La economia ecolgica de Martinez Alier

Download La economia ecolgica de Martinez Alier

Post on 12-Feb-2017

214 views

Category:

Documents

1 download

TRANSCRIPT

  • Documents dXnalisi Geogra'fica, 7 , 1985, pp. 193-205

    La economia ecolgica de Martinez Alier

    Luis Urteaga*

    Rsurn / Abstract / Resum

    Dans les dernikres annes les conomistes se sont intresss de plus en plus a I'analyse cologique des mecanismes conomiques. L'tape initiale, prside par la dcouverte des limites physiques et cologiques de la croissance et par la critique globale du modkle de dveloppement industriel, a t suivie par une tude de plus en plus systmatique des flux d'nergie et matriels dans le systeme conomi- que. Comme i1 arrive dans toute spcialit scientifique naissante les revisions historiographiques de la propre discipline ne se sont pas faites attendre. Le livre de J. Martinez Alier (L'ecologisme i f'econo- mia. 1984) en est un exem~le ~articulikrement interessant et reflkte l'attkntion que I'auteur a ddpui's longtemps montre sur ces sujets. La ~remikre ~ a r t i e de cette note fait allusion au contexte thoriaue aui constitue ie cadre de I'actuelle perspective cologique de 17cohomIe. La deuxikme partie est consacre au commentaire des aspects

  • systematic examination of the pattern of flows of energy and products in the economic system. As in all newly founded branches of science, historiographic reviews of its own disciplinary tradition have made an early appearance. One particularly interesting example of such re- views is Martinez Alier's book (L'ecologisme i I'economia, 1984), which is a rsum of his already extensive contribution on the topic.

    This note is divided in three parts. The first refers to the theoretical context within which the present ecological viewpoint of the economy is situated. This is followed by comments on certain programmatic aspects of Martinez Alier's work. Finally an evaluation is made of this historical investigation of the evolution of energy theory between 1880 and 1940, and its impact on the social sciences.

    * * *

    En els ltims anys els economistes s'han interessat cada cop ms per l'analisi ecolbgica dels processos econbmics. Desprs d'una etapa inicial caracteritzada pel descobriment dels lmits fsics i ecolbgics en el creixement i per la critica global del model de desenvolupament industrial, comenGa una segona etapa basada en una exploraci cada cop ms sistematica dels fluxos d'energia i de materials en el sistema econbmic. Com en tota especialitat cientfica emergent, les revisions historiografiques de la prbpia tradici disciplinaria no s'han fet espe- rar. En aquest sentit el llibre de Martinez Alier (L'ecologisme i I'eco- nomia, 1984), resum de la seva ja amplia dedicaci a aquests temes, n's un exemple particularment interessant.

    La nota que presentem consta de tres parts. La primera fa referkn- cia al context tebric en qut es desenvolupa l'actual enfocament ecolb- gic de l'economia. A continuaci es comenten alguns aspectes pro- gramatics del treball de Martinez Alier. Finalment es ressenya la seva investigaci histbrica sobre l'evoluci de les idees energktiques entre 1880 i 1940 i I'impacte d'aquestes en les cikncies socials.

    Juan Martnez Alier, un competente economista especializado en econo- mia agraria, ha escrito un libro que quiz tenga un difcil camino entre sus ms lgicos destinatarios. L'ecologisme i l'economia, que tal es su titulo, es, a primera vista, un libro militante, escrito desde un cierto ecologismo de iz- quierdas, que sin perder agresividad radical no tiene un pice de anticientifi- cismo ni de bucolismo. Despus de leerlo uno sospecha que no pocos simpa-

    194

  • tizantes del ecologismo encontraran aqu una obra densa y difcil, cuyo rigor y erudicin exigen lectura pausada y atenta, y que adems carece de la pauta formal (casi obligada en la literatura ecolgico-poltica al uso) de las profe- c i a ~ milenaristas. Esta sospecha de desapego se duplica cuando uno imagina la recepcin que 10s economistas puedan dispensarle, especialmente 10s eco- nomista~ mas ortodoxos y acadmicos. Las crticas ms numerosas y rotundas del ensayo que comentamos van dirigidas precisamente a la teoria econmica convencional y a la practica corriente de 10s economistas, y esto adems des- de un utillaje analtic0 y un estilo expositivo poc0 frecuentes en el mundo universitario. Sin embargo, bien podria ser que historiadores, antroplogos y algunos otros especialistas en ciencias sociales, considerasen esta obra como un autentico regalo. Concretamente, hay muchas cosas en el ensayo de Mar- tinez Alier que pueden interesar a un gegrafo, incluso si es un gegrafo muy acadmico. La mis evidente es su interesante reconstruccin histrica de las ideas ecolgicas, aunque, como veremos, quiz hay algunas mas.

    El libro, que refunde y amplia buena parte del trabajo del propio autor en 10s ltimos aos (MART~NEZ ALIER, 1980, 1982 y 1983) y el contenido de algunas colaboraciones (p.e., MART~NEZ ALIER y NAREDO, 1979), consta de un prlogo, doce capitulos, una amplia bibliografia y un indice temtico y onomstico. En el prlogo se exponen brevemente la estructura e ideas prin- cipales del ensayo. Los capitulos primero, sexto y dcimo, y parcialmente el segundo y el doceavo, abordan cuestiones programaticas y de mtodo: la critica de 10s enfoques actualmente hegemnicos en la ciencia econmica, la relevancia de 10s valores morales para la asignacin de recursos, las ideolo- g i a ~ sobre la distribucin de la produccin, el mbito de la economia ecolgi- ca y las relaciones entre las disciplinas cientificas, son 10s principales temas tratados. Los capitulos restantes son una personal y novedosa revisin histo- riogrfica que ostensiblemente trata de apuntalar el enfoque ecolgico en economia.

    Ecologia y economia

    La dcada de 10s aos setenta ser recordada como un momento lgido entre 10s recurrentes procesos de ccnaturalizacin,, de las ciencias sociales. En esa etapa, que dista de haber concluido, clasicos conceptos fisico-naturales como energia, entropia, ecosistema o flujo energtico, cobraron nuevos bros y pasaron a impregnar el lenguaje de 10s especialistas en ciencias humanas. Tambin estaban presentes esos trminos en 10s diarios, y no hay que extra- arse de ello. A principios de 10s setenta era ya evidente para algunos que podian existir limitaciones fsicas y ecolgicas al crecimiento, y que el modelo

  • de desarrollo seguido en 10s paises industrializados, basado en el consumo intensivo de energia y en una escasa atencin a las condiciones ecolgicas del planeta, podra no ser el adecuado.

    En un contexto politico-econmico marcado por la recesin y el encareci- miento de 10s combustibles fsiles, y en un ambiente sensible ya frente a la contaminacin y degradacin del medio ambiente, preguntas como las que siguen pasaron a considerarse pertinentes en el mbito de las ciencias socia- les: iqu futuro espera a una humanidad que consume apresuradamente sus recursos naturales no renovables?,, ihasta dnde llegar5 la energia fsil dis- ponible?, iqu implicaciones ecologicas y sociales puede tener la puesta en marcha de energias de sustitucin, como la energia termonuclear?, iqu ten- siones nacen de la desigual distribucin y control sobre 10s recursos natura- les? Y, an en un plano mas general, jexiste algun tipo de relacin entre la organizacin econmico-social imperante y el modo de explotar 10s recur- sos?, ipermiten las disciplinas cientficas convencionales pensar adecuada- mente 10s problemas de ecologia poltica?

    Preguntas de este tipo, a las que podran aadirse muchas otras, han sido objeto de fuerte debate acadmico en 10s ltimos aos. Evidencia de este debate es, por de pronto, el fuerte impacto de las teorias energticas y ecol- gicas en las ciencias sociales, que ha llevado a algunos autores a intentos de redefinicion de su campo cientifico. La obra de HARDESTY (1979), en el mbi- to de la antropologia, puede servir como ejemplo de ello. Para 10s gegrafos ser5 familiar la brillante sntesis de HAGGE~T (1979), realizada en clave sist- mica y ecolgica, que ponia broche provisional a un perodo que podramos considerar iniciado simblicamente por el articulo de STODDART (1965) sobre .

    Los economistas fueron tempranamente sensibles al genero de problemas ecolgico-politicos que quedan apuntados. La aportacin de K. Boulding, autor de la conocida metfora sobre

  • Segn Georgescu-Roegen el proceso econmico est6 gobernado por las leyes de la entropia. Es un proceso irreversible que transforma materia y energia (con baja entropia) en residuos (de alta entropia). El carcter ccentr- pico>> de 10s procesos econmicos es la raiz de la escasez. La materia y la energia son escasas en la medida que 10s recursos accesibles son limitados. Las manipulaciones energticas generan entropia (disipan energia acumula- da), y la actividad econmica produce residuos de modo inevitable. El reci- clado de estos residuos ser5 siempre parcial y consumir mis y mas energia. En definitiva, el desarrollo econmico se realiza a costa de la disipacin de recursos no renovables, que resultan irreemplazables. Si esto es asi, el estu- dio del crecimiento econmico debe enfocarse desde su relacin con el agota- miento de 10s recursos y de su impacto sobre el medio ambiente. Conclusin obligada: en un mundo de recursos finitos el crecimiento ilimitado es una peligrosa utopia. La pregunta de todo economista: jcmo administrar 10s recursos escasos?, tendria su respuesta en un programa bioeconmico que buscase la integracin de la economia y la ecologia.

    Martinez Alier, asumiendo explicitarnente 10 esencial de este discurso, 10 amplia en dos direcciones. Hacia el pasado, rastreando 10s sepultados pre- cursores del enfoque ecolgico en economia (que el rnismo Georgescu-Roegen, como casi todos, desconocia) y sacando interesantes lecciones de esas aporta- ciones primerizas. Hacia el futuro, discutiendo el mbito cientfic0 de la eco- nomia frente a otras propuestas acadmicas, e intentando esbozar 10 que sena un programa social emancipador de signo ecologista.

    El mbito de la economia ecologica

    El punto de vista de Martinez Alier es el siguiente:

  • la historia) es 10 mismo que una ciencia econmica autntica: el estudio de la asignacin de recursos escasos a finalidades humanas alternativas (actuales y futuras),) (MART~NEZ ALIER, 1984, p. 92). Un pronunciamiento como ste, obviamente alejado de la cautela neopositivista que recomienda deslindar cuidadosamente el objeto de estudio, sugiere el tipo de confrontacin que el autor habr de mantener con muchos de sus colegas. En esta confrontacin Martinez Alier se abre paso a travs de una doble critica: de tipo ceinterno)), es decir, acerca de 10s supuestos metodolgicos de la teoria econmica; y de tipo c). Las fronteras de ese entorno parecen ser realmente vastas. Un ejemplo:

  • migraciones y 10s derechos de propiedad, la distribucin social de 10s valores morales* (MART~NEZ ALIER, 1984, p. 279).

    Ahora bien, jcrno puede llevarse a trmino tan ambicioso propsito? No basta, desde luego, con saltar abiertamente sobre las barreras disciplinarias, algo a 10 que Martinez Alier, como muchos otros, esta perfectainente dis- puesto. Es necesario algo mas, algo que permita desarrollar una visin globa- lizadora de la realidad y pueda dar coherencia y unidad lgica a las observa- ciones. En este asunto, el autor ve con simpatia el programa de ccciencia unificada>> trazado por Otto Neurath en 10s aos treinta. Tal programa (ex- plicado con cierta amplitud en el capitulo doce, en el que se desarrolla ade- mas una critica del marxismo desde la perspectiva ecolgica) proponia en sntesis una empresa unificadora del conocimiento cientifico, que, previa eli- minacin de las proposiciones cientificas contradictorias, reintegrarse la tota- lidad de 10 real.

    Las reservas que la posicin terica y programatica de Martinez Alier pue- den suscitar son realmente notables, y no so10 entre 10s economistas acad- micos. Sendas cnticas del libro que comentamos publicadas recientemente, por A. Barcel y A. Domknech en Mientras Tanto dan cuenta de ello. Do- MENECH (1985), con sagacidad critica y enjundia filosfica, debate la perti- nencia del ccindividualismo metodolgico~ en ciencias sociales y hace impor- tantes consideraciones sobre la determinacin de las necesidades humanas. BAR CEL^ (1985) discute desde el terreno de un economista critico las concep- ciones de Martinez Alier sobre el mbito de la economia y su finalidad. El lector interesado por estas cuestiones tericas y de mtodo sacar5 provecho leyendo 10s trabajos citados, asi como la interesantes replica del propio autor (MART~NEZ ALIER, 1985).

    Para un gegrafo, bastantes de 10s problemas debatidos a propsito del alcance y el mtodo de la economia ecolgica seran algo familiar, especial- rnente 10s que se refieren a la necesidad de un enfoque globalizador. La definicin de la economia como ecologia humana, centrada en el estudio de la utilizacin (pasada y actual) de 10s recursos por el hombre, se acerca bas- tante a la caracterizacin de la geografia como indagacin sobre las relacio- nes del hombre y el medio, sealadamente cuando sta se plantea desde una perspectiva holistica. La peliaguda cuestin de la redefinicin del campo cientifico se ha planteado tambin con particular agudeza en las corrientes ecolgico-paisajisticas de la geografia (vase al respecto el lucido trabajo de GRAU, 1984). Y, al fin y al cabo, muchos gegrafos han alimentado, y alimen- tan todavia, ambiciones holisticas de grueso calibre. No ser yo quien intente disuadirlos de tal empeo (como tampoc0 a Martinez Alier), pero me parece que la historia de la geografia es demasiado prdiga en grandes pronuncia-

  • mientos epistemolgicos que luego no se han visto respaldados por una inves- tigacin emprica de la altura deseada.

    Teorias energticas e historia de las ciencias sociales

    Es posible que 10 ya escrito d una idea del inters y carcter provocativo del libro de Martinez Alier, aunque desde luego no hace justicia a la originalidad de su aportacin. A mi entender, la principal contribucin de su trabajo estri- ba en la novedosa investigacin histrica que ofrece. Una investigacin que tiene por eje el impacto de las teoras energticas entre 1880 y 1940 en muy diversos campos cientificos, y que arroja nueva luz tanto sobre la evolucin de las ideas ecolgicas como sobre el perfil de las ciencias sociales.

    He escrito investigacin novedosa, y en este caso con toda justicia. Los numerosos, e intelectualmente tan estimulantes, puntos de contacto entre ciencia, tecnologia y reflexin social, han sido todavia poc0 estudiados y casi nunca de un modo sistemtico. La obra de Hayek, que el mismo autor cita como referencia ineludible, unas pginas reveladoras en la siempre inagota- ble obra de Mumford, y alguna contribucin reciente (como la de FOLEY [I9811 a propsito de Soddy y la energtica social), son algunas de las escasas pistas con las que Martinez Alier podia contar al iniciar su trabajo. El resto es bsqueda y estudio directo de las fuentes por parte del propio autor. Fuen- tes, por cierto, bien dispersas y nada obvias. Entre ellas, 10s escritos del ucraniano Podolinsky; de 10s austracos Sacher, Pfaundler y Josef Popper, que junto a K. Ballod y Ostwald escribieron, lgicamente, en alemn (y en alemn habia que leerlos); de 10s ingleses Soddy, Geddes y Hogben, y del norteamericano H. Adams. Estos autores componen el grueso de la impre- sionante lista de precursores de la economia ecolgica cuyas obras ha rescata- do Martinez Alier. ~ Q u tienen en comn estos trabajos salidos de la pluma de quimicos, economistas, bilogos y cientificos de tan diversa procedencia? Sencillamente el haber explorado las implicaciones que la energia y las no- ciones termodinmicas podian tener para la sociedad y las ciencias sociales.

    Hasta principios del siglo xrx no existe el concepto de energia. Lo mas prximo a el10 es la nocin del cccalrico~~: un fluid0 extendido por toda la naturaleza que, segn las propiedades de 10s cuerpos y la temperatura, obliga a stos a conservar10 o propagarlo. La formulacin del concepto de energia (como fuerza capaz de transformarse en trabajo mecnico) y la teoria de su conversacin tiene lugar entre 1830 y 1850, y es un ejemplo clsico de 10 que se ha llamado c

  • vacin mis detenida de la eficacia de las mquinas permiti desarrollar la segunda ley de la termodinmica, conocida como segunda ley de Clausius o principio de entropia. En esencia, el principio de entropia dice que en un sistema cerrado la energia disponible tiende a disminuir de modo irremedia- ble. La nocin de entropia sugiere la decadencia y agotamiento de cualquier sistema que no reciba un aporte energtico exterior.

    Desde mediados del siglo pasado fueron evidentes las mltiples implicacio- nes que las nociones termodinamicas podian tener. La energia se revelo pronto como

  • reproch a Ostwald su olvido de la disipacin de materiales, sometidos al igual que la energia a un proceso entrpico, y que entendiese contradictoria- mente el progreso cultural como algo paralelo a la menor utilizacin de la energia en la produccin, cuando es evidente que la produccin industrial es altamente intensiva en el consumo de energia. A la postre, Weber criticaba al quimico el que ste mezclase la teona econmica con el anlisis energtico. Martinez Alier reconoce la pertinencia de algunas observaciones de Max We- ber; sin embargo, cree que el camino barruntado por Ostwald, que lleva aparejada una estimacin fisico-natural de 10s bienes econmicos, y no sola- mente monetaria, puede ser fecundo.

    La aportacin de Patrick Geddes es analizada con cierto detalle en el capi- tulo siete. Martinez Alier destaca dos aspectos de la obra del gegrafo y urbanista ingls: la periodizacin histrica en base al uso de la energia, y la crtica energtica de la ciudad industrial. La posibilidad de correlacionar gas- to energtico y evolucin histrica fue tambin una obsesin del historiador norteamericano Henry Adams (1828-1918). Sus especulaciones en este terre- no son expuestas sucintamente.

    El capitulo octavo se detiene en el anlisis de la productividad agraria rea- lizado por Podolinsky en 1880. S. Podolinsky, un populista ucraniano que vivi entre 1850 y 1891, es considerado como un claro precursor de la moder- na contabilidad energtica de la agricultura. Mdico y fisilogo de forma- cin, fue uno de 10s primeros en apreciar la importancia de la segunda ley de la termodinmica para estudiar el funcionamiento de 10s sistemas econmi- cos. Su argumentacin era la siguiente: la Tierra es un sistema termodinmi- co abierto en el que la aportacin de energia solar compensa 10s procesos entrpicos. Las plantas actan como fijadores de energia solar, por tanto, el trabajo agrari0 aumenta el almacenamiento de energia aprovechable para la alimentacin humana. En la medida que la vida humana depende del aprove- chamiento del flujo de energia solar, la eficiencia del trabajo debe medirse en unidades de energia. Su intento de redefinir la teoria del ccvalor-trabajo,, en trminos energticos no fue muy apreciado por Engels, quien estaba conven- cido de que la economia y las ciencias naturales eran esferas de conocimiento que no debian mezclarse. Casi al mismo tiempo que Podolinsky, pero segu- ramente sin conocer su aportacin, E. Sacher (1834-1903) escribia sobre el baiance energtico de la activitad productiva, y especulaba acerca de cmo la disponibilidad de energia pudo haber influido en la evolucin histrica.

    Las tesis de Podolinsky y Sacher sobre la eficiencia energtica de la pro- duccin agraria dan paso a una exposicin sinttica sobre el balance energti- co de la agricultura moderna (capitulo nueve). Si se contabilizan 10s inputs de la agricultura industrial (abonos, combustible, pesticidas y herbicidas, etc.)

  • hay que concluir que 10s aumentos de la produccin agraria se deben bsica- mente a un incremento constante de 10s subsidios energticos exteriores. Di- cho en otros trminos, la agricultura tradicional, intensiva en trabajo huma- no y con escaso aporte energtico exterior, presenta una mayor eficiencia energtica que la agricultura moderna. El caso de la produccin de etanol en Brasil a partir de caa de azcar, examinado con cierto detalle, permite al autor ejemplificar 10s dilemas e incongruencias de una economia agraria que no tenga en cuenta la contabilidad energtica.

    En fin, el capitulo once esta dedicado a F. Soddy (1877-1956) y su critica de la teoria del crecimiento econmico. Soddy fue otro de 10s grandes cientificos (premio Nobel de qumica en 1921) que reconoci las estrechas conexiones entre economia y consumo energtico. Su crtica del modern0 sistema indus- trial se basaba en el caracter disipador de ste, asentado en el consumo cre- ciente de recursos naturales no renovables.

    No s si la rica argumentacin histrica reunida por el economista Marti- nez Alier ser6 capaz de conmover 10s cimientos de su disciplina, como 61 pretende. En cambio, estoy casi seguro de que muchos antropologos pueden sentirse atraidos por las aproximaciones de Sacher y Podolinsky, y que, por ejemplo, algunos historiadores agradeceran las hiptesis recogidas sobre el analisis ecolgico de la evolucin de la humanidad. A un gegrafo, esta revi- sin histrica de las ideas energtico-ecolgicas debe sugerirle, como mini- mo, muchas preguntas. La ms obvia es sta: jcmo explicar el relativo de- sinters de 10s gegrafos por las cuestiones energticas? Un desinters doble- mente sorprendente y que sin duda merece ser explicado. Es sorprendente en primer trmino porque el estudio del uso de la energia por el hombre, y en anlisis de 10s flujos energticos y de materiales en 10s sistemas econmicos y ecolgicos, es uno de 10s lazos ms claros entre la geografia fsica y la geogra- fia humana, y podria haber servido como nexo unificador entre estos campos (algo que concuerda con las proclamas y aspiraciones de muchos gegrafos). Pero es mis sorprendente alin porque considerando la geografia de princi- pios del siglo xx, esta atencin a las cuestiones energticas existia ya. Prueba de el10 es la misma obra de P. Geddes. Una obra que 10s gegrafos han integrado sin vacilar en sus reconstrucciones de la propia tradicin disciplina- ria (p.e., CLAVAL, 1973, cap. VII), y que ha merecido reiterados estudios, sin que desgraciadamente se haya destacado con claridad el peso que en ella tienen las consideraciones ecolgicas y energticas. Son estas considcracio- nes (que Martinez Alier ha sabido valorar) las que impresionaron a Mum- ford, y algo que esta en la base de su pensamiento territorial y urbano.

    Como sea que al nombrar a Geddes siempre habr alguien que piense que estamos hablando de sociologia o de urbanismo, aducir otro ejemplo. En

  • este caso un gegrafo indiscutido y una obra seminal de la geografia clsica francesa: La Gographie humaine de Jean Brunhes (1910). Brunhes estaba realmente interesado por las cuestiones de economia energtica y por 10s problemas ecolgicos. Hasta tal punto que al escribir la citada obra (un texto, hay que recordar, que es tanto una sntesis personal del campo como una propuesta normativa), 10s ahechos de economia destructiva,, aparecen como parte esencial del objeto de la geografia humana. En la segunda edicin pu- blicada en 1912, que es la que estoy manejando, se dedica a este asunto un capitulo entero de mas de un centenar de pginas.

    El tratamiento que da Brunhes a 10s ahechos de economia destructiva,, esclarece la importancia que concedia a 10s problemas energticos. Unas p- ginas iniciales se refieren a las diferentes modalidades de ocupacin destruc- tiva del suelo; se detiene luego brevemente en la descripcin de algunos tipos de devastacin vegetal y animal, para dedicar la mitad del capitulo restante a la explotacin del carbn. Las fuentes utilizadas por Brunhes son Ernst Frie- dich, un gegrafo aleman especialista en geografia econmica que en 1904 habia publicado en Petermanns Mitteilungen un estudio sobre la aRaubwirts- chaftn (devastacin o rapifia econmica); Bernard Brunhes, su propio her- mano, un fisico interesado por la termodinmica (al que Martinez Alier tam- bin cita) que p o c ~ antes habia escrit0 un libro sobre La degradacin de la energia (Paris, Flammarion, 1908); Stanley Jevons, uno de 10s primeros cien- tificos en ocuparse del agotamiento de 10s recursos naturales; y la ya por entonces relativamente abundante literatura conservacionista. En suma, una informacin actualizada y que evidencia su familiaridad con las corrientes ecolgicas del momento.

    Por qu 10s gegrafos franceses (y tambin 10s espafioles, pues aqu fue bien conocida y apreciada la obra de Brunhes) se interesaron ms por 10s aspectos morfolgicos de su trabajo que por 10s aspectos ecolgicos es algo que est por explicar satisfactoriamente. Quiza ayudase a el10 una buena historia social de las comunidades cientificas, como tambin a responder a las reiteradas preguntas que Martinez Alier se hace acerca de 10s hiatos y cesuras que presenta la difusin de las ideas ecolgico-econmicas. Mientras tanto, 10s que creemos que la historia de las ideas cientificas es una apasionante empresa pluridisciplinar hemos de ver el trabajo de Martinez Alier como algo muy esperanzador. Al fin y al cabo, 10s procesos de investigacin en el mundo acadmico suelen ser acumulativos, y las obras novedosas, bien dise- adas y provocativas, deben atraer hacia su campo a nuevos investigadores.

  • BAR CEL^, A., 1985, aEl ecologisrno y la nocin de economian, Mientras Tanto, 23, pp. 17-21. BRUNHES, J., 1910, La Gographie humaine. Essai de clasificationpositive, 2." ed. 1912, Paris, Flix Alcan.

    DOMBNECH, A., 1985, aEl ecologismo y la tercera cultura*, Mientras Tanto, 23, pp. 23-35. FOLEY, G., 1981, La cuestin energtica, Barcelona, Serbal. GEORGESCU-ROEGEN, N., 1971, The Entropy Law and the Economic Process, Cambridge, Har-

    vard University Press. -, 1975 ,