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EL RETORNO DEL CIUDADANO. UNA REVISIÓN DE LA PRODUCCIÓN RECIENTE EN TEORÍA DE LA CIUDADANÍA• WILL KYMLICKA Y WAYNE NORMAN

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  • IEP - Instituto de Estudios Peruanos

    Taller Interactivo: Prcticas y Representaciones de la Nacin, Estado y Ciudadana en el Per

    EL RETORNO DEL CIUDADANO. UNA REVISIN DE LA PRODUCCIN RECIENTE EN TEORA DE LA CIUDADANA

    WILL KYMLICKA Y WAYNE NORMAN

    Mdulo: Aproximaciones tericas: Estado Sesin 8 Lectura N 2

    Lima, Agosto del 2002

    En: gora, nm. 7, 1997, pp. 5-42.

  • EL RETORNO DEL CIUDADANO. UNA REVISIN DE LA PRODUCCIN

    RECIENTE EN TEORA DE LA CIUDADANA*

    Will Kymlicka

    University of Ottawa

    Wayne Norman

    University of Ottawa

    Introduccin

    El inters de los tericos polticos por el concepto de ciudadana ha experimentado una verdadera explosin. En 1978 era posible afirmar confiadamente que "el concepto de ciudadana ha pasado de moda entre los pensadores polticos" (Gunsteren, 1978, pg. 9). Quince aos mas tarde, "ciudadana" se ha convertido en una palabra que resuena todo a lo largo del espectro poltico (Heater, 1990, pg. 293; Vogel y Morgan, 1991, pag. x). Hay una serie de razones que explican este renovado inters, propio de los noventa.

    A nivel de la teora, se trata de una evolucin natural del discurso poltico, ya que el concepto de ciudadana parece integrar las exigencias de justicia y de pertenencia comunitaria, que son respectivamente los conceptos centrales de la filosofa poltica de los aos setenta y ochenta. El concepto de ciudadana esta ntimamente ligado, por un lado, a la idea de derechos individuales y, por el otro, a la nocin de vnculo con una comunidad particular. En consecuencia, es probable que pueda ayudar a clarificar lo que esta realmente en juego en el debate entre liberales y comentaristas.

    El inters en la ciudadana ha sido tambin alimentado por una serie de eventos polticos y tendencias recientes que se registran a lo largo y ancho del mundo: la creciente apata de los votantes y la crnica dependencia de los programas de bienestar en los Estados Unidos, el resurgimiento de los movimientos nacionalistas en Europa del Este, las tensiones creadas por una poblacin crecientemente multicultural y multi-racial en Europa occidental, el desmantelamiento del Estado de bienestar en la Inglaterra thatcheriana, el fracaso de las polticas ambientalistas fundadas en la cooperacin voluntaria de los ciudadanos, etc.

    Estos acontecimientos han mostrado que el vigor y la estabilidad de una democracia moderna no dependen solamente de la justicia de su estructura bsica" sino tambin de las cualidades y actitudes de sus ciudadanos1. Por ejemplo, su sentimiento de identidad y su percepcin de las formas potencialmente conflictivas de identidad nacional, regional, tnica o religiosa; su capacidad de tolerar y trabajar conjuntamente con individuos diferentes; su deseo de participar en el proceso poltico con el propsito de promover el bien publico y * Este texto apareci originalmente como "Return of the Citizen: A Survey of Recent Work on Citizenship Theory", en Ethics, n 104, Chicago, The University of Chicago Press, enero de 1994, pgs. 257-289. Publicado con permiso de los autores. La versin en castellano aqu reproducida apareci en Cuadernos del CLAEH, n 75, Montevideo, 1996, pgs. 81-112. 1 Rawls dice que la "estructura bsica" es el tema primario de la teora de la justicia en Rawls, 1971, pg. 7, y Rawls, 1993, pgs. 257-289.

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  • sostener autoridades controlables; su disposicin a autolimitarse y ejercer la responsabilidad personal en sus reclamos econmicos, as como en las decisiones que afectan su salud y el medio ambiente. Si faltan ciudadanos que posean estas cualidades, las democracias se vuelven difciles de gobernar e incluso inestables2. Como observa Habermas, "las instituciones de la libertad constitucional no son ms valiosas que lo que la ciudadana haga de ellas (Habermas, 1992, pg. 7).

    No es sorprendente, pues, que haya cada vez ms invocaciones a una "teora de la ciudadana" que se ocupe de la identidad y de la conducta de los ciudadanos individuales, incluyendo sus responsabilidades, roles y lealtades. Sin embargo, hay dos riesgos generales en esta bsqueda. El primero es que el alcance de una "teora de la ciudadana" es potencialmente ilimitado, ya que prcticamente todo problema de filosofa poltica implica relaciones entre ciudadanos o entre los ciudadanos y el Estado. En la presente revisin intentaremos evitar este peligro centrndonos en dos cuestiones generales que, en opinin de los tericos de la ciudadana, fueron desatendidas como resultado del excesivo nfasis que ha puesto la filosofa poltica reciente en las estructuras e instituciones. Se trata de las virtudes cvicas y de la identidad ciudadana3.

    El segundo peligro para una teora de la ciudadana surge como resultado de la frecuente confusin entre dos conceptos que aparecen en la discusin: la ciudadana-como-condicin-legal, es decir, la plena pertenencia a una comunidad poltica particular, y la ciudadana-como-actividad-deseable, segn la cual la extensin y calidad de mi propia ciudadana depende de mi participacin en aquella comunidad.

    Como veremos en la prxima seccin, muchos autores creen que una teora de la ciudadana adecuada requiere un gran nfasis en las responsabilidades y virtudes. Sin embargo, pocos de entre ellos proponen que debamos revisar nuestra concepcin de la ciudadana-como-condicin-legal de manera tal que sea posible, digamos, despojar de su ciudadana a la gente aptica. Lo que preocupa a estos autores son ms bien los requisitos que caracterizan al "buen ciudadano". Pero deberamos esperar que una teora del buen ciudadano sea relativamente independiente de la cuesti0n legal consistente en saber que es un ciudadano, del mismo modo que una teora de la persona de bien es algo diferente del problema metafsico (o legal) de saber qu es una persona. Si bien muchos tericos respetan esta distincin al desarrollar sus propias teoras, en la ltima seccin vamos a discutir una tendencia muy generalizada a ignorarla cuando se trata de criticar las teoras de los dems (por ejemplo, por la va de contrastar la propia concepcin "fuerte" de la ciudadana-como-actividad con la concepcin "dbil" de la ciudadana-como-condicin defendida por el oponente).

    La ortodoxia de posguerra

    Antes de describir la produccin reciente es preciso bosquejar rpidamente el punto de vista implcito en buena parte de la teora de posguerra. Este punto de vista estuvo casi enteramente definido en trminos de posesin de derechos.

    2 Esto puede explicar el reciente inters de algunos gobiernos en promover la ciudadana. Vanse Comisin Britnica de Ciudadana, Encouraging Citizenship, 1990; Senado de Australia, Active Citizenship Revisited, 1991; Senado de Canad, Canadian Citizenship: Sharing the Responsablity, 1993. 3 Un problema del que no nos vamos a ocupar aqu es el de las polticas de inmigracin y naturalizacin (vanse, por ejemplo, Brubaker, 1989, y Van Gunsteren, 1988).

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  • La exposicin ms influyente de esta concepcin de la ciudada-na-como-posesin-de-derechos fue la de T. H. Marshall en "Citizenship and Social Class", escrito en 19494. En opinin de Marshall, la ciudadana consiste esencialmente en asegurar que cada cual sea tratado como un miembro pleno de una sociedad de iguales. La manera de asegurar este tipo de pertenencia consiste en otorgar a los individuos un nmero creciente de derechos de ciudadana.

    Marshall divide estos derechos en tres categoras que, desde su punto de vista, se materializaron en Inglaterra en tres siglos sucesivos: derechos civiles, que aparecen en el siglo XVIIII, derechos polticos, que se afirman en el siglo XIX y derechos sociales -por ejemplo, a la educacin pblica, a la asistencia sanitaria, a los seguros de desempleo y a las pensiones de vejez- que se establecen en el siglo XX (Marshall, 1965, pgs. 78 Y sigs.)5 Con la expansin de los derechos de ciudadana -anota Marshall- hubo tambin una expansin de las clases de ciudadanos. Los derechos civiles y polticos, que originalmente se restringan a los varones blancos, propietarios y protestantes, fueron gradualmente extendidos a las mujeres, los trabajadores, los judos y catlicos, los negros y otros grupos previamente excluidos.

    Para Marshall, la ms plena expresin de la ciudadana requiere un Estado de bienestar liberal-democrtico. Al garantizar a todos los derechos civiles, polticos y sociales, este Estado asegura que cada integrante de la sociedad se sienta como un miembro pleno, capaz de participar y de disfrutar de la vida en comn. All donde alguno de estos derechos sea limitado o violado, habra gente que ser marginada y quedara incapacitada para participar.

    A esta concepcin suele denominrsela ciudadana "pasiva" o "privada", dado su nfasis en los derechos puramente pasivos y en la ausencia de toda obligacin de participar en la vida pblica. Se trata de una concepcin que sigue contando con grandes apoyos6, y esto por buenas razones: "los beneficios de la ciudadana privada no se deben menospre-ciar, ya que ponen ciertos bienes humanos bsicos (seguridad, prosperidad y libertad) al alcance de casi todos. Y esto es nada menos que una fantstica realizacin humana" (Macedo, 1990, pg. 39).

    Sin embargo, a esta ortodoxia de posguerra la han atacado con creciente frecuencia a lo largo de la ultima dcada. A los fines de este artculo, podemos identificar dos clases de criticas.

    La primera se centra en la necesidad de complementar (o sustituir) la aceptacin pasiva de los derechos de ciudadana con el ejercicio activo de las responsabilidades y 4 Reimpreso en Marshall, 1965. Para una introduccin concisa a la historia de la ciudadana, vanse Heater, 1990 y Walzer, 1989. 5 Con f