolerado de emisiones entre las empresas, lo que se hace es anunciar ese nuevo sistema de permisos nego-ciables.

  • 44 Textos bsicos para la formacin ambiental

    Figura III.4.1.

    Compra de permisos de contaminacin por la empresa 1

    Costo

    CMDESC1

    S

    O

    Cantidad de

    marginal de

    descontaminar

    Precio delos permisos

    P1

    P2

    permisos deemisin de SOS

    2

    Si el precio de los permisos fuera OP1, la empresa 1 los comprara en la medida que resulten ms baratos que el costo marginal de descontaminar (que aqu suponemos decreciente). En la Fig. III.4.1, los comprara casi todos. Si el precio anunciado por el gobierno fuera OP2, la demanda de permisos excedera la oferta OS. Es decir, si los permisos son transables y si hay varias empresas (por ejemplo, dos empresas, como en la Fig. III.4.2), su precio subira.

    Supongamos pues que hay dos empresas, dos centrales trmicas. La segunda tiene costos de des-contaminacin menores que la primera (puede instalar filtros ms fcilmente, o cambiar de com-bustible usando gas en vez de lignitos), por tanto no demanda tantos permisos (a un precio dado) aunque s necesita algunos. Eso est representado en la Fig. III.4.2 donde tambin est la demanda combinada de permisos por ambas empresas (que es igual al costo marginal de descontaminacin en la empresa 1 + el costo marginal de descontaminacin en la empresa 2).

    Figura III.4.2.

  • Curso de economa ecolgica 45

    O

    Costo

    m arginal de

    descontaminar

    Precio

    de los

    perm isosCMDESC1

    CMDESCempresa 1

    CMDESC

    Q2 Q1

    empresa 2

    S

    S

    CMDESC2

    donde OQ1 +OQ2 = OS

  • 46 Textos bsicos para la formacin ambiental

    Supongamos que inicialmente la cantidad de permisos OS se hubiera repartido a medias entre am-bas empresas. La empresa 2, con costos de descontaminacin relativamente bajos, vendera una parte de sus permisos a la empresa 1, que prefiere comprar permisos a descontaminar. As, el costo para las empresas de alcanzar una reduccin conjunta de emisiones hasta el nivel OS, es inferior al que tendran si ambas tuvieran que cumplir el mismo standard. Hay una clara analoga con la comparacin entre impuestos y un standard comn. De hecho, pagar un impuesto sobre la conta-minacin se parece a adquirir un permiso, con la diferencia que la negociacin sobre el nivel del impuesto con la autoridad poltica se har fuera del mercado, y con la diferencia tambin que (si los permisos se distribuyen al empezar gratuitamente) la autoridad no recaudar ese ingreso.

    En los permisos de contaminacin transables, el precio viene determinado por la oferta (decidida desde fuera de la economa a travs de un debate cientfico-poltico) y por la demanda (que es la suma de curvas de costo marginal de descontaminacin de todas las empresas).

    De hecho, en ese mercado de permisos de contaminacin podran irrumpir otros compradores, por ejemplo grupos ambientalistas, lo que tendra el efecto de hacer subir el precio de los permisos (siempre que el gobierno no ampliara la oferta), y eso incentivara a las empresas a descontaminar ms, ya sea instalando nuevos equipos o dejando de producir.

    III.5. Valoracin de bienes ambientales: el mtodo del costo del viaje

    Este mdulo ofrece un ejemplo sencillo (con datos inventados) del llamado mtodo del costo del viaje (travel cost method), que se aplica para averiguar el valor monetario de espacios naturales, cuya conservacin implica unos costos monetarios a cargo de las autoridades y unos costos de oportunidad (es decir, lo que se deja de ganar en una explotacin maderera, o petrolfera, o turstica de masas) al dejar esos espacios como reservas. El mtodo del costo del viaje no sirve para valorar los beneficios comerciales hipotticos que puedan sacarse del espacio natural en cues-tin, en la forma, por ejemplo, de venta de muestras de material gentico. Lo que el mtodo averi-gua es puramente la disposicin a pagar de los visitantes del espacio natural (por ejemplo, las islas Galpagos en el territorio ecuatoriano, o el parque natural del Manu en el Per), suponiendo que esa disposicin a pagar es una medida de los beneficios sociales que el espacio natural proporcio-na. En efecto, es bien posible que la autoridad poltica y los intereses empresariales se lamenten de que un espacio natural implica costos y no da beneficios. Se trata pues de mostrar que existen be-neficios. Y eso incluso en el caso (como en nuestro ejemplo) que la entrada en el espacio o parque natural sea gratuita, en el sentido que no hay que pagar ticket o boleto de entrada (lo que no es el caso en las Galpagos pero s, todava, en el Manu).

    Supongamos que llegan visitantes desde distintas distancias, y que llegan en distintos vehculos. Los costes del viaje son la gasolina que compran y la amortizacin del vehculo segn la distancia recorrida o, si usan transporte pblico, el precio del viaje. Adems, el tiempo gastado en el viaje implica tambin un costo, que podemos establecer segn los ingresos que se dejan de ganar en ese perodo. Es as, sin entrar en consideraciones posteriores sobre los propios costos ecolgicos del viaje (al quemar gasolina, por ejemplo), como se realizan las valoraciones de bienes ambientales mediante el mtodo del mtodo del viaje.

  • Curso de economa ecolgica 47

    Supongamos, pues, que llegan visitantes a un parque natural desde distintas distancias y clasifica-mos las distancias en (por ejemplo) cinco zonas concntricas, cada una de ellas con distinta pobla-cin; y supongamos que obtenemos informacin sobre el nmero de visitantes por ao de cada zona y sobre el costo del viaje.

    Zona Poblacin Nmero de visitantes desde las distintas zonas

    Visitas (en miles)

    Costo de la visita, sin boleto

    1 2,000,000 15,000 7.5 10

    2 8,000,000 48,000 6.0 15

    3 2,500,000 11,250 4.5 20

    4 15,000,000 45,000 3.0 25

    5 22,666,000 34,000 1.5 30

    153,250

  • 48 Textos bsicos para la formacin ambiental

    Estos datos, ficticios, son plausibles en el sentido que el nmero de visitas por mil habitantes es mayor cunto ms cerca est el parque natural, y el costo del viaje es mayor cunto ms alejado est el parque natural. De hecho, los datos estn puesto de tal manera que podemos establecer una sencilla funcin que relaciona el nmero de visitas por mil habitantes (v) con el costo del viaje (c), de esta manera:

    V = 10.5 - 0.3c

    As, en la zona 1 se cumple que 7.5 = 10.5 - (0.3 * 10), etc. Esta es una funcin que expresa cmo vara la demanda de visitas cuando vara el costo del viaje (siendo el costo del viaje el nico precio que hay que pagar para acceder al parque natural ya que no existe, por hiptesis, ticket de ingreso).

    Podemos calcular fcilmente cuanto estn pagando los visitantes como costo del viaje (la suma del nmero de visitas por el costo de cada visita), pero la pregunta relevante es, Cunto pagaran?, Cunto les vale realmente ese espacio natural? Hemos supuesto que no hay que pagar ticket de acceso. Lo que preguntamos es: qu ticket estaran dispuestos a pagar? De esta manera, los benefi-cios de la conservacin de ese espacio natural vendran medidos por la recaudacin de los tickets de ingreso que potencialmente estaran dispuestos a pagar esos visitantes. Ntese que aqu no se averigua mediante encuestas cul es la disposicin a pagar de los visitantes por la preservacin de ese espacio natural. No se pregunta nada, se observa cunto pagan efectivamente por el viaje, y a partir de ah se infiere una relacin entre la demanda de visitas y su precio.

    En la actual situacin, hemos supuesto que el ticket de acceso tiene un precio igual a cero, y con ese precio, la demanda total de visitas es de 153,250. Con un ticket de acceso que costara 25$, la demanda bajara a cero visitas pues incluso aquellas personas ms prximas al parque natural, los de la zona 1, deberan pagar (10 + 25) = 35$, ya que pagan el costo del viaje y ahora, adems, el ticket de acceso. Es decir, v = 10.5 - 0.3 (10 + 25) = 0. Con estos datos podemos construir una curva de demanda para todas las visitas, que relaciona el precio del ticket y la demanda de visitas que habra.

  • Curso de economa ecolgica 49

    Fig. III.5.1.

    O

    Precio del

    ticket de

    entrada

    Miles de

    visitas 20 40 60 80 100 120 140 153.250

    5

    10

    15

    20

    25

    El rea bajo la curva nos mide en trminos econmicos todo el beneficio obtenido por la sociedad (o ms concretamente por los visitantes), que efectivamente pagan un precio cero por el ticket de ingreso.

    Aunque el mtodo del costo del viaje para valorar espacios naturales presenta algunas ventajas (por ejemplo, tiene un carcter ms objetivo que la valoracin basada en encuestas sobre disposi-cin a pagar), sin embargo puede dar lugar a paradjicos resultados. Puede ocurrir que los espacios naturales estn tan bien preservados y en lugares tan remotos, que no haya visitantes. Algo as ocurre en el caso del parque del Manu en el Per. Por el contrario, como puede ocurrir en las Gal-pagos, el valor econmico crece con el nmero de visitantes multiplicado por el costo del viaje y el ticket de acceso, pero tantos visitantes pueden incidir negativamente en la conservacin.

  • 50 Textos bsicos para la formacin ambiental

    III.6. La valoracin de contingencias

    En algunas ocasiones puede ser interesante obtener el valor monetario que una poblacin da a un bien ambiental o a una externalidad negativa, es decir, puede ser interesante averiguar su disposicin a pagar (DAP) para obtener un bien ambiental o para evitar un perjuicio. Supongamos que una poblacin arroja sus desechos y excrementos a un ro, sin tratarlos previamente, y que la municipalidad propone construir un sistema de tratamiento de esos residuos que cuesta una cierta cantidad. Por ejemplo, la municipalidad plantea la construccin de un colector de aguas servidas para evitar que vayan directamente al ro, y se pregunta a la poblacin relevante (o a una muestra de ella) qu cantidad mensual estara dispuesta a pagar por esa mejora ambiental.

    Dejando de lado cul sea la fuente concreta de financiacin de ese sistema de saneamiento, puede resultar til a la municipalidad contar con un estudio que indique cunto estaran dispuestos a pa-gar los ciudadanos por l. Podemos interpretar que esta disposicin a pagar (DAP) revela el costo social que los ciudadanos atribuyen al sistema actual de vertidos, es decir, la averiguacin de la DAP es un mtodo de valoracin econmica de una externalidad negativa. Podramos usar tam-bin la DAAC (disposicin a aceptar compensacin), preguntando a quienes sufren un perjuicio en cunto valoran la compensacin necesaria para aceptarlo sin protestar. La DAP y la DAAC no suelen coincidir, siendo la DAP ms baja.

    Usar el mtodo de la valoracin de contingencias (o valoracin contingente como a veces se le llama) no implica una adhesin incondicional al principio de la economa convencional, que el valor de las cosas (en mercados reales o ficticios) debe provenir exclusivamente de las preferencias individuales de la actual generacin de humanos. Se tratara, simplemente, de dar argumentos de orden econmico (o ms exactamente crematstico) a la municipalidad, si los argumentos en otras escalas de valor (salud pblica, esttica) parecen insuficientes para justificar esa obra pblica.

    Se procedera del modo siguiente. Se realizara una encuesta a la poblacin afectada, y como eso seguramente sera muy caro, se hara la encuesta solamente a una muestra de la poblacin. Ah intervienen las tcnicas estadsticas habituales de seleccin de muestras. La situacin fsica que se quiere corregir, o el bien ambiental que se quiere preservar, seran cuidadosamente descritos a los entrevistados y a continuacin se les preguntara, partiendo de unos valores mnimos (o de unos valores mximos, como en las subastas de pescado) cul sera su DAP. Los encuestados expresar-an su DAP a travs de un vehculo concreto de pago (por ejemplo, un aumento de la tarifa del agua o un nuevo impuesto municipal). Naturalmente puede haber respuestas estratgicas -por ejemplo, si los entrevistados saben que realmente no pagarn pero que sus respuestas influirn en la deci-sin, pueden manifestar DAPs mayores que las reales. Adems suele ocurrir que una buena parte de la muestra rehusa dar una respuesta. Es decir, no dan simplemente una respuesta cero sino que no contestan en absoluto. En nuestro ejemplo, quienes tienen una DAP cero piensan tan vez que ya pagan suficientes impuestos o que las ganancias de la compaa del agua son suficientes para fi-nanciar la obra, y quienes no quieren contestar nada, piensan quiz que las obras pblicas deben decidirse a travs de un debate pblico entre ciudadanos y no como consumidores en mercados ficticios.

  • Curso de economa ecolgica 51

    Los resultados que se obtengan en la encuesta sern del tipo indicado en el Cuadro III.6.1, sacado de un caso prctico. En vez de la edad, como en el Cuadro III.6.1, podramos cruzar los datos de DAP con otras variables: gnero, nivel de ingresos, nivel de educacin formal, etc.

  • 52 Textos bsicos para la formacin ambiental

    CUADRO III.6.1

    Niveles de disposicin a pagar segn grupo de edad

    ($) TOTAL % 18-34 % 35-49 % 50 o+ %

    0 114 30.9 14 17.9 28 24.3 72 40.9

    1-100 19 5.1 5 6.4 5 4.3 9 5.1

    101-200 38 10.3 6 7.7 12 10.4 20 11.4

    201-300 20 5.4 4 5.1 9 7.8 7 4.0

    301-400 9 2.4 1 1.3 4 3.5 4 2.3

    401-500 82 22.2 19 24.4 29 25.2 34 19.3

    501-1000 67 18.2 20 25.6 23 20.0 24 13.6

    101-2000 16 4.3 7 9.0 3 2.6 6 3.4

    ms de 2000 4 1.1 2 2.6 2 1.7 0 0.0

    DAP Med ($) 427 652 474 305

    TOTALES 369 78 115 176

    FUENTE: J. Fuentes, M. A. Quiroga, F. Seplveda, Estimacin de la disposicin a pagar por descontaminacin del ro Bo-Bo. Seminario de Valoracin y Contabilidad Nacional de Recursos Naturales y Ambientales, CECOR, Univ. de Concepcin, Chile, 25-26 agosto 1994.

    Teniendo buena informacin sobre las diversas caractersticas de la poblacin y eliminando, como suele hacerse, las respuestas de quienes no quieren contestar o dan respuestas aberrantes, podemos llegar a estimar un DAP promedio ($ 427 en el Cuadro III.6.1) con los niveles de confianza esta-dstica habituales en tales casos, y adems podemos ajustar una ecuacin de regresin mltiple que explique cmo la variacin de la DAP depende (o no depende) de la edad, gnero, nivel de ingre-sos, nivel de educacin, etc.

    Por ejemplo, la DAP de los ms ricos ser mayor que la de los ms pobres, pero, es la elasticidad-ingreso mayor que la unidad? Seguramente eso va a depender del tipo de bien ambiental o de ex-ternalidad negativa de que se trate. Para obtener agua potable (que los ricos ya se procuran de otras maneras) tal vez la DAP de los pobres sea sorprendentemente grande. En cambio, para seguir go-zando de un bello paisaje y evitar que sea destruido, tal vez la DAP de los ricos sea mayor no slo en trminos absolutos sino proporcionales. Las valoraciones de contingencias pueden pues propor-cionar interesantes datos para la sociologa ambiental. Adems, explicar economtricamente las relaciones entre las diversas variables (edad, nivel de ingresos,...) y la DAP no tiene solamente inters sociolgico sino que puede ayudar a disear el sistema de financiacin de una manera que minimice las protestas sociales, al apoyarse en las preferencias existentes.

    En el ejemplo que usamos, puede suponerse que la poblacin entrevistada conoce el problema y entiende la solucin tcnica. Pero eso no sucede en muchos casos. Por ejemplo, no tiene sentido y

  • Curso de economa ecolgica 53

    es ms bien un abuso de confianza preguntar a la poblacin sobre su DAP respecto de los mtodos seguros de tratamiento de residuos radioactivos o por su DAP para que se conserve el bosque ama-znico. En esos casos se trata de contingencias futuras que no deben valorarse nicamente segn las preferencias actuales. Y adems estas preferencias actuales no estn bien informadas.

    Cunto menor sea la incidencia futura y ms circunscrita est la eleccin entre alternativas, ms plausible resulta confiar en la DAP como mtodo de valoracin de externalidades negativas o de bienes ambientales. Por ejemplo, pensemos en una municipalidad que se cree en la necesidad (co-mo Barcelona antes de los Juegos Olmpicos de 1992) de crear una red de autopistas urbanas para acomodar y facilitar el creciente trfico de automviles, y que se ve en la alternativa de hacer discu-rrir esas autopistas por la superficie en zonas urbanas muy pobladas (lo que es relativamente barato pero ruidoso y molesto) o por nuevos tneles en el subsuelo (lo que resulta ms caro, en trminos crematsticos). Frente a las propuestas populares y para justificar la decisin de enterrar algunos tramos de la autopista, el gobierno municipal quiso estimar los costos sociales y ambientales de las autopistas que discurren por la superficie. Podra haber recurrido a dos mtodos de valoracin:

    Precios hednicos, como se les llama, es decir, estimar la reduccin en los precios de las viviendas en algunas zonas de la ciudad a causa del mayor ruido y molestias, extrapolar esos resultados, y contar ese descenso de valor como costos. Ese mtodo no hubiera sido muy concluyente debido al alza general de precios de la vivienda en Barcelona en el boom de 1986 a 1992.

    Valoracin de contingencias, preguntando sobre la DAP de una muestra de poblacin afectada. As se hizo, obteniendo valores suficientes para justificar econmicamente la decisin de enterrar esos tramos de autopista.

    Empero, el propio modelo de transporte en Barcelona, es decir, el destinar mucha ms inversin pblica al transporte en automvil privado que en transporte pblico, que es realmente el tema de fondo, no estuvo en discusin.

    Con estos dos ejemplos de valoracin de contingencias se ha querido mostrar los usos plausibles de ese mtodo de valoracin, que se ha empleado tambin en casos tan famosos como la determi-nacin de daos por el derrame de petrleo de Exxon Valdez en Alaska en 1989. Una cuestin importante es cul es la poblacin que se considera afectada. Son afectados nicamente los direc-tamente perjudicados (o beneficiados) en sus valores de uso inmediatos?

    III.7. La economa ambiental y la internalizacin de externalidades

    Como hemos visto el anlisis de la internalizacin monetaria de las externalidades toma habitualmente la forma siguiente en la teora econmica. Supongamos una empresa cualquiera, por ejemplo una empresa elctrica que venda kilowatios-hora a un precio regulado. Esa empresa tiene unos costes marginales que suponemos crecientes, esto es, el incremento de los costes totales es cada vez mayor (ya que, por ejemplo, al incrementar la produccin se debe pagar horas-extra de los trabajadores, a un salario mayor). Si representamos esta situacin de la forma ms simple (como en la Figura III.7.1), tenemos en el eje horizontal la produccin de kilowatios-hora y en el eje verti-cal el precio y los costes marginales. Adems, en el eje horizontal hemos dibujado tambin, en otra

  • 54 Textos bsicos para la formacin ambiental

    escala distinta, la produccin de dixido de azufre (ya que podemos suponer que se trata de una central trmica que quema carbn); podramos haber puesto produccin de NOx y de CO2 tambin, o si fuera una central nuclear, produccin de plutonio o de otros residuos radioactivos de largusi-mas vidas. O podramos haber puesto el ejemplo de una empresa forestal que produzca metros cbicos de madera y simultneamente destruya biodiversidad e influya negativamente sobre el ciclo del agua.

    En la empresa en cuestin, la cantidad de produccin que reporta la mxima ganancia empresarial privada (sin contar los costes ambientales o sociales), es aquella en la que se cruzan el coste mar-ginal y el ingreso marginal (es decir, el incremento de ingreso total al vender una unidad ms de produccin, esto es, en este ejemplo el precio del kilowatio-hora). Trasladando este resultado a la Figura III.7.2, dibujamos una lnea de ganancias marginales que se hace igual a cero en el punto de mxima ganancia, OA. Ahora bien, como hemos indicado antes, esa empresa produce tambin SO2, es decir, produce externalidades que aparecen como perjuicios no medidos en el mercado. En la Figura III.7.2, temerariamente dibujamos (como en los textos de Economa Ambiental conven-cional) una lnea que representa el coste externo marginal, traduciendo en unidades monetarias el perjuicio actual y futuro causado por el SO2 (y en su caso los NOx y el CO2, el plutonio u otras sustancias). Ese perjuicio es valorado en dinero, con valores actualizados en el caso que los daos (como realmente ocurre) se extiendan a varias generaciones.

    Figura III.7.1

  • Curso de economa ecolgica 55

    Precio

    costo

    B

    O

    Costos

    marginales

    Precio

    Kwh

    Kwh

    SOA 2

    La economa ambiental discute dos temas, al llegar a este punto. El primero, cmo dar valores monetarios a esos costes externos, cmo se traduce el SO2 en dinero. Ah intervienen tcnicas co-mo son la valoracin de contingencias (preguntando a los perjudicados sobre su disposicin a pagar), u otras tcnicas ingeniosas, ninguna de las cuales afronta satisfactoriamente la cuestin peliaguda de actualizar los daos futuros. El segundo tema es la poltica econmica concreta, es decir, los instrumentos para llegar al ptimo social (Figura III.7.2), es decir, aquella produccin donde se iguala la ganancia marginal privada y el coste externo marginal. Ah, en el terreno de los instrumentos, cabe discutir sobre las respectivas virtudes de una negociacin coasiana (una vez establecidos derechos de propiedad sobre el ambiente), o impuestos pigouvianos, o normas legales y multas. Pero naturalmente no hay que confundir la discusin sobre la efectividad comparada de esos instrumentos con la discusin de si es posible traducir a valores crematsticos actualizados los

  • 56 Textos bsicos para la formacin ambiental

    impactos ambientales. Mi tesis es que, en general, la lnea de coste externo marginal no puede ser dibujada, y sin embargo entiendo perfectamente que, una vez puesto un lmite a las emisiones con-taminantes o a la produccin desde fuera de la economa -lmite determinado a partir de un debate cientfico-poltico-, la manera de hacer retroceder la contaminacin a ese lmite sea a travs de instrumentos econmicos como impuestos pigouvianos, transacciones coasianas, mercados de permisos de contaminacin (que tal vez sean ms eficaces, es decir consigan objetivos a menor coste, que el tratar de hacer cumplir esos lmites mediante multas o crcel).

  • Curso de economa ecolgica 57

    Figura III.7.2.

    Prec io

    cos to

    B

    O

    Cos t o s

    K w h

    SO

    A

    Gananc ias

    marg ina les

    Op t imo

    social

    extern o s

    marg ina les

    2

    Cuando se habla de ambientalismo de mercado (free market environmentalism) hay que distinguir entre dos cuestiones bien distintas: la de la valoracin econmico-crematstica actualizada de las externalidades, y la de los instrumentos para lograr que la economa humana encaje dentro de los lmites de los ecosistemas, teniendo bien presente adems que el encaje de la economa humana dentro de los ecosistemas (o, si se quiere, la adaptacin de la economa a los lmites de unos eco-sistemas en constante evolucin), no es una cuestin que pueda resolverse mediante una apelacin al tribunal objetivo e imparcial de los cientficos de la naturaleza o mediante la repeticin ritual de la palabra sustentabilidad. Cmo se fijan tales lmites, a los que se da nombres como capacidad de carga crtica (critical loads), qu indicadores fsicos se seleccionan, qu cantidades de contaminan-tes se consideran tolerables, qu horizontes temporales y espaciales se tienen en cuenta, son pues cuestiones del ms grande inters, sobre las que los economistas ambientales poco saben decir, no

  • 58 Textos bsicos para la formacin ambiental

    slo por incompetencia profesional en qumica ambiental u otros campos relevantes sino, sobre todo, porque intentan infructuosamente meterlas dentro del razonamiento econmico convencional.

    Recapitulemos el argumento. La economa ambiental y de los recursos naturales parte del supuesto de que toda externalidad, toda aportacin de un recurso o servicio ambiental no incluido en el mer-cado, puede sin embargo recibir una valoracin monetaria convincente. Para alcanzar esa valora-cin, los economistas ms neoliberales proponen, siguiendo a Coase, la atribucin de derechos de propiedad sobre recursos y servicios ambientales, confiando en que sus propietarios los intercam-bien a los precios idneos; otros economistas, a veces ms proclives a la intervencin estatal, como David Pearce y Kerry Turner en su texto de economa ambiental, reconocen que el planteamiento coasiano es en muchas ocasiones inviable (como el propio Coase reconoci) y se limitan a propo-ner la evaluacin monetaria de las externalidades, y en general de los recursos naturales y servicios ambientales, mediante diversas tcnicas de simulacin del mercado (valoracin de contingencias, mtodo del coste del viaje, etc.).

    De esta forma, la lgica de la economa se extiende ms all del mercado, o mejor dicho, el merca-do queda ecolgicamente ampliado. Una vez internalizadas las externalidades, es decir, una vez computados esos costos (o beneficios) ocultos e imputados a sus responsables econmicos, triunfa otra vez la lgica del mercado. Ahora bien, los representantes de la Economa Ecolgica (autores como Kapp, Georgescu-Roegen, Daly, Naredo) argumentamos contra la posibilidad de una inter-nalizacin convincente de las externalidades, siendo uno de los argumentos principales el de la ausencia de las generaciones futuras en los mercados actuales, an si esos mercados se amplan ecolgicamente mediante simulaciones basadas en la disposicin a pagar, y no en pagos realmente efectuados. Pensamos que, en el mejor de los casos, los agentes econmicos actuales valoran de manera arbitraria los efectos irreversibles e inciertos de nuestras acciones de hoy sobre las genera-ciones futuras. Sin embargo, que dudemos de la posibilidad de internalizacin convincente de las externalidades, que defendamos la tesis de la inconmensurabilidad de los elementos de la econo-ma y por tanto que sostengamos que necesariamente la economa est imbricada en la sociedad y en la poltica, no significa que debamos estar en contra, en un plano prctico, de los impuestos sobre el uso de energas no renovables, o de los mercados de licencias de contaminacin por SO2, como instrumentos que lleven a reducir los impactos negativos de la economa sobre la ecologa. Pensamos que los lmites o standards que se le pongan a la economa desde fuera del razonamiento econmico, deber ser estudiados por los economistas ecolgicos, segn la epistemologa poltica sugerida por Funtowicz y Ravetz.

  • Curso de economa ecolgica 59

    MDULO IV

    EL ANLISIS COSTO-BENEFICIO Y LA EVALUACIN AMBIENTAL 1

    IV.1. Una introduccin al anlisis costo-beneficio.

    El anlisis costo-beneficio es un anlisis matemtico sofisticado combinado con una me-dida grosera de valor. La unidad de valor es la satisfaccin de preferencias humanas medida en unidades monetarias en mercados reales o hipotticos. La poltica pblica estar basada en la agre-gacin de preferencias. Es cierto que, en contra de lo que dicen algunos crticos, el anlisis costo-beneficio consigue incorporar el valor intrnseco de la naturaleza y las preferencias de las genera-ciones futuras y de seres no-humanos, pero no consigue darles el peso adecuado. Considerar las decisiones de poltica puramente como un proceso de agregacin de preferencias individuales ac-tuales, es una equivocacin.

    El anlisis costo-beneficio se convierte en la base de la poltica pblica a travs de la agregacin de preferencias individuales. El analista debe identificar las partes afectadas por la propuesta [una represa en un ro, o cualquier otro proyecto, o una poltica sectorial...] y considerar los beneficios y costos para cada una de las partes afectadas, donde por beneficios se entiende la satisfaccin de preferencias y por costos su no-satisfaccin. La intensidad de la preferencia de una persona por un objeto se expresa en trminos de la cantidad que est dispuesta a pagar en el margen por ese objeto [es decir, por una unidad ms de ese objeto] o alternativamente, por la cantidad que est dispuesta a aceptar en el margen como compensacin por su prdida. Ambas medidas suelen ser diferentes pues en general las personas estn dispuestas a aceptar ms como compensacin que lo que estn dispuestas a pagar, pero aqu no analizaremos esta cuestin. Las preferencias, medidas o pesadas por la disposicin a pagar, o a aceptar compensacin, dan el punto de partida del anlisis.

    Para que ese anlisis se convierta en instrumento de decisin poltica-social, el analista necesita un principio para decir cules proyectos valen la pena y cmo clasificar distintos proyectos. El anlisis costo-beneficio emplea principios de agregacin basados en la eficiencia, y el criterio bsico es el criterio de Pareto segn el cual una situacin propuesta, A, es socialmente mejor que la situacin anterior, B, si algn individuo prefiere la nueva situacin A a la vieja situacin B, y nadie prefiere B a A. Es decir, puede que a todos menos uno les de igual A que B, excepto uno que prefiere A a B. Sin embargo, las decisiones de poltica frecuentemente implican que hay ganadores y perdedo-res, y por tanto ese criterio paretiano estricto tiene poca fuerza. Se puede aplicar entonces el criterio de mejora potencial de Pareto, o el criterio de compensacin de Kaldor-Hicks. As, una propuesta es eficiente si lo que se gana es mayor que lo que se pierde de manera que los ganadores estn en una posicin tal que potencialmente puedan compensar exactamente a los perdedores y estar an

    1 Adaptado de John O'Neill, Ecology, policy and politics, Routledge, Londres, 1993, cap. 4.

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    algo mejor que antes, o una propuesta es eficiente si la suma de beneficios es mayor que la suma de costos, sean quienes sean los ganadores y los perdedores. Las varias propuestas pueden ser pues clasificada segn sus beneficios netos. Esos criterios de Pareto con compensacin potencial o de Kaldor-Hicks, no consideran los impactos sobre la distribucin, pero el anlisis costo-beneficio puede tener un complemento social, colocando por ejemplo una restriccin adicional a los proyec-tos que pasen el test de eficiencia, o dando pesos distintos a los beneficios y costos que afectan a grupos sociales distintos, de manera que los beneficios que van a un grupo menos privilegiado pesen ms.

    El anlisis costo-beneficio (econmico y social) suele tambin dar peso distinto a los costos y a los beneficios segn el tiempo en que tengan lugar. Los beneficios y costos futuros son valorados me-nos que los actuales, cada vez menos a medida que son ms distantes en el tiempo. Se infravalora el futuro, se descuenta. As, aplicando una tasa de descuento (socialmente elegida, no necesaria-mente el tipo de inters del mercado), el analista convierte los beneficios y costos futuros en valo-res actualizados. El valor es menor cuanto ms alejado en el tiempo. Si la tasa de descuento es r, el beneficio Bt en el ao t, tendr un valor actual en este ao 1, de Bt / (1 + r)t.

    Una vez identificadas las partes afectadas por diversos proyectos alternativos, una vez calculados los costos y beneficios en valor actual, una vez aplicadas las reglas de eficiencia relevantes, el ana-lista debe clasificar esos proyectos. Hay dos maneras de hacerlo. El primero ya ha sido mencionado al explicar el criterio de eficiencia de Kaldor-Hicks. Los costos actualizados se restan de los benefi-cios actualizados, y el proyecto que maximiza esa diferencia es el proyecto mejor. Pero si el capital disponible est limitado, entonces interesa el cociente ms que la diferencia, y la regla de clasifica-cin es el rendimiento por unidad de capital. Los proyectos son clasificados segn la razn de be-neficios actualizados a costos actualizados, y el proyecto con la razn mayor es el mejor.

    Otros dos problemas han dado lugar a otros refinamientos, y tienen particular importancia. Son:

    1) En el anlisis costo-beneficio, hay que empezar con las preferencias existentes o con prefe-rencias bien informadas?

    2) Cmo medir el valor de bienes que no son intercambiados en mercados?

    Las generaciones futuras y las otras especies

    Una objecin habitual contra el empleo del anlisis costo-beneficio en las decisiones am-bientales es que, al tomar como base la satisfaccin de preferencias, deja de lado a aquellos que no pueden expresar sus preferencias mediante el criterio de la disposicin a pagar, en particular, 1) los no- humanos, y 2) las generaciones futuras.

    Se podra decir que si en las decisiones polticas slo cuentan las preferencias expresadas actual-mente por los adultos, entonces no hay lugar en el anlisis costo-beneficio para considerar el valor intrnseco de los no-humanos. La fuerza de esta objecin depende de lo que valor intrnseco (o valor de existencia) signifique. Este trmino tiene distintos sentidos. Si valor intrnseco significa valor no-instrumental, entonces el afirmar que los no-humanos tienen un valor intrnseco es perfec-tamente compatible con una teora subjetiva del valor. Las preferencias de los humanos pueden

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    expresar una preocupacin no-instrumental por los no-humanos. Un individuo puede tener entre sus preferencias bsicas la conservacin de un hbitat o de alguna especie en peligro, independien-temente de cualquier beneficio que pudiera reportarle. As, el valor intrnseco en el sentido de valor no-instrumental puede realmente incorporarse al anlisis costo-beneficio por la va de las preferen-cias de los humanos. En la literatura econmica, los valores que nacen de tales preferencias son llamados valores de existencia o valores de uso pasivo. Ahora bien, si por valor intrnseco denota-mos el valor que un objeto tenga independientemente de su valoracin por los evaluadores, enton-ces el anlisis costo-beneficio tiene ciertamente dificultades para incorporar el valor intrnseco de los no-humanos.

    Al igual que el valor no-instrumental de los no-humanos puede ser incluido en el anlisis costo-beneficio mediante las preferencias de los humanos, as los intereses de las generaciones futuras pueden ser representados por las preferencias de las generaciones actuales. La generacin actual incluye individuos que tienen preferencias respecto del bienestar de sus hijos, nietos y generaciones sucesivas. Esos valores a veces entran en el anlisis econmico con el nombre de valor de opcin, que significa el valor que un objeto tiene en virtud de su uso potencialmente beneficioso para los humanos. Se argumenta que los individuos pueden asignar un valor de opcin a un objeto, no slo en virtud del uso potencial que ellos mismos hagan, sino tambin en virtud de su uso potencial por otros, ya sean contemporneos o de generaciones futuras. Aqu tampoco hay nada que objetar con-ceptualmente. Los individuos pueden tener entre sus preferencias, una preferencia acerca de que algo deba ser usado por otros, y esa preferencia puede ser incluida en el anlisis costo-beneficio. As pues, el anlisis costo-beneficio puede incorporar los intereses de generaciones futuras y el valor no-instrumental de los no-humanos, mediante las preferencias de las generaciones actuales.

    Se considera pues que el valor de un objeto surge de tres tipos de preferencias: una preferencia por el uso real del objeto, una preferencia por el uso opcional del objeto por uno mismo o por otros, y una preferencia por la existencia del objeto (y por su bienestar, si es un ser sensible) independien-temente de su uso real o potencial por otros. El problema con que tropieza el anlisis costo-beneficio no es la imposibilidad de incorporar a los no-humanos y a las generaciones futuras sino la manera en que son incorporados. De hecho, hay dos problemas: la representacin de los no- humanos y de las generaciones futuras es precaria, y los pesos atribuidos a sus intereses son inade-cuados.

    1) La representacin de los no-humanos y de las generaciones futuras mediante la expresin de preferencias por las generaciones actuales, es una representacin precaria. Hemos mostrado que pueden ser representados indirectamente, pero de ah no se sigue que realmente sean re-presentados. Son representados en la medida que la generacin actual no est compuesta de egostas, es decir, mientras no prefieran satisfacer aquellos intereses exclusivamente propios. Para que las generaciones futuras y los no-humanos estn representados, hace falta que la ge-neracin actual tenga suficientes miembros con preferencias no-egostas. El anlisis costo-beneficio se defiende contra la acusacin que olvida las generaciones futuras y los no-humanos, ya que existe esa representacin vicaria o indirecta, pero eso slo ocurre si supo-nemos que las preferencias de la generacin actual son la que debera tener. Ahora bien, re-ferirse a las preferencias que los individuos deben tener, y no a las que realmente tienen, es

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    alejarse del punto de vista del anlisis econmico que toma la satisfaccin de las preferencias como base de las decisiones.

    2) El peso que se adjudica a los intereses de las generaciones futuras y de los no-humanos a travs de la representacin indirecta de sus intereses por las preferencias actualmente existen-tes, es un peso inferior al que debera ser. Aqu hay dos cuestiones relevantes. La primera es una continuacin de la que recin hemos visto: los representantes vicarios de los intereses de las futuras generaciones y de los no-humanos son mucho menos numerosos que aquellos pu-tativamente representados. As, en una sociedad como la nuestra, en que la mayora no ex-hiben mucha preocupacin ni por las generaciones futuras ni por los no-humanos en sus con-ductas cuando hacen compras, posiblemente esos intereses no tienen el peso que deberan te-ner. Los intereses de una de las partes afectadas por una determinada poltica -quienes pue-den expresar preferencias- seguramente tienen ms peso que los de otras partes -quienes no pueden presentar preferencias. La segunda cuestin tiene relevancia para la representacin de generaciones futuras: el descuento del futuro necesariamente implica que sus intereses reci-ben menos consideracin. Veremos esto en el prximo mdulo, pero antes aclaremos otro tema.

    Las necesidades de las generaciones futuras y de los animales que no son humanos

    La teora econmica ortodoxa estudia las preferencias reveladas por los individuos al hacer transacciones. Ese enfoque no tiene sentido para las generaciones futuras y los individuos de otras especies. Dado que el anlisis costo-beneficio habitual no da peso suficiente a los intereses de aquellos que no pueden expresarse, cmo podramos revisarlo? Un refinamiento sencillo sera incluir directamente las preferencias de quienes no pueden expresarse, pues aunque no puedan expresarlas, s podramos tal vez imputrselas con alguna confianza. No podemos saber las prefe-rencias de las generaciones futuras, pero sabemos lo suficiente acerca de sus necesidades como para atribuirles ciertas preferencias. Podemos suponer que preferirn el aire sin contaminacin, el agua limpia, y no enfrentarse con sustancias txicas -por ejemplo, residuos radioactivos.

    Anlogamente, pudiera argumentarse que sera posible imputar ciertas preferencias a algunos ani-males. Se ha sugerido que los bilogos podran construir un perfil de preferencias de un tipo de ballenas, que hace una ruta a travs del mar de Beaufort, consume ciertos alimentos, etc. Y usando ese perfil de preferencias, podramos entonces calcular una tasa de compensacin equivalente al dao que un proyecto que interfiera con esas ballenas les causara. El Centro Ramsey tambin ha sugerido que, en vez de representar las preferencias de los no-humanos indirectamente, las inclu-yamos directamente: "pensamos que es posible hablar de las `preferencias' de los animales, que es posible identificarlas... Los deseos y preferencias pueden localizarse en los instintos y otras pautas de conducta de los animales no-humanos, y por tanto podramos identificar sus intereses".

    As, el informe Ramsey sostiene que las preferencias imputadas a los seres sensibles deben entrar directamente en el anlisis costo-beneficio. "En las decisiones ambientales, todos los seres sensi-bles deberan recibir la misma consideracin, y las entidades no-sensibles, no deberan recibir (di-rectamente) ninguna". Se proponen dos medidas para incluir las preferencias e intereses de los no-humanos. La primera, que quien deba tomar las decisiones, acte como representante de los no-

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    humanos, y cuide directamente de expresar sus intereses, como es el caso con los intereses de los nios y de las generaciones futuras. La segunda, es incluir esos intereses mediante una restriccin moral adicional que se impone antes de tomar una decisin.

    Esa representacin directa de quienes no pueden expresarse, puede solucionar el problema relativo al peso excesivo que, en otro caso, se dara a los intereses de las generaciones actuales. Pero lo que resulta muy peculiar es que esa inclusin se haga por la va de las preferencias y no de las necesi-dades, ya que ahora ya sabemos bastante bien cules sern sus necesidades ambientales (aire lim-pio, agua sin contaminar, etc.), y en cambio no conocemos sus preferencias. Si les dejamos un buen ambiente y muchos recursos naturales, pero sus preferencias ms marcadas no son stas, segn la economa neoclsica habra que considerar que ha habido un fallo de nuestra generacin y de las intermedias.

    A los no-humanos hay que aplicarles consideraciones parecidas. Si pensamos en los daos a las ballenas, lo que cuenta no es su perfil hipottico de preferencias que podramos imputarles, sino lo que conocemos de sus necesidades. Las ballenas podran desarrollar preferencias por sustancias que les hagan dao. Muchos animales domsticos muestran deseos de alimentos con mucho az-car. Por qu bamos a respetar esas preferencias? Hay buenas razones paternalistas para negar la satisfaccin de tales preferencias a los animales no-humanos. Tampoco vale, en este contexto, ape-lar a las preferencias bien informadas, como lo hace el Centro Ramsey. Tiene sentido referirse a preferencias bien informadas en un contexto de humanos adultos, es decir, preferencias condicio-nadas: si supieran x, elegiran y. Pero eso no tiene sentido para animales no-humanos, que no tie-nen la capacidad cognitiva para satisfacer el antecedente de una tal proposicin condicional. Hablar de preferencias bien informadas es una manera engaosa de hablar de necesidades.

    As pues, en lo referente a quienes no pueden expresar sus preferencias, hemos de considerar sus necesidades, y no sus preferencias. El concepto de necesidad se basa en criterios no-subjetivos de bienestar. En general, basar la poltica ambiental en principios que apelen a las preferencias, es equivocado.

    IV.2. El descuento del futuro en el anlisis costo-beneficio 2

    Descontar (o infravalorar) el futuro significa valorar los costos y beneficios que tengan las generaciones futuras menos que los costos y beneficios actuales. En el anlisis costo-beneficio, los beneficios y costos son medidas de satisfaccin y no-satisfaccin de preferencias. Descontar el futuro implica por tanto que las preferencias de las generaciones futuras cuentan menos que la de las actuales. As, si suponemos que tendrn una preferencia por la ausencia de residuos txicos, expresada por su eventual disposicin a pagar para no tener esos residuos o en su disposicin a aceptar compensacin por soportarlos, esa preferencia se valora menos que la de las generaciones actuales. Si su preferencia expresada en disposicin a pagar para no tener residuos txicos es $n, y la tasa de descuento es r, su preferencia dentro de t aos es actualmente valorada como $n / (1 + r)t. Supongamos una preferencia constante a lo largo del tiempo para evitar tener residuos txicos, 2 Adaptado de John O'Neill, Ecology, policy and politics, Routledge, Londres, 1993.

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    expresada en una disposicin a pagar de $1000 (por dar una cifra). Entonces, si aplicamos una tasa de descuento de solamente 5 por ciento anual, esa preferencia dentro de cincuenta aos es actual-mente valorada, o mejor dicho infravalorada, como $1000 / (1.05)50 = $87.2. Cuanto ms lejano es en el tiempo el beneficio o el costo, menos pesa ahora. Consideremos la formacin de un bos-que. Un rbol que demore cincuenta aos en crecer, y que ahora valga $100 al precio actual, ten-dra un valor actualizado de solamente $8.72. Ese descuento del futuro parece dar entonces una razn para desplazar el dao ambiental al futuro, y para valorar el consumo actual de beneficios ms que el consumo futuro. Nuestras preferencias actuales cuentan ms que nuestras propias prefe-rencias futuras y mucho ms que las preferencias de las generaciones futuras. Cmo se justifica ese descuento, que parece discriminar contra las generaciones futuras de una manera ticamente inaceptable?

    1) La incertidumbre. Los individuos valoran los beneficios actuales ms que los del futuro, ya que no saben qu preferencias futuras ellos tendrn, tampoco saben si habr beneficios o cos-tos futuros, ni saben si ellos mismos existirn. Asimismo, en las decisiones sociales (y no in-dividuales) de poltica, la incertidumbre acerca de las preferencias futuras y de la existencia de beneficios y costos futuros, justifica el descuento.

    2) La creciente riqueza. Si suponemos que la riqueza aumenta con el tiempo, la utilidad margi-nal (es decir, la satisfaccin adicional) de los beneficios futuros ser menor que la de los be-neficios actuales. De ah que se de un menor peso a los beneficios futuros, de la misma mane-ra que los beneficios para quienes ya son ricos ahora deben valorarse menos que los benefi-cios a los pobres.

    3) Las preferencias temporales puras. Los individuos tienen preferencia temporal puras, es de-cir, prefieren los beneficios ahora y no tanto en el futuro, son impacientes. La agregacin de preferencias en el anlisis costo-beneficio debe reflejar esa preferencia temporal.

    4) Los costos sociales de oportunidad. Cualesquiera beneficios futuros de un proyecto o poltica, deben compararse con los beneficios futuros conseguidos si esos recursos se hubieran inver-tido al tipo de inters actual. Es decir, los beneficios y costos futuros deben ser descontados segn el tipo de inters.

    Ahora bien, ninguno de esos argumentos da buenos motivos para el descuento del futuro.

    La incertidumbre sobre el futuro no da ninguna justificacin para el descuento. La incertidumbre sobre la existencia personal no implica incertidumbre respecto de la existencia de la especie huma-na, y podemos suponer que, si nos comportamos debidamente, las generaciones futuras existirn. Desde luego, hay incertidumbre en cuanto a las preferencias concretas de las generaciones futuras, pero no hay incertidumbre respecto de sus necesidades. Hay que suponer que los residuos txicos les sern dainos y que necesitarn fuentes de energa y materias primas. Es posible que el progre-so cientfico lleve a procedimientos para neutralizar esos txicos, o que los bosques que plantamos sean destruidos por el fuego, o que haya materiales que sustituyan la madera, etc. Pero no hay nin-guna razn para suponer que la incertidumbre respecto de los beneficios y costos futuros, incluso si de alguna manera aumenta cunto ms lejano sea el tiempo, obedezca a un factor de descuento de Bt / (1 + r)t. De hecho, no podemos aplicar una funcin probabilstica a la incertidumbre de los

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    beneficios y costos futuros. En particular, no podemos predecir el futuro progreso de la ciencia. Hay que distinguir la incertidumbre del riesgo. El riesgo describe contextos en los cuales pueden asignarse probabilidades a los posibles resultados (como en los accidentes de trfico), y la incerti-dumbre, donde no pueden. En los contextos en que hay incertidumbre, hace falta otras reglas. Por ejemplo, dada la eleccin entre proyectos, o entre un proyecto y la situacin actual, suponemos el peor resultado posible en todas las opciones, y se elige entonces la opcin que, si sale mal, lleve al resultado menos malo. Una regla similar es la llamada arrepentimiento mnimo o principio de pre-caucin: elegir la opcin que minimiza el arrepentimiento que podramos tener. Si el proyecto en consideracin puede llevar a desastres ambientales, esas estrategias de aversin al riesgo son ra-cionales, como tambin lo es la estrategia de no tomar decisiones irreversibles, porque las peores consecuencias de una decisin reversible pueden evitarse, pero las de una decisin irreversible no pueden evitarse. Sean cuales sean las reglas que se apliquen en ese contexto de incertidumbre, no puede apelarse a ella para fundamentar una tasa de descuento en un clculo imposible de probabi-lidades.

    Veamos ahora el argumento de la riqueza creciente con el que pretende justificarse una tasa de descuento positiva. Si la riqueza aumenta a un cierto ritmo, entonces tiene sentido dentro del anli-sis social costo-beneficio, dar un peso menor a una unidad de valor en el futuro que ahora. Eso sera simplemente aplicar el anlisis social costo-beneficio a lo largo de las generaciones, ya que una unidad de riqueza da una utilidad marginal menor al aumentar la riqueza. Sin embargo, el supuesto que las generaciones futuras sern ms ricas carece de fundamento racional. Hay razones para suponer que la riqueza media de las generaciones futuras ser inferior a la de la generacin actual, dado el agotamiento de los recursos no-renovables, los cambios climticos globales, los lmites a la sustituibilidad de materiales. Hay ciertamente algo paradjico al aplicar una tasa de descuento a la asignacin de los recursos no-renovables a lo largo del tiempo. El descuento del futuro menoscaba su propia justificacin, pues, si el futuro se descuenta, hay que preferir el con-sumo actual al consumo futuro, pero si los recursos no-renovables son finitos, eso implica que habr una generacin futura que estar peor que la actual. La aplicacin de una tasa de descuento lleva al consumo actual de la riqueza futura, cuyo supuesto aumento constitua, para empezar, la justificacin (por la utilidad marginal decreciente) de la tasa de descuento.

    Veamos el argumento de la pura preferencia temporal, que realmente es un invento injustificable de algunos economistas.

    Se asegura normalmente que los individuos tienen una preferencia por bienes actuales sobre bienes futuros, y que el valor asignado a un bien disminuye en directa proporcin a su distancia en el futu-ro, y que eso justifica el aplicar socialmente una tasa de descuento, ya que la tarea de la poltica es agregar las preferencias de todas las partes afectadas, y si stas muestran una preferencia temporal, hay que incorporarla en las decisiones pblicas. Esa defensa del descuento del futuro se enfrenta a dos tipos de objeciones: 1) las relacionadas con el paso de las preferencias personales a las prefe-rencias interpersonales; 2) las relacionadas, para empezar, con la racionalidad de la preferencia temporal de los individuos. Si un individuo tiene una preferencia temporal por el consumo actual de bienes sobre el consumo futuro, esa preferencia afecta a su propia satisfaccin futura, pero cuando consideramos una tasa social de descuento, el caso es distinto. Entonces, la cuestin no es nuestra satisfaccin futura sino la de otros. Es distinto decir que estoy dispuesto a pagar ahora so-

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    lamente $8.72 por un rbol que recibir dentro de cincuenta aos (y por el cual estara dispuesto a pagar $100 si se me entrega ahora), que decir que el valor que ese rbol va a tener para una perso-na que viva dentro de cincuenta aos es slo $8.72. Pero eso es lo que ocurre con las tasas de des-cuento. Admitamos incluso que hay unanimidad dentro de la generacin actual respecto a la prefe-rencia temporal; sin embargo, los bienes y daos sobre los cuales se expresan tales preferencias van a satisfacer o a perjudicar las preferencias de una poblacin diferente. El anlisis costo-beneficio no agrega entonces las preferencias de todos los afectados por la decisin en cuestin. No hay manera de defender ese paso de las preferencias intrapersonales a las preferencias interperso-nales.

    Resta el argumento del costo social de oportunidad. A diferencia de las justificaciones de una tasa social de descuento hasta ahora consideradas, la que apela a unos costos sociales de oportunidad no debe entenderse como una infravaloracin de los bienes o daos de las generaciones futuras. Consideremos cualquier proyecto: el capital invertido en l, podra haberse colocado en el banco donde rendira el tipo (o tasa) de inters actual. Si el rendimiento del proyecto en el ao tn es me-nor que el que obtendramos a la tasa de inters actual, entonces ese proyecto no da el mejor resul-tado para las generaciones futuras. As, por ejemplo, si el proyecto consiste en plantar rboles, y suponemos que los rboles valdrn $v en el ao tn, mientras que el rendimiento de la misma inver-sin colocada a inters compuesto sera mayor que $v, entonces esa inversin en dinero compensa la no-disponibilidad de los rboles potenciales en el futuro. Igualmente descontamos los ingresos futuros del petrleo u otros recursos naturales, al tipo actual de inters, ya que la inversin a ese tipo de inters compensa a las generaciones futuras de las prdidas que tendrn (al no contar con el petrleo, por ejemplo).

    Aqu se presenta el problema siguiente. Los tipos de inters se consideran como algo dado, como si los bancos fueran unas instituciones que generan dinero por s solas, aparte de lo que ocurra en la economa. Parece como si, mediante el tipo de inters, pudiramos generar dinero para compensar a las generaciones futuras de sus prdidas. Pero los tipo de inters no son eso, sino que miden el costo de tomar prstamos en la economa en un momento dado, y ese costo, en un mercado ideal, viene determinado por la demanda de prstamos para invertir en proyectos privados o pblicos, y la oferta de ahorros. Cada inversor que toma un crdito espera conseguir un rendimiento mayor que el tipo de inters. En otras palabras, al usar el tipo de inters como una medida de descuento del futuro, comparamos el rendimiento del proyecto en consideracin con el posible rendimiento de otros proyectos que compiten por la inversin de capital. Ahora bien, los rendimientos de la inver-sin de capital en proyectos alternativos pueden nacer de un verdadero crecimiento sostenible de la economa o de la destruccin de recursos naturales. Ahora consumimos energa y materiales no renovables al hacer inversiones. De ah la paradjica defensa que David Pearce hace de altas tasas de descuento, porque las tasas bajas harn aumentar la demanda de recursos y servicios ambienta-les al aumentar la inversin. Al considerar los efectos de distintos proyectos sobre las generaciones futuras, lo relevante no son las tasas de ganancia sino sus repercusiones ambientales y las conse-cuencias directas de esos proyectos para el bienestar de esas generaciones. Podra ser que cortar un bosque primario y vender la madera diera ms ganancia por unidad de inversin que emplear el mismo capital en plantar rboles en un nuevo bosque, o inventariar la biodiversidad del bosque primario. As, en el mercado podra ser racional pedir un crdito a cierto tipo de inters para el

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    primer proyecto, y no pedirlo para el segundo o tercer proyectos. Sin embargo, con respecto a la sustentabilidad de la economa para las generaciones futuras, el segundo o tercer proyectos segu-ramente seran preferibles: los tipos de inters no miden adecuadamente el rendimiento de los pro-yectos que afectan a las generaciones futuras.

    Usar el tipo de inters como tasa de descuento para comparar proyectos, es un argumento que su-pone adems que todos los bienes son conmensurables, que sea cual sea la prdida de cualquier bien, los perdedores estarn siempre dispuestos a aceptar un cierto nivel de compensacin, y eso no es cierto en un momento dado, y resulta an menos cierto intertemporalmente. Ese argumento de la compensacin depende de la existencia de bienes alternativos que uno pueda adquirir para sustituir a los perdidos. El dinero en s mismo no sirve. Dada la prdida actual de recursos ambien-tales bsicos, como el suelo agrcola, el aire limpio, el agua limpia, una atmsfera que filtre la ra-yos dainos, etc., no se ve nada claro cules pueden ser los bienes sustitutorios. Es una tontera sealar que habr una suma nominal disponible para compensacin sin decir si realmente habr bienes sustitutorios. La hiptesis de la sustituibilidad es parte de la teora econmica habitual, y tambin se recoge en la nocin de El Serafy de inversiones que compensan el agotamiento de re-cursos naturales o en la nocin de David Pearce de sustentabilidad dbil.

    Un planeamiento racional del futuro no puede basarse en la aplicacin de tasas de descuento que gobiernen todas las actividades, proyectos y recursos. Hace falta unas comparaciones ms concre-tas. Hasta cierto punto, ya es as en la prctica, se suele aplicar una tasa de descuento particular-mente baja a los proyectos forestales. Esos ajustes ad-hoc no son irracionales; son, al contrario, una variante racional dentro de un procedimiento irracional. Sera mejor evitar siempre el uso de tasas de descuento del mercado.

    IV.3. El criterio de Krutilla

    Curiosamente, los bienes ambientales cuya valoracin ha dado lugar a ms discusin son los bienes ambientales que no tienen un valor vital sino recreativo, lo que se ha llamado en Estados Unidos amenities (que algunos traducen brbaramente por amenidades). Al leer segn qu textos, parece que la economa ambiental tuviera por objeto, principalmente, el estudio del valor de las amenities. Eso revela una relegacin del valor de la naturaleza como base de la vida. El medio am-biente no es visto como suministrador de recursos y servicios naturales insustituibles que son con-dicin para la produccin y para la vida misma, sino como fuente de valores recreativos. En este contexto ideolgico se sita la interesante contribucin de John Krutilla en los aos 1960 y 1970 a la valoracin de bellos paisajes amenazados por proyectos hidroelctricos.

    Krutilla modific el anlisis costo-beneficio para dar mayor peso al valor recreativo de la naturale-za. En un famoso caso, en Hells Canyon en el oeste de los Estados Unidos, Krutilla dio un informe favorable a los conservacionistas, con el siguiente argumento: la produccin de electricidad sera cada vez relativamente ms barata, mientras que el valor recreativo de una belleza natural como Hells Canyon aumentara con el tiempo. Barnett y Morse haban mostrado en su estudio de 1963 (Scarcity and growth) que los precios de los recursos naturales extrados no aumentaban en rela-cin a los precios de los productos manufacturados industrialmente, ms bien al contrario, y de-bamos tener en cuenta que la electricidad de centrales trmicas era una industria basada en la ex-

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    traccin. Adems, las posibilidades de sustituir fuentes de energa primaria para fabricar electrici-dad eran muy grandes, se presentaba [antes de Three Mile Island en 1979 y de Chernobyl en 1986] la nueva posibilidad de la energa nuclear, fuente barata de electricidad, adems del petrleo, el gas, etc. A la gente le daba lo mismo [segn Krutilla] que la electricidad viniera del carbn, o de las cadas de agua, o de los materiales radioactivos, le preocupaba nicamente disponer del producto final. Por tanto, cualquier mejora o sustitucin tcnica poda pasarse inmediatamente a los consumidores en la forma de un precio ms bajo. En cambio, no haba ningn cambio tecnolgico posible respecto a la satisfaccin recreativa directa que Hells Canyon proporcionaba a sus visitantes. Y, adems, al aumentar los ingresos, la demanda de las bellezas de la naturaleza aumentara en comparacin con bienes ms materiales. Krutilla fue as un temprano idelogo del ambiente como bien de lujo y de la tesis del ecologismo como post-materialismo (que Inglehart iba a proponer hacia 1971). Textualmente Krutilla escribi:

    ...mientras podemos esperar que la produccin de bienes y servicios aumente sin in-terrupcin, el nivel de vida no por eso aumentar necesariamente. Ms especficamente, Barnett y Morse concluyeron que la calidad del ambiente fsico -el paisaje y la calidad del aire y del agua- se estaba deteriorando. Estas conclusiones indican que, por un lado, la preocupacin tradicional de la economa de la conservacin, esto es, la administracin de los stocks de recursos naturales para el uso de las generaciones futuras, puede ahora haber pasado de moda por los avances en la tecnologa. Por otro lado, la cuestin cen-tral parece ser ahora la de hacer disponibles los valores recreativos actuales y futuros que nacen de los ambientes naturales an no estropeados y que el mercado no proporcio-na.3

    Haba pues una asimetra en el progreso tecnolgico porque la tecnologa no poda avanzar hasta el punto en que las grandes maravillas geomorfolgicas fueran copiadas (o las especies desaparecidas fueran resucitadas) mientras la oferta de bienes fabricados y de servicios comerciales poda aumen-tar indefinidamente por los progresos cientficos y tecnolgicos. De ah el criterio de Krutilla:

    la modificacin de las tasas de descuento a aplicar, en el clculo costo-beneficio, a la co-rriente de beneficios (kwh) y a los costos de oportunidad (prdida de valores recreativos), para obtener sus valores actualizados.

    En la tradicin de Barnett y Morse, que es tambin la de Krutilla y de la economa ambiental nor-teamericana dominante (hasta el reciente desafo por la escuela de economa ecolgica), no hay problemas ambientales insuperables en la oferta creciente de energa y materiales, a causa de las posibilidades de sustitucin y avances tecnolgicos. Puede mostrarse que hay una tendencia secu-lar al deterioro de la relacin de intercambio de los bienes primarios extrados (cosa comprobada en las economas latinoamericanas).

    Si se considera que los precios son un buen indicador de la escasez, entonces habr que concluir que no hay una creciente escasez de los recursos naturales de los que sacamos materiales y energa. En cuanto a algunos de los servicios ambientales proporcionados por la naturaleza, una economa

    3 John V. Krutilla, "Conservation Reconsidered", American Economic Review, LVII (4), 1967, p. 778.

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    que crece es capaz de compensar su escasez creciente (por ejemplo, agua y aire ahora contamina-dos) mediante nuevas tecnologas, que nacen y pueden ser pagadas precisamente por el crecimiento econmico. Tan solo las amenidades ambientales, como los paisajes de montaa o los manglares o los arrecifes de coral, sern cada vez mas escasos con el tiempo y por tanto su precio aumentar. Esa ha sido la visin ortodoxa. Tal como lo resumen Norgaard y Howarth: "La sabidura conven-cional es que el progreso hace mejorar la situacin de las generaciones futuras excepto en lo que respecta a los valores recreativos del ambiente". El trasfondo es el supuesto, muy frecuente pero muy dudoso, que el crecimiento econmico favorece la disponibilidad de energa y materiales y corrige los perjuicios causados al ambiente. Se piensa (errneamente) que los pases ricos son am-bientalmente mas avanzados. Lo son solamente en algunos aspectos, como emisiones de dixido de azufre y limpieza del agua. El medio ambiente diario se supone que no tiene problemas, sola-mente el medio ambiente de los domingos y vacaciones es problemtico. El ambiente es visto como bien de lujo cuyo valor crece por razones post-materialistas.

    As pues, dando a Krutilla todo el mrito que merece por su modificacin del anlisis costo- bene-ficio en proyectos hidroelctricos (en un sentido favorable a la conservacin, pues su criterio consi-dera que, mirando al futuro, los paisajes se desvalorizan a ritmo ms lento que los kwh), modifica-cin aplicable a otros casos parecidos (por ejemplo, ganancia por la explotacin camaronera y pr-dida de los manglares), sin embargo debe objetarse a la visin de Krutilla. En efecto, las mercan-cas corrientes realmente se abaratan con el tiempo (si incluimos los costos ambientales) en compa-racin con los bienes ambientales recreativos? Por qu las condiciones de vida y de produccin, que no son precisamente bienes recreativos y que no son -todava?- mercancas, no fueron inclui-das en tales anlisis?

    IV.4. Pluralismo de valores en la evaluacin ambiental4

    El anlisis costo-beneficio supone que hay una sola medida del valor, a saber, la disposi-cin de los agentes afectados a pagar en el margen por la satisfaccin de sus preferencias, y que mediante esa medida es posible llegar a una nica clasificacin del valor de las distintas opciones. El anlisis costo-beneficio supone la conmensurabilidad del valor. Cabe defender ese supuesto? Un problema inmediato surge de las ambigedades en los usos de las palabras conmensurabilidad e inconmensurabilidad en la discusin filosfica. En su raz, decir que dos entidades son conmen-surables es simplemente decir que existe una medida comn mediante la cual pueden compararse: en la evaluacin de objetos y situaciones, la conmensurabilidad implica que hay una medida de valor que sirve para clasificar de una sola manera los objetos y situaciones evaluados. La conmen-surabilidad puede tomar un sentido fuerte o dbil segn la medida comn tenga una interpretacin cardinal o solamente ordinal. La conmensurabilidad dbil debe distinguirse a su vez de la compa-rabilidad dbil, es decir, de la idea que uno puede elegir racionalmente entre diversas opciones sin ser capaz de darles un nico orden. Finalmente, la comparabilidad dbil debe distinguirse de la incomparabilidad -la idea que es imposible una eleccin racional entre opciones. En la poltica

    4 Adaptado de John O'Neill, Ecology, Policy and Politics, 1993, cap.

  • 70 Textos bsicos para la formacin ambiental

    ambiental no podemos suponer la conmensurabilidad de valores, ni fuerte ni dbil, al contrario del anlisis costo-beneficio. Slo podemos aspirar a la comparabilidad dbil.

    Conmensurabilidad fuerte

    Si clasificamos a los estudiantes de una clase con un nico criterio de su valor que es su desempeo acadmico, y les ponemos una calificacin, del cero al diez, incluso con decimales, hemos hecho conmensurables a esos estudiantes. La cardinalidad es la marca de la conmensurabi-lidad fuerte. As, sostener que los valores son conmensurables en sentido fuerte, es sostener no slo que hay una medida que clasifica a los objetos, sino que existe una nica propiedad singular que todos los objetos poseen y que es el origen de su valor, y que esa medida de valor indica la canti-dad o grado en que esa propiedad est presente. La conmensurabilidad fuerte presupone un mo-nismo de valor, es decir, aunque aparentemente existan distintos tipos de valor, todos ellos deben ser vistos como manifestaciones de un nico super-valor que proporciona una nica e inmejorable clasificacin. Nuestra medida de valor indica entonces el grado en que un objeto muestra o produce ese super- valor.

    Conmensurabilidad dbil/Comparabilidad fuerte

    La conmensurabilidad no implica sin embargo que exista una medida cardinal; una me-dida ordinal es suficiente. Esa medida simplemente clasifica a los objetos en primero, segundo, tercero, etc. Esa conmensurabilidad dbil requiere sin embargo una comparabilidad fuerte de valo-res. Sostener que existe una comparabilidad fuerte de valores es lo mismo que sostener que, aun-que no haya un nico valor que sirva para clasificar todas las situaciones y objetos, existe sin em-bargo un trmino nico de comparacin que sirve para ordenarlos. Veamos qu significa esto. El informe sobre tica ambiental del Centro Ramsey de Oxford, caracteriza la conmensurabilidad en este sentido, de comparabilidad fuerte, al sostener que "la conmensurabilidad de valores requiere simplemente que uno pueda hacer juicios del tipo: esto vale ms, es ms valioso que eso otro". Ellos piensan que hay por tanto conmensurabilidad de valores respecto del medio ambiente porque: "los valores que entran en los conflictos ambientales son conmensurables, en nuestra opinin, ya que entran en juicios que adoptan la forma, esto vale ms que eso otro'". Pero esa comparabilidad es coherente con un pluralismo de valores, es decir, con la existencia de diferentes valores que no son reducibles unos a los otros.

    Comparabilidad dbil

    Esa comparabilidad fuerte (o conmensurabilidad dbil) defendida por el informe del Cen-tro Ramsey debe ser distinguida de la comparabilidad dbil. Veamos el siguiente ejemplo, desacer-tado, que el Centro Ramsey presenta en favor de la existencia de una comparabilidad fuerte (o conmensurabilidad dbil): "Tomemos un caso tpico: comparemos el disfrute del arte o de la belle-za natural con la defensa de la vida humana. Parece como si fuera imposible decir que una cierta cantidad de satisfaccin esttica vale ms o menos que una vida humana, que una tal comparacin no tiene ningn sentido. Pero los gobiernos hacen tales comparaciones, y no puede negarse que

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    tengan sentido. Por ejemplo, el gobierno del Reino Unido ha decidido que est justificado dar una subvencin al teatro de la pera de Covent Garden aunque sabe perfectamente bien que ese dinero podra salvar cierto nmero de vidas si fuera transferido al programa de prevencin del cncer del Servicio Nacional de Salud ".

    Ese argumento supone que el hecho que debamos elegir entre distintas situaciones y objetos, y que podemos elegir sensata y racionalmente, implica que necesariamente debamos sostener que una situacin es ms valiosa que otra. No es as. Podemos rechazar una proposicin tal como X vale ms que Y, y al mismo tiempo elegir X en vez de Y. El rechazo no nace de un escrpulo moral, de que no queramos aceptar pblicamente que preferimos la pera a tantas vidas humanas, sino de la vaciedad de la comparacin dado que hay una pluralidad de valores. Decir que X vale ms que Y es invitar la respuesta, respecto de qu?, y al existir una pluralidad de valores, tal vez no hay dnde anclar esa comparacin.

    La diferencia entre la comparabilidad fuerte y dbil, y nuestra defensa de la comparabilidad dbil, puede ser expresada siguiendo la distincin entre adjetivos atributivos y predicativos. Un adjetivo A es predicativo si pasa las pruebas lgicas siguientes:

    1) Si x es AY, entonces x es A y x es Y;

    2) Si x es AY y todos los Ys son Zs, entonces x es AZ.

    Los adjetivos que no pasan estas pruebas son atributivos. Rojo es, en sus usos corrientes, predica-tivo. As, si x es un auto rojo, x es rojo, y si todos los autos son vehculos, x es un vehculo rojo. Pequeo es atributivo. Que x sea una pequea ballena azul, y que todas las ballenas sean mamfe-ros, no permite decir que x sea un mamfero pequeo. El adjetivo bueno es atributivo, ciertamen-te bueno no pasa la prueba 2. Si x es un buen estudiante, y todos los estudiantes son personas, no se sigue que x sea una buena persona. As pues, las proposiciones de la forma x es bueno deben ser entendidas como proposiciones elpticas, que invitan la respuesta, x es bueno en qu?. Si bueno es un adjetivo atributivo, entonces su forma comparativa tendr un mbito limitado por el sustanti-vo al cual califica. x es un mejor estudiante que y, todos los estudiantes son personas, x es una mejor persona que y: claramente es un argumento invlido. Que una comparacin valga en un tipo de objetos no quiere decir que valga para otros. Si se dice que x es mejor que y, la respuesta ade-cuada es: en qu es x mejor que y o x es un mejor qu, que y?. Algo parecido puede decirse res-pecto de los adjetivos valioso y ms valioso que. Si los adjetivos evaluativos como bueno y valioso son atributivos en sus usos habituales, se sigue que sus formas comparativas tienen mbitos limi-tados. Pero eso no impide la posibilidad de elecciones racionales entre objetos que no caen en el mbito de un nico trmino de comparacin. La comparabilidad dbil es compatible con la exis-tencia de esos mbitos limitados. Para algunas decisiones ambientales slo es posible la compara-bilidad dbil.

    Incomparabilidad

    Como recin se ha indicado, sostener que es posible elegir racionalmente entre objetos y situaciones sin que exista un trmino de comparacin que los ordene de una nica manera, es sos-

  • 72 Textos bsicos para la formacin ambiental

    tener la tesis de la comparabilidad dbil de valores. Eso es distinto de la incomparabilidad de valo-res. Por ejemplo, recordemos esa idea de Kierkegaard respecto de la eleccin entre la vida esttica, moral y religiosa. El sostuvo que esa eleccin no poda basarse en una evaluacin racional, que no haba lugar para un juicio razonable para decidir entre ellas pues cada una tena su propio criterio de eleccin. Ya sea verdadera o falsa esa posicin, hay que distinguir entre tal incomparabilidad de valores y la comparabilidad dbil. Los defensores de la comparabilidad dbil sostenemos que la eleccin se realiza sobre la base de juicios racionales acerca de los bienes relativos en cuestin. No hace falta apelar a la fe, ni a ningn procedimiento de decisin no racional como el echar una mo-neda a cara o cruz.

    El pluralismo de los valores ambientales

    Los objetos y situaciones ambientales, como cualesquiera otros, son evaluados con distin-tas descripciones. Al igual que un estudiante puede ser buen estudiante, mal pagador de deudas, mal deportista y muy simptico, un lugar determinado puede ser caracterizado como un tipo parti-cular de ecosistema, como un humedal de cierta clase, como un paisaje, como un vertedero, como un lugar habitado por una comunidad concreta, como un desierto industrial, como un tipo de suelo adecuado para un tipo concreto de agricultura, como un lugar de paso y alimento de ciertos pjaros, como el hbitat de ciertas especies de plantas o animales, como un lugar de alta renta diferencial si se urbaniza, etc. La evaluacin se hace sobre esas descripciones. Un lugar no es evaluado como bueno o malo, bello o feo en s mismo, sino como bueno, malo, bello o feo segn distintas descrip-ciones. Puede ser a la vez un buen A y un mal B, un bello C y un feo D. Un lugar puede ser apre-ciado porque refleja el trabajo y modo de vida de una comunidad de personas, pero al mismo tiem-po no merecer aprecio ni como hbitat, ni como ecosistema ni como paisaje. Un humedal puede tener mucho valor como hbitat y como ecosistema pero valer poco como paisaje. As pues, usa-mos esos trminos valorativos en estos contextos como adjetivos atributivos, no predicativos. De manera anloga, muchas veces usamos trminos valorativos muy especficos, que no son transferi-bles entre descripciones. Por ejemplo, podemos hablar de un paisaje emocionante, pero no solemos hablar de un hbitat emocionante o de un ecosistema emocionante. En conclusin: la evaluacin de los objetos ambientales tiene lugar bajo descripciones distintas.

    Esas descripciones sugieren distintas prcticas y perspectivas de evaluacin. Evaluar un lugar co-mo paisaje es traer a colacin unas prcticas estticas de pintura, o de poesa, tambin de excur-sionismo, distintas de las prcticas cientficas a las que acudimos para evaluar ese mismo lugar como hbitat. Evaluar un lugar en trminos de su suelo requiere el estudio de su edafologa o la prctica de la agricultura; ese mismo lugar puede ser evaluado, con otros criterios, como sede an-cestral de una comunidad de personas. As pues, para evaluar objetos bajo descripciones diferentes no slo hay que acudir a distintas prcticas y puntos de vista sino a distintos criterios o escalas de valor tpicos de esas distintas prcticas y perspectivas. Eso supone que hay un pluralismo de valo-res. Al apelar a distintos criterios, el resultado es frecuentemente que hay evaluaciones conflictivas de un mismo objeto, que puede tener un valor considerable bajo las descripciones A, B y C, pero poco valor como D, E y F. Dado ese pluralismo de valores, cabe esperar que haya conmensurabi-lidad fuerte o dbil, o debemos resignarnos a la comparabilidad dbil?

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    A veces hay problemas de conmensurabilidad y comparabilidad incluso dentro de una prctica o perspectiva particular, y eso ocurre a causa de la pluralidad interna a esa prctica. Consideremos la evaluacin esttica de paisajes. Tal vez lo que valoro en un paisaje de montaa sean su calidad dramtica mientras en un bosque valore la variedad y combinacin de colores, el fuerte contraste de rojos en otoo y la sutil mezcla de verdes en primavera. Al comparar los mritos estticos de los paisajes, hay que reconocer la pluralidad de valores que existe, y la inexistencia de un super-valor segn el cual pudiramos elegir. Pero hay sin embargo un terreno comn de comparaciones estti-cas que podemos usar sensatamente para clasificar los distintos paisajes. La evaluacin tiene lugar dentro del mismo espacio comparativo. Por tanto, es posible, aunque no siempre sea el caso, que dentro de esa nica perspectiva haya una comparabilidad fuerte.

    Al cambiar de prcticas y puntos de vista, cambiamos tambin de espacio comparativo. Conside-remos de nuevo la evaluacin de un hbitat. Uno puede hablar de un hbitat hermoso, aunque eso no suele decirse, y en cualquier caso la belleza es irrelevante para la evaluacin del hbitat en cuanto hbitat. Lo que hace falta es aqu otro conjunto de cualidades y trminos comparativos: riqueza de especies, grado de modificacin por la accin humana, fragilidad, su historia particular, etc. Desde luego, las comparaciones aplicadas a un hbitat se refieren a una pluralidad de cualida-des, como en el caso de un paisaje, pero los trminos comparativos que se aplican a los hbitat son distintos que los que se aplican a los paisajes. Todos los hbitat pertenecen al mismo espacio com-parativo. Los paisajes y los hbitat no pertenecen al mismo espacio comparativo. Si un lugar es descrito como hbitat, entonces requiere un lenguaje evaluativo distinto que si ese lugar es descrito como un paisaje. Repitamos: podemos hablar de un hbitat hermoso, pero eso es irrelevante como valoracin del hbitat en cuanto hbitat. Para las evaluaciones que atraviesan perspectivas o prc-ticas, todo lo que podemos esperar es una comparabilidad dbil.

    Supongamos dos lugares, A y B. Supongamos que:

    "El paisaje A es ms hermoso que el paisaje B";

    "El hbitat B es ms rico que el hbitat A",

    donde paisaje A y hbitat A son un mismo lugar, y paisaje B y hbitat B son asimismo otro mismo lugar. Supongamos que hemos de escoger entre ellos (en el sentido, por ejemplo, que hemos de decidir cul sacrificar para construir un aeropuerto). Qu hace falta para esa eleccin? Hay que saber que significacin o importancia se da a los distintos tipos de valores en ese contexto. Pode-mos suponer que los valores estticos no son tan importantes como los valores como hbitat, o como la vida humana. Pero la eleccin depende tambin del grado en que A es ms hermoso que B, y el grado en que B es ms rico como hbitat que A. (Eso tal vez dependa de la rareza de ese hbitat, aunque no es la rareza en s misma lo que es valorable ya que todo deviene raro bajo algu-na descripcin; la rareza amplifica el valor, pues si un objeto tiene valor bajo alguna descripcin y es adems raro bajo esa descripcin, su valor tiene mayor significacin). Para poder elegir, hemos de apelar a un juicio de ms alto nivel, pero eso no implica apelar a otra escala de valor para juzgar la importancia relativa de ambos lugares. No se trata de hallar el super-valor sino ms bien la cues-tin es qu hacer, dados los distintos valores a los que se apela. Supongamos que se decide conser-var A y sacrificar B. Tiene sentido decir que por tanto A vale ms o es ms valioso que B? Pienso que no. Repetimos: el paisaje A es ms hermoso que B y que el hbitat B es ms rico que A; y

  • 74 Textos bsicos para la formacin ambiental

    teniendo en cuenta esas diferencias de valores, decidimos en favor de A. No hace falta ninguna proposicin comparativa ulterior, todas las cuestiones relevantes respecto a los valores relativos (bajo las descripciones paisaje y hbitat) han sido ya resueltas. En ese contexto, se hace un juicio racional, y eso es todo. Si alguien insiste, pero A es ms valioso que B, la respuesta adecuada es, A es ms hermoso como paisaje, pero B es ms rico como hbitat. No podemos ir ms all de la comparabilidad dbil.

    IV.5. La inconmensurabilidad de valores en la evaluacin ambiental 5

    El anlisis costo-beneficio (a diferencia del mtodo de evaluacin multi-criterial) parte del principio que existe una nica medida que clasifica todos los objetos y situaciones. Esa medida es la disposicin de las personas a pagar en el margen por la satisfaccin de preferencias. El anli-sis costo-beneficio implica una conmensurabilidad dbil, o incluso una conmensurabilidad fuerte, es decir, presupone que existe una nica escala de valor, y que la disposicin a pagar proporciona una medida cardinal de las distintas cantidades de ese valor. Los objetos y situaciones no son ni-camente clasificados sino que adems el anlisis nos da la cantidad concreta de valor que poseen. Qu es pues lo que se mide? Una respuesta posible es la utilitarista hedonista clsica. En el utili-tarismo clsico el supervalor que clasifica a los distintos objetos y situaciones es las unidades de placer y dolor. Los individuos tienen preferencias por distintos objetos y situaciones, y la disposi-cin a pagar por la satisfaccin de una preferencia se interpreta como la estimacin que los indivi-duos hacen del placer marginal o incremental obtenido de esa satisfaccin. Alternativamente, po-dramos responder con el utilitarismo moderno que es la propia satisfaccin de la preferencia lo que proporciona el valor a travs del cual todos los objetos y situaciones pueden ser clasificados. La disposicin a pagar mide la intensidad concreta de la preferencia de una persona por un bien. Ambas respuestas implican una conmensurabilidad fuerte, y justifican el considerar la disposicin a pagar como una medida cardinal del valor.

    Ahora bien, ninguna de esas dos justificaciones es convincente, ni el placer ni la preferencia pue-den conseguir el truco de reducir una pluralidad de valores a un nico valor que proporciona una nica clasificacin de objetos y situaciones. Incluso si el placer fuera el valor intrnseco ltimo, no podra proporcionar un nico criterio de valor para ordenar todos los bienes, ya que los placeres tienen un carcter plural: el placer de beber cerveza y el placer de una buena conversacin son dife-rentes, no pueden ser medidos en una nica escala. Y, en cuanto a las preferencias, stas responden a los valores y no al revs. Prefiero A a causa de su valor, no lo valoro porque es preferido. As, dado que hay una pluralidad de valores, nuestras preferencias sealan cules son nuestros juicios para resolver los conflictos entre esos valores. Las preferencias no proporcionan otro valor, un valor supremo mediante el cual resolver los conflictos.

    El anlisis costo-beneficio no da una manera de resolver la pluralidad de valores. Pero esos pro-blemas no son slo del anlisis costo-beneficio, pues la existencia de valores inconmensurables presenta dificultades ms generales para toda la economa.

    5 Adaptado de John O'Neill, Ecology, policy, politics, 1993, cap. 7.

  • Curso de economa ecolgica 75

    Inconmensurabilidad, transitividad y juicios prcticos

    La existencia de valores plurales e inconmensurables hace nacer conflictos prcticos. Los actores econmicos y sociales se encuentran en situaciones en que distintos valores tiran de ellos en distintas direcciones. Eso ha sido muy sealado en la literatura reciente. Una forma espectacular en que el conflicto prctico se revela, y de gran significacin para la economa neoclsica, es la existencia de rdenes de preferencias aparentemente intransitivos. Un supuesto central de la eco-noma neo-clsica es que los rdenes de preferencias intransitivos son irracionales. As, el agente neo-clsico racional, si existen tres bienes, X, Y, Z, y si prefiere X a Y, y Y a Z, entonces prefiere X a Z. Sin embargo, de la existencia de valores plurales e inconmensurables surgen dificultades para ese supuesto. Si existe una pluralidad irreducible de valores, es posible que un solo individuo tenga una estructura de preferencias anloga a la que Arrow indic para la eleccin social. Dados tres valores, u, v, w, y tres objetos o situaciones, A, B, C, es posible que un individuo valore ordi-nalmente esos objetos o situaciones de esta manera:

    u v w

    A primero tercero segundo

    B segundo primero tercero

    C tercero segundo primero

    Es decir, en lo que respecta al valor u, la situacin A es considerada la ms ventajosa, pero en lo que respecta al valor v, la situacin A es considerada la peor de las tres, y as sucesivamente. Si damos el mismo peso a los distintos valores, entonces parece que A deba ser preferida a B (ya que la supera en dos tipos de valor), y B deba ser preferida a C, pero C deba ser preferida a A. Por ejemplo, supongamos que debo elegir entre tres trabajos, A, B, C, y que los comparo en tres esca-las de valor, u, el inters intrnseco de ese trabajo, v, la distancia del trabajo, y w, la simpata de los colegas en el trabajo. Es posible que resultara una clasificacin de valores como la indicada: pre-fiero A a B, pues aunque tengo menos distancia que viajar hasta B, sin embargo el trabajo A es ms interesante y los colegas ms simpticos; prefiero B a C, pues aunque C tiene colegas ms simpticos, B gana en cuanto a menor distancia a viajar y al inters del trabajo; pero cuando com-paro C y A, prefiero C, pues aunque A es un trabajo ms interesante, C gana en simpata de los colegas y en la menor distancia a viajar. Si las tres escalas de valor tienen igual peso, y si son to-talmente independientes y separables, y si considero que mis juicios sobre las calidades de los tra-bajos tienen la misma probabilidad de ser correctos (as, no doy importancia a que conozco la dis-tancia viajar con ms certeza que el inters del trabajo o que la simpata de los futuros colegas), entonces se sigue que mis preferencias sern intransitivas. Y lo son sin ningn fallo de racionali-dad. Unos agentes racionales pueden hallarse en una situacin en la cual, sea lo que sea lo que elijan, hay una alternativa mejor. Esa posibilidad indica la fuerte relacin entre el pluralismo de valores y el conflicto prctico. Proporciona una base para el posible fallo de la transitividad en las elecciones sociales, independiente de la sealada por Arrow. Consideremos por ejemplo la eleccin

  • 76 Textos bsicos para la formacin ambiental

    entre tres lugares A, B, C, que tienen valores distintos con respecto a u, valor paisajstico, v, inters cientfico, y w, valor recreativo. Si suponemos una ordenacin de valores como antes, posiblemente un dictador o una asamblea unnime, puestos a elegir entre parejas de situaciones, elegira A sobre B, B sobre C, y C sobre A.

    Dada una pluralidad de valores, pueden resolverse tales conflictos? Cmo? Una obvia manera, para llegar a una solucin racional, es reconsiderar el supuesto de que los diferentes valores tienen igual peso. As, en el conflicto sobre tres trabajos explicado antes, podramos reconsiderar la im-portancia o significacin que se da a los distintos valores. Son realmente igualmente importantes? Esa idea ha llevado a algunos tericos preeminentes a introducir unas reglas generales de prioridad que clasifican los propios valores por orden, que se llama lexical o lexicogrfico (como en un dic-cionario se clasifican las palabras, primero la letra a, luego la letra b...). Las reglas de Rawls son un ejemplo conocido. Los valores son ordenados por prioridad, v1, v2, v3...vn, de manera que slo cuando v1 ha sido satisfecho se entra a considerar v2 y as sucesivamente. En el campo de las deci-siones ambientales, la Evaluacin de Impacto Ambiental opera as: primero se mira si peligra al-guna especie endmica, luego se entra en otras consideraciones... Es un procedimiento distinto a la evaluacin multi-criterial, de consideracin simultnea a lo largo de distintas escalas de valor. Y por supuesto ambos tipos de anlisis se separan del anlisis costo-beneficio, que se basa nicamente sobre un nico tipo de valor, el valor econmico actualizado.

    En el contexto del conflicto de valores, un orden lexical implica que una opcin que gane en la categora de valor con prioridad mayor -por ejemplo, la libertad o el respeto a los derechos huma-nos, para seguir la idea de Rawls- ser la opcin elegida. Pero ese enfoque sobre la resolucin de conflictos prcticos basado en establecer una regla de prioridad de un tipo de valor, no es satisfac-toria. Aunque es seguramente cierto que la solucin de los conflictos prcticos requiere una consi-deracin de segundo orden de la significacin e importancia de los distintos valores, es implausible suponer que hay una regla de prioridad de un cierto tipo de valor, que solucionar tales conflictos por adelantado. Siempre hay contextos en que cualquier regla de prioridad no consigue solucionar satisfactoriamente los conflictos prcticos.

    La implausibilidad de esas reglas de prioridad de valores no es un defecto tcnico que pueda resol-verse con una mejor teora, sino que esa manera de intentar solucionar los conflictos prcticos es errnea. Rawls introduce su principio de prioridad en oposicin a lo que llama intuicionismo, que l considera equivocado. Las teoras intuicionistas tienen, segn Rawls, dos rasgos principales. En primer lugar, admiten una pluralidad de primeros principios que puedan entrar en conflicto y que dan directivas contrarias en casos particulares; y en segundo lugar, no tienen un mtodo explcito, ni reglas de prioridad, para sopesar comparativamente esos principios: debemos llegar a un balan-ce por intuicin, segn lo que nos parezca ms cerca de lo justo. Esa es la definicin del intuicio-nismo por Rawls. Sus caracteres bsicos son pues el pluralismo de valores y la necesidad de que el juicio prctico tenga un papel en la solucin de los conflictos sobre valores. Esta doctrina, criticada por Rawls como intuicionista, no merece tal crtica pues es enteramente correcta.

    Ese problema de conflictos prcticos no es ms que un ejemplo del problema ms general de cmo aplicar principios generales a casos particulares. Es un problema con el que tropiezan los juristas cuando dos leyes entran en conflicto en un caso particular. No es solucin el introducir otro princi-

  • Curso de economa ecolgica 77

    pio general para solventar esa dificultad de aplicacin de principios generales a casos particulares. Los problemas en la aplicacin de principios generales a casos particulares no pueden solucionarse apelando a otros principios generales, pues esos otros principios encuentran los mismos problemas de aplicacin. El proceso de aplicacin razonada de los principios generales no puede consistir en una nueva aplicacin de otro principio general, sino que requiere un ejercicio de juicio prctico. El hecho que el juicio prctico tenga ese papel en la decisin sobre conflictos de valor es lo que est en la base de nuestra defensa de la comparabilidad dbil de valores. Podemos elegir racionalmente entre diversos objetos y situaciones sin acudir a principios generales de comparacin. El juicio prctico tiene pues un papel necesario para resolver los dilemas prcticos.

    El debate sobre el clculo en una economa socialista y la cuestin ambiental

    El anlisis costo-beneficio debe su atractivo a una concepcin algortmica particular de la racionalidad prctica. Segn esta concepcin, para que un proceso de decisin sea racional, debe haber 1) un conjunto de reglas tcnicas tales que, 2) cuando se da una descripcin adecuada de un objeto o situacin, 3) proporcionen mediante un procedimiento mecnico, 4) una decisin nica y determinada. El anlisis costo-beneficio es el ejemplo par excellence de un tal procedimiento. Sus criterios de eficiencia dan un conjunto de reglas que, dada una descripcin cuantitativa de la satis-faccin de preferencias segn distintas situaciones, determinan una nica respuesta mejor median-te procedimientos puramente algortmicos.

    Esta concepcin de la racionalidad no es particular del anlisis costo-beneficio sino que es central en la teora econmica. En particular, se supone que debe haber medidas monetarias de distintas situaciones pues sin ellas no es posible una comparacin racional. Ese supuesto parece ser gene-ralmente admitido pero fue sometido a discusin crtica en los debates sobre el clculo de los valo-res en una economa socialista en los aos 1920 y 1930. Ese debate se recuerda ahora normalmente como un conflicto entre los crticos austracos del socialismo, von Mises y Hayek, y los defensores de una forma de socialismo de mercado, Lange y Taylor, y se atribuye la victoria ya sea a unos o a otros. Ambos lados de ese debate en los aos 1920 y 1930, compartan un supuesto que estaba en la raz de la defensa del capitalismo que von Mises haba presentado inicialmente y que haba sido criticado por los marxistas austracos, especialmente por Otto Neurath, un filsofo analtico funda-dor del llamado "Crculo de Viena".

    El argumento inicial de von Mises contra la planificacin socialista se basaba en un supuesto acer-ca de la conmensurabilidad. Su argumento central era que las decisiones econmicas racionales necesitaban una nica medida sobre la cual el valor de distintas alternativas pudiera ser calculado y comparado. Dice as en su libro posterior Human action: "El hombre prctico ... debe saber si lo que quiere lograr ser una mejora al compararlo con la situacin actual y al compararlo con los beneficios que podra conseguir al realizar otros proyectos tcnicamente viables, que no se llevarn a cabo si el proyecto que tiene en mente absorbe todos los recursos disponibles. Tales comparacio-nes slo pueden hacerse mediante el uso de precios en dinero".

    La posicin defendida aqu por von Mises -es decir, la comparabilidad exige precios en dinero que miden los valores de cambio- haba sido rechazada por Neurath. Para Neurath, una economa so-cialista considerara los valores de uso y no de cambio, sera una economa en especie. En tal eco-

  • 78 Textos bsicos para la formacin ambiental

    noma, hara falta disponer de estadsticas sobre uso de energa, uso de materiales, etc.(lo que hoy llamamos Indicadores Biofsicos de Sustentabilidad) pero no hara falta una nica unidad de com-paracin. As en 1919 escribi en un informe al Consejo Obrero de Munich que, al considerar pro-yectos alternativos: "No hay unidades que puedan ser usadas como bases de una decisin, ni uni-dades de dinero ni horas de trabajo. Hay que juzgar directamente la deseabilidad de ambas posi-ciones". Esta comparacin requiere apelar directamente a juicios polticos y ticos, incluida la pre-ocupacin por las generaciones futuras:

    Se presenta por ejemplo la cuestin, debemos proteger las minas de carbn o debemos hacer trabajar ms a los hombres? La respuesta depende por ejemplo de si pensamos que la fuerza hidrulica estar lo suficientemente desarrollada o el calor solar estar mejor aprovechado que ahora, etc. Si pensamos esto, entonces podemos gastar ms carbn y no gastar el esfuerzo humano si hay carbn disponible. Sin embargo, si uno teme que al usar esta generacin demasiado carbn, habr miles que tengan fro en el futuro, entonces podramos usar ahora ms energa humana y ahorrar carbn. La eleccin de uno de los planes tcnicamente posibles vendr determinada por cuestiones no tcnicas como stas... no vemos ninguna posibilidad de reducir los planes de produccin a algn tipo de uni-dad, y comparar luego los diversos planes en trminos de tal unidad.

    Ya en 1919 Neurath afirmaba aqu, con razn, que la comparabilidad no presupone la conmensu-rabilidad. El juicio prctico no-tcnico tiene necesariamente un papel en las eleccin de polticas. El supuesto de von Mises acerca de la necesidad de una nica escala de valor, y el tipo de raciona-lidad prctica que ese supuesto implica, son ingredientes de la teora econmica moderna, incluida la economa ambiental. Consideremos por ejemplo el comentario del Informe Pearce sobre las des-cripciones fsicas de los bienes ambientales: "Las cuentas en trminos fsicos son tiles para cono-cer cuestiones ecolgicas de inters y para ver los lazos entre el medio ambiente y la economa... Sin embargo, las cuentas fsicas tienen lmites porque les falta una unidad comn de medida, y as es imposible calibrar su importancia relativa entre s y con respecto a los bienes y servicios no-ambientales".

    Pearce necesita una medida comn porque, en su tipo de enfoque, el comparar diferentes opciones significa aplicar las reglas tcnicas generales del anlisis costo-beneficio a situaciones que son as evaluadas con esa medida. Dada la concepcin de la racionalidad prctica en el Informe Pearce, no hay comparacin posible sin una nica medida monetaria; no le deja ningn espacio al juicio prc-tico.

    La plausibilidad del anlisis costo-beneficio y de un enfoque puramente econmico (es decir, cre-matstico) en la evaluacin ambiental, descansa sobre esa concepcin algortmica estrecha de la racionalidad prctica. Segn este punto de vista, rechazar ese mundo de descripciones monetarias de distintas situaciones, de principios de eficiencia y de algoritmos matemticos, es rechazar la racionalidad. Pero esa concepcin de la racionalidad prctica est equivocada.

    Debe notarse que apelar al juicio prctico no quiere decir apelar a una intuicin desinformada. El juicio sobre el valor de distintas situaciones puede ser informado o desinformado, competente o incompetente. El buen juicio est basado en la existencia de capacidad de percepcin y de conoci-miento que nacen de la educacin y la experiencia. Por ejemplo, para comparar el valor de distintos

  • Curso de economa ecolgica 79

    sistemas ecolgicos hay que estar informado y ser capaz de distinguir los distintos rasgos, y es muy posible que una persona prctica muy entrenada tenga mayor capacidad para valorar un lugar con-creto que una persona que sea un gran terico de los ecosistemas. El buen juicio prctico no sale de la pura intuicin sino de juicios basados en la informacin y educacin.

    Destacar el papel necesario de los juicios prcticos no implica negar todo papel a los principios generales, ni al uso de reglas tcnicas y de procedimientos algortmicos. Es errneo contraponer los juicios morales y estticos y la racionalidad de la ciencia gobernada por reglas tcnicas. Hay un papel necesario para normas habituales de decisin, para reglas institucionales que puedan ser seguidas sin reflexionar cada vez y que reducen el mbito de los juicios explcitos al comparar dis-tintas situaciones, porque no podemos realizar juicios ticos y polticos de manera reflexiva todo el tiempo. Las reglas e instituciones ahorran tiempo, uso de recursos y dispersin del conocimiento, y permiten que concentremos nuestra capacidad de reflexin all donde importa ms. Pero esas nor-mas e instituciones deben poder ser evaluadas crticamente, pues a veces incorporan sensatos crite-rios prcticos pero otras veces simplemente sirven a grupos poderosos o son dainas para el am-biente. Asimismo, el mercado puede ser tambin una institucin para coordinar todo el conoci-miento disperso, aunque no sea, al contrario de la tesis de Hayek, la nica institucin. Si el merca-do tiene consecuencias negativas para el ambiente, entonces hay que ponerle coto, o ms radical-mente, hay que cambiarlo por otro conjunto de instituciones. Hace falta tener algunas reglas e insti-tuciones que nos liberen de tener que enjuiciar todo a cada momento, y que nos permitan enjuiciar lo que realmente importa, pero eso no quiere decir que todas las reglas e instituciones sean adecua-das, ni que no podamos cambiarlas radicalmente.

    IV.6. La disposicin a pagar: consumidores en un mercado ficticio o ciudadanos? 6

    Sagoff en The economy of the Earth (1988) insiste en el hecho que quienes son entre-vistados en encuestas sobre disposicin a pagar, a menudo no quieren cooperar, ya sea al rechazar poner un precio a un bien ambiental cuando se les pregunta cunto pagaran por l, o dando un precio infinito. Es habitual que en tales encuestas ms del 30 por ciento de los encuestados, para desespero de los encuestadores y a pesar de su insistencia que revelen sus preferencias poniendo un precio, se nieguen a cooperar. Sagoff argumenta que esas respuestas de protesta indican que las preferencias que los individuos revelan en el mercado como consumidores son distintas de los va-lores que tienen como ciudadanos.

    Adems, la distincin entre la valoracin de los bienes ambientales en mercados ficticios y como ciudadanos, tiene importancias implicaciones distributivas. As, una cosa es el poder de compra y otra el poder del voto o el poder de la accin directa. Veamos un caso concreto analizado por Ra-machandra Guha7 . En Karnataka, en el sur de la India, hubo en los aos 1980 una fuerte lucha contra las plantaciones de eucaliptus hechas por la empresa Birlas en tierras comunitarias, median-te una concesin estatal, cuyo propsito era proveer de materia prima a una fbrica de rayn de la 6 Adaptado de John O'Neill, Ecology, policy and politics, Routledge, Londres, 1993, cap. 7. 7 Ramachandra Guha, "El ecologismo de los pobres", Ecologa Poltica, n. 8, 1994.

  • 80 Textos bsicos para la formacin ambiental

    propia empresa. Los campesinos perjudicados perdan el acceso a pastos usados por su ganado y a matorrales y rboles usados para lea para cocinar. Si se les hubiera preguntado sobre su disposi-cin a pagar por esos bienes ambientales, o por su disposicin a aceptar compensacin monetaria, posiblemente no hubieran querido responder (ya que esas tierras tenan un uso fuera del mercado) o en cualquier caso hubieran dado valores monetarios relativamente pequeos, al ser pobres. No se realiz un tal experimento de valoracin de contingencias ni tampoco un anlisis costo-beneficio (comparando los ingresos monetarios de Birlas con los costos para los campesinos, con valores actualizados). Lo que ocurri fue que los campesinos, por la accin directa en ese caso ms que mediante el voto, actuando como ciudadanos y no como consumidores en un mercado real o ficti-cio, organizaron una serie de satyagrahas, arrancando eucaliptus recin plantados y sustituyndo-los por otros rboles ms tiles para ellos, hasta que la empresa Birlas tuvo que desistir de sus planes.

    Segn Sagoff los individuos revelan distintas preferencias en distintos contextos institucionales. Una explicacin tiene que ver con el sentido social de los actos de evaluacin monetaria. La eco-noma neoclsica supone que el precio es simplemente una neutral vara para medir la utilidad marginal que una persona espera recibir de un objeto. Al defender esto, muchas veces afirman que dar un valor monetario a un objeto no equivale a decir que el dinero es el valor supremo. Eso es cierto, pero no contesta a quienes objetan a la idea de tratar todos los objetos como si pudieran tener un precio. Tratar el precio como una medida neutral y los actos de compra-venta como ejerci-cios en el uso de una cinta de medir, deja de lado que los actos de intercambio son actos sociales con un significado social. Consideremos un famoso ejemplo de disposicin a pagar, la aceptacin por Judas de treinta monedas de plata por entregar a Cristo a los soldados. La cuestin no es si el precio estaba mal puesto, si era demasiado barato. Lo interesante es que eso fue un acto de traicin, es decir, que el aprecio de una persona por otra fue puesto en venta. La traicin sera an peor si Judas hubiera pedido una compensacin mayor. El problema no es que el dinero sea el valor su-premo. Podramos suponer que Judas era caritativo, que entreg el dinero a los pobres, o que era incluso ms benevolente: supongamos, como Borges, que Judas saba que Cristo deba ser traicio-nado y morir en consecuencia para la redencin de la humanidad. Cmo poda traicionarle? Ac-tuando como actu. Aunque los valores de Judas fueran nobles y no-pecuniarios, el hecho es que aceptar un precio a cambio de un amigo es un acto de traicin.

    El compromiso hacia otros -los amigos, la familia- o hacia elementos que uno valora -la conserva-cin de paisajes particulares, especies, etc.- est constituido por el rechazo a tratarlos como mer-cancas que se pueden comprar y vender. Tratarlos como mercancas es traicionar ese compromiso. Una persona que ponga precio a un amigo, no entiende qu es la amistad, porque el compromiso de la amistad est constituido en parte por el rechazo a tratarla as. Una persona que pone precio a la amistad no entiende la lealtad que esa relacin implica, y eso ocurre con otros compromisos, incluidos aquellos hacia bienes no-humanos. Esas consideraciones estn en la base del rechazo de los encuestados a contestar preguntas sobre su disposicin a pagar por bienes ambientales. A tra-vs de ese rechazo, muestran sus compromisos.

    Lo que cuestionamos es la conmensurabilidad expresada en relaciones monetarias. As, una perso-na puede decir, "valoro mi amistad con Mara ms que mi amistad con Marta", y puede cambiar varios das con Marta por unas pocas horas con Mara, sin estar dispuesto a poner precio a ninguna

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    opcin, negndose a valorar en dinero cunto aceptara por da como compensacin para estar con Marta en vez de con Mara, o cunto pagara para que Marta se alejara un tiempo determinado y estar con Mara. Las personas pueden rechazar y rechazan hacer comparaciones monetarias acerca de bienes que estn dispuestos a comparar o a medir en trminos de otros valores. El mercado no es la nica institucin. Participar en el mercado implica unos determinados significados sociales. Esos significados sociales ponen en dificultad al anlisis costo-beneficio ya que la existencia de respuestas de protesta indica que hay individuos que tienen saludables compromisos con ciertos bienes y que entienden que los mercados tiene lmites. Las protestas no revelan irracionalidad (ni racionalidad estratgica) sino decentes compromisos ticos. Que los economistas no reconozcan esto, arroja luz sobre una cierta conexin que existe entre el uso de medidas monetarias y el su-puesto de la conmensurabilidad en la teora econmica. Marx hizo notar en La ideologa alema-na que la presuncin del utilitarismo clsico que existe un solo valor (el placer, o la utilidad) al cual todos los dems son reducibles, ganaba su plausibilidad aparente del hecho que haba una sola medida monetaria para todos los bienes: "La aparente estupidez de reducir todas las relaciones entre la gente a una relacin de utilidad, esa abstraccin aparentemente metafsica, surge del hecho que en la sociedad burguesa moderna todas las relaciones se subordinan en la prctica a la relacin monetaria-comercial abstracta."

    El supuesto de la economa neo-clsica que todos los bienes son comparables (en el sentido de la comparabilidad fuerte), tiene un fundamento similar. El hecho que en el mercado los individuos se vean forzados a realizar un juicio en la forma cunto ests dispuesto a pagar por x, y que tengan que hacer comparaciones monetarias entre diversos bienes, se interpreta como si existiera un orden nico de preferencias. Para cualquier par de objetos, x e y, se supone que un individuo ser capaz de decir, yo gastara ms, o menos, o igual en comprar x que y. En el intercambio de mercancas, hay una comparacin que las clasifica a todas por orden, de ah que la definicin neo-clsica del agente racional incluya un axioma segn el cual la eleccin abarca todos los bienes. Sin embargo, deducir la comparabilidad fuerte de valores a partir de la existencia de precios, es errneo. Como Aristteles hizo notar, a travs del intercambio los objetos "que no pueden ser conmensurables en realidad", parecen conmensurables. Y el argumento de Marx, que mediante el dinero, los bienes y relaciones que son frecuentemente inconmensurables en su valor-de-uso, son tratados como si fue-ran conmensurables en el intercambio, es tambin un argumento slido. La economa neo-clsica considera que el valor de cambio no es otra cosa que una medida del valor-de-uso marginal espe-rado, y de esa conmensurabilidad de precios infiere una conmensurabilidad de valor. Eso no es vlido. "Todo necio/confunde valor y precio": son ciegos hacia los significados sociales del inter-cambio, y no entienden el rechazo a ponerle precio a un bien. La conmensurabilidad en el inter-cambio no implica una conmensurabilidad de valor. Y esa conmensurabilidad de valor no es nece-saria para que podamos llegar a decisiones racionales.

    Hemos argumentado pues que las decisiones de poltica ambiental deben basarse en parte en jui-cios prcticos sobre cuestiones particulares, y que el anlisis costo-beneficio se basa por el contra-rio en una concepcin estrecha y falsa de la racionalidad prctica. Ahora bien, defender que el buen juicio prctico debe tener un papel en las decisiones, hace surgir otra cuestin. No hay una distri-bucin desigual de la capacidad de juicio? No estaremos dando un papel a los juicios de autori-dad, incompatible con la democracia? Quines son los actores legitimados para intervenir en la

  • 82 Textos bsicos para la formacin ambiental

    poltica ambiental y en las decisiones ambientales? Qu papel tiene en esa cuestin la idea de Funtowicz y Ravetz de una ciencia post-normal que utiliza una epistemologa poltica en la que interviene una comunidad extendida de pares?

  • Curso de economa ecolgica 83

    MDULO V

    LA ASIGNACIN INTERGENERACIONAL DE RECURSOS AGOTABLES Y LA ECONOMA DE LOS RECURSOS

    RENOVABLES

    V.1. La explotacin de recursos agotables. La regla de Gray-Hotelling

    Este Mdulo est muy relacionado con la aplicacin del criterio de El Serafy que se expli-ca en los mdulos sobre contabilidad macroeconmica y sobre indicadores de sustentabilidad. O ms bien debera decirse que el criterio de El Serafy (propuesto por primera vez en los aos 1970) es una aplicacin de la regla de asignacin ptima intertemporal de un recurso agotable, es decir, de la regla de ritmo ptimo de extraccin de un recurso agotable presentada por Lewis Gray en 1913-14 y por Hotelling en 1931.

    Tomemos el petrleo como ejemplo de recurso agotable; es decir, su ritmo de extraccin y destruc-cin es muchsimo ms rpido que su ritmo de produccin geolgica. Esa regla dice que el ritmo ptimo de extraccin de petrleo o cualquier otro recurso agotable, estar determinado por la com-paracin entre a) la expectativa del aumento de ingresos netos (es decir, aumento de precio menos aumento de costo) si dejamos la unidad marginal del recurso en el suelo, y b) la ganancia obtenida al sacar y vender ahora el recurso y colocar financieramente el ingreso neto actual al tipo de inters que ahora prevalece. Conviene entender esa regla no como una prescripcin sino ms bien como un modelo econmico, es decir, como una representacin estilizada de la realidad, insistiendo en cules son los supuestos necesarios para que ese modelo fuera plausible.

    Imaginemos pues un vendedor de petrleo que debe decidir si guarda en el suelo para maana un barril que tiene la posibilidad de extraer y de vender hoy. Podemos pensar que se trata de la autori-dad de la empresa estatal petrolfera del Ecuador, que considera si pararse en 300,000 barriles dia-rios o aumentar esa cuota. En la realidad, las necesidades del presupuesto del Estado, particular-mente las exigencias militares, van a pesar ms que cualquier criterio de optimizacin intergenera-cional. Pero aqu queremos exponer la pura teora econmica de la extraccin de recursos agota-bles. Si hoy se vende el barril 300,001, ese barril extra produce un ingreso que, invertido a una determinada tasa de inters, maana producir ingresos adicionales. Pero si ese barril se deja en el suelo, tambin produce una especie de ingresos, aunque no lo parezca: su valor en el suelo es el valor (actualizado) que tendr cuando se venda. La aplicacin de la regla de Gray-Hotelling requie-re por tanto conocer la tasa de inters y los precios (y costos) futuros. En tal caso, podra comparar-se el aumento esperado de precios entre hoy y maana (restndoles los costos) con los intereses que se ganaran vendiendo ese barril marginal hoy e invirtiendo el ingreso de la venta. Aunque los mercados de futuros no proporcionan precios ms all de unos pocos meses, nada impide al vende-dor tener expectativas a ms largo plazo.

  • 84 Textos bsicos para la formacin ambiental

    El Ecuador tiene un peso poco importante dentro del mercado mundial de petrleo. Los precios, para el Ecuador, estn dados. Pero si consideramos pases extractores de petrleo ms importantes, o si consideramos la OPEP, entonces interviene otro factor en la decisin: si se quiere vender ms petrleo actualmente, slo se podr vender bajando los precios. Encontramos pues que los mono-polistas u oligopolistas restringen la oferta, son pues ms conservacionistas, no porque piensen en el futuro sino porque el aumento actual de la oferta hace bajar los precios.

    Tal vez un simple ejemplo numrico ayude a aclarar las cuestiones1 Queremos poner de relieve los supuestos necesarios para llegar a una determinada pauta intertemporal o intergeneracional de agotamiento de un recurso agotable. Supongamos que en la actualidad, en la generacin actual, las intenciones de compra varan segn los precios de la forma siguiente (Cuadro 1).

    1 Tomado de J. Martnez Alier y K. Schluepmann, La ecologa y la economa, FCE, Mxico, 1991.

  • Curso de economa ecolgica 85

    Cuadro V.1.1

    Demanda del recurso agotable en la actualidad, segn los precios

    Precio ($) Cantidad demandada

    15 0

    14 1

    13 2

    12 3

    11 4

    10 5

    9 6

    8 7

    7 8

    6 9

    5 10

    Eso es lo mismo que decir que la funcin de demanda que expresa las cantidades que se comprar-an de ese recurso agotable a diferentes precios es q = l5 - p.

    Supongamos que las reservas totales de q son de diez unidades, se es el stock total en el suelo de ese recurso agotable. Supongamos que el vendedor es un monopolista siendo irrelevante aqu si se trata de una compaa privada o de una compaa estatal. Supongamos que el costo variable medio de la extraccin de este recurso es constante y representa una unidad monetaria; al ser constante coincidir con el costo marginal. Sera ms realista suponer que el costo marginal de la extraccin crece con el aumento de la extraccin (es ms caro el petrleo del Mar del Norte que el de depsi-tos en explotacin anteriormente) pero esto no cambiara el razonamiento. El vendedor monopolis-ta se enfrentara entonces con los datos del Cuadro 2. Si este monopolista desea maximizar sus ganancias (ingresos menos costos) y si considera tan slo el momento o la generacin actual, en-tonces extraer y vender siete unidades de este recursos (del total de 10 en la reserva en el suelo) y las vender al precio de ocho unidades monetarias. Si vendiese ocho unidades, el ingreso marginal estara por debajo del costo marginal, y por tanto obtendra menos ganancias.

    Cuadro V.1.2

  • 86 Textos bsicos para la formacin ambiental

    Decisiones de un monopolista que vende un recurso agotable, sin tener en cuenta las generaciones futuras

    q p Ingreso Total Ingreso Marginal Costo Total Costo Marginal

    1 14 14 14 1 1

    2 13 26 12 2 1

    3 12 36 10 3 1

    4 11 44 8 4 1

    5 10 50 6 5 1

    6 9 54 4 6 1

    7 8 56 2 7 1

    8 7 56 0 8 1

    9 6 54 -2 9 1

    Pero supongamos ahora que ese extractor y vendedor del recurso agotable no slo piensa en la ge-neracin actual sino tambin en generaciones futuras. Resulta simplificador, sin prdida alguna de contenido, suponer que existen slo dos momentos relevantes o generaciones, la actual y la futura. Cmo asignar entonces la cantidad total de reservas, q = 10, entre el presente y el futuro? Para realizar esta asignacin, necesitar prever algo sobre los precios y costos futuros. Introducimos pues otros supuestos, no muy realistas: las condiciones de demanda y los costos en el periodo futu-ro, tal como se prevn actualmente, son exactamente como en la actualidad. Veamos entonces (Cuadro V.1.2.) las diferentes asignaciones posibles de la cantidad total del stock, q = 10, entre el presente y el futuro, partiendo de que si slo existiera el momento actual, se extraera y vendera 7 unidades ahora, dejando 3 para el futuro.

    Cuadro V.1.3 Posibles asignaciones del recurso agotable entre el presente y el futuro

    Cantidad Actual

    Cantidad Futura

    Ingresos Totales Costos Totales Ganancias

    Asignacin 7 3 92 10 82

    Inicial 6 4 98 10 88

  • Curso de economa ecolgica 87

    Asignacin 5 5 100 10 90

    Preferida 4 6 98 10 88

    Vemos que las ganancias mximas se obtienen al asignar cinco unidades a la generacin actual y cinco unidades a la generacin futura. Es decir (dado el supuesto de idnticas estructuras de de-manda y costos ahora y en el futuro), si el vendedor es maximizador de ganancias asignara el re-curso agotable con perfecta equidad entre ambas generaciones, con tal que no descuente en absolu-to el valor actual de los ingresos futuros. Es decir, si el vendedor no infravalora las ganancias futu-ras, si le da lo mismo ganar dinero ahora o que lo ganen sus descendientes en el futuro, entonces, suponiendo slo dos generaciones, la asignacin preferida sera cinco unidades ahora y cinco en el futuro, agotando as el stock total de 10 unidades del recurso agotable.

    Si observamos, por el contrario, que la asignacin real fuera 6 unidades ahora, dejando slo 4 para el futuro, debemos concluir que ese vendedor no quiere maximizar ganancias? Esta conclusin sera errnea, segn la teora econmica. Lo que el vendedor quiere es maximizar el valor actuali-zado de las ganancias que se obtendrn en ambos periodos. Con la asignacin (6,4) tal vez l con-ceda el mismo valor a tres unidades monetarias adicionales en la actualidad que a las cinco menos de que dispondrn sus descendientes en el futuro, es decir, considera que 3 (1 + r) = 5, donde r es la tasa de actualizacin o de descuento o de inters (en este caso, 66.66 %, no por ao, sino entre ambos periodos: hoy y maana, la generacin actual y la generacin futura). La indiferencia entre tres unidades monetarias hoy y cinco en el futuro procede del hecho que la ganancia adicional de hoy, colocada a inters, compensa la prdida de ganancias futuras (al modo de El Serafy). Por eso usamos como sinnimos tasa de descuento y tasa de inters.

    Volviendo a nuestro sencillo ejemplo numrico, la conclusin es que para cada r, permaneciendo todo lo dems constante, habr una asignacin intergeneracional distinta del recurso, y que a cada asignacin corresponde una r. Supongamos que hay diez generaciones en vez de dos, y que las funciones de demanda y costos son iguales en todos los periodos. Con r = 0, y con diez generacio-nes, correspondera una unidad del recurso para cada generacin. As, el punto bsico es que para discutir la asignacin intergeneracional de los recursos agotables se necesita algn supuesto acerca de la tasa de descuento o de inters.

    Al introducir ms de una generacin futura, el anlisis se complicara bastante si suponemos que las tasas de inters van a variar de generacin en generacin. Por ejemplo, a medida que la econo-ma vaya perdiendo sus recursos agotables y por tanto baje el ritmo de crecimiento de la economa (tal como ese crecimiento se mide habitual y falsamente), entonces las tasas de inters tambin debern bajar, no ser posible remunerar tanto el ahorro e inversin, no habr con qu.

    Lewis Gray explcitamente se pregunt sobre la tasa de descuento adecuada: cmo podamos comparar el valor social del consumo presente y futuro de un recurso agotable? Aplicara la so-ciedad la misma tasa de actualizacin o descuento que los individuos? En efecto, algunos autores han propuesto que para que se pueda corregir el egosmo o miopa de la generacin presente, se debe adoptar una tasa social de descuento inferior a la determinada por el mercado, y eso produci-

  • 88 Textos bsicos para la formacin ambiental

    ra un ritmo ms lento de agotamiento de los recursos. Tales propuestas pueden relacionarse con el supuesto que los agentes econmicos se encuentran detrs de un tupido velo rawlsiano de ignoran-cia sin saber en qu generacin nacern, tal como en la teora tica de Rawls se supone que los individuos se comportan como si no supieran si son de la clase alta o de la clase baja. Podramos tambin meditar sobre la influencia de la creencia en la reencarnacin sobre la tasa de descuento. Lo esencial es percatarse que la tasa de descuento nace de instituciones sociales.

    En un coloquio cientfico en 1977, Nicholas Georgescu-Roegen (uno de los padres de la economa ecolgica) puso el siguiente ejemplo:

    Demos una ilustracin elemental. Consideremos una poblacin de tres individuos, uno de los cuales morir cada da. Si entre los tres tienen seis raciones diarias de comida, cmo tendran que distribuirlas? La distribucin tendra que hacerse descontando el futuro se-gn la probabilidad de supervivencia, esto da la distribucin de 3,2,1, y no la distribu-cin igualitaria 2,2,2. Vemos, pues, que la moralidad del carpe diem tiene mucho senti-do, ya que los humanos somos mortales. Ahora bien, para las entidades casi inmortales, como son la nacin y an ms claramente la humanidad, el descontar el futuro es errneo desde cualquier punto de vista,... Naturalmente si todas las utilidades futuras son trata-das de igual manera, entonces la elegante solucin de Hotelling no sirve de nada. El foco del problema cambia totalmente. La solucin analtica es distribuir los recursos con igualdad a lo largo del tiempo, aunque en ese caso un horizonte temporal infinito lleva al resultado paradjico de que cada ao se puede consumir una cantidad nula [o infinitesi-mal] de recursos... (Quiz) en lugar de basar nuestras recomendaciones en el principio archisabido de maximizar la "utilidad", tendramos que minimizar el arrepentimiento fu-turo. Esta parece ser la nica receta razonable, no creo que pueda llamrsele racional, para afrontar la incertidumbre ms incierta de todas, la incertidumbre histrica2

    V.2. La economa forestal y de la pesca

    Podemos definir los criterios de funcionamiento de una Economa ecolgica de la manera siguiente. Esa economa usara los recursos agotables al ritmo de su sustitucin por recursos reno-vables: por ejemplo, se gastara petrleo como fuente de energa slo en la medida que exista capa-cidad de producir energa de fuentes renovables (energa fotovoltaica, por ejemplo). Se usaran los recursos renovables slo al ritmo de su renovacin, y no ms. Y se echaran residuos al ambiente slo en la medida en que sean neutralizados o asimilados por la biosfera; por ejemplo, una cierta cantidad de dixido de carbono es til para la fotosntesis de las plantas pero la cantidad actual producida por la quema de combustibles fsiles hace aumentar el efecto invernadero, no es pues neutralizada o asimilada por la naturaleza.

    Veamos aqu, con mayor detalle, la aplicacin del criterio referente al uso de los recursos renova-bles (como la madera o la pesca). En principio, parece no haber ninguna confusin posible: la ex-

    2 Nicholas Georgescu-Roegen, "Comments on the papers by Daly and Stiglitz" en V. Kerry Smith, Scarcity and Growth Reconsidered, John Hopkins Press, Londres, 1979, 95-105.

  • Curso de economa ecolgica 89

    plotacin se hara al ritmo de la renovacin, se pesca la cantidad que la naturaleza cra otra vez. Pero hay muchos niveles posibles de explotacin sostenible. En cualquier pesquera (o en cualquier plantacin forestal) no existe una sola cantidad de produccin sostenible sino una amplia gama de posibilidades. Se puede aplicar un esfuerzo recolector nulo y dejar que el stock de peces o de made-ra aumente al mximo (dada la capacidad de sustentacin, es decir la mxima poblacin de una especie que puede vivir permanentemente en un territorio dado sin degradar la base de recursos). O se puede hacer un tan gran esfuerzo en la recoleccin que, en el otro extremo, se corta todo el bos-que o se pesca casi todo el stock de peces disponible dejando slo el mnimo necesario para la re-produccin y crecimiento posterior. Entremedio habra el punto virtuoso del rendimiento mximo sostenible (que est dado por el punto de inflexin en la curva de crecimiento, Fig. V.2.1, o por el correspondiente punto OA en la Fig. V.2.2).

    El fenmeno de la sobrepesca (como el de la degradacin de bosques o el sobrepastoreo) puede tener varias causas. Una de ellas es el avance de la tecnologa, que abarata el esfuerzo de la reco-leccin. Por ejemplo, la baratura del petrleo y los motores de los barcos de pesca y las nuevas redes de arrastre, o, en los bosques, las motosierras. En segundo lugar influye en la sobrepesca el rgimen de derechos de propiedad (vase la discusin de la mal llamada tragedia de los comunes en el Mdulo G). En un rgimen de acceso abierto hay un incentivo a pescar ms y ms, por temor a que pesque otro, pero eso se puede regular bajo control comunitario o privado. En tercer lugar, una causa de la sobrepesca (o de la degradacin de bosques o pastos) puede ser la infravaloracin de los ingresos futuros (tal como ocurre en el caso de los recursos agotables). En el anlisis si-guiente prescindimos de momento de la tasa de descuento.

    Analicemos la pesca de una sola especie, como la anchoveta del Pacfico que a veces ha sido pes-cada en exceso, para la produccin y exportacin de harina de pescado. Nos preguntamos cul sera la cantidad de pesca disponible, si no es explotada en absoluto, si se permitiera a las anchove-tas morirse de viejas o por la depredacin de otros peces y de las aves guaneras. Dejamos de lado, para simplificar, la interrelacin entre especies y nos fijamos en el comportamiento de una sola especie en su estado natural, sin que intervenga de momento la industria de la pesca. Supongamos que ha habido un periodo de sobrepesca anterior, que el stock de anchoveta en el mar es chico aun-que suficiente para que haya reproduccin y crecimiento de ese stock. En un periodo relativamente corto (un periodo normal, sin corriente del Nio), el stock de anchoveta podra ir aumentando hasta el lmite de la capacidad de sustentacin. En la Fig.V.2.1, sera la cantidad OK correspondiente al punto temporal OS. Cmo habra ido creciendo ese stock de anchoveta desde una cantidad mni-ma? Segn la habitual curva logstica o curva de Vehulst de la dinmica de poblaciones: un rpido crecimiento exponencial inicial es seguido de un punto de inflexin y luego se alcanza el punto OK. En la Fig.V.2.2 representamos (en otra escala) los incrementos de la cantidad de pesca. En el punto OS de la Fig.V.2.2, el incremento es cero porque la especie en cuestin ha alcanzado su ca-pacidad de sustentacin. En la Fig.V.2.2 hemos representado tambin distintos niveles de esfuerzo pesquero (medidos por el nmero de barcos, o por los caballos de fuerza de la flota pesquera). Si el esfuerzo de pescar resulta barato, se pescar ms. El anlisis hasta ahora analiza el porqu dismi-nuye (o aumenta) el stock de pesca, pero nos hemos movido por definicin dentro de niveles soste-nibles. No hemos explicado por qu se agota la pesca. Veamos ahora el caso anlogo de la econo-ma maderera.

  • 90 Textos bsicos para la formacin ambiental

    El propietario de un bosque puede optar por distintos sistemas de explotacin de la madera. Sim-plificando la cuestin (pues el bosque probablemente contiene diversas especies maderables, al-berga adems otra biodiversidad), podemos pensar primero que ocurrira si se deja crecer el bosque tranquilamente, sin cortar madera alguna. Llegara a una situacin de climax donde no hay ya pro-duccin primaria neta de biomasa. Ese sera equivalente al punto OK de la Fig.V.2.1. Si cortamos todo el bosque, dejando las semillas o rebrotes necesarios para un nuevo crecimiento, veramos que los metros cbicos de madera del bosque crecen segn una curva logstica o de Verhulst. Intuiti-vamente est claro que el propietario debe esperar un poco pero no mucho a realizar su cosecha de madera. El bosque puede ser explotado segn un criterio de rendimiento mximo sostenible cose-chando en cada periodo el mximo incremento (como est indicado en la Fig.V.2.2). Pero aqu tambin puede ocurrir que el esfuerzo de recoleccin sea caro o barato. Si parte del bosque est en terreno muy abrupto, entonces tal vez esas partes se dejan crecer ms all de ese punto de rendi-miento mximo sostenible.

    Entre esos ejemplos de la pesca y del bosque, tal como han sido explicados, hay una diferencia importante. En el caso de bosque se ha hablado de un propietario privado (aunque hay bosques pblicos o comunales), mientras en la pesca, aunque puede haber sistemas de gestin comunal, o restricciones diversas a la explotacin (cuotas y licencias, perodos de veda, el lmite de las 200 millas...), no hay propiedad privada del mar.

    De otro lado, los ejemplos aqu explicados estn situados en un tiempo corto, no hemos hecho in-tervenir la tasa de inters o tasa de descuento o tasa de actualizacin de los ingresos y costos futu-ros. Si tenemos en cuenta la infravaloracin del futuro, llegaramos al resultado elemental al cual ya lleg, alarmada, la ciencia forestal alemana hace ms de cien aos. Si la tasa de crecimiento del bosque ms la expectativa de aumento de precios (neta de costos de extraccin) es menor que la tasa de inters, conviene al propietario cortar todo el bosque y meter sus ingresos en el banco. Es-tamos una vez ms frente a la cuestin de la infravaloracin del futuro, que apareci tambin en el anlisis econmico de la explotacin de los recursos agotables (v. la regla de Gray-Hotelling).

    Una ltima consideracin: esas suaves curvas de crecimiento de Verhulst son una simplificacin de la realidad, especialmente en el caso de la pesca, no slo por la interaccin entre especies sino tambin porque el afloramiento de nutrientes que alimentan el plancton no es un fenmeno regular. En la realidad, no hay pues un nivel de rendimiento mximo sostenible de la pesca (que pueda cosecharse una y otra vez sin hacer disminuir el stock). La realidad es ms complicada, es a veces catica (en el sentido matemtico de la palabra).

    Fig. V.2.1 Crecimiento y tamao natural de un stock de pesca

  • Curso de economa ecolgica 91

    K

    O A S

    Tiempo("corto")

    Minima cantidad necesaria parareproducirse

  • 92 Textos bsicos para la formacin ambiental

    Fig.V.2.2 Incrementos del stock de pesca y esfuerzo pesquero

    E1

    E2Redimiento maximosostenible

    Incrementos

    del stock

    de pesca

    Costos del

    esfuerzo

    pesquero

    O A S

    Esfuerzo de pesca

    (stock mximo)

    Si pescar es barato (es decir, si el costo del esfuerzo pesquero es bajo, lnea OE1) se pescar ms que si pescar es caro (OE2). En ambos casos suponemos que la cantidad pescada es igual al crecimiento o excedente producido por stocks de distinto tamao. El tamao del stock de pesca ser menor cuanto mayor sea el esfuerzo.

  • Curso de economa ecolgica 93

    MDULO VI

    FORMAS DE PROPIEDAD: SU INFLUENCIA EN LA GESTIN DE LOS RECURSOS NATURALES1

    El anlisis de esta cuestin sera ms fcil si no se hubiera introducido una gran confu-sin en la terminologa, a raz del artculo de Garrett Hardin, "The tragedy of the commons" publi-cado en la revista Science en 1968. Hardin, un bilogo de tendencia social-darwinista (es decir, propenso a aplicar la teora de la seleccin natural a segmentos de la especie humana), llam la atencin en su artculo a un fenmeno realmente existente. En situaciones en que los recursos natu-rales son de acceso abierto a todos o de acceso libre (como en la pesca de ballenas en alta mar, en ausencia de tratados internacionales que la regulen), entonces no existe ningn incentivo para pre-servar el recurso, no ya de cara a las generaciones futuras sino incluso para la generacin actual. Siempre que el ingreso adicional obtenido al pescar sea mayor que el costo adicional (es decir, si pescar una ballena ms, es barato en comparacin al ingreso obtenido al convertirla en carne y aceite), se pescar esa ballena. Segn Hardin, esa situacin de acceso abierto era muy frecuente, y la mejor cura era la privatizacin de los recursos. Segn Hardin, al aumentar la poblacin, esos recursos en acceso abierto (que l llam, equivocadamente, propiedad comunitaria), seran cada vez ms explotados. La ganancia individual llevara a la miseria de todos, no ya en las prximas generaciones sino incluso en la actual.

    El propio crecimiento de la poblacin poda interpretarse en trminos de la (falsamente denomina-da) tragedia de los bienes comunales. En efecto, el costo adicional sobre los ecosistemas de un infante ms, no repercuta apenas sobre la familia que lo tena, que slo considerara el costo pri-vado de mantener al nio/a, costo que adems pronto se converta en beneficio en las familias po-bres al ponerlo a trabajar. El ambiente no tiene dueo, de ah viene el mal, echamos cargas sobre l sin que eso repercuta en nuestra economa privada. Hardin ha propuesto (concordando con Ken-neth Boulding), un sistema de cuotas de procreacin, de manera que cada pareja (o cada mujer) tenga derecho a slo una pareja de infantes, debiendo pagar una contribucin si tiene ms, a cuenta de los costos ambientales que una poblacin creciente implica.

    En el caso de la pesca, la amenaza para la existencia de los recursos naturales que surge de un sis-tema de acceso abierto, llev hace tiempo a acuerdos internacionales, mediante los cuales se trata de gestionar esos recursos como si, a nivel global, hubiera una propiedad comunitaria compartida. Igualmente, existen acuerdos para no tratar la atmsfera como un bien de acceso libre, donde cual-quiera puede evacuar sus emisiones de gases. Esos acuerdos a veces se cumplen y a veces no; en algunos casos, no obligan a casi nada (como el tratado internacional sobre cambio climtico firma-do en Ro de Janeiro en junio de 1992). Pero son una clara seal de que el acceso abierto lleva a

    1 Vase Federico Aguilera Klink, "El fin de la tragedia de los comunes", Ecologa Poltica, n. 3, 1992.

  • 94 Textos bsicos para la formacin ambiental

    abusos. En las zonas pesqueras costeras, se ha implantado un sistema de zonas exclusivas de 200 millas (una propuesta de Per, Chile y Ecuador ya en los aos 1940) precisamente para evitar una situacin de acceso abierto. Eso no basta, desde luego, para asegurar un uso racional de los recur-sos pesqueros, pero es mejor que el acceso abierto a todos.

    Un famoso prrafo del famoso artculo de Hardin empieza as: "picture a pasture open to all...", imaginemos un terreno de pastos abierto a todos. En ese caso, como en el de la pesca de ballenas en alta mar, cualquiera estar interesado en poner una vaca o una oveja extra en el terreno, porque el costo social y ambiental, a causa de la degradacin del pasto y del suelo por el sobrepastoreo, incidir sobre todos, mientras el beneficio del engorde (y de la leche o la lana) de la vaca o la oveja extra, ser apropiado por su dueo.

    Ahora bien, dnde est ese famoso terreno de pastos abierto a todos? Desde luego no est en los ejidos mexicanos o en las tierras comunitarias o comunales de los Andes, ni en las tierras comuna-les europeas (que existan antes de las desamortizaciones y de los cercamientos privados o enclosu-res). Esos terrenos de pastos no estaban ni estn en una situacin de acceso abierto sino que son propiamente comunitarios o comunales, y no pueden disponer de ellos ni los individuos privados que no respeten las reglas comunitarias de su uso, ni los de otras comunidades.

    Hardin, en su artculo, discute nicamente dos situaciones:

    1) Acceso abierto (que l llama falsamente Propiedad comunitaria)

    2) Propiedad privada.

    Una clasificacin ms adecuada de las formas de propiedad sera la siguiente:

    1) Acceso abierto

    2) Propiedad comunitaria o comunal

    3) Propiedad privada

    4) Propiedad estatal

    y se podra aadir tambin la propiedad municipal (cuyos efectos en la gestin de los recursos se-rn muy distintos segn el tamao del municipio, segn su actividad econmica, etc.).

    En la propiedad comunitaria o comunal, todos las/os propietarias/os poseen el mismo derecho a usar el recurso natural, derecho que no se pierde si no se usa (pues uno/a contina siendo miem-bro/a de la comunidad), y los no propietarios estn excluidos del uso. Naturalmente, puede ocurrir que se abuse de los recursos tambin en situaciones de propiedad comunitaria, al no respetarse las reglas (tal vez debido a una creciente diferenciacin social en el seno de esas comunidades o muy frecuentemente a causa de la creciente presin demogrfica, como de hecho ocurre en muchas tie-rras de pastos comunitarias en los Andes). Pero el problema ambiental no surge de que la propie-dad sea comunitaria. Tal vez nazca de que la comunidad se ve cada vez ms metida en una lgica comercial a costa de la lgica de los valores de uso, y entonces surge una presin de la produccin exportadora sobre los recursos naturales que se suma a la presin de la creciente poblacin local.

  • Curso de economa ecolgica 95

    Muy frecuentemente las comunidades humanas han inventado sistemas de propiedad y gestin comunitaria de recursos, precisamente para evitar las consecuencias negativas del acceso abierto. Por ejemplo, si no se regula el acceso al agua, y se sirve primero el primero que llega a ella si-guiendo una simple regla de captura (ya sea del agua superficial o del agua de pozos en la capa fretica), entonces el recurso no slo se distribuye sin equidad sino que se desperdicia. Dicho de otro modo, si cada usuario piensa que lo que no extraiga l, lo van a extraer los dems, se produci-r una competencia individual por la apropiacin del recurso que podra conducir al agotamiento del mismo.

    Qu decir con respecto a la propiedad privada en este contexto que no es la equidad sino la con-servacin de los recursos naturales? Por un lado, ciertamente, la propiedad privada hace que los costos de la sobreexplotacin caigan sobre el propietario, que los comparar con sus ingresos pri-vados. Pero, si hay una asimetra temporal entre costos e ingresos, como suele ocurrir, es decir, si los ingresos son ahora mientras los costos son en el futuro, como por ejemplo ocurre con los costos de no-disponibilidad futura al explotar un bosque o un banco de pesca o un pasto o un recurso mi-nero agotable, entonces podemos preguntarnos si es mejor la propiedad privada o es mejor la pro-piedad pomunitaria. La respuesta es en principio favorable a la propiedad comunitaria, por la si-guiente razn. El propietario individual seguramente tendr un horizonte temporal ms cercano y una tasa de descuento implcita ms alta que los dirigentes de la propiedad comunitaria. Una co-munidad dura ms que una empresa, que un propietario o incluso que su familia. Pero sera nece-sario analizar empricamente muchas situaciones distintas.

    Por fin, respecto de la propiedad estatal, su influencia en la gestin de los recursos naturales va a depender de la lgica que se aplique. Si el Estado, siendo propietario, deja o dejaba esos recursos en manos comunitarias que aplican su propia lgica (como en el manglar de la costa ecuatoriana), no tiene porqu haber degradacin del recurso. Si el Estado, ya sea directa o indirectamente (por medio de concesiones administrativas) aplica una lgica comercial de corto plazo a la gestin del recurso (por ejemplo, concediendo manglares a empresas camaroneras), entonces la propiedad estatal no favorecer la conservacin.

  • 96 Textos bsicos para la formacin ambiental

    MDULO VII

    INDICADORES MONETARIOS Y BIOFSICOS DE SUSTENTABILIDAD

    VII.1. La llamada sustentabilidad dbil

    La pregunta inicial es si existe algn indicador econmico de la sustentabilidad de una economa. Entre los economistas, la respuesta a esta pregunta distingue entre la sustentabilidad en el sentido fuerte de la palabra y la sustentabilidad en el sentido dbil de la palabra, definiendo la primera como el mantenimiento del capital natural que es crtico para la economa, y definiendo la segunda como el mantenimiento de la suma de capital natural y capital hecho por los humanos.

    La nocin de sustentabilidad dbil permite la sustitucin del capital natural por el capital hecho por los humanos o medios de produccin producidos. Lo que importa es que no disminuya el stock total de capital. A primera vista la sustentabilidad dbil es una proposicin atractiva que tropieza sin embargo con problemas de medicin irresolubles.

    Averiguar que ocurre con los elementos de la naturaleza que son crticos para la economa humana es un tema de ecologa, pero contar el stock total de capital parece a primera vista un tema de eco-noma. As, David Pearce y sus colaboradores han tratado de presentar resultados numricos para comprobar si diversas economas son sustentables (en el sentido dbil). Eso sucede si el ahorro en la economa (que es lo que permite la inversin) es mayor (o, en el lmite, igual) que la suma de las depreciaciones de capital natural y de capital hecho por los humanos.

    Si al ser ms rica una economa, aumenta la parte del ahorro en el ingreso total, entonces la susten-tabilidad dbil sera ms fcil de obtener en las economas ricas que en las pobres. Sin embargo, el uso de capital natural y de capital hecho por los humanos es tambin mayor en las economas ms ricas. Por tanto, la depreciacin de ambos ser tal vez mayor en las economas ricas. No hay pues ninguna suposicin de partida respecto a si las economas ricas o las economas pobres sern ms sostenibles (en el sentido dbil). Y, adems, la razn entre ahorro e ingreso total no correlaciona con el nivel de ingreso, ni histrica ni transversalmente.

    Sin embargo, los resultados pretendidamente empricos que han presentado Pearce y sus colabora-dores indican que Japn, que importa mucho petrleo, madera y otros recursos naturales, es la economa con un ndice ms alto de sustentabilidad. Las economas sustentables de su muestra incluyen a Japn, Alemania y los Estados Unidos, mientras las economas insostenibles incluyen a Burkina Fasso, Etiopa, Indonesia, Nigeria. En esas cuentas, la depreciacin del capital natural se imputa a los pases donde los productos de ese capital natural entran la corriente de ingresos, ya sea para uso interior o para la exportacin, de la misma manera que la depreciacin de los medios de produccin de una fbrica de automviles de Barcelona o de Turn se imputa a las economas espaola o italiana, y no a las economas que importan automviles espaoles o italianos. Es difcil establecer balances internacionales de pagos ecolgicos. No hacen falta aqu, porque de lo que se

  • Curso de economa ecolgica 97

    trata es de criticar los resultados acerca de la sustentabilidad dbil a nivel mundial obtenidos por Pearce y sus colaboradores. No son resultados verdaderamente empricos, aunque lo parecen. No sabemos traducir en valores econmicos la prdida del llamado capital natural y por tanto los re-sultados de Pearce y colaboradores son interesantes ms como ideologa que como realidad.

  • 98 Textos bsicos para la formacin ambiental

    CUADRO VII.1.1 Un ndice de sustentabilidad dbil en algunos pases

    Porcentaje de ahorro en el

    ingreso

    Depreciacin de capital hecho por humanos, en porcentaje de ingreso

    Depreciacin de capital natural en

    porcentaje del ingreso

    ndice de sustentabilidad

    Economas sostenibles

    Costa Rica 26 3 10 15

    Checoslovaquia 30 10 7 13

    Repblica Federal Alemana

    26 12 6 8

    Hungra 26 10 5 11

    Japn 33 14 2 17

    Holanda 25 10 1 14

    Polonia 30 11 10 9

    Estados Unidos 18 12 4 2

    Apenas Sostenibles

    Mxico 24 12 12 0

    Filipinas 15 11 4 0

    Insostenibles

    Burkina Fasso 2 1 10 -9

    Etiopa 3 1 9 -7

    Indonesia 20 5 17 -2

    Madagascar 8 1 16 -9

    Malawi 8 7 4 -3

    Mali -4 4 6 -14

    Nigeria 15 3 17 -5

    Papua Nueva Guinea 15 9 7 -1

    FUENTE: Pearce, D. y Giles Atkinson, "Capital theory and the measurement of sustainable development, an indicator of weak sustainability", Ecological Economics, 8, 1993.

    En el Cuadro VII.1.2 aparece el producto interno bruto y el porcentaje de ahorro para 1986 en los mismos pases.

  • Curso de economa ecolgica 99

    CUADRO VII.1.2 Producto interno bruto y ahorros (en porcentaje)

    Producto Interno Bruto 1986 (Millones de US$)

    Porcentaje de ahorro

    Economas sostenibles

    Costa Rica 4,260 24 %

    Checoslovaquia n/d n/d

    Repblica Federal Alemana 891,990 24 %

    Hungra 23,660 25 %

    Japn 1,955,650 32 %

    Holanda 175,330 25 %

    Polonia 73,770 30 %

    Estados Unidos 4,185,490 15 %

    Apenas Sostenibles

    Mxico 127,140 27 %

    Filipinas 30,540 19 %

    Insostenibles

    Burkina Fasso 930 -7 %

    Etiopa 4,960 3 %

    Indonesia 75,230 24 %

    Madagascar 2,670 10 %

    Malawi 1,100 7 %

    Mali 1,650 4 %

    Nigeria 49,110 10 %

    Papua Nueva Guinea 2,530 15 %

    FUENTE: Banco Mundial, World Development Report 1988, Oxford U.P. 1988, pgs. 224-7.

    Aunque Pearce y sus colaboradores insisten en la naturaleza provisional de sus resultados, es evi-dente que su muestra de pases incluye una parte considerable de la economa mundial y sus cifras indican que la economa humana en conjunto ha estado en situacin sostenible (en el sentido dbil de la palabra). Dada la proporcin de Estados Unidos, Japn y Alemania en toda la economa mundial, si esas economas se consideran sostenibles (al ser su ahorro mayor que la depreciacin de ambos tipos de capital), entonces seguramente toda la economa mundial ser sostenible. Los

  • 100 Textos bsicos para la formacin ambiental

    magnficos ahorros de Japn y Alemania son capaces de compensar la depreciacin del capital natural de todo el mundo. As, la depreciacin del capital natural de Nigeria y de Indonesia, que son dos economas dependientes de la extraccin y exportacin de recursos naturales, se considera en ambos casos (cuadro 1) equivalente a 17 por ciento de su ingreso total, que es pequeo en com-paracin a los ahorros de Alemania o Japn. As pues, una economa mundial que est basada en la energa del petrleo, del gas, del carbn y en la energa nuclear (en los pases ricos) se considera sostenible (en el sentido dbil) porque esa riqueza crematstica proporciona ahorros, y por tanto inversiones que compensan el deterioro del capital hecho por los humanos y del capital natural.

    La ideologa de la sustentabilidad dbil tiene dos elementos principales. Uno es la posibilidad de sustitucin de los bienes ambientales por capital manufacturado, con la pretensin de ser capaces de medir en valor monetario esos bienes ambientales y su deterioro. El segundo elemento es ms sutil. La ideologa de la sustentabilidad dbil apoya implcitamente la tesis de que la riqueza es buena para el ambiente, porque proporciona dinero para corregir el deterioro ambiental. El corola-rio de ese segundo elemento es que los pobres son demasiado pobres para ser verdes o dicho de otro modo, que la pobreza es la mayor enemiga del ambiente, ms que la riqueza. Esa ideologa no tiene mucho apoyo en los hechos, a pesar de los intentos numricos de David Pearce y sus colegas.

    Para medir la sustentabilidad no podemos apoyarnos en estimaciones caprichosas del desgaste del capital natural sino que debemos recurrir a indicadores fsicos, qumicos, biolgicos, con la adver-tencia muy importante que no existe un indicador biofsico de sustentabilidad que pueda englobar-los todos.

    VII.2. La relacin entre pobreza y degradacin ambiental

    Las economas, al crecer, usan ms recursos naturales (a causa del aumento de la pobla-cin y a causa del aumento del consumo exosomtico de energa y materiales). Aparecen externali-dades por todas partes. Para acomodar la economa al ambiente, en un proceso que se podra lla-mar ajuste ecolgico (en paralelo al ajuste financiero de los programas de estabilizacin), hay dos enfoques distintos. El enfoque economicista intenta ampliar ecolgicamente el mercado, dando precios a los bienes ambientales destruidos (a travs de la adjudicacin de derechos de propiedad o en mercados ficticios). El segundo enfoque es el de la economa ecolgica, que argumenta que no es solamente tcnicamente difcil sino realmente imposible dar valores actualizados plausibles a todas la externalidades, muchas de las cuales son desconocidas o inciertas, muchas de las cuales son irreversibles. Por ejemplo, un clculo de los costos externos marginales de la energa nuclear necesitara estimaciones a precios actualizados (con qu tasa de descuento?) de los perjuicios (o beneficios, segn algunos) que ocasionarn los residuos nucleares en los prximos miles de aos. Pensar que las depredaciones de recursos naturales o las externalidades ambientales pueden valo-rarse fcilmente por el costo de restauracin, es olvidar la irreversibilidad (o, por lo menos, los efectos a muy largo plazo).

    La economa ecolgica argumenta que los lmites ambientales a la economa se ponen de hecho desde fuera de la propia economa, mediante un proceso de debate poltico-cientfico y de evalua-

  • Curso de economa ecolgica 101

    cin social (como lo han descrito Funtowicz y Ravetz), en el cual participan diversos expertos, organizaciones ecologistas, etc.1 Una vez se han fijado tales lmites u objetivos, entonces los eco-nomistas convencionales pueden regresar a escena, con su competencia especial acerca de los ins-trumentos de la poltica econmica ambiental (que se han discutido en los mdulos C).

    Ha habido propuestas de indicadores monetarios del estado del ambiente y de la sustentabilidad como un todo (como las estimaciones de David Pearce de la sustentabilidad en sentido dbil), que son intentos complementarios de los esfuerzos por lograr un PIB verde, mediante las correcciones sugeridas por El Serafy u otras correcciones. Pero todos esos intentos tropiezan con la arbitrariedad de los valores monetarios actualizados que se dan a los recursos y servicios ambientales. Tales indicadores monetarios solamente son crebles en audiencias cautivas de economistas profesiona-les, no son tiles para la poltica ambiental.

    Hay que optar por tanto por indicadores fsicos. Pero entonces surge una cuestin interesante. Al crecer la economa, el impacto ambiental aumenta, muchos indicadores fsicos empeoran pero al-gunos de ellos posiblemente mejoran. Veamos por ejemplo la Figura VII.2.1.

    En esta figura se pretende una cierta neutralidad respecto de la tesis que la pobreza es, ms que la riqueza, el enemigo principal del ambiente. Muestra seis distintos indicadores, escogidos no por-que sean necesariamente los ms importantes. Algunos mejoran al crecer el ingreso: una parte mayor de la poblacin dispone de agua potable y de sistemas higinicos de evacuacin de excre-mentos (aunque podra discutirse si el water closet es realmente el mejor sistema). Otros indicado-res empeoran inicialmente al crecer el ingreso: hay ms emisin de partculas en gases de los veh-culos y ms emisin de dixido de azufre en economas de nivel medio, puesto que hay tecnologas que fcilmente corrigen esos efectos. Pero la produccin de residuos domsticos y la emisin de dixido de carbono aumentan con el ingreso. Y tambin lo hacen otros muchos indicadores, como residuos radioactivos, produccin de dioxinas y furanos, de xidos de nitrgeno, metales pesados, nitritos y fosfatos en el agua.

    Es importante darse cuenta cmo los impactos ambientales a los que se presta atencin, y los lmi-tes que poltica y socialmente se establecen, obedecen a procesos un tanto ad-hoc. No hay una l-gica general. Por ejemplo, en la Europa Occidental, podemos comparar los casos siguientes:

    - Para el dixido de azufre, las cargas crticas del modelo RAINS y un complejo proceso de negociacin interestatal para reducir con xito las emisiones (de las grandes centrales trmi-cas) con base a esa informacin cientfica.

    - Para el dixido de carbono y la amenaza de aumento del efecto invernadero, el lmite arbitrario, despus de Ro, igual a las emisiones de 1990 y la infructuosa discusin sobre la eco-tax.

    - Para la produccin de residuos radioactivos, no hay lmite ni poltica europea, aunque puede haber polticas nacionales (referndum en Italia, Suecia, Austria).

    1 S. Funtowicz y J. Ravetz, Epistemologa poltica. Ciencia con la gente, Centro Editor de Amrica Latina, Buenos Aires, 1994.

  • 102 Textos bsicos para la formacin ambiental

    - Para el trfico de automviles, discusin sobre limites vigentes en toda la Unin Europea a los xidos de nitrgeno y compuestos orgnicos voltiles que son precursores del ozono superfi-cial.

  • Curso de economa ecolgica 103

    FIG. VII.2.1

    Relacin entre algunos indicadores ambientales y el nivel de ingreso

    1 0 0 1 . 0 0 0 1 0 . 0 0 0 1 0 0 . 0 0 0 1 0 0 1 . 0 0 0 1 0 . 0 0 0 1 0 0 . 0 0 0

    Porcentaje Porcentaje

    Poblacin sin agua potable Poblacin urbana sin servicios sanitarios

    0

    2 0

    4 0

    5 08 0

    1 0 0

    0

    2 0

    4 0

    6 0

  • 104 Textos bsicos para la formacin ambiental

    Podramos aadir tambin como indicadores la prdida de tierra agrcola, por la desertizacin y la urbanizacin, y la disponibilidad de agua (comparando lluvia y extraccin). Podramos tratar de establecer como indicador el costo energtico de obtener energa, lo cual podra aplicarse tanto a la agricultura (calculando el creciente costo en kcal de obtener kcal de la alimentacin) como a los combustibles fsiles, lo cual sera un indicador fsico de escasez que seguramente los precios del mercado no estn recogiendo.

    100 1 .000 10 .000 100.000 100 1 .000 10 .000 100.000

    0

    600

    1200

    1800

    0

    20

    40

    50

    Mic rogramos por m3 de a i re M ic rog ramos po r m3 de a i r e

    Concent rac in de par t icu las

    en reas urbanas

    Concent rac in de SO

    en reas urbanas2

  • Curso de economa ecolgica 105

    Podramos construir indicadores de erosin gentica o prdida de biodiversidad (tanto en la agri-cultura como en la vida silvestre). O podramos recurrir a un importante indicador: la apropiacin humana de los productos de la fotosntesis. Vitousek et al. han calculado que, en los sistemas te-rrestres, la humanidad se est apropiando o est cooptando (para usar sus propios trminos) cerca del 40 por ciento de la produccin primaria neta de biomasa, dejando as cada vez menos para las otras especies. Ese 40 por ciento proviene de la suma del uso humano directo (4 por ciento), del uso indirecto (26 por ciento), y de las prdidas no deseadas (10 por ciento). Sera interesante apli-car este Indicador a distintas regiones del mundo.2

    Podran agregarse esos indicadores fsicos, biolgicos, qumicos? Creemos que no. Adems, no todos se mueven en la misma direccin. El Instituto Wuppertal (bajo la direccin de Schmidt-Bleek) est tratando de desarrollar un indicador sinttico, el MIPS (material input per unit service), que mide fsicamente, en toneladas, todos los input usados para los distintos servicios ofrecidos por la economa (incluyendo todos los materiales de construccin, todo el material desplazado en obras pblicas o minas, etc.), con la idea que tal vez se est produciendo una cierta desmaterializacin de la economa. Ha habido muchos intentos de probar que la riqueza no es en s nociva al ambiente, y que la pobreza s lo es: el Informe Brundtland puso mucho nfasis en esa imagen del pobre que cocina su ltima comida con el ltimo rbol de la aldea. Es cierto que la cantidad de energa que se gasta al cocinar seguramente disminuye al aumentar el ingreso (al sustituirse lea, estircol seco o carbn de lea por kerosene o gas licuado de petrleo), pero en general el crecimiento econmico implica degradacin ecolgica aunque diversos indicadores sigan tendencias diferentes.

    2 Vitousek, P.; Ehrlich, P.; Ehrlich, A.; Matson, P., "Human appropriation of the products of photosynthesis", Bioscience, 36(6), 1986,

    pags. 366-373.

  • 106 Textos bsicos para la formacin ambiental

    100 1 .000 10 .000 100 .000 100 1 .000 10 .000 100 .000

    0

    200

    400

    600

    4

    8

    12

    16

    K i log ramos Tone ladas

    Res iduos mun ic ipa les Em i s i ones de CO2 po r

    pe rsona /a

    0

    FUENTE: Shafik y Bandyopadhyay, (para el Banco Mundial), tomado de Nueva Sociedad, n. 122. Caracas, nov.

    dic. 1992, p. 195. El eje horizontal mide el ingreso per capita en dlares US en una escala logartmica.

    VII.3. La tasa de descuento de una economa sustentable y la explotacin de recursos natu-rales agotables como descapitalizacin

    Desde la economa ecolgica vemos la economa de mercado inmersa en un sistema fsi-co-qumico-biolgico mucho ms amplio. Por tanto, surge la cuestin del valor de los recursos naturales y los servicios ambientales para la economa. Es posible traducir tales valores ambienta-les en valores monetarios?. Podemos complementar los mercados reales con mercados ficticios, donde preguntemos por la disposicin a pagar por bienes ambientales extra-mercantiles o por la disposicin a aceptar indemnizaciones por externalidades negativas. Pero los mercados, ni los re-ales ni los simulados, pueden realmente superar algunas de sus fallas -la ausencia en ellos de las generaciones futuras, y de miembros de otras especies. No son realmente fallas, sino caractersticas propias de lo que entendemos por mercados (reales o ficticios).

  • Curso de economa ecolgica 107

    Consideremos ahora, una vez ms en este curso, la cuestin de la tasa de descuento, es decir, cmo se actualizan los valores futuros. Una explicacin para una tasa de descuento positiva que es anal-ticamente muy dbil y que algunos economistas ortodoxos (desde Ramsey, 1928) han desechado, es la pura preferencia temporal. Otra explicacin para que la tasa de descuento sea positiva es la utilidad marginal decreciente que obtendrn nuestros descendientes por su consumo ms abundan-te, en el supuesto que ellos sern ms ricos que lo que nosotros somos. Pero desde el punto de vista de la economa ecolgica, nosotros no tenemos razones para creer que ellos vayan a ser ms ricos, incluso dejando a un lado el incremento poblacional. Como es sabido, una tasa de descuento posi-tiva basada en tal punto de vista optimista dar lugar a la paradoja de que el consumo futuro ser subvalorado y por tanto la generacin actual consumir ms recursos y servicios ambientales ago-tables que la parte que se consumira de otra manera, empobreciendo as ms a las generaciones futuras.

    Qu razn queda para una tasa de descuento positiva? La productividad del capital, o los costos de oportunidad de la inversin. Y, ciertamente, concordamos con este argumento, y por tanto no somos partidarios de una tasa de descuento fundamentalista de cero, porque la inversin, algunas veces, incrementa la capacidad productiva. Por ejemplo, cuando en los Andes, el consumo y/o el ocio fueron sacrificados para construir terrazas y sistemas de irrigacin, esto increment la capaci-dad de usar energa solar para la fotosntesis, y las cosechas crecieron. Una inversin genuina bajo el Imperio Inca. Sin una tasa de descuento, es decir, con igual valoracin de unidades de consumo actual (sacrificado) y unidades de consumo futuro (incrementado), habra una tendencia irrefrena-ble a incrementar la inversin de hoy, bajando al mnimo el consumo de la presente generacin y tambin de las generaciones futuras (excepto las ltimas). Pero, cuando la inversin consiste, como es a menudo el caso, no en un incremento genuino de capacidad productiva sino en una mezcla de produccin y destruccin, entonces la tasa apropiada de descuento est en duda.

    La economa ecolgica es la ciencia y la gestin de la sustentabilidad. Entonces deberamos definir la tasa apropiada de descuento, para una economa ecolgica, como la tasa a la cual la inversin incrementa la capacidad de produccin sustentable. Ahora bien, definir qu parte del incremento en capital producir un incremento en produccin sustentable y qu parte producir un incremento en destruccin de la naturaleza, es una cuestin ardua, pues depende de los valores que se atribu-yan al capital natural y a su desgaste.

    Este punto est ligado estrechamente a las crticas que han sido planteadas contra los resultados empricos sobre la sustentabilidad dbil propuestos por David Pearce y colegas que hemos visto anteriormente. Cmo medir la as llamada depreciacin del capital natural? Si el capital natural no est ni tan siquiera inventariado (como por ejemplo, la prdida de biodiversidad por la extrac-cin de madera en la Amazona, o en la costa de Ecuador y Colombia), o si el capital natural tiene un precio bajo (porque no pertenece a nadie, o pertenece a gente pobre y de menor poder, quienes lo venden barato), entonces la destruccin de la naturaleza est subvalorada. Por lo tanto, los pro-blemas distributivos influyen en la tasa de descuento en este sentido, es decir, a travs de la medi-da econmica de la sustentabilidad.

    La valoracin monetaria del capital hecho por los humanos depende de la distribucin del ingreso. La valoracin monetaria del capital natural depende no slo de la distribucin del ingreso sino de

  • 108 Textos bsicos para la formacin ambiental

    la decisin previa acerca de que se incluye en el capital natural y que se excluye de l, y depende tambin de la asignacin concreta de los derechos de propiedad sobre el capital natural incluido. Por eso son tan arbitrarias las medidas monetarias de la sustentabilidad dbil y tambin las de la sustentabilidad fuerte. El estado de sustentabilidad de una economa debe ser estimado ms bien a travs de indicadores biofsicos, que incorporen consideraciones acerca de la distribucin ecolgi-ca. Por ejemplo, la huella ecolgica o capacidad de sustentacin absorbida o el espacio ecolgico (que permite juzgar hasta qu punto una ciudad o regin depende del resto del mundo)3. O por ejemplo, la apropiacin humana de la produccin primaria neta de biomasa que, si fuera calculada para las distintas regiones y pases del mundo, mostrara como algunos de ellos viven muy por encima de su propia produccin de biomasa, mientras algunos estn todava muy por debajo. Esas disparidades ayudan a explicar la insistencia de algunos eclogos latinoamericanos (como Gallo-pin) en la gran productividad ecolgica del continente. Hay pases superpoblados en Amrica (Hai-t, El Salvador, Barbados), pero en conjunto la apropiacin humana de los productos (actuales y potenciales) de la fotosntesis en la Amrica del Sur es muy inferior a la de Europa, o el Japn, o el Asia de este y sudeste. Los datos concretos al respecto algo nos indicaran sobre la sustentabilidad. Pero no existe, creemos, un nico indicador fsico del estado de sustentabilidad de una economa, que haga superfluos todos los dems. Pensar que un indicador monetario puede cumplir esa fun-cin, es an ms equivocado.

    Los mdulos de este curso sobre contabilidad macroeconmica han introducido la discusin de El Serafy 4 quien plantea, al igual que Herman Daly y otros, la idea de entender el medio ambiente como un capital natural que necesita ser amortizado, siendo que su uso implica un costo por su desgaste. El Serafy admite que la naturaleza tiene propiedades especficas, pero por razones ms bien prcticas, asimila a la naturaleza como parte del factor capital y construye una propuesta de correccin de la contabilidad nacional habitual. Este planteamiento incorpora la necesidad de amortizar el capital ambiental si ste es renovable, como lo hara un empresario con sus maquina-rias, dando otro tratamiento a la explotacin de los recursos no renovables cuya prdida es irrever-sible.

    De este modo, El Serafy adopta el concepto de depreciacin para el caso de los recursos renova-bles, sin cambios en el clculo del PIB (producto interno bruto) pero s en el del PIN (producto interno neto). En lo concerniente a los recursos no renovables habra mayores problemas, pues, segn l, su explotacin ni siquiera debera ser contabilizada en el PIB, pues la venta o agotamien-to de un activo es como la venta de una heredad, es una descapitalizacin que no debe ser recono-cida como un ingreso, no es una produccin y no genera valor agregado: debera ser contabilizada en una cuenta de disminucin de patrimonio dentro de lo que se ha reconocido como "Cuentas satlite".

    3 William Rees y Mathis Wackernagel, "Ecological Footprints and Appropriated Carrying Capacity", en A.M.Jansson et al., eds. Investing

    in Natural Capital: the Ecological Economics Approach to Sustainability, Island Press, Covelo, Ca., 1992. Maria Buitenkamp et al. eds. Action Plan Sustainable Netherlands, Dutch Friends of the Earth, Amsterdam, 1993.

    4 El Serafy, Salah; "The Proper Calculation of Income from Depletable Natural Resources", en Environmental Accounting for Sustainable Development, p. 10-18, ed. Yusuf Ahmad; Salah El Serafy, y Ernest Lutz, Washington D.C.; World Bank, 1989.

  • Curso de economa ecolgica 109

    La explotacin de recursos agotables, en realidad genera fondos lquidos que pueden ser usados de distintas maneras (consumo o inversin), pero no son propiamente un ingreso en los trminos re-conocidos por la contabilidad nacional. Considerar como ingresos todo lo obtenido por la venta del recurso explotado plantea una falsa ilusin que sobredimensiona el auge y que a mediano plazo ser contraproducente, pues al despilfarrarse estos llamados ingresos y al agotarse el recurso habr una contraccin irremediable, como en cualquier otro caso de un activo agotado que no ha sido amortizado.

    Lo que se puede contabilizar como ingreso es el rendimiento del activo. Pero el activo no renovable no genera per se un rendimiento, es necesario un cambio de forma a otro activo renovable como activo financiero. Es decir, se tratara de convertir el activo agotable explotado en un flujo de ingre-sos perpetuo, para asegurar los ingresos a futuro. Es decir se trata de sustituir el capital natural por capital hecho por los humanos, o en los trminos conocidos desde hace tiempo en Amrica Latina, se trata de sembrar el petrleo.

    Una serie finita de ingresos por la venta del recurso (a un ritmo determinado de extraccin) debe ser convertida en una serie infinita de ingresos reales, tal que el valor capitalizado de ambas series sea igual. Para ello, El Serafy empieza por separar la parte de la venta del recurso que se debe considerar verdaderamente como ingreso, y la parte que sera la descapitalizacin o agotamiento del recurso, que debe amortizarse. La parte que se considera capital, debe ser separada del consu-mo para invertirla y crear un flujo perpetuo de ingresos, que proveera el mismo nivel de ingreso real, tanto durante la vida del recurso como despus.

    Ahora bien, es necesario definir las dos porciones aludidas, la parte del ingreso y la parte del capi-tal, para ello el autor plantea la siguiente relacin entre el ingreso real y el ingreso total (neto de los costos de extraccin) en funcin de la tasa de descuento:

    X/R= 1 - 1

    (1 + r)n+1 donde:

    X= ingreso real

    R= ingreso total por ventas menos los costos de extraccin

    r= tasa de descuento (o inters)

    n= nmero de perodos hasta que se agote el recurso

    R-X en realidad sera el costo de uso o factor de agotamiento que se debera dejar aparte como una inversin de capital y totalmente excluido del PIB. El agotamiento de recursos representa una des-inversin, que debera invertirse en otros activos.

    La contabilidad nacional convencional implcitamente est asumiendo una tasa de descuento infinita o bastante alta, tanto que la fraccin 1 iguales a "0", (1+r)n+1

  • 110 Textos bsicos para la formacin ambiental

    con lo que X/R sera igual a 1. Ello plantea una altsima preferencia temporal por el presente. Es decir, la parte de ingreso total que no es verdadero ingreso sino descapitalizacin depende, por un lado, de la razn entre extraccin y reservas, y, de otro lado, de la tasa de inters (o de descuento).

    As, como un ejemplo, considerando la ltima cifra oficial de reservas petroleras probadas y pro-bables en el Ecuador para 1994, 3686 millones de barriles, suponiendo que no se descubrieran nuevas reservas y se mantuviera el volumen de extraccin petrolera de 1994 (casi 142 millones de barriles al ao) y una tasa de inters internacional del orden del 7% 5 , la proporcin de ingresos petroleros totales (excluido el costo de extraccin), que debera invertirse para asegurar otro activo alternativo que permita mantener un ingreso real perpetuo como el de 1994, sera al menos del 15 por ciento. Pero naturalmente, esa tasa del 7% es una barbaridad, es improbable que la economa mundial o la ecuatoriana puedan crecer a ese ritmo, en trminos reales, de manera sostenible que no implique destruccin de recursos.

    5 Tasa de inters internacional Prime (Nueva York) promedio en 1994 (enero-noviembre); Banco Central, "Informacin Estadstica Men-

    sual No. 1714", Quito-diciembre 1994.

  • Curso de economa ecolgica 111

    CUADRO VII.3.1 Contenido de capital (o costo de uso) de las ventas del capital natural

    Expectativa de

    Vida de los

    Recursos (aos)

    Tasa de Descuento (r)

    0 5 10

    0 100 95 91

    10 100 58 35

    20 100 36 14

    30 100 22 5

    40 100 14 2

    60 1000 5 0

    80 100 2 0

    100 100 1 0

    FUENTE: El Serafy, 1989

    En general, como se observa en el cuadro anterior, bajo una proporcin dada de extrac-cin/reservas, el costo de uso, o la parte que se debe destinar a la inversin cambia, de acuerdo a la tasa de inters o de descuento, tendiendo a ser mucho menor conforme mayor es la tasa de inters. Esto revela, de hecho, algunas dificultades:

    - Se considera a la tasa de inters como dada. Habra que comprender por una parte las causali-dades de los movimientos en las tasas de inters, hasta qu punto dependen de la distribucin del ingreso y de la asignacin (y destruccin) de recursos naturales y creados por la humani-dad;

    - Conocer adecuadamente los escenarios de la tecnologa futura que afectara las reservas de los recursos analizados o planteara sustitutos a su uso, lo cual no es fcil;

    - Finalmente habra que considerar que llamar capital natural a todos los recursos naturales sera un reduccionismo que conlleva una nocin de mercadeo generalizado de la naturaleza. As, cul sera la parte del ingreso que hay que separar e invertir para compensar la prdida de in-greso potencial por las prdidas (desconocidas) actuales de biodiversidad?

  • 112 Textos bsicos para la formacin ambiental

    En definitiva la propuesta de El Serafy, es decir, considerar el costo de uso o la desinversin que la explotacin del recurso agotable implica, es una recomendacin muy pertinente para la explotacin petrolera (en Mxico, Venezuela, Ecuador), pero su planteamiento no rompe las categoras y con-ceptos econmicos habituales. Su lgica, dentro de este esquema, es completamente coherente. La correccin propuesta implica cambios del sistema de contabilidad nacional en el nivel del PIB, pero, de hecho, no representa ninguna solucin tcnica a la correccin de las cuentas nacionales porque el valor de esa correccin va a depender la estimacin de las reservas (sujetas a dudas) y de expectativas acerca de las futuras tecnologas, y va a depender de la tasa de inters o de descuento que se decida aplicar. Corregir la contabilidad nacional segn el criterio de El Serafy aplicando una alta tasa de inters que slo puede existir a costa del despilfarro de recursos naturales en sacrificio de las generaciones futuras, sera muy incoherente.

  • Curso de economa ecolgica 113

    MDULO VIII

    ECONOMA ECOLGICA, ECOLOGA POLTICA E INCONMENSURABILIDAD

    Economa poltica fue el nombre histrico para la economa, pero hoy en da es ms usa-do para las ramas de la economa que estudian los conflictos distributivos. Las partes o ramas de la economa ecolgica (o ecologa humana) que prestan atencin especial a la distribucin ecolgi-ca quiz podran llamarse ecologa poltica.

    La economa poltica asegura que el funcionamiento armonioso del circuito de movimiento perpe-tuo de la economa neoclsica puede ser interrumpido no slo porque le falte energa o por las car-gas excesivas de contaminacin que arroja sobre el sistema biofsico circundante, sino tambin por los conflictos distributivos internos. Este es el campo de estudio de la economa poltica. Por ejem-plo, las empresas estn individualmente inclinadas a no pagar salarios altos, y por tanto quiz habr una falta de demanda efectiva agregada para comprar todos los bienes y servicios que estar-an disponibles con el aparato productivo funcionando a pleno uso de toda su capacidad instalada. Esta es una muy conocida contradiccin interna del capitalismo. La regulacin fordista de la eco-noma (produccin en masa, y consumo masivo de bienes) podra eliminar o aplazar por un tiempo este conflicto. Pero, por ejemplo, en un perodo de pleno empleo, los salarios quiz suban ms que la productividad, y si hay lucha competitiva interna o internacional entre las empresas, sera difcil traducir tal presin salarial en precios ms altos, y quiz ocurra una crisis de las ganancias empre-sariales, desde el lado de la oferta.

    De modo similar si los recursos naturales y servicios ambientales se volviesen ms escasos, y si tal escasez se reflejase en costos (hay que subrayar ese si), entonces tambin ocurrira una crisis de ganancias. James O'Connor llama a eso la segunda contradiccin del capitalismo. En trminos sociales, es equivalente a preguntar (como Enrique Leff pregunt ya a mediados de la dcada de los 80), cul es el papel de los movimientos ambientales, actuando fuera del mercado, al presio-nar hacia arriba los precios que las empresas (o gobiernos) tienen que pagar por el uso de los bie-nes y servicios ambientales?. O, en otros trminos, los movimientos ambientales pueden ser vistos como la expresin de (algunas) externalidades no internalizadas1.

    La economa poltica estudia los conflictos distributivos econmicos. La ecologa poltica estudia-ra los conflictos de la distribucin ecolgica. Pueden coincidir pero en general cubren distintos territorios, precisamente porque la mayor parte de la ecologa no est en mercados reales ni ficti-cios. Por ejemplo, los eclogos humanos y los economistas ecolgicos estaran interesados en la

    1 James O'Connor, "Introduction", Capitalism, Nature, Socialism, n.1, 1988 (en castellano, en Ecologa Poltica, n.1, 1991). Enrique

    Leff, Ecologa y Capital, UNAM, Mxico, 1986, segunda ed., Siglo XXI, Mexico, 1994, cap. 10, "Del anlisis marginalista de las ex-ternalidades a la accin de los grupos ecologistas marginados".

  • 114 Textos bsicos para la formacin ambiental

    relacin entre la distribucin ecolgica y la presin humana en el medio ambiente. Los humanos no tenemos instrucciones genticas sobre el consumo exosomtico de energa y materiales; nuestra demografa sigue la curva logstica de poblaciones de otras especies, pero ella es ms auto-consciente, y depende de las cambiantes instituciones sociales; nuestra territorialidad est poltica y socialmente construida, y no puede ser explicada por analogas etolgicas. Hay entonces claros lazos entre el estudio de la distribucin ecolgica y el estudio de la capacidad de carga de los humanos sobre la Tierra. Pero esto no ser ms desarrollado aqu.

    Qu significa la distribucin ecolgica? Esto se refiere (siguiendo las sugerencias de Frank Bec-kenbach y Martin O'Connor) a las asimetras o desigualdades sociales, espaciales y temporales en el uso humano de los recursos y servicios ambientales, es decir en el agotamiento de los recursos naturales (incluyendo la degradacin de la tierra, y la prdida de biodiversidad), y en la carga de contaminacin.

    Como ejemplos mencionamos:

    - las desigualdades en el consumo de energa exosomtica per cpita sera un ejemplo de distri-bucin ecolgica social;

    - las asimetras territoriales entre emisiones de SO2 y las cargas de lluvia cida (como se muestra en los modelos europeos RAINS), de la distribucin ecolgica espacial;

    - las desigualdades intergeneracionales entre el disfrute de la energa nuclear (o las emisiones de CO2), y las cargas de desperdicios radioactivos (o el calentamiento global), de la distribucin ecolgica temporal.

    Algunas de esas asimetras y cargas sociales estn empezando a tener nombres, pero an nadie sabe cmo ponerles precios.

    Otros ejemplos:

    - el racismo ambiental en los Estados Unidos significa localizar la industrias contaminantes o desperdicios txicos en reas de negros, hispanos o poblacin indgena;

    - hay discusin creciente sobre intercambios ecolgicamente desiguales y sobre deuda ecolgica (con aspectos tanto espaciales como temporales)2

    - se han hecho trabajos sobre el espacio ambiental realmente ocupado por la economa holandesa (tanto por el abastecimiento de recursos como para evacuar las emisiones);

    - los europeos no pagamos nada por el espacio ambiental que estamos usando al evacuar nues-tras emisiones de CO2. Como Bromley explic tiempo atrs, la valoracin de las externalidades depende de la dotacin o asignacin de derechos de propiedad. En este caso, los europeos ac-

    2 Sobre la "deuda ecolgica", Azar y Holmberg, en "Simposio de Pars sobre Modelos de Desarrollo Sustentable", Pars, Marzo 1994;

    Jos M. Borrero, La deuda ecolgica. Testimonio de una reflexin, FIPMA, Cali, 1994; Robleto, Mara Luisa & Wilfredo Marcelo, Deuda Ecolgica, Instituto de Ecologa Poltica, Santiago de Chile, 1992.

  • Curso de economa ecolgica 115

    tuamos como si tuviramos la propiedad de una cantidad considerable del planeta fuera de Eu-ropa, pero (casi) nadie todava est quejndose o tratando de imponernos una tarifa por ese uso.

    Precisamente, eso nos lleva una vez ms a discutir la Inconmensurabilidad. La economa, desde el punto de vista ecolgico, no tiene una medida comn, porque no sabemos cmo dar valores actua-les a las incertidumbres y a las contingencias irreversibles, y tambin porque tales valores depen-deran (ya hoy) de la asignacin de los derechos de propiedad y de la distribucin del ingreso. La ausencia de valoracin econmica convincente de externalidades negativas o bienes ambientales en mercados reales o ficticios (es decir, la inconmensurabilidad econmica), conduce a una discusin sobre criterios de asignacin de bienes escasos que fue anticipada por Neurath y Kapp. Hay racio-nalidad ms all de la racionalidad crematstica.

    Veamos un ejemplo actual: un kwh de energa fsil no es conmensurable en trminos monetarios con un kwh de energa nuclear, una vez que las externalidades son internalizadas, porque no cono-cemos qu valor monetario dar a tales externalidades. Mucho depender del horizonte temporal y la tasa de descuento, de la incertidumbre del cambio tecnolgico futuro, y tambin de la distribu-cin del ingreso pues la gente pobre acepta ms barato propuestas riesgosas, aunque no le gusten. Otra gente ms rica aceptara esos riesgos o incertidumbres slo si se le ofrecieran grandes canti-dades de dinero.

    En cuanto a la energa nuclear, en los aos venideros el costo de poner fuera de servicio plantas nucleares lucir cada vez ms grande. Por supuesto, posponer la decisin hace aparecer a la ener-ga nuclear como si fuera ms barata, simplemente en virtud de la tasa de descuento. Pero estamos comprometiendo entonces la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias ne-cesidades. Los valores monetarios dados para las externalidades aparecen por tanto como conse-cuencia de decisiones polticas (las cuales estn basadas en argumentos econmicos espreos).

    Inconmensurabilidad significa que no hay una unidad comn de medida, pero no significa que no podamos comparar decisiones alternativas sobre una base racional, sobre diferentes escalas de valores, como se hace en la evaluacin multicriterial. Por ejemplo, en el caso de energa de com-bustibles fsiles vs. energa nuclear, nosotros podemos ordenar (en Espaa, por ejemplo) ambas fuentes bajo diferentes criterios.

  • 116 Textos bsicos para la formacin ambiental

    Comparacin entre energa nuclear y energa petrolera

    Energa Nuclear

    Energa Combustibles Fsi-les

    Produccin de CO2 ----- X

    Produccin de NO2 ------ X

    Produccin de SO2 ------ X

    Costo crematstico $/kwh $/kwh

    Desperdicios radioactivos X ------

    Problemas derivados del desmantelamiento XX X

    Peligro para la vida humana XX X

    Temor de la poblacin X ------

    Facilidades de cogeneracin -------- X

    Control tecnocrtico XX X

    Ms que reducir tales y otros factores a una unidad comn expresada en valor actualizado, trata-ramos de alcanzar una decisin racional a travs de una discusin verbal, dando pesos implcitos a tales criterios3. La evaluacin multicriterial es ecologa poltica aplicada, es decir, el estudio de lo que hemos llamado distribucin ecolgica. No es reducible a la economa o incluso a la economa poltica.

    La inconmensurabilidad est en la tradicin de la economa ecolgica desde Otto Neurath y Wi-lliam Kapp. En 1970 Kapp escribi:

    Dar valores monetarios y aplicar una tasa de descuento (cul?) a las utilidades o desuti-lidades futuras para expresar su valor actual capitalizado, puede darnos un clculo mo-netario preciso, pero ello no nos sacar del dilema de la eleccin y del hecho que noso-tros tomamos riesgos con la salud y supervivencia humanas. Por esta razn, estoy incli-nado a considerar que el intento de medir los costos y beneficios sociales simplemente en trminos de valores monetarios o de mercado est condenado al fracaso. Los costos y be-neficios sociales tienen que ser considerados como un fenmeno extra-mercado; ellos son

    3 G. Munda, P.Nijkamp, P. Rietveld, "Qualitative multicriteria evaluation for environmental management", Ecological Economics, 10,

    1994, pp. 97-112.

  • Curso de economa ecolgica 117

    sufridos o se acreditan a la sociedad como un todo; son heterogneos y no pueden ser comparados cuantitativamente entre ellos mismos y con otros, ni siquiera en principio4.

    4 Kapp, K.W., (1970), Social Costs, Economic Development, and Environmental Disruption, J. E. Ullmann (ed.), University Press of

    America, Lanham, Md (repr. 1983).

  • 118 Textos bsicos para la formacin ambiental

    MDULO IX

    ALGUNAS CUESTIONES INTERNACIONALES

    IX.1. Comercio internacional y medio ambiente. La deuda ecolgica.

    En la teora econmica, la doctrina sobre las bondades de la libertad del comercio lleva el nombre de teora de las ventajas comparadas, desarrollada por David Ricardo. Supongamos dos pases, Inglaterra y Portugal, ambos producen textiles y vino, pero Portugal es capaz de producir ambos productos a costo inferior. Sin embargo, se demuestra que si hay libre comercio ambos pa-ses pueden ganar, ya que se especializarn respectivamente en la produccin del producto con co-sto interno inferior. Con los mismos recursos que anteriormente, en la situacin de libre comercio se puede producir ms, gracias a la especializacin, y se puede llegar a acuerdos sobre los precios de intercambio que favorezcan a ambos pases. Ese ncleo de la teora econmica del comercio internacional que ha permanecido invariable durante doscientos aos.

    La rplica proteccionista no se hizo esperar. El argumento proteccionista ms importante es el de la industria nia. Los costos de produccin varan con el tiempo. Si un pas no protege su industria naciente, nunca llegar a conseguir los volmenes de produccin que abaraten costos mediante economas de escala.

    As ha estado el debate sobre el comercio libre durante mucho tiempo. Desde el Sur se ha insistido sobre el hecho que el comercio libre oculta un Intercambio Desigual, por dos razones. La primera, sealada por el economista argentino Prebisch, es el deterioro de la relacin de intercambio, es decir, el hecho que haga falta cada vez ms sacos de caf o de azcar para comprar un mismo pro-ducto industrial importado. La segunda, sealada por economistas marxistas, es que la exportacin de productos primarios (agrcolas o minerales) desde pases pobres a cambio de productos indus-triales (o servicios) de los pases ricos, implicaba intercambiar muchas horas de trabajo mal paga-do por pocas horas de trabajo bien pagado.

    A ese debate se aade ahora argumentos de la economa ecolgica. Veamos un ejemplo actual e importante, el acuerdo del NAFTA entre Mxico y Estados Unidos. Cabe hacer el anlisis siguien-te. En Estados Unidos el precio del petrleo es relativamente barato, a pesar de que Estados Uni-dos se ha convertido en uno de los grandes pases importadores de petrleo. Desde el punto de vista mexicano, la situacin es paradjica. Mxico exporta petrleo barato a los Estados Unidos. Es barato porque no tiene en cuenta los costos ecolgicos en las zonas de extraccin de Campeche y Tabasco, ni los costes de las emisiones de CO2 (y NOx), y adems el precio implcitamente infra-valora la futura demanda de petrleo en Mxico. Tal como estn ahora las cosas, Mxico exportar petrleo barato a Estados Unidos y a cambio importar productos (como por ejemplo maz) produ-cidos en parte mediante el petrleo mexicano barato. Ese maz de EEUU tiene escaso inters gen-tico ya que es hbrido, y en parte requiere un flujo de recursos genticos mexicanos hasta ahora

  • Curso de economa ecolgica 119

    gratuitos (ya que el sur de Mxico es un centro original de biodiversidad del maz). Las exporta-ciones de maz de EEUU estn y estarn subvencionadas por lo menos en la medida que sus pre-cios no incluyen ninguna partida a cuenta de los costos ecolgicos. Estas exportaciones menosca-barn la produccin campesina de maz en el sur de Mxico, que es ms eficiente en trminos de su escaso uso de energa de los combustibles fsiles y es biolgicamente ms interesante.

    Diversos grupos de activistas ecolgicos en los Estados Unidos han puesto su mira exclusivamente en los efectos potenciales de NAFTA para incrementar la produccin de la industria maquiladora al otro lado de la frontera y tambin otras actividades econmicas como la produccin de algunas frutas y verduras que tienen normas ambientales ms laxas en Mxico que en ese pas. Ciertamente es una cuestin importante, como tambin lo es la exportacin de atn desde Mxico (pescado con mtodos que suponen la muerte de delfines) y la posible exportacin de residuos domsticos e in-dustriales desde EEUU a Mxico. Pero los temas ms importantes de la discusin econmico-ecolgica de NAFTA deben ser, por su volumen, los costos ambientales de las exportaciones bara-tas de petrleo de Mxico y la amenaza a su sistema agro-ecolgico y a su seguridad alimentaria.

    Se dice que la poltica de comercio libre redunda en beneficio de ambos pases ya que el maz de Estados Unidos se produce de manera ms eficiente que el de Mxico, pero de hecho cmo po-demos hablar de eficiencia sin un acuerdo previo acerca de la medida de la productividad agrcola, al tomar en cuenta el uso de combustibles fsiles y la prdida de biodiversidad de la agricultura moderna? Tal vez el mejor sistema combinara la superioridad ecolgica de la agricultura mexica-na tradicional (que sin embargo est excesivamente basada en el duro trabajo humano) y la supe-rioridad econmico-crematstica de la agricultura de EEUU (que no cuenta las externalidades ne-gativas que produce). La crtica ecolgica contra la economa agrcola convencional deja mucho espacio a distintos puntos de vista polticos ya que la crtica ecolgica muestra que los precios es-tn mal puestos, pero es incapaz de decir cules son los precios ecolgicamente correctos que in-ternalizan las externalidades.

    As pues, no cabe despreciar la crtica ecolgica como si se tratara de una excusa para el proteccio-nismo nacionalista cerril, ni tampoco se trata de defender desde el ecologismo unidades biorregio-nales autrquicas cerradas a cal y canto contra los productos y ciudadanos extranjeros. Por el con-trario, desde la propia ecologa debe argumentarse que el transporte horizontal de elementos pre-sentes en exceso en un territorio que sean limitantes (en el sentido de la ley de Liebig) en otro terri-torio, har aumentar la capacidad de sustentacin conjunta. Por supuesto, el transporte horizontal no es gratuito, y una buena contabilidad incluira sus costos ecolgicos (que sern muy distintos si el transporte es en avin o por camin y autopista o en ferrocarril o por barca en canales o barco en alta mar).

    As, al poner en Mxico un impuesto sobre el petrleo mexicano y al poner en Estados Unidos un impuesto sobre la produccin agrcola realizada con tecnologas modernas, los flujos de comercio estaran basados entonces en ventajas absolutas o comparadas ecolgicamente corregidas. Pero tales impuestos chocan con la ideologa del comercio libre expresado en NAFTA, y no estn en el orden del da poltico en Estados Unidos a causa de los impactos distributivos que tendran. Se contempla, si acaso, un impuesto sobre el petrleo a cobrar en EEUU, y no en Mxico, y la cons-ciencia de que la agricultura de los Estados Unidos usa tecnologas sucias con muy negativos im-

  • 120 Textos bsicos para la formacin ambiental

    pactos ambientales, no est an generalizada. Esos impuestos podran seguramente convertirse en tema de discusin poltica en Mxico donde ha habido tradiciones algo marchitas de agrarismo poltico, desde Zapata, y de nacionalismo petrolfero, desde el Crdenas de los aos 30, que enlaza-ran fcilmente con la nueva consciencia ecolgica.

    El caso de la NAFTA no es ms que un ejemplo de un problema mucho ms general. Ya sea que el comercio se ample a todo el mundo o en determinados bloques regionales, los efectos ambientales probablemente sern nocivos. En el GATT (que es un Acuerdo General sobre Aranceles y Comer-cio, al cual ahora ha sucedido, tras la Ronda Uruguay, la Organizacin Mundial de Comercio) se ha argumentado equivocadamente que el comercio libre es bueno para el ambiente porque estimula el crecimiento econmico, y eso proporciona dinero para limpiar dicho ambiente. Hay alguna rela-cin entre el crecimiento econmico y el ambiente limpio, que hemos visto al estudiar (Mdulo I-2) la relacin entre pobreza y diversos indicadores ambientales. Pero hay muchos casos contrarios: cunto ms ricos, ms basura domstica e industrial, ms energa nuclear, ms emisiones de di-xido de carbono.

    Dejemos pues a un lado el argumento de que el comercio estimula el crecimiento econmico, y veamos los argumentos ecolgicos directos contra el aumento del comercio. En primer lugar, el costo ecolgico del transporte: ntese por ejemplo la reaccin social en Austria y en Suiza contra las externalidades causadas por el incremento de trfico en la CE, con transportes tan absurdos como el de camiones de tomates holandeses hacia el sur de Espaa. En segundo lugar, el dumping ecolgico, es decir, el comercio se hace a precios que no incluyen costos ecolgicos. Hay dumping ecolgico del Norte al Sur y del Sur al Norte. Ciertamente es difcil, imposible en realidad, incluir en los precios los costos ecolgicos exactos. Pero los costos ecolgicos existen. Veamos algunos ejemplos europeos:

    - Las exportaciones agrcolas de los Estados Unidos y tambin las de la CE estn directamente subsidiadas pero tambin lo estn indirectamente ya que no se incluyen los costos de la prdi-da de biodiversidad, el gran insumo energtico, la contaminacin del suelo y agua, la erosin.

    - Las exportaciones de electricidad de Francia, ahora liberalizadas dentro de la CE, no incluyen los costos actuales y futuros de la energa nuclear. Cunto vale hoy un kilovatio-hora nuclear exportado desde Francia si incluimos los efectos negativos del plutonio dentro de 24000 aos?

    - Las exportaciones de gas de Argelia y de Rusia hacia la CE no incluyen en sus precios los cos-tos de las emisiones de dixido de carbono, xidos de nitrgeno, etc., e infravaloran la deman-da futura de energa.

    En el mundo y en la Amrica Latina est creciendo la conciencia de que el fomento de las exporta-ciones, en la presente ola poltica neoliberal y tambin como necesidad impuesta por el pago de la deuda financiera externa, lleva a veces a una degradacin ambiental. Sin remontarse a pocas en que no exista comercio libre sino imposicin colonial (lo que llev a la extraccin sin contraparti-da de recursos agotables, como la plata de Potos), hay conciencia de expoliacin en pocas poste-riores de comercio libre. Por ejemplo, el guano del Per fue exportado entre 1840-80 a ritmos ms rpidos que el de su renovacin y con un beneficio exiguo para el pas. Las exportaciones de mine-rales no slo han supuesto agotar recursos sino tambin producir una enorme cantidad de externa-

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    lidades negativas, costos que no estn en modo alguno incorporados en los precios o royalties per-cibidos. Las propias exportaciones agrcolas han supuesto una exportacin de nutrientes del suelo, no valorada. Histricamente, las discusiones sobre el intercambio desigual han destacado dos cues-tiones: el trabajo mal pagado de los pobres lleva a que las exportaciones de los pases pobres sean baratas y, en segundo lugar, el deterioro de la relacin de intercambio. Hay que aadir ahora la nocin nueva del intercambio ecolgicamente desigual, del cual ha surgido una deuda ecolgica que posiblemente ser reclamada con ms y ms fuerza.

    Si uno cree, como parece plausible creer, que el flujo de energa y materiales mal pagados ha ido en general de los pases pobres del Sur hacia los pases del Norte, entonces el desequilibrio ecol-gico de ese comercio ha hecho nacer una deuda ecolgica del Norte hacia el Sur. No ha habido an suficientes intentos de cuantificacin, pero hay mucha conciencia de que hay una excesiva presin de las exportaciones sobre los recursos. As en Chile recin se public un libro (del Instituto de Ecologa Poltica) con el ttulo explcito de El tigre sin selva.

    Otra fuente de la deuda ecolgica proviene, no del comercio ecolgicamente desigual, sino de la ocupacin de espacio ambiental por los pases ricos de forma exagerada respecto a su poblacin o territorio. Es decir, los pases ricos exportan residuos a otros territorios sin pagar nada a cambio. Por ejemplo, han exportado mucho dixido de carbono.

    La deuda ecolgica tiene pues un aspecto territorial, pero tambin tiene un aspecto intergeneracio-nal. ya que estamos echando una carga sobre el ambiente cuya neutralizacin (si es posible) impli-car un costo en el futuro, y adems descapitalizamos la naturaleza al agotar recursos que seran tiles en el futuro.

    IX.2. La Internacionalizacin de la internalizacin de las externalidades

    Recordemos que la palabra externalidades se refiere a los impactos ambientales cuyos valores no son recogidos por los precios del mercado, permanecen externos al mercado. Por tanto, sera anacrnico llamar externalidades a los efectos de la llegada de la viruela, el sarampin, los cerdos y las ovejas de Castilla y otra materia viviente europea a Amrica en 1492 o poco despus, ya que las protestas indgenas contra esas irrupciones no pueden ser calificadas de respuestas so-ciales a las externalidades pues los mercados libres no eran la institucin dominante para la explo-tacin de los recursos y de la fuerza de trabajo humana de Amrica hasta mucho despus. En otras palabras, la extraccin de recursos naturales y la insercin de sustancias contaminantes o poco saludables (como el mercurio de Huancavelica para la amalgama de la plata en Potos, o el mercu-rio extrado en Almadn y exportado a ultramar para la amalgama de la plata mexicana) a veces provocaron quejas de la poblacin afectada pero la palabra externalidades slo es apropiada en un sistema de mercado generalizado.

    Nos percatamos de que algunos efectos son externos al mercado slo cuando el mercado se extien-de a casi todas partes, y entonces nos preguntamos acerca de las consecuencias de esos fallos de valoracin del mercado sobre la asignacin de los recursos y servicios ambientales, y tambin nos preguntamos sobre los cambios en la distribucin del ingreso si esos recursos y servicios ambienta-les fueran adecuadamente valorados. Pero en Huancavelica hubiera sido anacrnico discutir el

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    principio de el contaminador paga, los trabajadores de la mita no tenan una posicin legal que les permitiera reclamar y no se haban inventado an ni los mercados de licencias de contaminacin ni los impuestos pigouvianos. Dicho de otro modo, la Raubwirtschaft (la economa de rapia, segn la denominacin de cierta escuela geogrfica) es mucho ms antigua que el sistema de mercado generalizado; la cuestin interesante es entender que la Raubwirschaft acta ahora sobre todo a travs del sistema de mercado, y preguntarnos si continuara actuando incluso a travs de un mer-cado ecolgicamente ampliado que diera significacin y valoracin crematstica a las externalida-des.

    Veamos algunos ejemplos muy recientes de externalidades causadas por compaas transnaciona-les cuya valoracin est en discusin. La cuestin no es nueva; basta recordar el accidente del pe-trolero Torrey Canyon en las costas de Bretaa que dio lugar a un pleito muy largo y finalmente a indemnizaciones considerables. Pero, deben esos pagos fijarse segn los valores sociales y eco-nmicos del pas de origen de las compaas que producen las externalidades, o deben fijarse a precios locales? Un par de casos actuales en Ecuador plantean claramente la cuestin.

    Cul es el verdadero valor de un barril de petrleo de la Texaco o de una caja de bananos? Eso depende, entre otras cosas, del valor de los daos causados. No hay tal valor verdadero. No hay precios ecolgicamente correctos aunque pueda haber precios ecolgicamente corregidos. El valor atribuido a las externalidades negativas es un producto de las instituciones sociales y de los con-flictos distributivos. En principio, si las personas perjudicadas son pobres (o de futuras generacio-nes), entonces las externalidades sern ms baratas, pero la internacionalizacin de la internaliza-cin de las externalidades proporciona interesantes contra-ejemplos.

    Texaco estuvo involucrada en la extraccin de petrleo de la parte norte de la Amazona ecuatoria-na desde inicios de los aos 1970 hasta 1990. Han sido reclamados daos por 1500 millones de dlares, por derramamiento de petrleo, deforestacin, y molestias diversas a la vida comunitaria de indgenas y colonos locales. Una comparacin posible es que los daos ya pagados por el de-rrame del petrolero Exxon Valdez en 1989 en la costa de Alaska, de ms de 7 mil millones de d-lares. Otra posible comparacin sera los daos en Tabasco y Campeche, en Mxico, donde la compaa de petrleo ha sido nacional aunque los consumidores del petrleo mexicano, como los del ecuatoriano, son en buena parte extranjeros. O los daos de la Shell en territorio Ogoni en Ni-geria.

    El caso de Texaco est ahora (a principios de 1995) bajo consideracin en una corte federal en Nueva York, donde hay tambin reclamaciones de indgenas del Per, aguas abajo del Napo. Texaco extrajo cerca de 1000 millones de barriles de petrleo en el Ecuador durante ese periodo. As, los daos reclamados representan cerca de 1.5 dlares por barril, alrededor de un 10 por ciento del valor bruto de las ventas. El estado ecuatoriano (que dio la concesin original a Texaco), no es un actor en el litigio en la corte de Nueva York. Al contrario, el gobierno del Ecuador est tratando de llegar a un acuerdo separado con Texaco (por valor, a lo que parece, de unos 15 millones de dlares) por el cual Texaco pagara la restauracin de algunos daos reversibles y algunas indem-nizaciones (en la forma de puestos de salud, etc.) para las comunidades perjudicadas. Texaco en-tonces argumentara en la corte de Nueva York que ya haba cumplido. Pero la corte parece que

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    rechazara el argumento, pues los actores del caso no son el gobierno de Ecuador, sino colonos e indgenas.

    La corte federal de Nueva York estar en la posicin de decidir si la distribucin del ingreso debe-ra o no influir en el precio de las externalidades (como ocurri en el caso de Bhopal y Union Car-bide). Pero si hay un acuerdo fuera del tribunal y en Ecuador (como sucedi en la causa civil de Bhopal) eso es tambin interesante. Tal vez los daos sern evaluados en slo un centavo de dlar por barril extrado. Por qu un precio tan barato? Tal vez porque se aplica el principio los pobres venden barato, de Lawrence Summers.

    Hay actualmente en 1995 otro caso judicial, de menor volumen, presentado por sindicatos de Ecuador y otros pases, en una corte en Texas, contra Standard Fruit, Dow Chemical, la Shell y otras compaas, por el uso de un pesticida aplicado en las plantaciones de banano (DBCP), el cual ha causado esterilidad masculina. Este caso surgi en Costa Rica en primer lugar, pero ha habido reclamaciones tambin en Honduras y muchos otros pases. En Costa Rica hubo xito en lograr indemnizaciones, al llevar el caso a una corte de Texas hace ya algunos aos. En Ecuador, hay unos 500 trabajadores indentificados que padecen esterilidad a causa de aplicaciones de DBCP entre 1965 y 1985, y se sospecha que hay tal vez miles, siendo Ecuador el primer productor de banano del mundo, y siendo el DBCP un producto incluido en el paquete tecnolgico que las com-paas que comercializan el banano inducan a utilizar a los finqueros locales. Cunto vale la este-rilidad masculina? Hay sobre todo un dao moral, debera pagarse a precio de Estados Unidos o a precio del Ecuador?

    La existencia de externalidades depende de si los derechos de propiedad (reconocidos o meramente reclamados) han sido perjudicados; en este caso, no hay duda que los trabajadores son propietarios de su propia salud, pero el valor de la externalidad (en la escala crematstica de valoracin) depen-de de la distribucin del ingreso. Tal como lo expres hace un par de aos Lawrence Summers (que era entonces economista principal del Banco Mundial): "La medida de los costos de una con-taminacin que dae la salud depende de los ingresos que se pierden a causa de la mayor morbili-dad y mortalidad. Desde este punto de vista [es decir, desde el punto de vista de la eficiencia asig-nativa y no desde el punto de vista de la equidad, JMA], una determinada cantidad de contamina-cin daina para la salud debera ser colocada en el pas con salarios ms bajos" ("Let them eat pollution", The Economist, 8 Febr. 1992).

    La corte de Texas podra decidir contra la lgica del mercado, quiz fijando los perjuicios a precios de Estados Unidos dado que los daos han sido causados por empresas norteamericanas, por deci-siones tomadas en Estados Unidos. Probablemente en Ecuador como en Colombia podran existir casos similares por daos a la salud en la produccin de flores para la exportacin.

    El caso de los trabajadores bananeros es una externalidad fcil de valorar porque los daos son slo sobre humanos (aunque tal vez el DBCP haya causado otros daos) y slo sobre la actual ge-neracin. Puede incluso parecer que unos cientos o miles de casos de esterilidad masculina pueden ser individualmente muy graves pero no constituyen un gran mal social. En el caso de la Texaco se dieron posiblemente daos muy importantes de difcil valoracin, porque afectan a otras especies y a las prximas generaciones. La prdida de biodiversidad, si la ha habido, implica una prdida de valor de uso actual? implica prdida de valores de opcin y de valores de existencia? Cmo valo-

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    rar la prdida de valores culturales de los grupos indgenas daados? Incluso podra considerarse la contribucin innecesaria de la Texaco al aumento del efecto invernadero por su decisin de quemar el gas de los pozos petroleros1 . En el caso de la Texaco, los derechos de propiedad sobre los bienes ambientales y sociales daados no estn tan claros como en el caso de la salud de los trabajadores bananeros.

    Podra haber muchos otros casos parecidos a esos dos en Ecuador. Por ejemplo, en el Per podra haberse iniciado juicios internacionales en casos de contaminacin por dixido de azufre en fundi-ciones de cobre, tanto en La Oroya en los aos 1920 (con-tra la Cerro de Pasco Copper Corporation) como actualmente en Ilo (contra la Southern Peru Copper Corporation). Posiblemente esos casos hubieran sido aceptados en los tribunales de Estados Unidos, o tal vez no lo hubieran sido. As pues, en conclusin, tales casos internacionales son ejemplos muy interesan-tes de las arbitrariedades (o ms bien, de las influencias sociales, institucionales, no mercantiles) en la valoracin de las externalidades.

    IX.3. La discusin actual sobre el aumento del efecto invernadero. Propuestas para la reduccin de emisiones de dixido de carbono.

    En la conferencia internacional de Ro de Janeiro de junio de 1992, los gobiernos de los pases ricos vean an la absorcin de CO2 proporcionada por los ocanos y la nueva vegetacin como un bien de acceso libre, disponible ilimitadamente para el primero que la use, segn la sim-ple regla de captura. Por el contrario, algunas voces inteligentes y bien informadas del Sur (concre-tamente Anil Agarwal y Sunita Narain, del Centro de Ciencia y Medio Ambiente de Nueva Delhi) argumentaron a favor de instituir derechos de propiedad bien definidos, repartidos por igual entre toda la humanidad, sobre la funcin de ocanos y nueva vegetacin como sumideros de CO2, de manera que la gente pobre que use poco esa funcin (ya que emiten poco CO2) pudiera vender a los ricos la parte que le corresponde y que no usa. Naturalmente, hay diversas cuestiones: si los pobres se hacen ms ricos, habr cuotas disponibles? cul ser su precio? Qu autoridades ingresaran los ingresos por las cuotas, a qu fines los destinarn?

    Sin duda hay muchos movimientos locales contra las externalidades y por ejemplo fcilmente po-dra hacerse un estudio comparativo de las quejas y acciones sociales contra el dixido de azufre desde Ro Tinto en 1888 a La Oroya en el Per hace setenta aos hasta Purac en el Valle del Cau-ca en Colombia e Ilo en el sur del Per en tiempos recientes. Ahora bien si los movimientos ecolo-gistas son respuestas sociales a las externalidades, existen movimientos mundiales o regionales contra el aumento del efecto invernadero? S, aunque no son exactamente movimientos de masas: por ejemplo, las propuestas de los Verdes del Parlamento Europeo (y en varios estados europeos del norte) a favor de un impuesto sobre las emisiones de dixido de carbono y el uso de energa (el eco-impuesto o eco-tax) y tambin las propuestas desde la India de Agarwal y Narain. Los movi-mientos ecologistas se caracterizan por su pequea escala y esto ha sido considerado una virtud: piensa globalmente, acta localmente. Pero el calentamiento global requiere una accin global y

    1 Judith Kemerling, Crudo amaznico, Abya Yala, Quito, 1993.

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    hay dificultades para articular una respuesta basada en grupos de accin local, y as en la Amrica Latina no ha habido una respuesta gubernamental conjunta ni una respuesta social de las ONG al calentamiento global. Hasta 1995, el tema ha estado ms bien en manos de expertos y de gobier-nos.

    Cuando la Comisin Brundtland se volvi a encontrar en Londres un par de meses antes de la Conferencia de Ro de Janeiro de junio de 1992, hizo valerosamente un llamamiento a reducciones concretas en la emisin de gases invernadero, pero la misma Gro Harlem Brundtland asisti des-pus a la conferencia oficial de Ro como una de las principales protagonistas en este gran acto de indecisin. El acuerdo a que se lleg en Ro es tan dbil que, por ejemplo, pudo ser firmado con total legalidad por el gobierno espaol, a pesar que este gobierno haba anunciado pblicamente en Madrid y en Ro que las emisiones espaolas de CO2 (que por persona estn por encima de la me-dia mundial, y muy por encima de la mediana mundial) se incrementarn sustancialmente. En el informe oficial espaol para la UNCED destac el aumento del 25% en las emisiones de CO2 en la generacin de electricidad en los prximos diez aos. En la CE, Espaa se opuso a la propuesta del Comisario Europeo para el Medio Ambiente, Ripa di Meana, de imponer un eco-impuesto de unos 10 dlares por la energa equivalente a barril de petrleo (que incluira la energa nuclear, pero que excluira las energas renovables). Ya antes los verdes europeos haban propuesto un eco-impuesto de 20 dlares sobre la energa equivalente a un barril de petrleo. A causa de los conflictos distri-butivos entre los gobiernos europeos, y a causa de los procedimientos de decisin dentro de la CE, sta no pudo llevar a Ro una decisin unilateral sobre el eco-impuesto, Ripa di Meana se enfad tanto que se neg a asistir a la conferencia de Ro. Su idea era confrontar a los Estados Unidos y Japn con una decisin europea, para que se vieran forzados a seguirla, ya que en caso contrario quedara perjudicada la competitividad comercial europea. Finalmente, la CE se comprometi nicamente a mantener el nivel de emisiones de dixido de carbono de 1990, e incluso no es segu-ro que se llegue a este modesto objetivo. La eco-tax est ahora, en 1995, polticamente moribunda, como tambin lo est en los Estados Unidos la BTU-tax (es decir, un impuesto sobre energas de combustibles fsiles) que la administracin de Clinton y Gore trat de introducir sin gran empeo. La poltica europea y de Estados Unidos se inclina ahora ms bien hacia la llamada implementa-cin conjunta, que consiste en impulsar proyectos de reforestacin en pases del Sur, con la idea que esa nueva biomasa absorbe precisamente el dixido de carbono proveniente de Estados Unidos o Europa. No hay sin embargo tecnologa disponible para identificar de donde procede el dixido de carbono absorbido. La implementacin conjunta plantea pues indirectamente la cuestin de los derechos de propiedad sobre la capacidad de absorcin de CO2 por la nueva vegetacin o por los ocanos, cuestin inicialmente planteada por Agarwal y Narain.

    Un eco-impuesto no significa que sepamos dar un valor actual ecolgicamente correcto que inter-nalice las externalidades futuras e inciertas. Un impuesto es simplemente un instrumento tcnico (al mismo nivel que un sistema de normas legales y multas o un sistema de permisos comerciables de contaminacin) que busca una reduccin de las emisiones. Este objetivo de reduccin debe ser fijado fuera del mercado, a travs de un debate cientfico-poltico en un terreno de incertidumbres factuales y cientficas y de poltica de intereses. As, la cuestin no es la internalizacin de las ex-ternalidades en el sistema de precios (lo cual es imposible en el caso de tratar con acontecimientos futuros e inciertos), y fijar entonces prioridades segn las indicaciones de un mercado ecolgica-

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    mente ampliado. La cuestin es ms bien poner lmites ecolgicos a la economa (a travs de un debate abierto y democrtico en el plano cientfico y poltico), y forzar luego a la economa a per-manecer en estos lmites gracias a una mezcla de medidas polticas, sin excluir la medidas basadas en la operacin del mercado. Esta conclusin, que ha sido expuesta en otros momentos de este Curso, es muy pertinente para la cuestin del aumento del efecto invernadero.

    Naturalmente, un eco-impuesto sobre el petrleo, el gas o el carbn, en los pases importadores, que se aada a los impuestos existentes, irritara a los pases exportadores. La demanda de com-bustibles fsiles bajara, y precisamente esta es la razn para que se ponga un impuesto con la intencin de hacer disminuir las emisiones de CO2. Los precios de exportacin no aumentaran sino al contrario, a causa de la disminucin en la demanda. Para los pases exportadores de petr-leo, muchos de los cuales (Mxico, Nigeria, Argelia, Rusia, Indonesia, Irn, Irak, Ecuador, Vene-zuela) son ms pobres que los Estados Unidos, la CE y el Japn, el lugar exacto para fijar y recau-dar el impuesto es en la extraccin. Esta es la razn por la que en Ro (1992) y e Berln (1995)hubo una gran oposicin a actuar contra el efecto invernadero por parte de algunos gobiernos de los pa-ses exportadores de petrleo. Los ingresos de los eco-impuestos, seran usados para disminuir otras formas de presin fiscal en los pases ricos? Se encargaran las Naciones Unidas de recoger el eco-impuesto y canalizarlo en programas de ayuda a los ms pobres del mundo? De hecho, el eco-impuesto puede convertirse en una seal para que la OPEP aumente el precio del petrleo, pero la mayora de pases de la OPEP (y otros pases exportadores de petrleo como Ecuador y Mxico, que estn fuera de ella) saben que seguramente carecen de suficiente poder oligoplico.

    Derechos de propiedad e implementacin conjunta

    En Europa occidental y en EEUU el eco-impuesto es el instrumento principal de poltica ambiental contra el aumento de efecto invernadero que ha estado en discusin. El principal gas con efecto invernadero es el dixido de carbono, pero tambin los CFCs contribuyen a l, adems de ser los principales agentes del adelgazamiento de la capa de ozono que filtra la radiacin ultravio-leta del sol. Por tanto, desde los pases ricos, dada la realidad de los acuerdos internacionales para disminuir rpidamente los CFCs, puede argumentarse que sa es su contribucin, de momento, a reducir el calentamiento global. Pero el argumento no convence a todo el mundo. En efecto, el fa-moso panfleto de Agarwal y Narain titulado Global warming: a case of environmental colonia-lism (1991) argumentaba convincentemente que toda la reduccin de gases con efecto invernade-ro debera correr a cargo de los pases ricos. El objetivo es disminuir las emisiones de CO2 de la economa humana de manera que no excedan la capacidad de absorcin de los ocanos y de la nueva vegetacin. Esta funcin de sumidero es insuficiente actualmente para capturar las emisio-nes de CO2, aunque en el pasado se bastaba. La distribucin de las emisiones de CO2 por persona es muy desigual segn los pases y dentro de cada pas, histrica y actualmente. El World Resour-ces Institute de Washington (que no debe confundirse con el Worldwatch Institute del Lester Brown) haba propuesto antes de Ro una poltica de reducciones proporcionales para todos los pases. Agarwal y Narain argumentaron, por primera vez en la larga historia social del efecto in-vernadero, que la capacidad de los ocanos y de la nueva vegetacin como sumideros de CO2 debe-ra pertenecer por igual a todas las personas. Agarwal y Narain propusieron que la gente con emi-siones bajas no estuviera sometida a ninguna reduccin, y quienes tuvieran emisiones altas sufrie-

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    ran reducciones ms que proporcionales. Adems los pases o regiones con emisiones inferiores a la parte que les corresponda de la capacidad de limpieza de la Tierra (esas partes se determinaran segn la poblacin) podran vender la cuota que no usen a otros pases o regiones. Presentaron pues una propuesta para instituir un mercado internacional de licencias comerciables de emisiones de CO2.

    Ciertamente, los pases grandes como China o la India aparecen en la tabla mundial de emisiones de CO2 por pas entre los primeros, pero la URSS ha desaparecido ahora al desmembrarse en sus naciones: lo que importa son las emisiones por persona. Es necesario tambin tener en cuenta otros gases de efecto invernadero, como el metano. Podra asimismo discutirse la propuesta de Agarwal y Narain por cuanto en vez de penalizar el crecimiento de la poblacin ms bien lo favorece. Efec-tivamente es as, y para contrarrestar este efecto, deberan adjudicarse las cuotas segn la pobla-cin actual, sin que puedan aumentar despus. Histricamente, el hecho demogrfico ms notable si miramos los ltimos 500 aos desde una perspectiva continental comparada, es la expansin de la poblacin europea en Europa y en ultramar, sobre todo en Amrica a causa del colapso demo-grfico de la poblacin nativa tras 1492, pero si miramos un periodo ms reciente, entonces la con-clusin es que las poblaciones no-europeas crecen ms. Polticamente, se abre una discusin sobre cul es la fecha de partida para calcular aumentos de poblacin.

    La dimensin histrica de la disputa sobre el efecto invernadero tiene otros aspectos. Ya hace cien aos que se conoce el aumento del efecto invernadero a causa del aumento de emisiones de CO2, pero ese conocimiento cientfico pas socialmente desapercibido, seguramente porque la opinin cientfica ms difundida sobre el aumento antropognico del efecto invernadero fue durante mucho tiempo positiva, desde los propios escritos iniciales de Svante Arrhenius. Esa ignorancia social-mente construida acerca del impacto negativo no es una excusa vlida para los pases ricos que han echado tanto CO2 de los combustibles fsiles a la atmsfera. Deben responsabilizarse. Hay por tanto una deuda ecolgica de los ricos hacia los pobres, y no slo a cuenta del CO2 sino tambin de los CFC.

    Los pobres a travs de su uso desproporcionadamente bajo de la funcin de sumidero de CO2 de la Tierra, han contribuido a la sustentabilidad. Estas contribuciones no se han visto remuneradas en el mercado ya que no hay derechos establecidos sobre tales servicios ambientales. En Ro se perdi la oportunidad de establecer tales derechos, como un paso hacia acuerdos efectivos sobre el efecto invernadero. Sin embargo, si estos derechos fuesen establecidos, restara an la cuestin de deter-minar sus precios. La desigualdad y la pobreza seguramente deprimiran sus precios de oferta, pero el impacto que la propuesta de Agarwal y Narain tendra en la distribucin del ingreso en caso de implementarse, es difcil de averiguar. Si las emisiones de CO2 por persona en el mundo se rebaja-ran al promedio de las personas de la India, entonces sobrara capacidad de limpieza de la Tierra a travs de los ocanos y nueva vegetacin. Si, menos estrictamente, las emisiones de CO2 por per-sona se rebajan al nivel agregado que coincide con esa funcin de sumidero del CO2, entonces la mayor parte de miembros de la humanidad estaran todava por debajo de la parte que les corres-ponde, que podran reservarse para usarla, o que podran vender, siempre que existan jurdicamen-te derechos iguales. Posiblemente, dada la pobreza de la India y otros pases en posicin similar, el precio de oferta de esas cuotas sera barato. Aun si suponemos que la reduccin de CO2 para los ricos sea tan costosa (en trminos de los costos de lograr un aumento de la eficiencia del uso de

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    energa y/o de reducir la produccin) que la demanda de tales cuotas de emisin de CO2 sea alta, en cualquier caso, si los pobres compiten entre s para venderlas y el precio de oferta es barato, entonces los ricos, incluso si estn muy deseosos de comprarlas, pagarn poco y disfrutarn de un gran excedente del consumidor, o tal vez surgiran intermediarios. Si el Sur actuara conjuntamente, podra conseguir un mejor precio.

    La conferencia de Berln de marzo de 1995 no logr objetivos concretos de reduccin de CO2. Se discuti la implementacin conjunta, es decir, subvencionar desde el Norte la reforestacin en el Sur, para absorber una pequea parte del CO2 emitido desde el Norte.

    Pero si hay implementacin conjunta cmo no reconocer entonces los derechos de propiedad sobre la absorcin de CO2 hasta ahora realizada?

    Hay la cuestin adicional de los efectos intergeneracionales. No hay garantas que el mercado eco-lgicamente ampliado en el que se expresan las preferencias actuales vaya a dar suficiente impor-tancia a las necesidades futuras. Los que an no han nacido no pueden participar en el mercado, ya sea ecolgicamente ampliado o no. Las tasas de descuento implcitas pueden ser demasiado altas, no slo a causa del egosmo sino tambin a causa del exagerado optimismo de quienes confan en el progreso tcnico y el crecimiento econmico. Ahora bien, la propuesta de Agarwal y Narain no requiere dar un valor crematstico actualizado a los daos producidos por el cambio climtico. De lo que se trata es de ponerse de acuerdo polticamente en un objetivo de reduccin, o lo que es lo mismo, de lo que se trata es de conceder una cuotas de emisin de gases invernadero repartidas igualmente y equivalentes a ese objetivo determinado polticamente fuera del mercado, y luego instituir un mercado de tales cuotas.

    IX.4. La conservacin de la biodiversidad silvestre y agrcola. Los derechos de los agricul-tores.

    Con el trmino biodiversidad se designa un triple objeto: la variedad de los ecosistemas o hbitat, la variedad de especies, y la riqueza gentica de esas especies. Estamos an muy distantes de inventariar las especies que existen en el planeta, que son tal vez diez o quince millones, y la investigacin de la composicin gentica recin se inicia. Parece que, debido a la desaparicin de las condiciones existentes en diversos hbitat, el planeta est padeciendo un proceso de rapidsima extincin de especies, similar a otros episodios anteriores a la evolucin y aparicin de la especie humana, cuyas causas fueron naturales. Lo que caracteriza a la actual extincin masiva de especies es que su causa es el impacto humano.

    Las advertencias de los bilogos poco a poco han calado en la conciencia social y poltica, y de ah que en la conferencia de Ro de Janeiro de junio de 1992 se firmara una Convencin sobre Biodi-versidad, cuyo camino hacia su vigencia general est siendo bastante difcil. Esta Convencin in-siste mucho en el Acceso Mercantil a los Recursos Genticos, como si regular el acceso fuera el camino mejor para la conservacin.

    La biodiversidad es un recurso muy valioso para la humanidad; basta pensar en los recursos gen-ticos agrcolas (las miles de variedades de plantas cultivadas, seleccionadas desde los diversos

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    Neolticos), tambin los recursos genticos pecuarios, forestales y, ms recientemente, pisccolas. Recordemos tambin las muchas plantas medicinales, usadas en la medicina tradicional o que han servido de base de productos comerciales. Las comunidades indgenas han tenido un papel muy relevante en la conservacin y co-evolucin de tales recursos. Pero la mayor parte de la biodiversi-dad no tiene un valor utilitario actual, es de hecho desconocida. Su mayor valor es un valor de op-cin, de cara al uso futuro, y tal vez sobre todo un valor de existencia que nace de la falta de dere-cho de la humanidad a destruir esa biodiversidad. El valor de existencia surge de una disposicin moral o tica humana, lejos de una valoracin utilitaria. Este aspecto fue poco destacado en la Convencin de Biodiversidad.

    La Convencin de Biodiversidad aboli la idea que los recursos genticos eran patrimonio de la humanidad. Reconoce el derecho soberano de los Estados sobre los recursos en sus propios territo-rios, menciona favorablemente el papel de los pueblos indgenas en la conservacin de la biodiver-sidad agrcola y silvestre pero no les reconoce derechos de propiedad colectivos sobre su biodiver-sidad. La cuestin de la propiedad sobre tales recursos queda abierta, pero se recomienda que los Estados la regulen prontamente ya que la Convencin de Biodiversidad quiere asegurar un acceso regulado a tales recursos. En eso se unen los intereses de las compaas farmacuticas y de semi-llas (a las que se abre la perspectiva de la ingeniera gentica de las nuevas biotecnologas, y que quieren pues garantizarse el acceso a la biodiversidad) con la irritacin muy comprensible de los pueblos cuyos recursos biolgicos han sido explotados gratuitamente por investigadores o empre-sas extranjeras. En efecto, hasta recientemente la biodiversidad ha sido exportada desde el Sur al Norte sin recibir apenas nada a cambio. Y, es ms, los productos desarrollados a partir de esa bio-diversidad han estado protegidos por patentes (si son productos farmacuticos) o por sistemas sui generis (el sistema UPOV, si son plantas cultivadas). La injusticia es obvia.

    INBio-Merk

    De ah los muchos elogios hacia los recientes intentos de meter la biodiversidad en el mercado, como en el acuerdo entre INBio de Costa Rica, que es una organizacin paraestatal, y Merck. El debate est planteado. De un lado, la decisin de conservacin, obteniendo ingresos adicionales si se puede. De otro lado, la va del acceso comercial a la biodiversidad como instru-mento privilegiado para conseguir la conservacin. Se plantea la siguiente pregunta: el acceso co-mercial a los recursos genticos ser remunerado suficientemente como para que la conservacin de la biodiversidad pueda competir con otros usos de la tierra? Concretamente, la remuneracin recibida en Costa Rica por el contrato de Merck y otros contratos similares (del orden de unos po-cos dlares por hectrea protegida a cambio de permitir el acceso a muestras de material gentico inventariado por el INBio), ms los ingresos del eco-turismo, realmente permiten competir contra la industria de extraccin de madera? Que esos contratos son buenos para la conservacin del IN-Bio, quin lo duda? Adems ayudan, como una propina, a la conservacin de la biodiversidad, una vez tomada la decisin de proteger ciertas reas y una vez incurridos esos costos directos y esos costos de oportunidad. Pero eso es muy distinto a sostener que la biodiversidad es un recurso de enorme valor crematstico actual que es fcil de adquirir, procesar y convertir en miles de millo-nes de dlares, y que el acceso y valoracin comercial es el mejor camino para conservar la biodi-versidad. Eso no es as, seguramente, ni incluso para las variedades agrcolas, bien conocidas, de

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    la agroecologa tradicional, sometidas a un rpido proceso de erosin gentica. Mucho menos lo es para la biodiversidad silvestre, apenas conocida.

    Veamos pues con mayor detalle el acuerdo INBio-Merck de 1992, como ejemplo de esa pretendida va comercial para la conservacin de la biodiversidad. El World Resources Institute tpicamente ha elogiado ese "acuerdo reciente entre una compaa farmacutica importante y Costa Rica (que) merece ser ampliamente copiado", pero el acuerdo caus inquietud en Amrica Latina, entre otras razones porque Costa Rica comparte recursos genticos con los pases vecinos. El acuerdo implica, por supuesto, que se reconocen los derechos sobre los recursos genticos (silvestres, en este caso) que ya no son patrimonio de la humanidad sino del Estado costarricense (operando el INBio en un rgimen informal similar a una concesin), pero de otro lado el acuerdo no garantiza que la con-servacin de la biodiversidad sea capaz de competir contra otros usos de la tierra que den una ren-tabilidad mayor en el mercado. El acuerdo prev que se pague un milln de dlares en dos plazos a cambio del acceso a una gran cantidad de muestras de recursos genticos de una gran rea protegi-da de Costa Rica, y adems que se pague un royalty sobre los productos comerciales que Merck eventualmente desarrolle a partir de esos materiales. Es un precio barato. A menos que haya otras costosas medidas de conservacin, una reglamentacin legal, una vigilancia policial, pagadas por las autoridades de Costa Rica, adems del inters que una parte de la poblacin local pueda tener en la conservacin, el pequeo incentivo crematstico aportado por la Merck sera insuficiente para impedir la deforestacin y la erosin gentica. Ahora bien, es normal que Costa Rica venda barato. Y Merck no comprar caro porque, mientras la conservacin de la biodiversidad es una cuestin para miles y millones de aos, Merck tiene un horizonte temporal que, como empresa farmacuti-ca, no va ms all de cuarenta o cincuenta aos.

    Colocar los recursos naturales en el mercado no ha sido ciertamente una va para su conservacin, sino todo lo contrario. En el caso de la biodiversidad se argumenta con razn que lo que se pone en el mercado no es el recurso en s sino la informacin gentica. Las plantas o insectos no se expor-tan, no se trata de un episodio como el de la cascarilla o rbol de la quina, o el guano y la anchove-ta, o tantos otros en la historia de la Amrica Latina. La pregunta pues no es si el mercadeo de la biodiversidad llevar a su destruccin directamente, sino ms bien si el incentivo crematstico de ese mercadeo (protegido por nuevos derechos de propiedad intelectual favorables a los pases del Sur), ser suficiente para conservar las grandes reas que deberan ser protegidas, en la Amazona por ejemplo. Si la lgica de la conservacin es ahora la lgica del mercado, y si resulta que la bio-diversidad de momento da poco dinero no llevar esa decepcin a una destruccin aun ms rpi-da?

    Derechos de los agricultores

    En cuanto a la biodiversidad agrcola y los llamados derechos de los agricultores recono-cidos por la FAO, hay que recordar que los recursos genticos para la agricultura se han desarro-llado en muchos lugares del mundo (sobre todo en los centros originales de diversidad, identifica-dos por Vavilov) a lo largo de milenios a travs de los mtodos tradicionales de seleccin y mejora de plantas, fuera del mercado. Los derechos de propiedad sobre tales recursos genticos, y su valo-racin, se han convertido en temas polticamente muy disputados. Nos preguntamos: hay movi-

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    mientos ecosociales contra la erosin gentica, en favor de la biodiversidad agrcola? Aparte del trabajo de los etnobotnicos y de las instituciones agronmicas (estn o no agrupadas en el CGIAR) existe ahora un creciente movimiento agroecolgico (por ejemplo CLADES en Amrica Latina) que incluye organizaciones campesinas en pases pobres, y que predica la conservacin y la continua co-evolucin de la biodiversidad agrcola in situ. Piden el pago de derechos de los agri-cultores (que no son patentes, ni derechos de propiedad intelectual), como un incentivo y recom-pensa a la conservacin de la biodiversidad agrcola. El pago de derechos de los agricultores com-pensara a esos agricultores tradicionales por el sacrificio crematstico que hacen ahora o harn ms tarde al negarse a introducir las variedades comerciales y las prcticas agrcolas modernas que frecuentemente son ms remuneradoras. Se plantea la cuestin de cul ser el precio de esos dere-chos de los agricultores y quin percibir esos ingresos.

    La amenaza a la biodiversidad agrcola proviene sobre todo de la extensin del mercado, y del hecho que las decisiones de produccin estn cada vez ms guiadas por las prioridades indicadas por los precios. Al triunfar la crematstica sobre la oikonomia, el criterio de decisin es la ganancia en el mercado, y si sta aumenta al introducir las tcnicas de la agricultura modernas y las llama-das variedades de alto rendimiento (que habra que llamar ms bien variedades de alta respuesta a inputs exteriores), entonces las variedades tradicionalmente mejoradas tendrn sus das contados. Se discute pues ahora, desde hace poco tiempo, el valor que la biodiversidad agrcola tiene y tendr en el futuro (como activos de capital natural cultivado que no puede ser sustituido por los produc-tos de la moderna seleccin de plantas o de la ingeniera gentica), si ese valor que el mercado no recoge debera tener una traduccin crematstica, y quin debera embolsarse esos ingresos mone-tarios.

    Hay tambin la cuestin de la complementariedad entre la biodiversidad agrcola y la biodiversi-dad silvestre. La vocacin principal de organizaciones como el World Wildlife Fund va hacia la biodiversidad silvestre, que tambin goza de atencin preferente, por encima de la biodiversidad agrcola y agroforestal, en las estrategias de conservacin de la IUCN. Los recursos genticos agr-colas son un capital natural cultivado, y no son substituibles por el equipo de capital (incluidas las semillas mejoradas) que se usa en la agricultura moderna; a su vez ese capital natural cultivado necesita el complemento del capital natural, es decir los parientes silvestres en las mismas especies de las plantas cultivadas. Como hemos visto, una cuestin que se planteaba hasta hace poco es si los recursos genticos en general (los silvestres, los de las variedades tradicionales mejoradas, los de las variedades modernas y los de la ingeniera gentica) deben ser comercializados o deban continuar siendo patrimonio de la humanidad. Los recursos genticos producidos por la seleccin y mejora tradicional de plantas y recolectados en los campos, hasta hoy no han sido pagados; en cambio las empresas que venden semillas mejoradas modernas insisten en cobrar, y los productos de la ingeniera gentica no slo sern vendidos sino que estarn monopolizados a travs de un sistema de patentes. Adems, el Convenio sobre Biodiversidad firmado en Ro reconoci por un lado que son los campesinos e indgenas quienes preservan y usan los recursos genticos desde tiempo inmemorial, pero dej (inicialmente) fuera una parte crtica de la biodiversidad del planeta: la depositada en los bancos genticos nacionales e internacionales. La inclusin de esta parte del germoplasma en el mbito del tratado sobre biodiversidad forzara a los pases industrializados que lo suscribieron a compartir los beneficios de las semillas desarrolladas a partir del germoplasma

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    recolectado en esos bancos, atentando con ello a los intereses comerciales de las grandes compa-as de semillas.

    El reconocimiento por la FAO hace ya veinte aos de los llamados derechos de los agricultores no es equivalente a reconocer derechos de propiedad intelectual. Pareca que los derechos de los agri-cultores seran ms bien como unos honorarios por servicios profesionales. Otra analoga: mientras las patentes o los derechos de autor, las marcas comerciales, o en general los derechos de propie-dad intelectual, son monopolios de los inventores o creadores, como incentivo a la creatividad y una recompensa a la inversin de tiempo y dinero, hay otras formas de remunerar las invenciones, como las primas, premios y honores. Los derechos de los agricultores perteneceran, al parecer, a esas categoras. Desde el punto de vista de la economa, la cuestin es dar el incentivo necesario para asegurar la conservacin y el desarrollo de la biodiversidad agrcola.

    Un cambio masivo en las preferencias de los consumidores podra compensar la ventaja econmica que ahora favorece la adopcin de modernas tecnologas que causan erosin gentica. Esto puede darse lentamente a travs de la conciencia ecolgica y de la educacin de los consumidores. De todos modos, como muchos de los daos causados por la moderna agricultura slo se notarn a largo plazo, mucho depende del peso que la generacin actual d a las necesidades inciertas de las generaciones futuras. Es as como el conflicto entre la economa y la ecologa se nos presenta y se nos presentar mucho tiempo, por tanto la cuestin de los derechos de los agricultores como pago por unos recursos ambientales especficos tambin estar en la agenda poltica durante mucho tiempo. En cualquier caso, quin sera el receptor de los derechos de los agricultores?, las orga-nizaciones de agricultores?, los agricultores individualmente?, los gobiernos? La discusin ms actual sobre la implementacin de los derechos de los agricultores no implica que se vaya a crear un gran fondo de ayuda a la agricultura tradicional en todo el mundo. Al contrario, parece que la discusin (aplicando equivocadamente la teora financiera del portfolio ptimo de activos) va en-caminada a crear una especie de museos in situ de agricultura tradicional en algunas pequeas reas seleccionadas del mundo.