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Ya nos enseña Confucio que sólo puede ser siempre feliz el que sepa ser feliz con todo. En esta línea, huyendo de los conformismos pasivos y de la falsa resignación, descubrimos que la contraseña que abre las puertas de la realización personal se compone de una simple sílaba: SÍ.SÍ. A la vida, tal como es. A nosotros, tal como somos. A los demás, tal como son. A nuestros padres, tal como son y tal como fueron, vehículos providenciales de nuestra existencia y mucho más. Este es el mensaje que Joan Garriga Bacardí desvela en este libro, tan poético como inductor a la reflexión y al cambio, sobre un asunto esencial que nos concierne a todos: el proceso de asumir nuestro origen, nuestro legado familiar y de encontrar a través de ello nuestro lugar en el mundo.Nos encontramos ante una obra positiva y motivante. Un cuento para adultos, de fácil lectura, dirigido a nuestro corazón, que nos ayuda a comprender mejor las relaciones afectivas, especialmente entre padres e hijos, y con la pareja.Enseña a manejar los conflictos y las heridas inevitables de una forma constructiva, al servicio de la vida, suavizando y apaciguando el corazón y respetando la dignidad. Un pequeño libro pero grande en contenidos, ideal como estímulo y reflexión, pero también como regalo.El texto celebra la vida sin restarle su realismo y su crudeza, alejándose de una psicología positiva artificial. ¿Dónde están las monedas? ofrece nuevas perspectivas para el alma, tanto a los que sufren al pensar en sus padres, como a los que lo hacen con gratitud. Habla el lenguaje de la reconciliación y de la paz. Muestra el poder del amor y el camino para integrar y superar las herida que obstaculizan la plenitud de la propia vida.

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  • c

  • A mis padres, por supuesto, y a sus padres

    y a los padres de sus padres. A todos aquellos

    que traspasaron intacta, hasta llegar a m,

    la llama de la vida y las monedas justas para

    una vida con alma, con alegra y con sentido.

  • c

  • 8 DNDE ESTN LAS MONEDAS?

    El fluir armonioso de la vida es lo que buscamos plasmar en este libro, producido con la ilusin de crear una apuesta e di-torial diferente . que tambin transmita sabidura, belleza y esperanza4

    Como editora, me llena de satisfaccin lanzar este libro al m_undo, con la esperanza. de que en su .andadura se irn sem-brando semillas . de paz y buen vivir.

    Laura Takahashi Shimura Editora de la edicin espaola

  • DNDE ESTN LAS 1\IIONEDAS? Sanall" ls Jrelacione entre padJres e hijos

  • U na noche cualquiera de un tiempo cualquiera, una persona tuvo un sueo especial: so que reciba unas cuantas monedas de manos de sus padres. No sabemos si eran muchas o pocas, si eran mile~>, cientos, una docena o apenas un par. Tampoco sabemos de qu metal estaban hechas, si eran de oro, plata, bronce o tal vez de simple hierro.

    Mientras soaba que sus padres le entregaban las mone-das, sinti espontneamente una sensacin de calor en su pecho, Qyed invadida por un gran alborozo. Estaba con-tenta, se llen de ternura y durmi plcidamente el resto de la noche.

    Cuando despert a la maana siguiente, la sensacin de placidez y satisfaccin persista. Entonces, decidi cami-nar hacia la casa de sus padres. Y, cuando lleg, mirndo-los a los ojos les dijo:

    -Esta noche habis venido en sueos y habis depositado unas cuantas monedas en mis manos. No recuerdo si eran muchas o pocas. Tampoco r; de qu metal estaban hechas, si eran de un metal precioso o no. Pero no import, porque me siento pleno y contento. Y vengo a deciros: Gracias, son

  • 12 DNDE ESTN LAS !vlONEDAS?

    suficientes. Son las monedas que necesito y las que merez-co. As que las tomo con gusto porque vienen de vosotros. Con ellas ser capaz de recorrer mi propio camino .

    . .

    cJ. or esto, los padres, que como todos los padres se engrandecen a travs del reconocimiento de sus hijos, se sintieron an ms grandes y generosos. En su interior sin-tieron que podan seguir dando a su hijo, porque la capa-cidad de recibir amplifica la grandeza y el deseo de dar. As, dijeron:

    -Eres un buen hijo. Puedes quedarte con todas las mone-das, puesto que te pertenecen. Puedes gastarlas como quie-ras y no es necesario que nos las devuelvas. Son tu legado, nico y personal. ,Son para ti.

    Entonces el hijo se sinti tambin grande y pleno. Se per-cibi completo y rico, y pudo dejar en paz la casa de sus padres. A medida que se alejaba, sus pies se apoyaban fir-mes sobre la tierra, y andaba con fuerza. Su cuerpo tam-bin estaba bien asentado en el suelo, y ante sus ojos se abra un camino claro y un horizonte esperanz3:dor.

    cM ientras recorra el camino de la vida, se fue encontrando con distintas personas. Le acompaaban durante un trecho, a veces ms largo, a veces ms corto. Algunos le acompaaron durante toda la vida. Eran sus socios, amigos, parejas, vecinos, _compaeros, colaborado-res, e incluso sus adversarios. En general, el cam~no le resultaba sereno, gozoso, en sintona con su espritu y su

  • SANJ\.~{ __ l~.(\.S RI:LACJ.ON.E~- ENTRE PADR~S E HIJOS 13

    naturaleza personal. Y aunque no estaba exento de los pesares naturales que la vida impone, lo senta. como el camino de su vida.

    De vez en cuando volva la vista atrs, hacia sus padres, y recordaba con gratitud .las monedas recibidas. Y cuando observaba el transcurso de su vida .o miraba a sus hijos o recordaba todo lo conseguido en el mbito personal, fami-liar, profesional, social o espiritual, apareca la imagen de sus padres y se daba cuenta de que todo aquello haba sido posible gracias a lo recibido de ellos, y que con su xito y logros les honraba.

    Se deca a s mismo: "No hay mejor fertilizante que los propios orgenes", y entonces su pecho volva a llenarse con 1~ misma sensacin expansiva que le haba embarga-do la noche que so que reciba las monedas.

    Q tra noche cualquiera de otro tiempo cualquiera, otra persona tuvo el mismo sueo, ya que tarde o tempra~o todos llegamos a tener ese sueo .. Venan sus padres y depo-

  • 14 DNDE ESTN LAS MONEDAS ?

    sitaban en sus manos unas cuantas monedas. En este caso tampoco sabemos si eran muChas o pocas, si eran miles, unos cientos, una doce~ o apenas un par. No sabernos de qu metal estaban hechas, si de oro, plata, bronce o simple hierro ..

    Al soar que reciba en sus manos las monedas de sus padres, la per-

    . . , . ,

    sona s1nt1o espontaneamente ~n pellizco de incomodidad .. Cl!Ied invadida por una agria inqui.etud, por una sensacin de tormento en el pecho y un lacerante malestar . . Durmi lo que quedaba de noche revolvindose eqcrespada entte las sbanas.

    Al despertar, an agitada, sinti un fastidio que pareca enojo, pero que tambin tena algo de queja y resenti-miento. Su cara era el rostro del sufrimiento y de l.a dis-conformidad. Con furia y un ligero tinte de vergenza, decidi caminar hacia la casa de sus padres. Al llegar all, mirndolos de soslayo les dijo: .

    -Esta noche habis venido en sueos y me habis entre-gado unas cuantas monedas. No s si eran muchas o pocas . . Tampoco s de qu. metal estaban hechas, s1 eran de un metal precioso o no. No importa, porque me siento vaco, lastimado y herido. Vengo a deciros que vuestra~ monedas no son buenas ni suficientes. No son las monedas que necesito ni son las que merezco ni las que me cotrespon-

  • SANAR ~~!\S Rl:L/\Cl.~NES ENTRE PADRES E HIJOS 15

    .cJen. As que no las quiero y no las tomo, aunque procedan de vosotros y . me lleguen a travs vuestro. Con ellas mi camino seta demasiado pesado o demasiado triste y no lograra it lejos. Andar sin vuestras monedas~

    r los padres~ que como todos los padres empeque.e-cen y sufren cuando no. tienen el reconocimiento de sus hijos, se hicierort alin ms pequefios. Se retir~ron, dismi-nuidos y tristes; al interior de la casa.: Con desazn y con-goja comprendieron que podan dar todava menos de lo que haban dad? a aquel hijo, porque. ante la dificultad para tomar y tecibit, la grndeza y el deseo de dar se hacen pequeos. y languide!en. Guardaron silencio con~ fiando en que, con el paso del tiempo y la sabidura que trae ~onsigo la vida, quiz se llegaran a enderezar los rum-bos fallidos del hijo.

    Es _extrao lo . que ocurri a continuacin. Despus de pronunciar aquellas palabras ante los padres, el hijo se

    sinti impetuosamente fuerte, ms fuerte que nunca. Se trataba de una fuetta extraordinaria: la fuerza feroz, empecinada_ y herclea que surge de la_ -oposicin a los hechos ya las petsonas. No era una fuerza genuina, como la que resulta del asentimiento a los hechos y est en con-sonancia con los avatares de la vida, pero s era una fuer-za apasionada e intensa. Era la clase de fuerza que confi-gura el paisaje del sufrimiento humano, aquella en que las personas tratamos de apoyarnos cuando carecemos del coraje y de la humildad suficiente para aceptar la realidad

  • 16 DNDE ESTN LAS MONEDAS?

    tal . como es y a . nuestros padres tal como son. La falsa fuerza que nos concede la oposicin a las . cosas, el res en-timiento hacia l~s personas y el victimismo frente a los hechos vividos.

    Con el tiempo, esta persona aprendera ,que ningn sufri-miento concede derechos, ninguna postura existencial edificada sobre heridas concede merecimientos y que el nico sentido de . este sufrimiento, que no es dolor, es hacer sufrir a los dems, ya que niGamente el dolor genuino despierta la compasin. Pero aquel da, la perso-na abandon la casa de los padres dicindose a s misma: ,

    -Nunca ms.

    Se senta fuerte pero tambin vaca y necesitada. Aunque lo deseaba no lograba quedarse en paz.

    cA" medida que se alejaba de la casa de sus padres, sin-ti que sus_ pies se elevaban unos centmetros por encima de la tierra y que su cuerpo, un tanto flotante, no poda caer en su peso real. Y sinti algo ms sorprendente an: cada vez que abra los ojos pareca que miraba lo mismo, un horizonte f~o y esttico.

    La persona fue desarrollando una sensibilidad especial. As, cuando encontraba a alguien a. lo largo de su camino, lo contemplaba con una enorme esperanza y de manera inconsciente se preguntaba:

    .

  • SANAR L~~ __ I_~_ELAC'll_)_~_I~~~}:NTRE PADRES E HIJOS

    -Ser esta persona la que tiene las monedas que merezco, necesito y me corresponden, las monedas que no tom de mis padres porque no supieron drmelas de la manera justa y conve-niente? Ser esta la persona que tiene aquello que merezco?

    17

    En cierta ocasin la respuesta fue afirmativa, y todo resul-t fantstico. Se enamor y sinti que todo a su alrededor era maravilloso. Y, sin darse cuenta, empez a esperar que el otro tuviera aquello que no haba tomado de sus padres y se lo diera.

    :;!\(o obstante, aunque la esperanza de encontrar las ~o~as le result embriagadora al principio, cuando el enamoramiento acab convirtindose en una relacin y la relacin dur lo suficiente, la persona descubri que el otro no tena lo que le faltaba, es decir, aquellas monedas que no haba tomado de sus padres.

    -Q!l pena!- se dijo entonces, y se quej amargamente de su mala suerte, culpando de ella al destino.

    Se sinti desengaada, sometida a un tonnento emocio-nal que tom forma de desesperacin, desazn, crisis, tur_.. bulencia, enfado, frustracin. Y es que, aunque todava no lo saba, el otro slo poda darle aquello que tena y le corresponda por su posicin, aun querindolo dar todo y

  • 18 DNDE ESTN LAS MONEDAS?

    amando plenamente, pues una pareja es una relacin entre adultos, fundada en la igua