hailey arthur - medicina peligrosa

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    Annotation

    Es la historia de una mujer que lucha para progresar en su carrera profesional y conservar el amor de su vida. Su ascenso, a traos, hasta llegar a la presidencia de un gigantesco laboratorio farmacutico, va develando los dramticos entretelones de esta indusecreta: los progresos espectaculares de la ciencia, los trgicos errores, como el de la talidomida, por ejemplo; las batallas entre laganancias; la explotacin poltica; la verdad sobre los remedios "inofensivos".

    Arthur Hailey

    PRLOGO1985PRIMERA PARTE 1957-1963

    1234567891011

    SEGUNDA PARTE 1963-19751

    234567891011

    TERCERA PARTE12

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    CUARTA PARTE12345678910111213

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    Arthur Hailey

    Medicina peligrosa

    Ttulo original:Strong MedicineTraduccin:' Helena Valent1 edicin: octubre 1993 Arthur Hailey, 1984 Traduccin cedida por Editorial Planeta Adiciones B, S.A., 1993 Barcelona (Espaa)Printed in SpainISBN: 84-406-4125-7Depsito legal: B. 29.679-1993

    Impreso por

    LITOGRAFA ROSS

    Realizacin cubierta: Jordi Vallhonesta

    NOTA PERSONAL DEL AUTOR A LOS LECTORES

    En 1979, cuando publiquOverload,os anunci que me retiraba. Me senta cansado. Haba tenido una vida muy llena. A los mlectores que tengo en todo el mundo les agradeca, y les agradezco todava hoy las formas variadas y mltiples con que han enrivida y han posibilitado mi descanso.

    Para los aos que me quedaban de vida, proyectaba dedicar ms tiempo y viajar ms en compaa de mi querida espoadems de a la pesca, a leer ms l ibros, a escuchar msica, es decir, al tipo de cosas normalmente vedado a los escritores profesi

    Sin embargo, desconoca cun prximo me hallaba de la muerte, debido a seis obturaciones en las arterias coronarias, estadiagnostic, al poco tiempo, mi amigo mdico, el doctor Edward Robbins, de San Francisco, quien me aconsej una operacin inmoperacin un desvo cudruple-fue efectuada por el doctor Dentn Cooley y sus colegas del Instituto Cardiaco de Texas, equip

    cual mi gratitud rebasa todos los lmites imaginables.Sheila me anim y ayud con su presencia, como ha hecho durante nuestro matrimonio de amor. No es casualidad que en

    novela los nombres de Celia y Sheila sean de pronunciacin tan similar.El resultado de todo ello fue recobrar la salud y nueva energa, hasta el punto que Sheila un da me dijo: Creo que deberas e

    libro. Consejo que segu. Medicina,peligrosaes prueba de ello.

    Las enfermedades, de la desesperacin nacidas, en desesperados remedios encuentran curacin, si la encuentran.Shakespeare,Hamlet

    Abrumados estamos por el acopio infinito de medicamentos de que nos hacen panegrico, y para colmo nos aaden otro.

    Thomas Sydenham, M. D. (1624-1689)

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    1985

    En un 747, en la parte delantera de la cabina de primera clase, y a la media hora de despegar de Londres, el doctor Andrew Jordmano de su mujer.

    Tranquilzate le di jo. No pasar nada.Claro que pasar. Para esto est Dennis Donahue replic ella.

    Andrew hizo una mueca al or nombrar al demagogo senador norteamericano de Nueva Inglaterra.La boca comenzaba a hacrseme agua ante la perspectiva del almuerzo, y t te empeas en revolverme el estmago mencion

    asqueroso se quej l.Un poco de seriedad, Andrew. Recuerda que debido a los medicamentos han muerto personas.T trabajas a otro nivel.No importa; si hay denuncia, a m tambin me implicarn. Es posible que vaya a la crcel.

    l trat de animarla:No te adelantes a los acontecimientos, aunque te prometo venir a verte diariamente y traerte pasteles rellenos de hojas de serraAndrew!-exclam ella, mirndolo con una sonrisa en la que se mezclaba la tristeza con la ternura.

    A los veintiocho aos de matrimonio cun magnfico es, se dijo l, admirar a tu mujer por su belleza, inteligencia y fuerza. Y todo sin caer en sentimentalismos.

    Eran cualidades que l haba tenido ocasin de admirar un millar de veces.Qu bonito!-coment una voz desde el pasillo.

    Andrew mir.Era la azafata, radiante, joven, alegre, que observaba cmo se cogan de la mano.l le dijo con cara muy seria:!? Los viejos tambin se enamoran.De veras?-replic la azafata, siguiendo la broma. Nunca lo hubiera dicho. Ms champn?S, por favor.

    A l no se le escap la manera con que le miraba la chica, y comprob, una vez ms, que, a pesar de sus aos, era un hombincluso a los ojos de una persona que hubiera podido ser su hija. Cmo le haba descrito la semana pasada aquel peridico de Loilustre y apuesto doctor de pelo plateado, esposo de..., etc., etc. Andrew no lo haba comentado, pero la verdad es que se hasumamente halagado.

    Llena de nuevo la copa, Andrew se arrellan en la butaca.Disfrutaba de lo lindo con todos los detalles que comportaba volar en primera clase, aunque actualmente no aparecieran reve

    importancia de otros tiempos. Por supuesto que los pagaban con el dinero de su mujer. No es que l no cobrara un buen sueldo, cointernista, pero dudaba mucho de que hubiera, por s solo, alcanzado para pagar el pasaje de primera clase del vuelo Londres Nuevlo que no caba ninguna duda es que jams hubiera podido costear el jetprivado con que l y su mujer acostumbraban a viajar pUnidos.

    Alto, se dijo, con quehabanslido viajar hasta el presente. De ahora en adelante era imposible saber qu les esperaba.De todos modos, el dinero no haba sido jams tema de disputa entre ellos dos.Desde el primer da su mujer haba dejado bien claro que lo que era de uno era de ambos. Siempre haban tenido cuentas

    conjuntas y aunque la contribucin de Andrew era actualmente bastante inferior a la de ella, ninguno de los dos se haba entretenidcomparaciones aritmticas.

    Las ideas de Andrew fueron perdiendo precisin a medida que el 747 giraba lentamente hacia el oeste y sobrevolaba el AtlnticoLa pareja continu con las manos entrelazadas.Andrew cunto bien me hace sentirte a mi lado dijo ella. Siempre conmigo. Y siempre tan fuerte...Es curioso observ l. Fuerte es precisamente la palabra que mentalmente te aplicaba a ti .Hay distintas maneras de ser fuerte indic ella. La tuya me es necesaria.El habitual ajetreo de la vida a bordo haba comenzado: se estaban haciendo los preparativos para el almuerzo. Se desplegaba

    que se recubran de manteles blancos y de cubertera.Al poco rato su mujer aadi:Pase lo que pase, me defender.-Como de costumbre, no crees?Ella reflexionaba con su acostumbrada meticulosidad.Dentro de unos das escoger un abogado. Tiene que ser alguien experimentado, aunque no excesivamente brillante. Dema

    podra ser perjudicial.

    l le estrech la mano.Me gustas cuando hablas as.Ella le contest con una sonrisa: Estars a mi lado durante el juicio?No faltar ni un da. Los enfermos tendrn que sacar fuerzas de flaqueza hasta que todo haya pasado.Eso s que no me lo creo repuso ella. Pero me gustara que no me dejaras sola.No soy el nico mdico. Ya nos arreglaremos.Quin sabe dijo ella, quin sabe, tal vez el abogado sea capaz de hacer milagros.

    Andrew hundi el cuchillo en el caviar que acababan de ponerle delante. Por serias que fueran las dificultades de su situacin, echar a perderaquello.

    Todo es posible contest l, extendiendo el caviar sobre la tostada. Lo nuestro al principio fue un milagro. Y ha habido msti. Por qu no otro? Dedicado especialmente a ti.

    Sera realmente un milagro.

    Lo ser-le corrigi l.Andrew cerr los ojos. Con el champn y la altitud le haba entrado sueo. Pero en su somnolencia le vino el recuerdo del primer mHaca mucho tiempo...

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    PRIMERA PARTE 1957-1963

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    El mdico manifest en voz baja: Su mujer se muere, John. Es cuestin de unas pocas horas.Al ver la palidez y la angustia reflejada en la cara del delgado joven que le escuchaba, vestido todava con el mono de la fbrica, aMe gustara mucho poder decirle algo distinto. Pero me parece que usted prefiere saber exactamente la verdad.Se encontraban en el hospital de Saint Bede, de Morristown, New Jersey.Comenzaban a llegar los primeros ruidos de la noche, los escasos ruidos nocturnos de una ciudad de provincias, que apenas inte

    silencio entre los dos.A la mortecina luz de la habitacin del hospital, Andrew se fij en el doble movimiento convulso de la nuez de la garganta del m

    moribunda, y luego le oy decir:No puedo creerlo. Si acabamos de empezar. Es el comienzo. Tenemos un nio de meses.S, ya lo s.

    Me parece tan...Injusto?El joven asinti.De aspecto muy decente y trabajador. John Rowe. Veinticinco aos, cuatro aos menos que el propio doctor Jordn, y se tomaba

    noticia, claro. De buena gana Andrew hubiera dicho cualquier cosa para consolarlo. Aunque Andrew comenzaba ya a estar avezado a haba aprendido a reconocer sus sntomas, todava no saba cul era la mejor manera de comunicar su proximidad a los parientes o moribundo. Qu era mejor? Que el mdico fuera franco, que no se anduviera con remilgos, o exista una forma ms sutil?

    Eso no lo enseaban en la escuela de medicina, ni en ninguna parte.Los virus no se atienen a ningn concepto de justicia dijo, aunque tambin es cierto que normalmente no se comportan

    Mary. Lo habitual es que reaccionen al tratamiento.No hay nada? Ningn medicamento que...?