La Humanidad Doliente de Carlos Parra Del Riego

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La Humanidad Doliente de Carlos Parra Del Riego

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LA HUMANIDAD DOLIENTE DE CARLOS PARRA DEL RIEGO1. EL AUTOREn Sanatorio (1938) Carlos Parra del Riego (Lima. 1896-1939) presenta el universo de un hospital de tuberculosos, como lo harn tambin Pedro del Pino Fajardo, en Sanatorio al desnudo (1941), Miguel A. Martnez, Vctor Modesto Villavicencio y otros narradores en cuentos y relatos breves, pero con menos bro y menos calidad literaria. Ms que un documento testimonial, la novela de Parra del Riego es una recreacin potica del drama ntimo y tierno de la vida del protagonista y los dems pacientes all internados. El libro abarca el periodo de un ao y pico. Se desarrolla en forma lineal y se basa en la acumulacin de historias y ancdotas. Junto con la propia peripecia del narrador, se refiere la de otros personajes, creando as un entramado novelesco fascinante, en tomo a unas vidas irremisiblemente condenadas a morir, El autor sabe conferirle movimiento y color artstico a esa desconsoladora realidad.Carlos Parra del Riego fue un periodista y escritor que vivi mucho tiempo fuera del pas. Rebelde y amable, pinturero y tico, realista y discreto, irnico y fino -sobre todo, observador y psiclogo-, dice su amigo Emilio Delboy, escriba como hablaba, trasuntando su hermoso carcter. Gran parte de la obra de este malogrado escritor est desperdigada en revistas y diarios extranjeros. Los nicos libros que se conocen de l son la novela citada y el libro de cuentos Por qu mat al nio (1939), publicados casi pstumamente. Delboy, en el prlogo de ste, dice que Sanatorio es la crnica, en forma episdica, de todo lo que vio y sufri, durante su agona lenta, entre las paredes, blancas de cal. de una clnica provinciana. En buena cuenta es el relato de la propia tragedia del autor, sin ser por ello una autobiografa estricta. Poco antes de morir, Paira del Riego estaba empeado en componer una novela poltica, en tomo a la penetracin del fascismo en el Per. En puertas ya Sanatorio, y listo m , volumen de cuentos -le refiere a Delboy-, quisiera disponer un ao ms de vida, para escribir la novela que ronda mi cerebro y darle fin a mi obra. Y, luego, le inquiere: No te parece, Emilio, que hay que combatir el peligro con el libro?. Lastimosamente, el escritor falleci en Huancayo, en enero de 1939, antes de ejecutar este acariciado proyecto.2. EL DRAMA PERSONALEl sujeto del enunciado narrativo es un escritor limeo, culto, liberal y demcrata, que hace gala de su saber y de sus aventuras. He mariposeado -dice- por las artes y las letras, y he ejercido adems todos esos vagos oficios que ayudan a vivir un momento (p. 27). Reconoce paladinamente que su juventud estuvo entregada a los placeres, a la buena vida y al puro disfrute: Fui slo un hedonista, atento al goce inmediato, peregrino de las sendas fciles, pasajero de todas las posadas del amor sin amor... Yo he sido el joven inadvertido y confiado, el hombre que soaba con los ojos abiertos din querer despertar. Y el despertar al fin ha sido tan violento, que he rodado al abismo; un tal abismo del que no es posible salir sin magulladuras incurables (p.20). De nio, dice, haba sido un soador empedernido(p. 20), con una imaginacin ardiente (p.21). Ahora, no es ms que un hombre escptico y sin fe.La llegada del protagonista al hospital es de lo ms penosa, pues nadie lo espera. No es la primera estacin donde nadie aguarda mi llegada, confiesa y agrega, con aire resignado: Quizs sea ste mi ltimo viaje (p. 12). De entrada no ms, debe guardar cama, durante un mes, aunque le disguste. Comprende que no est en su casa, donde sus deseos eran rdenes, que se halla sometido a la disciplina de un establecimiento hospitalario. En las horas de descanso y monotona hace el balance de su existencia y vuelve una y otra vez sobre sus pasos. En rpida sucesin de imgenes evoca, sin querer, el pasado. Los das felices, las horas de llanto, los instantes veloces de la dicha, los tropiezos del camino que no obstante, recorr con pie liviano y frvolo (p. 19). Todo el relato est escrito en primera persona, pero en ningn caso utiliza el monlogo interior o la corriente de conciencia, tcnicas que an no se haban impuesto en la escritura narrativa del pas. Por eso, las evocaciones constituyen simples intermedios o apartados.3. EL ESPECTRO DEL AMOREn el hospital, Fernndez conocer a una paciente joven, hurfana y de origen humilde, que no tiene ms familiares que una abuela y un primo que es guardia civil. La soledad infinita y el ansia de afecto harn que se aproxime a ella, a travs de una furtiva correspondencia epistolar, ya que en el sanatorio no est permitido ni el ms mnimo roce entre hombres y mujeres. Durante ms de un ao se vincular a ella mediante esta nica forma de comunicacin. Para l ser, sin embargo, un maravilloso consuelo que le permitir sobrellevar su encierro y alentar una brizna de esperanza en la vida.Cuando Mara es dada de alta, el protagonista le hace saber que ir a su encuentro a la estacin de Huancayo. Logra conseguir el permiso del director, a costa de someterse a un tratamiento que todava est en prueba (el neumotorax). En la ciudad de Huancayo alquila una habitacin en una msera posada, porque en los hoteles de primera no lo reciben por su ostensible enfermedad. Manda adornar la habitacin con flores y velas, para hacerla algo ms presentable. Cuando la ve descender del tren con su aire modesto y recogido -dice-, una pena de ternura llen .mi corazn. Mi pobre y dulce amiguita! (p. 304). La lleva a pasear por el campo, donde disfrutarn un da de compaa y libertad. En la noche se dirigen al hotelucho. Este es el pasaje ms atroz. Lo que pudo ser un momento de felicidad plena, se trocar pronto en el ms lacerante drama, cuando Fernndez descubra que el amor de ella haba sido slo un sentimiento de compaerismo, nacido del dolor y del desamparo.Fernndez entender que lo que Mara senta por l era nicamente gratitud y reconocimiento por sus cuidados y atenciones. Lo de ellos no haba sido pues sino la comunicacin de dos almas, que buscaban a travs del dolor, el consuelo de un afecto clido y generoso, ms parecido a la amistad por lo que sta tenia de abnegacin y altruismo, que el amor mismo (p. 163). Romanticismo puro.4. EL MUNDO DEL HOSPITALCasi toda la novela transcurre dentro del nosocomio. La ciudad apenas es entrevista. Jauja -dice el narrador- es una ciudad muerta. El novelista no se ocupa tanto de las circunstancias anteriores, ni de la descripcin de los paisajes y escenarios, por lo que se diferencia de las novelas regionales. En cambio, ofrece esplndidos cuadros y vietas, llenos de colorido y vivacidad, sobre el clima y la atmsfera.Vestida de oro, esplende la maana. Qu cielo tan lmpido, qu atmsfera tan pura! Respiro a pulmn henchido el aire oxigenado y salutfero, que perfuma con sita ve fragancia las flores del jardn. Ebrias de luz zumban las moscas, agitando sus tenues alitas de mica que irisa el sol. Parleros y traviesos, unos cuantos gorriones van y tornan de un rbol vecino a una charquita de cristal, donde se baan gozosamente, esponjando las plumas ms consteladas de lquidos brillantes. Se dira una banda de colegiales en da de asueto (p. 59).El sanatorio es un mundo increblemente cerrado y rgido donde todos los das se experimenta el dolor y la angustia. Tiene un no s qu de convento, una parte de hospital y mucho de prisin; es decir, algo de todos aquellos lugares que repugnan a los espritus libres (p. 46). Quienes ingresan all tienen que someterse a la disciplina y al rigor de los reglamentos que los frailes, monjas, enfermeros y veladores hacen cumplir estrictamente. Un viejo enfermero ret que no siempre fue as. En otros tiempos, dice los pacientes eran mejor tratados y la pasaban mejor (p. 239), aunque haba menos comodidades (el agua, por ejemplo, se traa de una fontana en grandes cubos sobre carretas). Al hospital llegan gentes de todos los estratos sociales: hombres de fortuna econmica que destruyeron sus vidas en la bohemia y la disipacin; obreros atacados por la enfermedad durante el trabajo brutal en las minas; soldados de origen campesino que contrajeron el mal en los cuarteles de la costa y la selva; hijos de sirvientas abandonados en manos ajenas, porque las madres no pueden tenerlos en casas donde trabajan. Y tambin luchadores sociales, como Barcia, que suea con salvar al Per (p.61). Hay otros personajes ms como Ramona, un ser que vive en el reino feliz de la simplicidad (p.g 76); el mago, absorto en el mundo de sus sueos y fantasas (p. 85) el Monito, joven alegre y dicharechero, cuya risa fresca y musical llegaba a nuestra triste vida como un don precioso (p. 2SS). Esta variopinta, diversa y abigarrada poblacin es la imagen lgubre de una sociedad terrible donde se explota y se aniquila a los hombres, para luego segregarlos y expulsarlos como desechos. Los internos son pagantes y gratuitos. En su mayor parte, son seres abandonados por quienes nada reclama y a quienes nadie visita slo algunos tienen el apoyo de sus familiares y reciben la visita de amigos. Los varones no pueden juntarse con las mujeres, quienes ocupan un pabelln aparte. Por lo general los enfermos son incurables durante meses viven postrados en cama, sin esperanza alguna de recuperar su salud. Mrtires annimos que nadie compadece, que nadie ensalzar maana, cuyos sufrimientos no figurarn en ninguna hagiografa, ni servirn de ejemplo a nadie (p. 122). Ellos viven resignados al rgimen cuartelado. Los que protestan o se quejan son expulsados inmediatamente, como les ocurre a los cuatro soldados que reclaman sobre la mala alimentacin. Unos esperan con paciencia y fervor que les llegue la muerte, otros se desesperan, blasfeman y gritan ante la presencia de ella.4. LA VISIN DEL NARRADORLo mejor de la obra es el enfoque y el punto de vista literario. El narrador pinta con mucha agudeza y penetracin a las autoridades y a los religiosos que regentan el sanatorio. Su visin es crtica e irnica, propia de un hombre de mundo, limeo y cosmopolita. Lo que ms atrae en la novela es esta perspectiva desde la cual el protagonista-narrador ve las cosas: su conmiseracin, su' ira, su manera de burlarse y rer. El director es un funcionario frio o inhumano, siempre predispuesto a darle toda la razn a sus subalternos; el Capelln prefiere irse de cacera (su deporte favorito), antes que atender la solicitud de confesin de un paciente moribundo; los enfermeros y veladores son, a su vez, sujetos despiadados que, con escalofriante impasibilidad, dejan morir a los pacientes. Las mismas religiosas no estn all para aliviar el dolor y la pena de los internos: Ellas slo acuden solcitas al lecho de los moribundos, armadas de su baldecillo de agua bendita, para poner en fuga a la legin de diablos que ronda a los agonistas (p. 144). La predica religiosa, no deja de tener respuesta favorable en muchos pacientes. A pesar de cierto exterior de escepticismo y descreimiento, palpita en los ms un sincero fervor religioso. Las enseanzas del hogar, el temor a Dios adquirido en la infancia, el recuerdo de la piedad materna que junta las manos de los nios en la primera oracin, todos esos sentimientos que yacen como dormidos en lo ntimo de la conciencia, afloran de repente mudando el nimo de los que aparentan mayor impiedad.La vida en el hospital es naturalmente montona y gris. La rutina slo se rompe algunos das del ao, cuando se celebran los carnavales, las procesiones o las fiestas de cumpleaos del director; o bien, los domingos, cuando los pacientes salen a pasear, si es que no estn impedidos de hacerlo El da de salida constituye un suceso dichoso, ansiosamente esperado, p. 175).La descripcin de las diversiones adquiere un tono pattico, casi tragicmico. La fiesta del carnaval es un espectculo penoso, que linda con lo grotesco. Los enfermos se preparan con anticipacin (confeccionan sus mscaras y disfraces, arman el mueco de o Carnavaln. alistan las antorchas, colocan cadeneteas, etc.). La salida de la comparsa es una escena tremendamente alucinante y melanclica: Ya casi haba oscurecido cuando, la grotesca procesin se puso en marcha. Una orquesta de cuerdas, tocando aires populares, glosaba las cabriolas de los enmascarados, que avanzaban chillando en falsete y haciendo mil alharacas y festejos. Las llamas oscilantes de las antorchas despeinaban al viento sus densas cabelleras de humo y le prestaban al cuadro una apariencia fantstica, casi irreal, pesadillesca como la visin de un Goya atormentado que hubiese querido reproducir en los tintes de una amarga irona lo que haba de macabro y an de lgubre en aquel cortejo de tsicos desesperados de alegra que, en buena cuenta, pirueteaban cada cual en tomo a su propia fosa (pp. 91-92). Lo ms pattico es que, cuando al final del desfile los enfermos se disponen a bailar, las monjas dan de inmediato la orden de concluir el jolgorio.El narrador dir, con desconcierto y pesar: Encontraba grotesco, absurdo, sarcstico aquel afn de jolgorio que agitaba a los pobres enfermos, pues no comprenda entonces de cunto son capaces los humanos para lograr un pasajero instante de olvido (p. 89).La procesin del Seor de los Milagros es otra escena ttrica: Los hombres y mujeres reunidos acompaan la imagen con inmenso recogimiento: Todos rezan con igual devocin; una misma plegaria angustiosa y suplicante, palpita en todos los labios. Todos ruegan y esperan. Una infinita confianza en el poder taumatrgico del Seor alivia los corazones lacerados por el sufrimiento. Los cnticos adquieren una intensidad dramtica. Son voces que imploran y gimen, que reclaman y lloran, con acentos desgarradores, la misericordia divina. Hiertico y terrible en su augusta fealdad, el Cristo milagrero abre los brazos con la inexorable impasibilidad de los dioses sobre la multitud dolorida y gimiente que se arrastra a sus pies abatida de humildad (p. 289).5. PEQUEAS HISTORIAS DE PACIENTESLa novela est hecha de pequeas historias. La mayor parte de ellas son consternantes, pero tambin hay algunas que encierran inefables pasajes de alegra, de frenes y de felicidad. En algunos casos vienen a constituir relatos autnomos dentro de la novela. Entre ellos, descuella Vida, pasin y muerte del Capitn Pantoja, cuento realista, festivo y dramtico, que refiere las descabelladas aventuras de un militar mujeriego, jugador e irresponsable. Pantoja es un tipo que tiene la viveza innata propia de las gentes color y que finca su alta vanidad en sus mritos varoniles (p. 208). Un buen da, cansado de la disciplina institucional, abandona el hospital, cuando faltaban pocos meses para curarse. Alquila un departamento en la ciudad y busca una querida. Se pasa las noches jugando a las cartas y se entrega la vida desordenada. Era -dice el narrador- la piedra de escndalos de la pacifica Jauja, cuyo ritmo sosegado turbaba con sus francachelas y desbordes (p. 212). A los cuatro meses lo devuelven al hospital con una terrible hemoptitis, convertido en poco menos que un cadver. Las monjas lo instan a reconciliarse con su esposa, de quien estaba separado. El da de los funerales ser piadosamente acompaado por las dos mujeres.La novela pasa constantemente de la narracin personal a la narracin de otras vidas y acontecimientos. Varias de estas historias son sumamente trgicas y desgarradoras, como la de la sirvienta y su nio enfermo que no quiere separarse de ella o la del obrero que ve morir a sus hijos con tuberculosis, o la de los cuatro soldados que son arrojados del sanatorio (insurreccin militar), relato que Alberto Escobar incluir en su antologa de la narracin en el Per. Hay tambin historias fantsticas de aparecidos, como el de la mujer que llora y la del muerto que no quiso morir.El autor no se limita pues a exponer los hechos: los analiza, los juzga y los comenta, ofreciendo siempre su punto de vista personal. Es all donde radica el inters y la seduccin de la novela. Es una pintura, a veces tierna y dolorosa, a veces burlona, irreverente y sarcstica. El narrador se mueve entre lo dramtico, irnico y lo potico. Todas sus pginas estn atravesadas de una visin melanclica y sombra.LITERATURA DEL SIGLO XXPor ManuelJ. BaquerizoLas novelas de la reginI. Visin preliminarEn los ltimos aos se puede advertir una justificada preocupacin por dar a conocer a los estudiantes nuestra literatura. Lo cual es plausible. Pero, se trata, claro est, de hacerles leer obras de calidad y no de atiborrar sus mentes con una retahila de ttulos de libros y nombres de autores. Si lo que se busca es que los alumnos se ejerciten en la lectura, que enriquezcan su vocabulario y afinen su lenguaje, que tengan una imagen del mundo a travs de las obras de ficcin y que en fin, sientan gusto por el arte de la palabra, lo que hay que hacer es ofrecerles un repertorio amplio y, a la vez selectivo.En las notas siguientes queremos valorar algunas de las novelas que podran servir para los fines antes indicados y las cuales no deberan dejar de ser conocidas y ledas, tanto por los alumnos como por sus propios maestros de la especialidad. Antes, hagamos un recorrido histrico del asunto.Desde 1861, en que se public S bueno y ser feliz, hasta los aos recientes, en que aparecen Ximena de dos caminos (1994) y Pas de Jauja (1993), se editaron no menos de treinta novelas, pertenecientes a escritores de la regin. Si bien no todas son dignas de figurar en el parnaso de la creacin literaria, cabe al menos mencionarlas como esforzados antecedentes del gnero en nuestro mbito.La primera novela la escribi Ladislao Graa, un espaol que se haba radicado en Jauja, algunos aos despus de la Independencia. Fue publicada por entregas, en La Revista de Lima, que fundara y dirigiera Manuel Pardo, quien tambin se establece en la provincia cerca de dos aos, donde conocera al autor. A l se debe la edicin de esta novelita en Lima. Lamentablemente, fue muy pronto olvidada.Debieron transcurrir muchos aos para que Oscar O. Chvez d a luz La capilla de las rosas (1910) y Churinanay (1921), publicadas en Huancayo y Hunuco, respectivamente.Las tres novelas mencionadas son de escasa calidad artstica, sin embargo merecen ser recordadas, pues se trata de las primeras obras de ficcin que se escribieron en la regin e, incluso, en el pas. S bueno y sers feliz precede largamente a Aves sin nido (1889) y es casi coetnea de El padre Horn (1848), con lo que arranca la novela en el Per. Y las de Oscar O. Chvez, por su parte, son muy anteriores a la corriente indigenista de los aos veinte.EI inters que hoy puedan suscitar estos relatos seria exclusivamente de ndole histrica, pues constituyen valiosos y precursores testimonios de la realidad campesina del valle del Mantaro, importancia ms sociolgica que literaria, desde luego. Ladislao Graa en S bueno y sers feliz, hace una abierta denuncia de los abusos que se cometan con los indgenas al reclutar contingentes para engrosar las huestes de los caudillos militares que andaban siempre enfrentados en guerras internas. Graa alude en concreto, a las pugnas blicas que sostuvieron Castilla y Echenique en el valle. El abuso debi ser tan persistente y agobiador que Oscar O. Chvez volver sobre el tema, con trazos ms sombros y .naturalistas, en Churinanay. El mismo autor haba presentado antes, en La capilla de las rosas, un cuadro terriblemente espantoso del estado social del campesinado en la sierra central.En 1922 Jos Glvez publica La boda, novelita que ofrece, en prosa galana y modernista, una visin de la ciudad de provincia (en este caso, Tarma), donde el autor aplica sus teoras sobre la literatura regional y americanista. Aos despus, Fortunato Crdenas, en La llamita de Capia (1956) intentar hacer algo parecido, pero, con menor fortuna: o sea, retratar la ciudad, sus personajes tpicos y costumbres tradicionales.Los aos ms prdigos en novelas fueron, ciertamente, los del cuarenta. A esos tiempos corresponden las siguientes obras: Sanatorio (1938) de Carlos Parra del Riego; Sanatorio al desnudo (1941) de Pedro del Pino Fajardo; Deshojando la rosa (1941) de Sergio Quijada Jara; La tierra es el hombre (1942) de Serafn Delmar; Ms all de la trocha (1943) y En el Valle de Hunchar (1948) de Pilar Laa Santillana; La selva y la sierra (1945) de Carlos Z. Angulo: y Vidas frustradas (1946) de Modesto Villavicencio. Estas novelas describen el mundo de los pacientes del hospital de tuberculosos (Parra del Riego y del Pino Fajardo), el amor de un adolescente (Quijada Jara), la vida comunitaria y las luchas sociales (Laa Santillana y Delmar), la guerra con Chile (Carlos Z. Angulo), el trabajo infernal en las minas y el acontecer poltico (Villavicencio). En su mayora, son relatos de ambiente campesino y de tendencia social. Entre ellos, destaca La tierra es el hombre, por su vivida descripcin de una comunidad campesina del valle, su emocin paisajista y costumbrista, solamente empaada al final del libro por la desbordante pasin poltica del autor.Algunos aos despus, aparece El retoo (1950) de Julin Huanay, breve relato, cuyo protagonista es un nio y donde se encara por primera vez el tema de la migracin. A esta novela, le seguirn La puna y la selva (1950) de ngel Combina Roggia; El antro de las brujas (1956) de Alfonso Lazarte; Del barro naci la luz (1959), y Lobos y no corderos (1977) de Antenor Samaniego; Diosas (1959) de Antonio J. Saba; La cruz del mortal (1960) de Francisco Quispe Lpez; Madre cerrea (1967) de Ricardo Jurado Castro; Un romance en San Ramn de Pangoa (1972) de Nora Narrea; Jaujali (1980) de Hernn Villar; y El resplandor en el Huancamayo (1986) de Magdalena Espinoza Garca, entre otras. Igualmente, son relatos campesinistas y sociales, en los que se aborda la vida en la selva (ngel Combina y Narrea), el trabajo minero (Jurado), el rgimen feudal de la hacienda (Villar), la historia (Espinoza) y las costumbres de la aldea (Samaniego). En general, no pasan de ser obras menores, de estructura muy elemental y de lenguaje pobre.La novela urbana, moderna y de dimensin universal, se inicia, propiamente con El truco de los ojos (1978) y Ximena de dos caminos (1994) de Laura Riesco; y Pas de Jauja (1993) de Edgardo Rivera Martnez. Laura Riesco es la primera escritora que instaura la novela de la mujer en el Per. Son obras que se distinguen por la originalidad de su composicin, por la variedad de sus recursos tcnicos y la excelencia de su prosa artstica. En una encuesta reciente, efectuada por la revista Debate, fueron consideradas como las mejores novelas escritas en el pas durante la ltima dcada. A ellas se sumarn Ilusiones perdidas (1998) de Ernesto Ramos y La Muchacha de la sonrisa ms bella del mundo (1998) de Rafael Gutarra.No todos los autores nacieron en la regin, pero aqu vivieron y aqu hicieron su obra.En las prximas ediciones nos ocuparemos, en forma sucesiva, de cada una de las novelas seleccionadas.LAS NOVELAS DE LA REGIN.RETOO DE HUANAYPor Manuel J. Baquerizo1. NOVELA DE CARCTER FORMATIVOEl retoo de Julin Huanay, publicado en 1950, podra ser una novela de Iniciacin, gnero narrativo ya bien definido por la crtica europea. Tambin se le llama novela del aprendizaje y novela de educacin sentimental. A este tipo de narracin pertenecen David Copperfield, el Wilheim Meister de Goethe, el Juan Cristbal de Romain Rolland; y, en la literatura hispanoamericana, Don Segundo Sombra.Por su estructura, podra ser relacionada tambin con la novela picaresca (al menos, con El lazarillo de Tormes), gnero de narracin autobiogrfica que se caracteriza por el relato de hechos y acaeceres, sin una historia precisa. El personaje de El retoo es un nio de origen aldeano, socialmente humilde y culturalmente marginal. Juanito Rumi busca tener un sitio en el campo laboral, intenta pasar al mundo de los adultos e integrarse al espacio social y citadino. Despus de haber conocido todos los problemas de esta transicin existencial (el trabajo y las condiciones de vida en las minas, v. gr.), al final de la novela, su aventura se interrumpe bruscamente. El autor no indica el tiempo de duracin del relato, pero es fcil inferir que transcurre en pocas semanas. El protagonista no aumenta sensiblemente de edad, ni sufre grandes transformaciones. Solamente ha padecido la experiencia breve e inesperada de su noviciado proletario. El carcter inconcluso del relato -obra abierta- y el hecho de que no se diga nada sobre la derrota o el triunfo de Juanito Rumi, resulta muy significativo.2. EL TPICO DE LA MIGRACINEl retoo inaugura en nuestra narrativa la novela de viaje y migracin. Que sepamos, ningn relato haba hecho antes del peregrinaje un objeto de representacin literaria. En La tierra es el hombre (1942), de Serafn Delmar, se registra solamente un episodio incidental de migracin compulsiva a la selva. El retoo es la primera ficcin narrativa que habla del deslumbramiento que produce Lima en los nios aldeanos de la sierra y de la costa. El retomo del joven Vicente Salas, licenciado del ejrcito, es lo que provoca esta extraa fascinacin: Aprendimos muchas cosas que no habamos estudiado en la escuela. Nos asombr con la descripcin que hizo de las casas de cinco o ms pisos y de otras que estaban rodeadas de bellos jardines. Pero lo que ms nos deslumbr fue el relato que hizo del mar y de los buques grandazos del tamao de cinco cuadras. Hay que imaginarse el deslumbramiento de nosotros, nios aldeanos, que slo conocamos nuestro apacible Rio Mantaro y, a la distancia, el ferrocarril que cruzaba el valle... Aquellas narraciones eran para nosotros como la revelacin de un mundo fabuloso.Todas las noches, despus de escucharlo, nos marchbamos pensando en las maravillosas cosas que existan ms all de los cerros que circundaban nuestras aldeas... Fascinados por aquellos relatos muchos ansibamos fugar a Lima y entre ellos estaba yo que por entonces tena once aos" (p. 12).Desde el regreso del ex soldado al pueblo y luego de haber escuchado sus asombrosos relatos sobre la Capital, todos los nios (entre ellos, el protagonista de la novela) no piensan en otra cosas que en fugar a Lima (p. 12). La ilusin de conocer Lima ocupaba todos mis pensamientos" confiesa Rumi (p. 13). Con la afiebrada ventolera en el alma, se dedica a preparar diversos proyectos de huida. Claro que siente pena por abandonar a su ta, pero ms pesa la invencible atraccin que crece ardientemente en su espritu ("ansiaba conocer Lima", repite, con vehemencia, una y otra vez). El arriero que lo encuentra en su ruta, caminando solo, no se extraa de su resolucin y se limita a comentar: Todos los muchachos estn locos por irse a Lima" (p. 17). Uno de los nios que lo ayuda en La Oroya, tambin opina, con indisimulada ansiedad: Dicen que en Lima hay cines bien grandazos y bastantes aviones y autos (p. 48). En cambio, el panadero costeo que le ofrece un pequeo trabajo, le advierte: T no sabes lo que es Lima, por eso te quieres ir. Lima es una porquera. Todas partes es lo mismo para el pobre" (p. 55), tratando de desalentarlo.Al llegar, finalmente a la Capital. Rumi es invadido por una alegra intensa: Lima! Exclam alborozado. Me pareca increble" (p. 98). Pero, su jbilo ser momentneo, porque el engachador se lo lleva al poco instante a una hacienda algodonera. All se enfrenta a la burla y al desprecio de los negros y criollos. A estos desgraciados los traen como chanchos para hacerlos trabajar como burros" (p. 100), vocifera uno de ellos. En vez de la ciudad soada, el destino lo arroja a una plantacin como pen agrcola. Poco a poco, su ilusin se desvanece. Atacado por la enfermedad del paludismo, es trasladado a un hospital y abandonado en ese tugar. Luego del examen mdico, sale a la puerta del hospital, pero ya no encuentra al camionero que lo haba conducido ni a los otros peones. Nuevamente, se queda solo, sin saber a dnde ir. Todo es incierto. Y si no regresaban los peones y el camin, a dnde ira?, Se pregunta, desolado. Tena hambre. Tambin tena miedo a la gran ciudad desconocida que se alzaba frente a mi (p. 122). El nio es devorado por la gran urbe.No se sabe cul ser su suerte final, aunque queda flotando una vaga luz de esperanza, y un aliento de vida. En la nota introductoria, el autor (renunciando a la omnisciencia) escribe: Juanito Rumi, despus de hacemos esta primera narracin de su vida y ofrecemos continuarla se ha perdido en los intricados senderos de la vida. Lo encontraremos algn da? Ojal. Es nuestro mayor anhelo. La historia no se cierra definitivamente. Queda sin resolverse el enigma de su destino. No es sta la misma incgnita que palpita en el mundo real, entre los miles de migrantes que, desde entonces, llegaron torrentosamente a Lima y otras ciudades de la costa?. No en vano el autor advierte que los personajes de esta novela son reales" (p.9)3. VISIN LINEAL Y ORDENADA DEL MUNDO.El protagonista de la novela es un nio inocente e inexperto que mira la ciudad como un paraso y que no tiene todava el estado de nimo perturbado por el enfrentamiento de dos mundos y el agitado remolino cultural que esto supone. Su visin es perfectamente objetiva.El relato lo escribi Julin Huanay treinta aos despus de haber emigrado a la Capital. La visin que nos ofrece de la realidad tiene una secuencia ordenada y continua, es una sucesin lineal de acontecimientos y episodios breves. El eje argumental es el viaje. En esto se diferencia del desgarrado y contradictorio discurso narrativo que hoy prevalece en la novela moderna -con planos superpuestos, discontinuos y labernticos-. El protagonista de El retoo suea con un mundo nuevo y no siente ningn desgarramiento cultural al abandonar lo suyo para asumir la utopa urbana. Podra decirse que la historia de Rumi es hasta cierto punto, una historia, romntica y esperanzada.4. OBJETIVIDAD LITERARIACuando, a la edad de 43 1aos, Julin Huanay public su primera novela corta, ya era un hombre fogueado en las luchas sindicales y en el oficio de chofer. Haba escrito adems folletos de difusin gremial. Sin embargo, en El retoo no encuentran digresiones, glosa acotaciones que revelen el de propaganda o al menos reclamo social o poltico, cierto que el pequeo Rumi tenga una vaga percepcin del trabajo duro y explotador y de las grandes injusticias que pesan sobre la sociedad, pero casi nunca hay comentarios o apreciaciones sobre estos hechos. Se limita a contar forma llana y espontnea, y bastante objetividad, su desvarada saga migratoria. Jos M. Arguedas har lo propio en ros profundos (publicada 1958, en el momento que l tena 47 aos). La travesa (espiritual) del nio Ernesto es la contraparte del recorrido (fsico) pequeo Juanito Rumi. El re de Huanay es narrativamente mental, carece del anlisis psicolgico, propio de las novelas relacionadas como El viaje sentimental de Laurence Sterne, Infancia Tolstoi o Los ros profundos.5. LA PRIMERA PERSONA GRAMATICALJulin Huanay es el primer narrador, despus de Zavala que utiliza la primera persona gramatical en la novela. Se dir Ciro Alegra ya haba empleado esta tcnica, en La serpiente oro (1935), pero aqu el narrador solamente es testigo. Como est fuera del plano de los acontecimientos. Lo que el balsero cuenta es la aventura de otros personajes. En El retoo, en cambio el narrador es el eje del discurso novelesco. La obra trata de un personaje individual. Hasta la publicacin del relato de Julin Huanay, prevaleca en la literatura peruana la novela panormica omnisciente, escrita en otra persona. La realidad era ver desde gran distancia pica, especial y era ms abarcadora. De los mejores y ms grandes novelas. El mundo es ancho y ajena, Yawar fiesta, ambas de 1941 son de este gnero. Est tcnica del autor omnisciente -seala Aguiar e Silva- (ya) fue crtica y acerbamente combatida en la segunda mitad del siglo XIX, por autores como Flaubert, Maupasant, Henry James, que aboga por un mtodo objetivo de construccin de la novela, utiliza la tercera persona, pero eliminando la presencia demirgica del autor, dejando actuar a los personajes sin la constante interferencia del novelista". Esto es lo Julin Huanay hace coincidiendo con los planteamientos modernos: deja que el protagonista hable y acta por s mismo.LA TIERRA ES EL HOMBRE de SERAFIN DELMAR (I)Por Manuel J. BaquerizoLa tierra es el hombre (1943) es una novela de ndole poltica y denunciatoria, donde el inters del escritor est puesto ms en el acontecer social que en la vida del individuo o en el desarrollo de una historia. Estudia la anatoma del ser colectivo y no la del ser individual. La tcnica consiste en acumular episodios y sucesos diversos. Los actores aparecen y desaparecen inopinadamente; la trama se difumina y los escenarios se multiplican, sin alcanzar unidad. Al comienzo, la comunidad campesina ocupa el primer plano; el nico personaje que sobresale es Waman Poma. Pero, a la mitad del relato, ste se desvanece para dar paso a otros actores y a otras historias que se relacionan muy poco con la comunidad. En el curso de la novela se interpolan diversos' episodios (el de Luis Mayta y Kina Kani -cuyas penalidades en las plantaciones cafetaleras del Peren son descritas con bastante detalle-, el de los comuneros en Pariahuanca y otros ms), con la intencin de enfatizar el drama social del campesinado. En los captulos finales se cuenta la historia de Rumi, hijo de Waman Poma y Trini. La novela termina con un discurso ideolgico, reemplazando el tono potico del inicio por la retrica militante y rida. El narrador es aqu, ante todo, un misionero, un crtico, un poltico y un pedagogo. Ralph Fox, en La novela y el pueblo (1975), escribe, al respecto: "No es asunto del autor predicar, sino ofrecer un cuadro histrico real de la vida. Es muy fcil sustituir hombres y mujeres por maniques, la carne y la sangre por conjuntos de opiniones, la gente real, torturada por dudas, viejas lealtades y tradiciones, por 'hroes' y criminales abstractos. Mas esto no es escribir una novela" (p. 106).1. LA MSTICA DE LA TIERRAEl relato empieza con una hermosa y buclica descripcin de la comunidad de Huancn, un mundo casi idlico, donde reina la paz y la felicidad. All, los das transcurren plcidamente, en medio del canto y la msica de las aves y de los hombres. "La tierra es - legre, alegre la semilla, alegres los hombres, las mujeres, los nios, los animales y el cielo con su sol de color de la chicha" (p. 22). Como en Los trabajos y los das de Hesiodo, en Bendicin de la tierra de Knul Hamsum y en Los campesinos de Ladislao Reymonl, el narrador se esmera en mostrar el universo cotidiano de los labradores de la tierra: las faenas agrcolas, ganaderas y caseras (la siembra, el cultivo, la cosecha, la trilla y la herranza) y las festividades del pueblo (el Santiago. San Juan y los carnavales). La vida tiene aqu un ritmo cclico sempiterno:Das pasan, das llegan a Huancn, y los comuneros que han terminado de cultivar sus parcelas de maz, de trigo, de cebada, de quinua, de ocas, de ollucos, de mashuas, de arvejas, de habas, se dedican ahora a pisar los cueros del buey en las pozas abiertas a los lados del rio que divide en dos a la comunidad: a chancar cortezas de nogal, de chinche y de tara para la curtiembre" (p. 21)- Algunos pasajes- recuerdanEl mundo es ancho y ajeno. De hecho, Serafn Delmar comparte con Ciro Alegra el mismo placer esttico y la misma emocin social en la pintura de una aldea comunal, pero sin alcanzar la belleza fulgurante de su prosa. Con todo, las escenas sobre la siega y la trilla en La tierra es el hombre tienen ms vivacidad, ms colorido y animacin que las que ofrece Pilar Laa Santillana. en El valle de Hunchar (1946). Leamos:Mujeres y nios en continuo movimiento juntan los montones que los segadores van dejando al lado izquierdo por donde avanzan. Y los males de fresca chicha vuelan de uno a otro lado, calmando la sed de los segadores, que trabajan al son de la msica, contemplados con orgullo por el sol y por las mujeres que endulzan la siega con sonrisas y cantos" (p. 34)El narrador humaniza a los seres irracionales (una corrida de toros, por ejemplo, es descrita desde la perspectiva del animal, (pp.19-20) y a las cosas inanimadas les atribuye cualidades del ser humano, revelando as su filiacin expresionista. El libro es un canto al hombre a la tierra y al trabajo colectivo, un canto que destella en metforas e imgenes vanguardistas. La narracin obedece ms a las leyes de la poesa que a las del relato. La alabanza del mundo rural, pastoril y gregario y el vituperio de la ciudad letrada, tienen correspondencia igualmente con El mundo es ancho y ajeno y Yawar Fiesta, publicadas por los mismos aos. poca de auge del indigenismo, como se sabe, en que todos los escritores y artistas engrandecan e idealizaban a la comunidad campesina, a la que tenan por paradigma de institucin social, de organizacin solidaria y equitativa, y como el legado ms valioso de la civilizacin prehispnica. Serafn Delmar, que haba empezado cuestionando las ideas de patria, de regin y de aldea, para sostener los postulados del universalismo cosmopolita, vuelve sobre sus pasos y termina asumiendo una ferviente posicin nativista. "La idea de la tierra -dir, ahora, en una nota introductoria a la novela- es inseparable de la idea del hombre, sobre todo, sino queremos desvincularlo de su origen. La Cercana a la tierra es lo nico que da la exacta dimensin del hombre y de su destino (p. 7). La novela muestra los resabios de un discurso anticapitalista. El ttulo es, ya de por s, una metfora clave. 2. LA LUCHA POR LA EDUCACIN Y EL PROGRESOVeremos, sin embargo, que al autor no le eran ajenos los conceptos de progreso y modernidad. Al inicio de la novela se perfila un personaje que encama estos ideales: Waman Poma, el joven comunero que ha trabajado en las minas, donde asimila los patrones culturales de la civilizacin urbana ("ya no viste como los comuneros, y como para sentirse distinto, se ha comprado un terreno y construido una pequeo casa al otro lado de la comunidad", p. 13) y las doctrinas sociales y polticas de avanzada. Poma se acaba de unir a una mujer que no es del lugar, por lo cual ni l ni ella son estimados en la comunidad. Como se ve, la supervivencia de las costumbres endogmicas es todava palpable. No por ello, Waman Poma deja de sentirse parte del vecindario.Waman Poma presiente que la comunidad est amenazada por diversas fuerzas extraas. Esto lo lleva a sugerir la creacin de una escuela, para que los nios se instruyan. Piensa que hasta ese momento los hombres vivieron estancados: "Son como las races viejas de tara que se pudren en la tierra" (p. 23). Juzga que para enfrentar a los gamonales y a las malas autoridades y para alcanzar el progreso, es necesario saber leer y tener instruccin. Los viejos comuneros, salvo uno, discrepan con l: creen que la escuela slo provocar el alejamiento de los jvenes del seno de la aldea. El padre de Wamn Poma (la vez por haberlo experimentado en su propia carne) es el ms conservador de todos. El arguye: "Cuando los hijos despiertan ya no aman la tierra y hasta se avergenzan de sus padres ignorantes. Y lo peor de todo es que no paran en la comunidad" (p. 33). Por esta razn, se opone a la construccin de la escuela.En la comunidad se forman dos grupos: el de Ande Poma, que defiende a toda costa las tradicin ("El pasado es lo que hay que conservar como oro", dice): y el de Melchor Guzmn, presidente de la institucin que apoya decididamente la creacin de la escuela y la contratacin de una profesora, a fin de lograr el mismo nivel educativo que posee la gente de la ciudad. "Progreso! El progreso slo est en la tierra", exclama Ande Poma. "La tierra -le replica otro comunero- sin la educacin del hombre nada vale". El debate concluye con la sabia reflexin de un joven campesino: " La comunidad debe ser siempre movimiento, igual que los ros que arrastran todos los das nuevas aguas" (p. 62)Sin duda, esta es la primera vez que se escucha en una novela hablar a los indios en tono ilustrado y altivo. En las obras de Ladislao Graa. Oscar O. Chvez y Jos Glvez, segn se vio los campesinos son por lo general mudos y silenciosos, seres extraamente pasivos, e inescrutables. En cambio, los de Serafn Delmar son hombres rebeldes e insolentes, ms atrevidos que; los de Ciro Alegra y Jos Mara Arguedas.No solamente los viejos; comuneros estn contra la educacin campesina: tambin se oponen a ella el Cura de la parroquia vecina y las mismas autoridades del ramo. ("Es que las comunidades -arguyen- no tienen derecho de crear escuelas sin autorizacin del gobierno, y mucho menos nombran; profesoras poco honestas" p. 94)Al final, se construye el local de la escuela y se toma los servicios de una profesora, con quien habr de estudiar Rumi, el vstago de Waman Poma y Trini.LAS NOVELAS DE LA REGINLA TIERRA ES EL HOMBRE DE SERAFIN DELMAR (II)Por Manuel J. Baquerizo3. LA CRISIS DE LA SOCIEDAD TRADICIONALEl autor quiso ofrecer en esta novela una imagen del valle del Mantaro y un perfil de la poca, en el momento en que se producan sucesos sociales e histricos que afectaran enormemente la vida de la comunidad campesina: la llegada del ferrocarril a Huancayo, en 1908; la construccin de carreteras hacia el interior; la instalacin de un enclave minero norteamericano en La Oroya; la formacin de la hacienda Perene de la Peruvian en la selva; la usurpacin de tierras por los nuevos gamonales (cuyos nombres menciona el autor); y la introduccin de la escuela y la civilizacin en el mbito rural. La novela pinta el desmoronamiento de las relaciones precapitalistas y la modernizacin impuesta desde fuera. "Ahora -dice al narrador- el destino de los jvenes comuneros es igual al de otros hombres de todo el Per. La tierra buena no es de ellos (p. 121).Hasta entonces la comunidad haba gozado de una continua era de esplendor. La alteracin empieza con los desastres naturales, anunciados por el funesto paso del cometa Haley y de la "jarjaria": inundaciones, heladas, plagas de langostas, epidemia de hidrofobia y hambruna. El Cura dir taimadamente "que Dios est castigando a los comuneros por haber llevado a una maestra atea" (p. 114), mientras la vieja Santosa "se pondr a decir que es castigo de Dios por la mala vida que hacen algunos comuneros" (p. 116). Tras los infortunios naturales, sobrevendrn otros sucesos dramticos, sta vez por obra de hacendados y agentes del Estado: como la conscripcin vial, la "leva" y el "enganche". La conscripcin vial era el sistema de trabajo coercitivo y gratuito que haba instaurado el gobierno de Legua en 1920, mediante la Ley 4113; el "enganche" constitua un mtodo ominoso que las empresas mineras y las haciendas cafetaleras de la selva empleaban para obtener mano de obra. En Huancayo se amasaron muchas fortunas mediante este negocio vil. La "leva fue, a su vez, una forma de reclutamiento para engrosar los contingentes del ejrcito.A consecuencia de estos flagelos sociales los comuneros se ven obligados a emigrar a las ciudades o a esconderse en sitios alejados. La novela hace el relato minucioso y puntual de los hechos, en un estilo naturalista y por dems pattico. Asistimos a las escenas ms violentas y atroces, como la agona de una campesina con hidrofobia ("El miedo se ha extendido a todo el valle y los comuneros se vigilan desconfiados, sintindose ahora enemigos entre s", p. 117); a la muerte de tres comuneros aplastados por los derrumbes, durante los trabajos de construccin de la carretera a Ayacucho (pp. 112-113); al lanzamiento de varios "enganchados", enfermos de paludismo, a los ros de la selva (pp. 138-139); y al horrible, sufrimiento de los presos en las crceles de Huancayo y Lima. Como en la novela Churinanay de Oscar O. Chvez, la mayor parte de los hijos de la comunidad son exterminados, unos tras otros. "La unidad comunitaria se va aflojando en cada desgracia. Los jvenes principian a emigrar. Unos se van a las minas, a la montaa, a la capital; otros se van a trabajar a las haciendas, a las casas "grandes" de la provincia" (p. 105). Los pocos sobrevivientes (como Rumi) se desplazan a la capital, en busca de otros horizontes, donde protagonizarn nuevas gestas sociales y polticas.4. Las peripecias de RumiLa historia de Rumi abre un nuevo captulo en la novela. Rumi haba sido levado antes de concluir los estudios de secundaria. Waman Poma tiene que vender sus animales, para llevarle dinero al jefe Provincial "que acepta exceptuar al muchacho a cambio de cuatro libras" (145). Luego, debe hipotecar su parcela de terreno, a fin de comprar otra yunta y "como ni los intereses puede pagar, la chacra pas amaos de Alonso" (151). Sin ms alternativa, Waman Poma se marcha a la mina de Morococha y ya no volvemos a saber nada de l. Rumi aparece en Lima, trabajando en una imprenta, mientras estudia en un colegio nocturno.El relato se cierra con las peripecias de Rumi en medio de los turbulentos sucesos polticos que se desencadenan en la capital, a fines de los aos veinte. Acusado de imprimir volantes sediciosos, el muchacho termina en la crcel, lo que le da pie al narrador para volver, una vez ms, a describir la srdida existencia de las prisiones. "Si hay infierno -dice-, vengan a ver estos calabozos, donde tantos hombres se han derretido hasta irse en un grito de sangre" (148)En una especie de eplogo o captulo final, el narrador enuncia su esperanza en el prximo amanecer revolucionario. Por lo que se ha podido ver. La tierra es el hombre, ms que una obra de creacin literaria, es un documento social e histrico que muestra el desmoronamiento de la comunidad campesina en el valle del Mantaro. Serafn Delmar fue un artista que dedic los mejores aos deja su vida a la lucha poltica. Su concepcin de la literatura fue el resultado de su compromiso poltico al que todo lo sacrific. Lo ms penoso es que, despus de haber puesto tanta fe en el partido que abraz, terminase apartndose de l, profundamente desengaado. Tal vez, por eso, nunca ms volvi a publicar.WASHINGTON DELGADOLa Poesa y la Razn.Manuel J. Baquerizo.I. DOCUMENTOS DE IDENTIDADWashington Delgado naci en el Cuzco el 26 de octubre de 1927. Es descendiente, por lnea materna, de Juan Pablo Tresierra, un personaje histrico de impresionante biografa. En las postrimeras del siglo diecinueve y principios del presente, Tresierra, junto con su hermano Juan de Dios, era director de los peridicos El Cuzco y El Pas; y ejerca adems una diputacin. Fue un hombre clebre por su ardor panfletario, por su invencible tenacidad de montonero y por haber sido causante de la cada de dos gabinetes ministeriales. Como adepto del pierolismo, participa en una rebelin en el Cuzco, en abril de 1895 y en otra de 1911, al lado de David Samanez Ocampo, que termina en el puente de Tablachaca, despus de enfrentar, con un puado de adolescentes universitarios, a un batalln del ejrcito. Escritor liberal, romntico y turbulento, Tresierra fallece al filo de la primera guerra mundial, en un duelo a pistola, con un poltico clerical y ultramontano, haciendo honor a sus ideas liberales y a su genio belicoso.Por lnea paterna Washington Delgado tiene ascendientes que cultivaron la poesa con desigual resultado: Alberto, Juan Manuel y Luis Adolfo Delgado. El primero es el mejor dotado literariamente, dej una obra notable, pero dispersa en revistas. El segundo muere en plena adolescencia, en una accin montonera en La Convencin, cuando se iniciaba como escritor. El ltimo de los tres hermanos es integrante del famoso grupo literario cuzqueo de 1927 y maestro de primeras letras de nuestro autor.A pesar de lo que podra suponerse, Washington Delgado no hereda la turbulencia y los gestos romnticos de sus ancestros. Por otra parte, muy poco guarda de las tradiciones cuzqueas. En l difcil ser encontrar el espritu regional, pero s la nobleza, la cortesa y la hospitalidad, rasgos intransferibles del alma quechua. Su humor, su irona, su displicencia y su sedentarismo, en cambio, son rasgos de cepa costea y capitalina.Washington Delgado haba dejado su ciudad natal a los cinco aos de edad, cuando su padre, junto con Luis E.Valcrcel, es trasladado a Lima, para desempear un puesto en el Museo Bolivariano de Magdalena Vieja. Se educa en el Colegio Montessori, del antiguo barrio de Santa Beatriz donde alterna fugazmente con Julio Ramn Ribeyro y sus hermanos. Luego, se muda con su familia a la Avenida (quitos del distrito La Victoria, barrio mesocrtico y popular. Prosigue sus estudios en el Colegio Anglo-peruano, uno de los mejores de entonces.Al concluir fa secundaria, el poeta decide postular a una carrera de ingeniera. Para esta profesin tena la ventaja de su extraordinario dominio de as matemticas, pero, por desgracia, flaqueaba en Qumica. Ese fue el obstculo que le impidi ingresar a la antigua Escuela Nacional de Ingeniera, lo que intent vanamente hasta por dos veces. En desquite, se dedica a tiempo completo a la lectura de obras literarias, su vocacin secreta. Como Marcel Proust Jorge Luis Borges o Lezama Lima, sola encerrarse en su dormitorio das y noches enteros para leer viciosamente. En 'Monlogo del habitante evoca (1):Mi habitacin se abre como una floren el verano, se enrosca como una sierpeen el invierno, se balanceaal comps de los meses y las horas.En mi habitacin leo los documentosde Bakunnin y Bebel y Proudhono me estremece la msica de Sem Tobo crujen los peridicos y humeala taza de caf donde mojo mi panal comps de viejos pensamientos.(p. 225)A los nueve aos haba terminado de leer en, una edicin ilustrada, el Fausto y a los once El Quijote. Segn se vio, el poeta no perteneca a una familia de holgada economa, pero supo sacarle provecho a su condicin de hijo nico. Mi padre - refiere - posea una pequea biblioteca, que luego tuvo que venderse en poca de crisis, y haba en ella algunos clsicos como las comedias de Shakespeare, que tambin le. Lo que ms me impresion fue el Fausto, que le varias veces, mezclado con Dumas, Verne, Walter Scott en general los romnticos: es la mejor edad para leerlos.Por aquellos aos conoce a Alfredo Mathews, un periodista de izquierda, quien lo introduce sutilmente en el conocimiento del marxismo, facilitndole libros de esa tendencia filosfica. "Yo haba estado, aos antes de escribir mi primer poema, en la Juventud Comunista cuenta l mismo. Pero luego nunca fui miembro del Partido (3). Su primer acercamiento a la literatura espaola se produce en 1948, durante el ciclo de disertaciones que ofrece en la Universidad de San Marcos, el poeta y crtico Dmaso Alonso.En 1950 ingresa a la Facultad de Letras de la Universidad Catlica de Lima, al mismo tiempo que el poeta Pablo Guevara. Ya contaba entonces esta Universidad con algunos profesores jvenes que saban promover la inquietud literaria de los estudiantes, aunque no faltaban otros, rutinarios y anticuados, que congelaban hasta la ms ardiente vocacin. Esto ltimo y ms la composicin social del alumnado, as como el ambiente sofisticado, debieron parecerle desagradables, ya que asista muy poco a clases, prefiriendo sus lecturas solitarias. Tras un corto tiempo, abandona las aulas de la Plaza Francia y se dedica por entero a la enseanza en la Gran Unidad Escolar Alfonso Ugarte y, sucesivamente, en el Instituto de Arte Dramtico, Escuela de Bibliotecarios y Escuela Normal Superior, hoy Universidad Nacional de Educacin. Se da maa, sin embargo, para concurrir al Patio de Letras de San Marcos, donde Paco Bendezu, Alberto Escobar, Pablo Macera, Anbal Quijano Eduardo Congrains, Pablo Guevara, Vargas Vicua, entre otros ms, solan animar sesudas e interminables tertulias.En ejercicio ya de la docencia, el poeta vuelve a matricularse como alumno de literatura en la vieja Universidad sanmarquina, optando all al bachillerato y al doctorado. Inmediatamente despus ocupa una ctedra, que hasta hoy ejerce Marcos Martos le ha llamado por esto, con mocha ' razn "el profesor de Literatura por antonomasia en este pas "Algunos lo recordamos - dice - con sus anchas corbatas, la sonrisa a flor de labios, la Irona epicrea, la gana ubrrima de conversar y todo joven que tiene ganas de escribir y frecuenta los mbitos universitarios, desolado porque en la Universidad no 'ensean literatura', cuando llega a conocer a Washington, siente que ha llegado a un oasis, que de este hombre s se puede aprender (4). En 1955 despus de, publicar su primer libro. Formas de la Ausencia, viaja a Espaa en uso de una beca que le confiere el Instituto de Cultura Hispnica. Este viaje, le sirve para enriquecer su conocimiento de las literaturas clsicas y modernas y para convertirse en uno de los mejores especialistas peruanos en el teatro de Lope de Vega y en la prosa de Valle Incln. Radica solamente dos aos en la Pennsula.A diferencia de otros becados de esa misma poca, regresa pronto al Per, a fin de reincorporarse a su ctedra. Despus, espordicamente visita la Unin Sovitica y Cuba.II. EVOLUCIN DE UN ESTILO LITERARIOWashington Delgado da a conocer sus primeros versos en la revista Letras Peruanas. Los poemas se inspiran en la esttica de Pedro Salinas. Este gran poeta, miembro de la famosa generacin espaola del 27, haba estado en el Per, el ao 1947, invitado por la Universidad de San Marcos, in embargo, Washington Delgado no lo conoce en esa ocasin sino en 1950, cuando descubre La Voz a Ti Debida (19 I, en una edicin de Losada (1949). Sobre este libro escribe una entusiasta recensin en el primer nmero de Letras Peruanas. Luego, a la muertedel poeta, publica una encendida nota de homenaje. Dos aos ms tarde le dedica un poema memorable, que tambin aparece en el sexto nmero de la revista mencionada.Bajo el deslumbramiento de Pedro Salinas, escribe su primer libro Formas de la Ausencia (1955), que le valiera i un premio nacional en 1952. All rene poemas escritos desde 1950 y divulgados antes en revistas. Se trata de una serie de textos breves en torno a la ausencia, o mejor dicho, variaciones sobre un mismo tema. El libro expresa ante todo vivencias literarias y experiencias del mundo los libros. La materia no procede de la realidad exterior o de un acaecimiento vital. Ni -siquiera el sentimiento del amor En Formas de la Ausencia la amada no existe sino en el ilusorio espacio del ensueo, como en la poesa de Salinas y Machado. El objeto central es el amor a la palabra, el deleite por la forma y el encandilamiento por el lenguaje. Ningn otro autor joven logr entonces en su primer libro el grado de perfeccin en el manejo del instrumento potico es decir, la palabra, como Delgado. Ni Charlarse, ni Bendez ni Escobar, autores que tambin se esmeraban en decantar y quintaesenciar sus versos; los nicos que alcanzan esta perfeccin son Eielson, Sologuren y Romualdo, pero, por otros medios. El libro, como era de esperarse suscita de inmediato un enorme inters entre los crticos y lectores Luis Jaime Cisneros y Sebastin Salazar Bondy le dedican la mejor exgesis.Una nota destacable que se desprende de esta, obra inaugural es su visin meditativa, tersa, melanclica y resignada. Las cosas estn presentadas all en su ms estricta inmaterialidad, os objetos son inasibles, casi etreos: sonidos delgados, "sombras intactas, "msicas intactas . Todo tiene la calidad de levedad: "leves tallos, "materia leve" "masas leves". Adems, es advertible una preocupacin geomtrica por lo exacto y preciso: "lentitud estricta", "espacios exactos", "msicas intactas", "perfecta ausencia", "noche estricta", "alta espuma", etc.En esta poesa se observa una abundancia de sustantivos abstractos, sustantivos sin artculos y nombres en gnero neutro, adems de una secreta pasin por pronunciar el nombre esencial de las cosas. Los poemas dan a menudo la impresin de no ser ms que ristras de palabras y sensaciones. Se busca ostensiblemente que el texto solo se imponga como una realidad verbal autnoma, constituida con meros recursos de lenguaje, con formas puras inteligentemente combinadas. El autor se complace en multiplicar las variaciones y los ejercicios de un virtuoso, tal corno Salinas en Seguro Azar y en forma semejante a Paul Valery.En verdad, Washington Delgado no tendra por qu haberse inclinado en sus inicios por la poesa formalista. Su origen social, su modo de vida, el fundamento de su existencia, correspondan al de un escritor de la pequea burguesa empobrecida. Nada tena que ver l con los gustos de la alta sociedad, a la que nunca estuvo ligado, ni siquiera durante su paso fugaz por la Universidad Catlica. Su preferencia por la literatura formalista, en aquella poca, se debi ms que a una determinacin social, a una influencia del ambiente artstico y cultural y, sobre todo, a su innato sentido de la belleza y de la forma.La atraccin por la belleza absoluta se ha dado en diversas pocas, desde Dante hasta Velery, pasando por Mallarm. La explicacin de este hecho hay que encontrarla no solamente en los fundamentos de la existencia social del autor, tiene que ver tambin con un imperativo esttico. Porque la literatura, aparte de comunicacin, es creacin, expresin y forma. El mismo poeta ha recordado que la expresin y la forma tienden a agotarse rpidamente, a trivializarse y rutinarizarse. Lo que obliga a la escritora una renovacin constante.Esta manera de entender la poesa, no como canto manifestacin de sentimientos e instrumentos de comunicacin sino como un espacio de meditacin, de bsqueda de la esencia de las cosas, entronca ciertamente a Delgado con los poetas espaoles del 27. Sin embargo, es justo reconocer que nuestro autor nunca ha perdido el maravilloso don de la comunicacin.III. EL DESCUBRIMIENTO DE LA REALIDAD SOCIALAs como Jorge Guilln, en Clamor desarrolla los temas del mal, el desorden y la muerte, de manera concreta, vinculando su poesa con la vida contempornea y la historia, superando la visin general y abstracta que era la caracterstica de Cntico, su ms famoso libro; as tambin Washington Delgado en sus libros siguientes Das del corazn (1957) y Para Vivir Maana (1959) pasa de la meditacin interior sobre la fugacidad de la vida, la ausencia y el recuerdo, a la reflexin en torno a la injusticia, la lucha de clases y el sufrimiento social.Ya en 1954, al hacer la presentacin de Alejandro Romualdo, anunciaba, enfticamente, lo siguiente: "Han acabado, en verdad, los das de la belleza pura y formal. Sabemos ahora que el que busca solamente la belleza ni siquiera encontrar la belleza. La poesa no es ya mirada como un objeto luminoso, sino, principalmente, como una tarea iluminadora" (5). El gran maestro Antonio Machado, en sus reflexiones sobre la lrica, emite un juicio semejante: "Lo peor para un poeta es meterse en casa de la pureza, la perfeccin, la eternidad, el infinito. Son musas estriles cuando se las confina entre cuatro paredes" "Reflexiones sobre la lrica") (6). Das del corazn es el testimonio de esta nueva actitud. Lo dice claramente en el poema "adhesin a la poesa":Hemos extrado todo el amor posiblede los espectculos exquisitos, de la rosa,del aire, de los sueosy de la melancola.Ahora sabemos quines son los muertos y quineslos constructores. Uno sloes el camino del corazn y sabemos lo que es intil.(p. 84)Su poesa se ha transformado, porque se ha elevado socialmente la idea que tena el autor del mundo y de la vida. En los primeros poemas descubrase solo y aislado de los dems, habitante imposible de una patria perdida. Ahora est posesionado de la Tierra, con el corazn entre los hombres, viviendo y sintiendo con ellos, comprendiendo el secreto de la muerte y la razn de la miseria, afirmando la vida y la esperanza:Es tiempo de mirar el da veniderocomo antes fue el tiempo de sufrirel dolor tan antiguo.En vez de sueos queda la perfeccin del daque nadie ha visto nunca, que nosotros haremos.(p. 88)La nota ms importante de este libro es el sentimiento de la solidaridad. Los poemas exaltan ahora la emocin social, proponen la accin, predican un huevo orden y anuncian la felicidad sobre la Tierra. Lo expresa de manera luminosa:Es tiempo de morir como antespero guardando ahora una sonrisaen los puos cerrados. (p. 88)Hay poesas que sin decirlo estimulan a la pasividad y al conformismo; sta, en cambio, ilumina la conducta, fomenta la accin y aviva el espritu. Lo que el poeta canta es producto del sentimiento y de la razn. Aqu, intuicin y raciocinio se estrechan y se funden. Consciente de su papel de artista, que aspira no slo a interpretar la realidad sino tambin a transformarla, e identificado con los hombres que luchan, expresa en su poesa la dura contienda que se desarrolla en el pas:No es impenetrable nuestra noche,Odiamos un momento pero nuestro es el amor.Vendr el da para alumbrarnos la caray ha de hallarnos reunidos.Cuando venga el da, con el solen los pies, con el sol en las manos,con el sol en la garganta cantaremossobre nuestra tierra.(p. 94)Asombra la capacidad del autor para expresar ideas tan en boga en versos aparentemente sencillos pero profundos y bellos. Como lo ha visto Sologuren, en estos poemas Washington Delgado "logra una arquitectura ms slida, definida y acendrada" (7). Ciertamente, una poesa ms austera, ms compacta, menos retrica y ornamentada y, a la vez, intensamente lrica, no conocemos en nuestra literatura. Delgado obtiene belleza sin metforas, sin imgenes, sin comparaciones.Debo vivir en la tristeza y el sufrimientopara conocer la alegray morir y ser derrotadoantes de vencer.El pensamiento brota aqu redondo y flgido. Los versos tienen una apretada textura y estn despojados hasta del ms mnimo adjetivo. En todo el libro no se registra sino dieciocho elementos calificadores; y hay poemas ntegros que no tienen un slo epteto, como "Cancin", "Triunfo", "Toco una mano", "El amor y el mundo, "Espacio del Corazn" y "Hroe del pueblo". Con frecuencia, los escasos adjetivos que utiliza tienen ms bien una funcin sustantivados, como en estos ejemplos: "El que mata a su hermano es el mortal el que odia a su hermano es el estril".Mucho se ha dicho que el arte es un ejercicio irracional y puramente intuitivo, que es magia, que es sentimiento, que su materia primordial la extrae del subconsciente. Washington Delgado, a semejanza de otros grandes poetas universales, nos prueba que la poesa no se opone al concepto y al raciocinio. De acuerdo con Goethe, l podra repetir: "Todo lo lrico tiene que ser en su totalidad muy racional y en el detalle un poco irrazonable". Por eso, si tuviramos que destacar un rasgo de su segundo libro, diramos que es su maciza estructura reflexiva y crtica.Lo es tambin de su tercer libro o plaqueta, que se titula Para Vivir Maana (1959). A tal punto sobresale aqu el razonamiento potico que no podemos menos que relacionarlo de inmediato con Bertolt Brecht. Poemas como Sabidura humana, "Nunca nos libertaremos?" y "Los pensamientos puros", por ejemplo, estn directamente inspirados en el genial poeta alemn:Cuando alguien habla del espritucuida bien tus bolsillos.Esta es la sabidura que nos vinode un lugar llamado Occidente.(p. 157)En este nuevo libro Washington Delgado hace cantar las verdades, poetiza el conocimiento, como dira Leo Spitzer. Aparece igualmente un tono inslito, acre y mordaz y un estilo diverso, seco, sentencioso y casi aforstico: "Para ser bueno hay que servir/ al que paga; para ser bueno/ no hay que pagar al que sirve/. As ganaremos el cielo" (p. 158). Otras veces, recurre a la forma advocativa, para decir, con una mezcla de irona, humorismo y sarcasmo: "Seor rentista, seor funcionario,/ seor terrateniente,/ seor coronel de artillera, el hombre es inmortal; vosotros sois mortales" (p. 154).Con este libro que no mereci la suficiente atencin de los crticos literarios Washington Delgado supera el viejo estilo de la literatura de 'emocin social' e inicia, en el Per, una poesa de nuevo tipo: poesa de crtica social, sabia y analtica, dialctica y racionalista. En ella se inspirar aos despus el poeta Antonio Cisneros.IV. POESA DE LABORATORIOLuego de seis aos de silencio, vuelve a publicar otro libro, titulado Parque (1965). Este poemario es una especie de laboratorio, donde el autor se propone experimentar con el lenguaje y ensayar nuevas formas, como para reiniciar otra etapa de creacin. No es expresin o testimonio de -algn cambio histrico o social sino la reiteracin de su amor por la palabra y la belleza pura. En efecto, el ingenio del poeta se ejercita en componer poemas con las ms diversas formas mtricas y rtmicas: pareados con rima enlazada, tercetos octoslabos, tercetos exaslabos con rima trenzada, cuartetos con rimas variadas... En fin, en Parque vuelve a introducir formas regulares, estrofas clsicas y rimas abundantes y claras. Compone sonetos con gran rigor y perfeccin. Dirige su atencin a la poesa espaola, medieval y renacentista, para elaborar cantigas y serranillas; se encamina a la literatura oriental para forjar Haikais; y regresando, por ltimo, a los modernistas, retoma a Juan Ramn Jimnez y Antonio Machado, entre otros. Los motivos de Parque, como es de imaginar, no son ms que pretextos para el despliegue ldico de tcnicas, procedimientos y recursos estilsticos. Sin embargo, en la bsqueda de la forma y de la belleza absoluta, como en los poetas del 27, puede advertirse tambin en este libro el deseo no expresado, el propsito oculto, de tender una coartada a la realidad, o de buscar una compensacin a la soledad.V. LA POESA DE UN MUNDO DIVIDIDOEn 1969, iniciado ya el rgimen populista de Velasco, que encandil a tantos otros escritores (como Romualdo, Valcrcel, Bendez, Calvo y Corcuera), Washington Delgado sorprende a sus lectores y a la crtica con un nuevo libro: Destierro por Vida, el ms amargo y pesimista de todos los que ha producido. Fue en el mismo ao en que Jos Mara Arguedas se quitaba la vida. En esa ocasin el poeta anuncia, de paso, que pona fin a su actividad literaria. Con palabras muy similares a las de Arguedas, explicaba que se senta agotado y profundamente deprimido por el deterioro general de la cultura, de la Universidad y de la sociedad; lo que le impeda seguir escribiendo.Las motivaciones que llevan a escribir a los poetas de una u otra manera son, a veces, imprevisibles e inestructables. Sin embargo, en el caso de Washington Delgado podemos intentar encontrarle una explicacin a travs de la interpretacin de los propios textos.Washington Delgado haba adoptado la poesa social, urgido por el ambiente intelectual del momento. No fue la suya el reflejo de una prxis o el producto de la conviccin de la importancia de este tipo de literatura. Por eso, la poesa de denuncia no llega a tener en l mucho arraigo. Bertolt Brecht le haba enseado a componer poesa poltica, pero en Brecht la poesa poltica no era una moda o una actitud puramente literaria: responda ideolgicamente a su militancia poltica, era una manera ms de ejercer una prxis revolucionaria. En la actividad potica de Brecht, como lo ha reconocido el mismo Delgado (8), no exista un desdoblamiento o una superposicin de funciones. Washington Delgado, igual que otros poetas que se inspiran en la obra del autor de Madre Coraje, no milita ni se compromete con una prctica poltica. Por faltarle ese soporte ideolgico, su creacin literaria sufre una ruptura entre el menester potico y la conducta personal. Escribir poesa convocando a las fuerzas sociales y llamando a la accin y practicar una existencia aislada de las masas y apartada de las luchas gremiales y de la accin revolucionaria, tena que conducirlo inevitablemente a una suerte de neurosis y de esquizofrenia; de all el nombre apropiado que da (Un Mundo Dividido) a sus poesas completas, publicadas en ese mismo momento. Leamos lo que expresa en "Pluralidad de los mundos":En las montaas, los hombresmueren y combaten,yo enciendo un cigarrillo y lo repartoentre cincuenta mundos sin sentido.(p. 228)Este desfase no poda prolongarse por mucho tiempo. Tena que hallar una salida: o la militancia poltica o el abandono de la poesa social. El poeta opta por lo segundo, pasando en el nterin por una fase de desgarramiento y agudo pesimismo. Frente a una disyuntiva semejante, Arguedas haba optado por una medida ms extrema, el suicidio.En esta nueva etapa, Washington Delgado se ve situado en el centro de un abismo, entre el mundo capitalista y el mundo socialista, entre el tiempo actual y el tiempo futuro, entre el viejo orden y el nuevo orden que; adviene. Pero, no se atreve a renunciar totalmente a la sociedad tradicional ni tampoco a asumir plenamente el proyecto de la nueva sociedad. Eso no es todo: Un Mundo Dividido es la expresin literaria del antagonismo fundamental que signa a nuestra poca, a la vez, sombra y luminosa; representa tambin la contradiccin irremediable que padece el intelectual en la sociedad capitalista entre su vivencia interior y la exterioridad, el mundo del yo y el mundo de las cosas, entre el impulso artstico por la belleza y la fealdad del mundo circundante...La conciencia infeliz del mundo dividido, la ilusin frustrada, la esperanza irrealizable, tales son las notas ms saltantes de Un Mundo Dividido.Entre todos los temas, uno que atraviesa con spera recurrencia no solamente este libro sino toda la poesa de Washington Delgado, es el sentimiento del destierro, la impresin de sentirse extranjero y la ausencia de patria. El estado de exilio, que parecera emparentado literariamente, con el Wast Land de T. S. Eliot, es una experiencia muy personal que le viene desde su infancia: tiene que ver con el desarraigo del escritor de su mundo provinciano y su espacio familiar. El primer poema extenso, que Delgado escribe, pero que nunca publica (se titula Mi Pas), registra muy tempranamente esta angustia. Luego, en el poema "El Extranjero" del libro Formas de la ausencia se patentiza con ms fuerza:Soy el olvidado habitante de una patria perdida,abandon sin tocarla una niez dichosay ningn da me dir el secretoque a veces ilumina la miseria de los hombres.Pregunto por mi patriay mi esperanza busca una palabra, el nombrede una ciudad antigua, de una calle pequea,de una fecha de victoria o desolacin,el nombre, el dulce nombre de un amor secreto.(p. 52)En acertado resumen del contenido de este libro, dice Jos Miguel Oviedo. La huella de la poesa castellana, desde la filosfica queja de Manrique hasta la desolada reflexin de Cernuda, pasando por la poesa mstica y ciertamente por el acre escepticismo de Quevedo, se deja sentir con persistencia en este libro, a veces de modo muy explcito, como en 'Madrid, la lluvia y el eterno retorno, el influjo de Brecht, con sus razonamientos y conclusiones ideolgicas de bordes netos y acerados, tan presente en Para vivir maana, ha desaparecido por completo: el autor ha vuelto a las fuentes hispnicas que inspiraron su primera poesa (9).Golpeado por los vientos contrarios que remecen este mundo bipolar y dividido -- monde rompu, como lo ve tambin Pierre Mayer - Washington Delgado, en contradictorio estado anmico, salta de una orilla a otra, pasando de la poesa formal a la poesa social y de la poesa social a la poesa formal.VI. ANUNCIO DE UNA NUEVA EXPRESINPor suerte, Washington Delgado no abandona la poesa. Hubiera sido imposible que dejara de hacerlo quien ha nacido para cultivar la palabra. Felizmente ha vuelto a publicar, en revistas, poemas sueltos que formarn parte de un nuevo libro: El Cantar de Artidoro. En 1907, tambin Paul Valery haba decidido, no sabemos por qu razones, dejar de escribir. Sin embargo, diez aos despus, publica La Jaune Parque y en 1920 Le Cimetire Marin, sus dos mejores obras. Es lo que esperamos de Washington Delgado. En una de sus recientes declaraciones, ha dicho: ''... mi ltimo libro lo hice con una gran tensin interior. Despus de l no tena qu decir, nada que hacer. En cambio, ahora es otra cosa, me siento reubicado. Yo siempre he procurado que cada pequeo libro mo (que son muy breves) fuera distinto del anterior. No s si lo he conseguido, pero ese era mi propsito, que los temas como las tcnicas fueran nuevas. Ahora estoy procurando hacer poemas en prosa, o en verso libre pero de tipo narrativo, no ya el tono intimista de antes. Tengo ahora nuevas preocupaciones tcnicas y nuevos temas. Eso es lo que me impulsa a volver" (10).En efecto, en estos poemas se puede advertir varios cambios. El poeta se acerca nuevamente a la realidad, a la realidad prosaica, inmediata y menuda, pero reflejndola esta vez a travs de la mirada descreda, pesimista y amarga de un personaje de ficcin: Artidoro."La poesa es cosa de la tradicin. En ella, lo permanente es ms esencial que lo que cambia sin cesar, que se efecta, ms bien en las regiones inferiores del suceso literario, dice Walter Muschg (11). En este sentido, si algo debe destacarse en la obra de Washington Delgado es su sabia articulacin de la novedad y la continuidad, de la modernidad y la tradicin. Delgado introduce un notable cambio en la poesa peruana, pero, al mismo tiempo, consolida la tradicin de nobleza y seriedad que instauran Melgar, Eguren, Vallejo y Sologuren.Los jvenes poetas de hoy, obsesionados por la bsqueda de la novedad a todo trance, quisieran que los cambios I i ter a r i os se diesen cada decenio, cada quinquenio o cada ao. En este desmesurado y alucinado afn de novedad, niegan con ligereza toda la obra anterior a la de ellos, declarndola sin ms caduca y perimida. Sin embargo, la creacin de Washington Delgado, est a salvo de los balances y liquidaciones peridicos que practican los nuevos poetas.