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Libro Asesinos Musicos Luis Felipe Lomeli

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  • Asesinos, msicosy otros personajes

    para recorrer Mxico

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  • Consejo Nacional para la Cultura y las Artes

    Gobierno del Estado de Colima / Secretara de Cultura

    Asesinos, msicosy otros personajes

    para recorrer Mxico

    Selecciny eplogo

    LUISFELIPE

    LOMEL

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  • Consejo naCional parala Cultura y las artes

    Rafael Tovar y de TeresaPresidente del Consejo Nacional para la Culturay las Artes

    Sal Jurez VegaSecretario Cultural y Artstico

    Antonio CrestaniDirector Generalde Vinculacin Cultural

    Mara EugeniaAraizaga CalocaDirectora General de Administracin

    Portada: escena de la obra Entre Parntesis,producida por Teatro Rodante. Fotografa Javier Flores

    D. R. 2015 Gobierno del Estado de Colima / Secretara de CulturaCalz. Galvn Norte esquina Ejrcito Nacional s/nTel. (312) 31 3 06 08 / C.P. 28000 / Colima, Col.

    Impreso y hecho en Mxico / Printed in MexicoProhibida su reproduccin total o parcial sin autorizacin del autor.

    Gobierno del estadode Colima

    Mario Anguiano MorenoGobernador Constitucionaldel Estado

    Rafael Gutirrez VillalobosSecretario Generalde Gobierno

    Rubn Prez AnguianoSecretario de Cultura

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  • 5En materia cultural, Colima se convirti en un referente. Desde el inicio de este sexenio, nos propusimos hacer del arte y la cultura un bien comn entre los colimenses. Nuestro sueo fue poner al alcance de todas las miradas la mayor cantidad de actividades de tipo creativo y artstico. Abandonamos los recintos cerrados y convertimos cada plaza o jardn en el sitio de reunin y disfrute del arte. A la par, abrimos las puertas del Teatro Hidalgo y del Teatro de Casa de la Cultura para que la mayora de las presentaciones fuesen gratuitas.

    Estos ideales los llevamos a su mxima expresin cuando concebimos el Mes Colimense de la Lectura y el Libro. Con este programa nos propusimos hacer del acceso al libro y su lectura un derecho. En 5 aos, publicamos poco ms de 547 mil libros. La mayora de ellos distribuidos casa por casa. Textos seleccionados minuciosamente para

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  • atraer lectores, para generar posibilidades de lectura de autores clsicos de carcter universal y mexicanos, para explorar la literatura de Colima. No fue una tarea sencilla recorrer el estado, casa por casa, o intervenir vialidades con nuestras brigadas y sus frases de aliento lector, pero el nimo se mantuvo intenso.

    La tareas culturales pueden ser efmeras. Quiz alguien, maana o pasado, deje en el olvido estos ideales que hemos compartido con los colimenses. Sin embargo, quedarn por ah, entre los libreros de los hogares de Colima y entre las ideas y conceptos de muchos colimenses los poemas de Octavio Paz, los ensayos de Alfonso Reyes, las historias de Gregorio Torres Quintero, los sonetos de Griselda lvarez o Sor Juan Ins de la Cruz, las crnicas de Miguel Galindo, los versos libres de Agustn Santa Cruz, las evocaciones marinas de Balbino Dvalos, los desvaros de Arcadio Ziga, los cuentos clsicos de Bradbury, Faulkner, Quiroga y Poe, las historias de Francisco Hinojosa, Bernardo Fernndez o Jorge F. Hernndez.

    El libro que ahora tienes en tus manos es producto de los esfuerzos y las tareas culturales que hemos enumerado. Hazlo tuyo a travs de su lectura.

    Rubn Prez Anguiano Secretario de Cultura

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  • ndice

    Raquel Castro11 Msica, maestro!

    Fernanda Melchor17 La delgada lnea

    Rogelio Guedea21 El amor que yo quera contar

    23 Supermercados25 Futbolito

    Mnica Lavn27 A qu volver?

    Omar Nieto33 Fuga para una ciudad sitiada

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  • Alberto Chimal39 Veinte de robots

    Rafael Acosta Morales55 Consejo paterno

    Iris Garca Cuevas61 Tampoco esta noche

    Antonio Ramos Revillas65 Bruce o las trampas de Verne

    Julin Herbert75 Cabeza de perro

    Liliana V. Blum81 El cerdo burgus

    Socorro Venegas89 El fuego de la salvacin

    Cristina Rascn93 Se venden historias

    Alejandro Paniagua97 Ram

    Federico Vite107 La lentitud enferma

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  • 119 Eplogo

    123 Fichas biogrficas

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  • 11

    No es nuevo eso de que suban msicos al camin, que toquen o canten una o dos piezas y que pidan una cooperacin. Es ms: por razones sentimentales, yo sola darles una moneda a los que tenan cara de hippies y tocaban a Sabina o Delgadillo. Pero el asunto comenz a complicarse cuando ya no era un joven greudo y barbn con su guitarra el que nos amenizaba el viaje, sino tros y hasta cuartetos. A veces uniformados.

    Es, hasta cierto punto, entendible: de algo tenemos que vivir y la libre competencia urge a estos intrpretes a ser originales y crear un sello personal, de ah los trajes especiales y las pistas grabadas. Adems, tengo que admitir que no me di cuenta de la evolucin de la msica de colectivos sino mucho despus, el da en que nueve jarochos vestidos de blanco, con jarana, arpa y marimba incluidas, se subieron al camin en el que me diriga a la escuela.

    RAQUELCASTRO

    Msica, maestro!

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  • 12

    Me pareci excesivo, pero mi pensamiento se perdi en el laberinto de la poltica econmica global y no volv a acordarme del asunto durante un par de meses, hasta que, en la misma ruta, subieron los mismos jarochos.

    Bueno, no eran exactamente los mismos: ahora traan dos bailarinas, un coregrafo y al tcnico de las luces.

    A partir de ese da empec a poner atencin en las intervenciones musicales de los colectivos que abordo: quintetos pop, mariachis, coreografas de musicales de Broadway... y no me escandalic de todo eso, porque me considero progresista y me da gusto ver las formas alternativas de ganar dinero que se van inventando las personas. A fin de cuentas, prefiero que suban a cantar (aunque hagan playback) a que asalten el colectivo.

    Sin embargo, hace un par de semanas ocurri algo que hizo que mi forma de viajar por la ciudad cambiara radicalmente.

    Era una escena tpica: un microbs no muy lleno: todos los asientos ocupados, pero apenas unas seis o siete personas paradas. El fondo del vehculo estaba acaparado por una seora con huacales (con patos, pollos y un guajolote) y una pareja de adolescentes que se besaba sin inhibiciones.

    Yo canturreaba aquello de un elefante se columpiaba para tratar abstraerme de las cumbias a todo volumen (favoritas de todo conductor que se respete). Iba en el trigsimo cuarto elefante cuando paramos en un crucero

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  • 13

    de sos de altos interminables. Ah, un joven vestido de smoking subi al micro y pidi permiso de subir a pedir una cooperacin. El chofer se encogi de hombros y apag su estreo. Los pocos pasajeros que iban de pie, acostumbrados a las intervenciones artsticas de la ruta, instintivamente se movieron para dejar espacio en el pasillo.

    Slo que el joven no traa ni guitarra, ni acorden, ni grabadora. Lo nico que hizo fue sacar de su bolsillo algo que en el momento me pareci una antena de auto o una aguja para tejer, e hizo con la extraa herramienta una sea hacia la calle.

    Subi otro joven de etiqueta, cargando una silla y un violn. Dej la silla en el piso y dio la mano solemnemente al de la aguja de tejer o varita mgica (pensndolo mejor, pareca ms una varita mgica que una antena de coche). Entonces subieron varios ms, todos con sus sillas y con diversos instrumentos: ms violines, violas, oboes, flautas y hasta platillos y un tringulo.

    Con modales impecables, el de la batuta (al ver tantos instrumentos entend que eso era la varita), le pidi al chofer que abriera la puerta de atrs. Otros dos jvenes de smoking entraron por ah con un piano vertical que pudieron meter solo a medias.

    Entonces, a una seal del de la batuta, comenzaron a sonar los acordes de la pera Carmen. Por el quemacocos baj una mujer muy gorda, vestida de gitana, seguida

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  • 14

    por un fulano bastante feo disfrazado de torero. El feo y la gorda cantaron apasionadamente. Actores entraban por donde podan y cantaban sentidas arias, mientras los tramoyistas se descolgaban por las ventanillas abiertas, haciendo verdaderos milagros para mantener en su sitio la escenografa pintada a mano.

    Perfectamente integrado con la meloda, un toro meti el morro por una ventanilla para resoplarle amenazadoramente al pobre hombrecito de traje gris que lea su peridico en ese asiento.

    Segundos despus, el del peridico dio cuenta de que el bovino slo quera ver las noticias deportivas mientras le tocaba participar en la puesta en escena, as que con resignacin le comparti el diario.

    El director de la orquesta vial pareca encaminarse al xtasis mientras los msicos se concentraban en su ejecucin. Para algunos era un poco difcil porque no haban alcanzado silla y estaban sentados en las piernas de los pasajeros; por ejemp