el retorno del ciudadano - kymlicka y norman

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  • 1. EL RETORNO DEL CIUDADANO. UNA REVISIN DE LA PRODUCCINRECIENTE EN TEORA DE LA CIUDADANA* Will Kymlicka University of OttawaWayne Norman University of OttawaIntroduccinEl inters de los tericos polticos por el concepto de ciudadana ha experimentado unaverdadera explosin. En 1978 era posible afirmar confiadamente que el concepto deciudadana ha pasado de moda entre los pensadores polticos" (Gunsteren, 1978, pg. 9).Quince aos ms tarde, ciudadana se ha convertido en una palabra que resuena todo a lolargo del espectro poltico (Heater, 1990, pg. 293; Vogel y Morgan, 1991, pg. x). Hay unaserie de razones que explican este renovado inters, propio de los noventa.A nivel de la teora, se trata de una evolucin natural del discurso poltico, ya que elconcepto de ciudadana parece integrar las exigencias de justicia y de pertenenciacomunitaria, que son respectivamente los conceptos centrales de la filosofa poltica de losaos setenta y ochenta. El concepto de ciudadana est ntimamente ligado, por un lado, a laidea de derechos individuales y, por el otro, a la nocin de vnculo con una comunidadparticular. En consecuencia, es probable que pueda ayudar a clarificar lo que est realmenteen juego en el debate entre liberales y comunitaristas. El inters en la ciudadana ha sido tambin alimentado por un serie de eventospolticos y tendencias recientes que se registran a lo largo y ancho del mundo: la crecienteapata de los votantes y la crnica dependencia de los programas de bienestar en los EstadosUnidos, el resurgimiento de los movimientos nacionalistas en Europa del Este, las tensionescreadas por una poblacin crecientemente multicultural y multi-racial en Europa occidental,el desmantelamiento del Estado de bienestar en la Inglaterra thatcheriana, el fracaso de laspolticas ambientalistas fundadas en la cooperacin voluntaria de los ciudadanos, etc. Estos acontecimientos han mostrado que el vigor y la estabilidad de una democraciamoderna no dependen solamente de la justicia de su estructura bsica sino tambin de lascualidades y actitudes de sus ciudadanos1[1]. Por ejemplo, su sentimiento de identidad y supercepcin de las formas potencialmente conflictivas de identidad nacional, regional, tnicao religiosa; su capacidad de tolerar y trabajar conjuntamente con individuos diferentes; su* Este texto apareci originalmente como Return of the Citizen: A Survey of Recent Work on CitizenshipTheory, en Ethics, no 104, Chicago, The University of Chicago Press, enero de 1994, pgs. 257-289.Publicado con permiso de los autores. La versin en castellano aqu reproducida apareci en Cuadernos delCLAEH , n0 75, Montevideo, 1996, pgs. 81-112.AgorA nm. 7/invierno de 1997, pags. 5-42.1[1] Rawls dice que la estructura bsica es el tema primario de la teora de la jus ticia en Rawls, 1971, pg.7,y Rawls, 1993, pgs. 257-289.1

2. deseo de participar en el proceso poltico con el propsito de promover el bien pblico ysostener autoridades controlables; su disposicin a autolimitarse y ejercer la responsabilidadpersonal en sus reclamos econmicos, as como en las decisiones que afectan su salud y elmedio ambiente. Si faltan ciudadanos que posean estas cualidades, las democracias sevuelven difciles de gobernar e incluso inestables 2[2]. Como observa Habermas, lasinstituciones de la libertad constitucional no son ms valiosas que lo que la ciudadana hagade ellas (Habermas, 1992, pg. 7).No es sorprendente, pues, que haya cada vez ms invocaciones a una teora de laciudadana que se ocupe de la identidad y de la conducta de los ciudadanos individuales,incluyendo sus responsabilidades, roles y lealtades. Sin embargo, hay dos riesgos generalesen esta bsqueda. El primero es que el alcance de una teora de la ciudadana espotencialmente ilimitado, ya que prcticamente todo problema de filosofa poltica implicarelaciones entre ciudadanos o entre los ciudadanos y el Estado. En la presente revisinintentaremos evitar este peligro centrndonos en dos cuestiones generales que, en opininde los tericos de la ciudadana, fueron desatendidas como resultado del excesivo nfasisque ha puesto la filosofa poltica reciente en las estructuras e instituciones. Se trata de lasvirtudes cvicas y de la identidad ciudadana 3[3].El segundo peligro para una teora de la ciudadana surge como resultado de lafrecuente confusin entre dos conceptos que aparecen en la discusin: la ciudadana comocondicin legal, es decir, la plena pertenencia a una comunidad poltica particular, y laciudadana-como-actividad-deseable, segn la cual la extensin y calidad de mi propiaciudadana depende de mi participacin en aquella comunidad. Como veremos en la prxima seccin, muchos autores creen que una teora de laciudadana adecuada requiere un gran nfasis en las responsabilidades y virtudes. Sinembargo, pocos de entre ellos proponen que debamos revisar nuestra concepcin de laciudadana-como-condicin-legal de manera tal que sea posible, digamos despojar de suciudadana a la gente aptica. Lo que preocupa a estos autores son mas bien los requisitosque caracterizan al "buen ciudadano. Pero deberamos esperar que una teora del buenciudadano sea relativamente independiente de la cuestin legal consistente en saber qu esun ciudadano, del mismo modo que una teora de la persona de bien es algo diferente delproblema metafsico (o legal) de saber qu es una persona. Si bien muchos tericos respetanesta distincin al desarrollar sus propias teoras, en la ltima seccin vamos a discutir unatendencia muy generalizada a ignorarla cuando se trata de criticar las teoras de los dems(por ejemplo, por la va de contrastar la propia concepcin "fuerte de la ciudadana-como-actividad con la concepcin dbil de la ciudadana-como-condicin defendida por eloponente).La ortodoxia de posguerraAntes de describir la produccin reciente es preciso bosquejar rpida mente el punto devista implcito en buena parte de la teora de posguerra. Este punto de vista estuvo casienteramente definido en trminos de posesin de derechos.2[2] Esto puede explicar el reciente inters de algunos gobiernos en promover la ciudadana. Vanse ComisinBritnica de Ciudadana, Encouraging Citizenship, 1990; Senado de Australia, Active Citizenship Revisited,1991; Senado de Canada, Canadian Citizenship: Sharirig tbe Rcsponsability, 1993.3[3] Un problema del que no nos vamos a ocupar aqu es el de las polticas de inmigracin y naturalizacin(veanse, por ejemplo, Brubaker, 1989, y V: Gunsteren 1988).2 3. La exposicin ms influyente de esta concepcin de la ciudadana-como-posesin-de-derechos fue la de T. H. Marshall en Citizenship and Social Class, escrito en 19494[4].En opinin de Marshall, la ciudadana consiste esencialmente en asegurar que cada cual seatratado como un miembro pleno de una sociedad de iguales. La manera de asegurar este tipode pertenencia consiste en-otorgar a los individuos un numero creciente de derechos deciudadana.Marshall divide estos derechos en tres categoras que, desde su punto de vista, sematerializaron en Inglaterra en tres siglos sucesivos: derechos civiles, que aparecen en elsiglo XVIII, derechos polticos, que se afirman en el siglo XIX y derechos sociales -porejemplo, a la educacin pblica, a la asistencia sanitaria, a los seguros de desempleo y a laspensiones de vejez- que se establecen en el siglo XX (Marshall, 1965, pgs. 78 y sigs.) 5[5].Con la expansin de los derechos de ciudadana -anota Marshall- hubo tambin unaexpansin de las clases de ciudadanos. Los derechos civiles y polticos, que originalmentese restringan a los varones blancos, propietarios y protestantes, fueron gradualmenteextendidos a las mujeres, los trabajadores, los judos y catlicos, los negros y otros grupospreviamente excluidos.Para Marshall, la ms plena expresin de la ciudadana requiere un Estado debienestar liberal-democrtico. Al garantizar a todos los derechos civiles, polticos ysociales, este Estado asegura que cada integrante de la sociedad se sienta como un miembropleno, capaz de participar y de disfrutar de la vida en comn. All donde alguno de estosderechos sea limitado o violado, habr gente que ser marginada y quedar incapacitadapara participar. A esta concepcin suele denominrsela ciudadana "pasiva o privada, dado sunfasis en los derechos puramente pasivos y en la ausencia de toda obligacin de participaren la vida pblica. Se trata de una concepcin que sigue contando con grandes apoyos 6[6], yesto por buenas razones: los beneficios de la ciudadana privada no se deben menospre ciar,ya que ponen ciertos bienes humanos bsicos (seguridad, prosperidad y libertad) al alcancede casi todos. Y esto es nada menos que una fantstica realizacin humana (Macedo, 1990,pag. 39).Sin embargo, a esta ortodoxia de posguerra la han atacado con creciente frecuenciaa lo largo de la ltima dcada. A los fines de este artculo, podemos identificar dos clases-decrticas. La primera se centra en la necesidad de complementar (o sustituir) la aceptacinpasiva de los derechos de ciudadana con el ejercicio activo de las responsabilidades yvirtudes ciudadanas (entre las que se incluyen la autosuficiencia econmica, la participacinpoltica e incluso la civilidad). Estas cuestiones se discuten en la seccin siguiente.4[4] Reimpreso en Marshall, 1965. Para una introduccin concisa a la historia de la ciudadana, vanse Heater,1990 y Walzer, 1989.5[5] Con frecuencia se menciona lo idiosincrsico de la historia inglesa. En muchos pases europeos varios deestos progresos recin ocurrieron en los ltimos cincuenta aos y frecuentemente en un orden inverso. Y aunen Inglaterra la evidencia histrica habla de un "mode1o de flujo y reflujo" ms que de un esquema "lineal"(Heater, 1990, pg. 271; Parry, 1991, pg. 167; Held, 1989. pg. 193; Turner, 1989).6[6]Cuando se le pregunta que es lo que significa ciudadana, la gente tiende a hablar mucho msfrecuentemente de derechos que de responsabilidades. Esto es cierto tanto en Gran Bretaa como en losEstados Unidos, si bien los britnicos tienden a enfatizar la importancia de los derechos sociales (por ejemplo,2 la situacin pbli