El Doctor Cadaver - Lene Kaaberbol

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<ul><li><p> En 1894, en la ciudad francesade Varburgo aparece el cadver deuna joven. Uno de los mdicos de lalocalidad, Albert Karno, conocidocomo el Doctor Cadver, descubrela presencia de unos caros en lasfosas nasales de la difunta. Karnodeber establecer la causa de lamuerte, pero la familia de lamuchacha y el sacerdote de laciudad se niegan a autorizar laautopsia. Ser el inicio de una serie</p></li><li><p>de acontecimientos dramticos queconducir al mdico, a su hija y alcomisario del lugar hasta unconvento cercano, custodiado porlobos, y los miembros de laburguesa local.</p><p>La internacionalmentereconocida autora danesa denovelas para adultos y jvenes,Lene Kaaberbl, se ha subido a laola de la novela negra. En 2008inici, junto con Agnete Friis, unaserie sobre la enfermera de la CruzRoja Nina Borg con El nio de la</p></li><li><p>maleta, que recibi el premio de laAcademia Danesa de NovelaNegra. Ahora se ha lanzado a unacarrera en solitario con la primeranovela de lo que promete ser unaserie apasionante.</p></li><li><p>ELene Kaaberbl</p><p>Traduccin de Sofa PascualPape</p></li><li><p>ndice</p><p>PortadaPortadillaCaptulo 1Captulo 2Captulo 3Captulo 4Captulo 5Captulo 6AgradecimientosCrditos</p></li><li><p>I23 de febrero-20 de marzo</p><p>1894</p><p>Cae la nieve. La nieve caesobre el rostro de la muchacha,sobre sus mejillas, su boca y sunariz, sobre sus ojos. La muchachapodra retirarla con un simpleparpadeo, pero no lo hace. Estcompletamente quieta en su nido de</p></li><li><p>nieve, ligeramente encogida; elabrigo de pieles la cubre como unedredn.</p><p>Alrededor de ella la ciudadvive su vida vespertina, los cochesde punto traquetean sobre elbarrizal adoquinado de la avenida aapenas unos pasos de all. Pero enel portal donde ella yace no hayvida.</p><p>Su hermano es quien laencuentra. Ha ido al teatro con unosamigos y luego a una sala de fiestas,y vuelve a casa contento y</p></li><li><p>despreocupado, y un poco ebriotambin. Por eso no entiende lo queve; al principio.</p><p>Hola? dice al ver que hayalgo o alguien echado frente a lapuerta de la casa familiar. Entoncesreconoce el peculiar abrigo, deastracn con el cuello de ocelote.Cici? pregunta, porque ese es elsobrenombre carioso de la chica. Cici, qu haces aqu?</p><p>Y es cuando descubre por quno parpadea, ni se levanta.</p></li><li><p>Verdaderamente inaudito dijo el comisario a mi padre.Resulta difcil creer, teniendo encuenta las circunstancias, que seanatural, pero no hay sealesexternas de violencia.</p><p>La muchacha yaca ahora sobreuna mesa en la capilla del hospital.Haban retirado el abrigo de pielesque colgaba sobre la tapa del atadque la aguardaba a su lado. Paphaba subido las lmparas de gaspara ver cuanto ms mejor. Elhospital haba instalado</p></li><li><p>recientemente las primerasbombillas elctricas, pero an nohaban llegado a la capilla. La luzera ms importante para los vivosque para los muertos, decan, yseguramente era cierto. Sinembargo, aquello complicaba anms el trabajo de mi padre.</p><p>Por debajo del abrigo CcileMontaine solo llevaba una ligeracamisola y unos bombachos, ambosblancos. Las dos prendas estabanenlodadas y haca ya un tiempo quelas llevaba puestas. Sus estrechos</p></li><li><p>pies aparecan desnudos yexanges, pero no haba signos decongelacin. Alguien haba cerradosus ojos entornados, y con suslargas y negras pestaas, sus labioscurvados, su estrecha nariz y susrasgos simtricos, todava saltaba ala vista por qu se la tena por unabelleza. Al igual que sus pestaas,su cabello era negro azabache, yestaba mojado por la nievederretida.</p><p>Dios mo dijo la tercerapersona que estaba presente en la</p></li><li><p>capilla. Dios nuestro Seor.La mano que sostena el</p><p>breviario temblaba levemente, y eraevidente que el padre Abigore, elsacerdote de la familia Montaine,estaba consternado.</p><p>Puede haber muerto de fro?pregunt el comisario.</p><p>Es posible. Pero justodelante del portal de su casa?</p><p>No, no tiene lgica. A menosque haya muerto en otro lugar y queposteriormente la dejaran donde laencontr su hermano.</p></li><li><p>Yo creo que muri donde laencontraron dijo mi padre. Esoes lo que nos indican las sealesclnicas.</p><p>Los dos lanzaron una miradafurtiva al sacerdote y se abstuvieronde comentar las livideces mientrasl pudiera orlos.</p><p>Enfermedad? Veneno? pregunt el comisario.</p><p>Es difcil determinarlo ya quela familia no accede a que sepractique la autopsia. Mi padrese inclin sobre la muchacha y</p></li><li><p>examin cuidadosamente la bocamedio abierta y despus las fosasnasales. Luego se incorpor.Estaba tsica?</p><p>El comisario mir al sacerdotepara trasladarle a l la pregunta. Elpadre Abigore estaba mirandofijamente a la muchacha muerta, y alprincipio no se dio cuenta de que leestaba hablando.</p><p>Padre?Qu? El sacerdote volvi</p><p>en s con un respingo. Tsica?No, desde luego que no. Cuando</p></li><li><p>abandon el colegio hace un par desemanas estaba fresca como unarosa y tan sana como cabe esperarde una seorita de diecisiete aos.</p><p>Y por qu abandon elcolegio? pregunt el comisario.</p><p>Tengo que confesar quecremos que se deba a unadesgraciada relacin que habaentablado con un joven quedesapareci al mismo tiempo. Peroahora... Bueno, ya no sabemos qupensar. Tal vez hayamos sidoinjustos con ella. Su mirada</p></li><li><p>volvi hipnotizada a la joven, comosi no pudiera mirar hacia otro lado. Tsica? Por qu lo cree?</p><p>Hay sangre coagulada en lasfosas nasales y en la cavidad bucaldijo mi padre. Y de prontoestall en un gruido sin palabras.</p><p>Qu pasa? pregunt elsacerdote, nervioso.</p><p>Pero mi padre no tena tiempopara responder. Sac una pipeta desu bolso y volvi a inclinarserpidamente sobre el rostro de lamuchacha.</p></li><li><p>Qu es lo que esthaciendo? pregunt el sacerdoteindignado, y dio un paso adelante. Me prometi que no hara nadaindecoroso. Nada denigrante parala difunta!</p><p>No es indecoroso leinterrumpi mi padre. Sino deimperiosa necesidad. Aprtese, metapa usted la luz!</p><p>Ms tarde mi padre dira que, apesar de todo, tal vez haba sidouna buena idea que la familiahubiera insistido en que estuviera</p></li><li><p>presente un sacerdote durante laexploracin, porque era un milagrode Dios que los hubiera visto conaquella deficiente iluminacin, yan ms increble que consiguieracazar a dos en el tubo de cristal dela pipeta.</p><p>Qu, qu? pregunt elcomisario. Qu ha encontrado?</p><p>Mi padre sacudi la cabeza.No lo s. Nunca haba visto</p><p>nada igual. Pero parecen unaespecie de larvas.</p><p>Larvas?</p></li><li><p>S. Le acerc la pipeta alcomisario. Lo ve? Hay una quetodava se mueve.</p><p>El sacerdote trag saliva conruido y se llev la mano en la quesostena el breviario a la boca.</p><p>Pero crea haberle odo decirque no llevaba muerta muchotiempo dijo el comisario.</p><p>Y as es dijo mi padrelentamente, y volvi a alzar el tubode cristal contra la luz de lalmpara de gas para poder estudiarlos bichos blanquecinos de un</p></li><li><p>milmetro de largo que habaatrapado. No puede tratarse deparsitos carroeros. Creo quevivan en ella mientras todavaestaba viva, y que ahora laabandonan porque ha muerto.</p><p>Naturalmente, no tengo manerade saber si todo fue exactamenteas. Yo no estaba. Mi padre semostraba extraordinariamentecomedido a la hora de dejarmeasistirlo cuando exploraba a los</p></li><li><p>muertos. No era bueno para mireputacin ni para mi futuro, soladecir, refirindose, sin lugar adudas, a mis posibilidades deencontrar un marido. Mi padre era,por regla general, un hombre delfuturo, interesado por las nuevasideas y las ltimas tcnicas. Peroprecisamente en este asunto semostraba increblemente anticuado.</p><p>Ya es bastante malo que yohaga esta clase de cosas medeca cuando intentaba convencerlo. Si se llega a saber que permito</p></li><li><p>a mi hija asistirme... No, Maddie,no puede ser. Queda del tododescartado!</p><p>Pues yo tena entendido quenunca hay que dejarse frenar por laestrechez de miras de los dems dije. Era el argumento recurrenteque utilizaba cuando la gente lollamaba Doctor Cadver o loacusaba de profanar cadveres.Algunos de sus pacientes vivos,sobre todo los ms adinerados, lohaban abandonado porque no lesgustaba que sus manos tambin</p></li><li><p>hubieran tocado a muertos. Sinembargo, cada vez que el comisariolo requera acuda a su llamada.</p><p>Los muertos ya no puedendefenderse sola decir.Alguien tiene que ayudarlos acontar su historia.</p><p>Pero por lo visto ese alguien nopoda ser yo.</p><p>Y se acab la discusin dijo. Y entonces no me qued otraque esperarlo en casa, hasta que ly el comisario volvieran de SantaBernardita bien entrada la noche.</p></li><li><p>Vivamos en la calle de lasCarmelitas, detrs del antiguoconvento, no muy lejos del hospitalde Santa Bernardita, donde mipadre trabajaba a menudo. No erauna casa grande, de hecho era lams estrecha de la calle, pero desdela primera planta se acceda alpatio que mi padre haba construidohaca muchos aos encima de lavieja cocina. Gracias a su situacinelevada reciba mucho sol duranteel verano, a pesar de que la casa</p></li><li><p>estaba rodeada de edificios algoms grandes. Ahora mismo, todoslos arbustos estaban cubiertos depelucas de nieve empolvadas, y elpequeo estanque del centro estabatan helado que tema que los peceshubieran muerto. Los dedos de mispies llevaban el mismo camino, ylos mov dentro de los botines paradevolverles un poco de vida, perono entr, porque si lo haca los doshombres en el saln dejaran dehablar de Ccile Montaine, yentonces no me enterara de ms</p></li><li><p>detalles clnicos como los queacabo de reproducir.</p><p>Es posible que ahora mismo lesparezca tan fra como la nieve quecubra el cadver, pero no memalinterpreten. Senta, qu dudacabe, una gran conmiseracin por lafamilia, y los ojos se me llenabande lgrimas solo con pensar lopronto que haba tenido que dejaresta vida. Tena tres aos menosque yo, y ese pensamiento que amenudo sobreviene a los vivos altoparse con la muerte, poda haber</p></li><li><p>sido yo, era ms vivo que nunca.Sin embargo, no haba lugar</p><p>para los sentimientos. A pesar de laresistencia de mi padre, mi plan eraseguir sus pasos algn da, y esosignificaba que tendra queaprender lo que pudiera de dondepudiese, tambin aqu en el patio,con la puerta del saln entornada.</p><p>Tendr que examinar estosbichos maana, a la luz del da dijo pap. Es imposibleestablecer la especie ahora mismo.</p><p>Ni siquiera puedo asegurar que</p></li><li><p>tengan algo que ver con la causa dela muerte, pero al fin y al cabo losencontr en las fosas nasales, y yodira que muri a causa de un fallorespiratorio.</p><p>Dej de respirar? gruel comisario. Acaso no morimostodos as?</p><p>La mayora de nosotrostenemos la suerte de morir antes dedejar de respirar, seor comisario,y no al revs. Y eso usted lo sabeperfectamente.</p><p>El comisario suspir y estir</p></li><li><p>sus fuertes y gruesas piernas.La familia desea acabar</p><p>cuanto antes para as poderenterrarla. Y yo en cambio quieroconocer la causa de la muerte antesde permitirles darle sepultura.</p><p>Maana. Tal vez. Si al menospudiera echar un vistazo a lospulmones...</p><p>Eso, desgraciadamente, estdescartado, amigo mo. Su padre nolo permitir. Y yo no puedoretorcerle el brazo con la ley en lamano, sobre todo porque, de</p></li><li><p>momento, todo parece indicar quese trata de una muerte naturalaunque extraa.</p><p>Es tan retrgrado e ilgico!exclam mi padre. Imaginetodo lo que podramos aprender,cuntas enfermedades podramoscurar y cuntas vidas podramossalvar solo con que realizramos laautopsia y examinramos a todoslos cadveres. O al menos a todoslos cadveres interesantes.</p><p>El comisario dej su copa decoac sobre la mesa y se levant.</p></li><li><p>Es posible. Pero qu leparecera si fuera su dulce hijaMadeleine quien estuviera estiradasobre la mesa?</p><p>Mi padre hizo un gesto derechazo con la mano.</p><p>Pero no lo es.Pero y si lo fuera?Mi padre tambin se haba</p><p>puesto en pie. Era media cabezams alto que el comisario, pero eradesgarbado y flaco, sobre todo enaquel abrigo gastado que todava nose haba quitado.</p></li><li><p>En el supuesto de que hubieraun versado mdico de cadveres adisposicin dijo con la cabezaalta, lo permitira.</p><p>Y entonces se dieron la mano amodo de despedida.</p><p>Probablemente la mayora demujeres jvenes habra salidogritando de haber odo a su padredeclarar que, llegado el caso,estara dispuesto a permitir que unextrao la abriera en canal a fin derealizar un detallado examencientfico. Pero yo no soy como la</p></li><li><p>mayora. En su lugar sent unpequeo y clido destello deorgullo en medio del fro.</p><p>Ccile Montaine yaca inmvily muerta sobre la mesa de la capillade Santa Bernardita, y el padreAbigore la velaba. Haba bajadolas luces de las lmparas de gas yen su lugar haba encendido cirios,y se haba arrodillado al lado de lajoven difunta para rezar. En mediode la dbil luz de los cirios no</p></li><li><p>advirti que varias lombricespequeas y blancuzcas salan de sunariz y su boca y se arrastraban porel pao blanco que la cubra, endireccin al breviario que lsostena entre las manos. Aquellanoche haca fro, y fue una suerte,porque las lombrices no pudieronsobrevivir al fro, y la mayoramuri rpidamente.</p><p>Aunque no todas.</p><p>Es evidente que se trata de un</p></li><li><p>cuerpo de forma arcnida dictmi padre, con cuatro pares depatas bien desarrolladas en relacinal tamao del cuerpo. Patas conocho articulaciones y garraspronunciadas. De boca pequea,una vez ms en relacin al tamaodel cuerpo y de la cabeza. Elabdomen parece flexible, como entodos los arcnidos, lo que nosindica una forma de vidaparasitaria, posiblementehematfaga, pero no tienecaparazn quitinoso, por lo que</p></li><li><p>presumo que este ejemplarpertenece a la especie de losargsidos, es decir, los arcnidosde cuerpo blando...</p><p>Interrumpi su disertacin y seincorpor. Sus movimientosdenotaban cierta frustracindeterminada.</p><p>No s lo bastante deparasitologa dijo. Maddie,seras tan amable de dibujarlo?As ser ms fcil consultar con unexperto, si es que encontramos auno.</p></li><li><p>Por supuesto, pap.Acerqu mi taburete alto al</p><p>microscopio. A m me resultabamucho ms seductor registrarformas de vida bacteriana yparsitos patgenos que reproducirlos arreglos florales y losbodegones que la Academia paraSeoritas de madame Aubryconsideraba apropiados para lashijas de la burguesa. Sin embargo,las clases de acuarela y decomprensin artstica me habanproporcionado cierta habilidad con</p></li><li><p>el lpiz, la pluma y el pincel, una delas pocas lecciones de la academiade las que haba sacado provechoen la vida real.</p><p>Mientras estaba sentada a la luzdel sol que entraba por las altasventanas dibujando mandbulas ypatas escamosas con extremadaprecisin escala 1:100, teniendoen cuenta que el bicho apenasmeda 2,4 milmetros, mi padre yel comisario charlaban mientrastomaban un caf que mi padre habapreparado con su quemador Bunsen.</p></li><li><p>En su da, mi padre instal sulaboratorio en la vieja cocina de lacasa, y nunca llegamos a construiruno nuevo. Eso simplificababastante el gobierno de la casa,algo que yo agradeca infinitamente.Madame Vogler vena un par dedas a la semana para hacerse cargode la colada y la limpieza, y su hijalise echaba una mano con el resto:reciba a las visitas, si alguna veztenamos una, encenda la estufa,aireaba la casa, haca recados yrealizaba las compras diarias.</p></li><li><p>Fuera de eso, solamos comer enChez Louis, que estaba a la vueltade la esquina.</p><p>Mademoiselle Montainedesapareci el 3 de febrero dijoel comisario. Y puesto que mileOblonski desapareci al mismotiempo, dieron por supuesto que losdos jvenes haban huido juntos.Algo que naturalmente tambin esposible, aunque la suerte que hacorrido nuestra Ccile cambia laperspectiva sobre la desaparicindel joven.</p></li><li><p>Est insinuando que dealguna manera pudo causar lamuerte de la joven seorita?</p><p>No insino nada. Sobre todomientras no haya descubierto lacausa de la muerte.</p><p>Mi padre mir al comisario dearriba abajo.</p><p>Ni siqui...</p></li></ul>