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  • 227Ideas, conceptos, metforas. La tradicin alemana de historia

    Res publica, 25, 2011, pp. 227-248

    Ideas, conceptos, metforasLa tradicin alemana de historia intelectual

    y el complejo entramado del lenguaje

    Elas Jos Palti

    Segn suele afirmarse, la escuela alemana de historia de conceptos o Be-griffsgeschichte iniciada por Reinhart Koselleck, junto con Otto Brunner y Werner Conze, introdujo un sentido de la historicidad de las formaciones conceptuales por completo ausente en la tradicin precedente Ideengeschich-te. Una de las mejores expresiones de ello sera El mito del Estado, de Ernst Cassirer. All el concepto de Estado aparece como una categora transhistrica que puede encontrarse en las ms diversas pocas y contexto de pensamiento. Esta oposicin resulta, sin embargo, algo simplista. Ciertamente, ninguno de los pensadores a los que normalmente se los inscribe dentro de aquella tradicin desconoci el hecho de que el significado de las ideas se altera en los marcos de los diversos contextos discursivos en que aparece. Lo dicho no niega que entre el mtodo desarrollado por autores como Ernst Cassirer y el programa historiogrfico propuesto por Koselleck haya diferencias sustan-ciales. Pero hallarlas no resulta tan sencillo. Para descubrirlas es necesario internarse en la problemtica, sumamente compleja, relativa a la temporalidad de las formaciones intelectuales, cul sera su origen y naturaleza. En fin, no basta con registrar los cambios semnticos que experimentan los conceptos sino que es necesario comprender por qu lo hacen.

    Como veremos, no se trata de que la Ideengeschichte desconozca estos cambios sino de que enfrentar obstculos insalvables en el momento de ex-plicar los mismos, obstculos que tampoco, sin embargo, la Begrisgeschichte koselleckiana lograra superar completamente. Para Blumenberg, ello no es incidental; no se tratara meramente de una deficiencia en la teora kosellec-kiana sino que desnuda una problemtica epistemolgica ms profunda. Los problemas hallados para dar cuenta de la fuente de la contingencia en la his-toria intelectual expresan el hecho de que ello es algo que escapa, por defini-cin, al alcance de la historia conceptual; es decir, exige trasladar el foco de la reflexin de los conceptos hacia un mbito ms primitivo de realidad simbli-ca, que es, precisamente, aqul en que buscara internarse su metaforologa.

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    Res publica, 25, 2011, pp. 227-248

    Lo cierto es que en esta bsqueda por hallar la fuente de la contingencia historicidad que tie a las formaciones conceptuales, impidindoles fijar su contenido semntico, la tradicin alemana de historia intelectual, en la lnea que arranca con Dilthey y Cassirer y culmina en Koselleck y Blumen-berg, habr de ampliar decisivamente nuestras perspectivas de la misma y abrir nuestra perspectiva a un orden de realidad complejo y estratificado, un ricamente entramado universo simblico que yace ms all del plano de los contenidos referenciales de los discursos (que fuera el objeto exclusivo de la historia de ideas).

    Cambio y permanenCia de las ideas

    Cassirer, como dijimos, es normalmente considerado uno de los principa-les representantes de la tradicin alemana de Ideengeschichte. En El mito del Estado define su planteo metodolgico a partir de una discusin respecto de la naturaleza de los mitos y la posibilidad de comprenderlos desde una pers-pectiva racional.

    Por un lado, dice, es cierto que, en contra de lo que afirmaba James Frazer en La rama dorada, los modos de proceder intelectual propios del mito no pueden asimilarse a los cientficos sin desfigurarlos y perder de vista aquello que los caracteriza como tales. Pero, inversamente, si stos, como sostena Lucien Lvy-Bruhl en La mentalidad primitiva, nos fueran absolutamente extraos, si fueran radicalmente incompatibles con nuestra mentalidad racio-nal, no habra ningn conocimiento cientfico posible de ellos. En suma, para Cassirer, los conceptos, categoras y procedimientos intelectuales no pueden extrapolarse de un tipo de mentalidad a otra, carecen de significado despren-didos de la matriz intelectual particular en que se inscriben. El mito y la razn delimitan, pues, dos universos de sentido cerrados y autocontenidos. Esto no impide, no obstante, la mutua traductibilidad entre ambos modos de compren-sin del mundo. Demanda, s, un arduo trabajo de exgesis para penetrar las claves particulares que ordenan aquellos sistemas intelectuales extraos al nuestro, como el mtico.

    Hasta aqu, el programa de Cassirer no parece diferir demasiado, mutatis mutandis, del de Koselleck en su abordaje de las dos grandes cosmovisiones que analiza, la moderna y la premoderna (las cuales se encontraran separadas por el Sattelzeit o periodo bisagra que va entre 1750 y 1850). Si bien, para l, no hay medida comn entre ellas en cuanto a sus contenidos ideales, la misin del historiador conceptual consiste en recobrar y volver significativo el universo intelectual premoderno para los contemporneos. Llegado a este punto, sin embargo, se revela, para Koselleck, la limitacin fundamental de la Ideengeschichte. Las ideas no pueden servir de unidad de anlisis para un tipo

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    de comprensin histrica tal puesto que carecen, como tales, de un principio de historicidad inherente. Una idea aparece o no en un contexto, pero ello es una circunstancia externa a ella. Entre una idea y su contexto no existe un vnculo ms que contingente. Slo en los conceptos las variantes semnticas producidas por las alteraciones en su contexto de enunciacin se integran a los mismos y pasan a formar parte constitutiva de su definicin. De aqu resulta aquella limitacin intrnseca a toda historia de ideas.

    El problema que se le plantea a sta en el momento de abordar los cambios semnticos es cmo identificar la persistencia de una misma idea, aquello que la identifica a travs de la serie de sus desplazamientos significativos. La nica forma posible de hacerlo dentro de sus marcos es suponiendo la existencia de un ncleo conceptual que se mantiene inalterado por debajo de las variaciones de sentido que tal idea experimenta. Si no fuera as, si tras cada nueva definicin de ella no se preservara nada de las definiciones pre-cedentes, se tratara, en cada caso, simplemente de una idea distinta. Escribir una historia de la idea de Estado implicara, pues, incurrir en una falacia nominalista, esto es, crear una entidad ficticia a partir de la sola recurrencia accidental de un trmino que no remite a ningn objeto o ncleo conceptual comn. En fin, en tal caso, la historia intelectual se pulverizara, reducindose a una pura secuencia de acontecimientos discursivos singulares.

    Ahora bien, dicho esto, la pregunta original an persiste: qu pasara si, a pesar de ello, el anlisis histrico no nos descubriese, sin embargo, la exis-tencia de ningn ncleo comn a una misma idea, ninguna definicin que comprenda a todas sus declinaciones histricas. Dicho de otro modo, qu ocurrira si las variaciones semnticas que se verificaran histricamente fue-ran lo suficientemente amplias al punto de no dejar lugar a ningn conjunto de principios o afirmaciones que fuese aplicable a todos los miembros de la clase en cuestin. De hecho, ste parece ser el problema ms frecuente entre los historiadores intelectuales. stos habrn de comprobar una y otra vez las dificultades, si no la llana imposibilidad, de hallar una definicin unvoca de aquellos trminos polticos muy connotados histricamente, como liberalis-mo, repblica, democracia, justicia, etc. Todas las propuestas de definicin al respecto parecen condenadas a ser siempre al mismo tiempo demasiado amplias y demasiado estrechas. Es decir, para incluir todo aquello que debe-ran incluir deben volverse tan vagas que pierden todo efecto discriminatorio (prcticamente todos los sistemas de ideas conocidos podran comprenderse bajo dicha definicin), y aun as tampoco tales intentos vagos de definicin podran evitar que nunca se apliquen completamente a aquellos casos a los que estaban destinadas a hacerlo. En suma, el historiador de ideas estara condenado a manejar categoras (puesto que no puede prescindir de ellas) carentes, sin embargo, de toda capacidad hermenutica efectiva.

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    Res publica, 25, 2011, pp. 227-248

    En ltima instancia, la Ideengeschichte slo pondra de relieve una apora inherente a las filosofas neokantianas de la historia: stas habran de intro-ducir un sentido histrico que las lleva a postular la existencia de quiebres y rupturas conceptuales sin poder, no obstante, pensarlos sin destruir las premi-sas en que se sustentaba su sistema de saber. Todo el proyecto historiogrfico koselleckiano gira, justamente, en torno del objetivo de confrontar esa apora, lo que lo lleva a elaborar su concepto de concepto.

    El concEpto y sus dEsfasEs significativos

    Segn afirma Koselleck, slo cuando un trmino o idea se carga de con-notaciones particulares diversas se convierte en un concepto (una pala-bra, dice, se convierte en un concepto si la totalidad de un contexto de experiencia y significado sociopoltico, en el que se usa y para el que se usa esa palabra, pasa a formar parte globalmente de esa nica palabra).1 Y eso replantea completamente la cuestin. Mientras que la idea, para preservarse como tal, debe estrechar progresivamente su contenido hasta, en su caso lmi-te, convertirse en una categora vaca (para abarcar toda la variada gama de sentidos comprendidos por su nocin no puede ya afirmar nada determinado), el concepto, por el contrario, se enriquece semnticamente a medida que in-corpora contenidos diversos. Esta riqueza semntica le confiere, no obstante, un carcter inevitablemente plurvoco.

    Como afirma la mxima de Nietzsche que Koselleck repite una y otra vez en sus escritos: slo lo que