cronicas del absurdo

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C. NATALIO LELL

CRONICAS DEL ABSURDO

Apuntes para un darse cuenta

EDICIONES MARAN ATHA NEUQUEN

Mi agradecimiento

a mis amigos profesionales de todas las disciplinas por su invalorable asesoramiento cientfico para la realizacin de este libro.

Dedicado a

Cuento chino El Patriarca dorma plcidamente debajo del cerezo. Soaba que era una mariposa. El Patriarca despert, y ahora no sabe si es un hombre que soaba que era una mariposa, o si es una mariposa que suea que es un hombre. (Chuang Tzu)

Cuento rabe Un vecino encontr a Nasrudn arrodillado buscando algo por el suelo. - Qu es lo que perdiste, Mull? -Mi llave, respondi Nasrudn. Tras unos minutos de ayudarlo en la bsqueda, el vecino pregunt: -En qu lugar se te cay la llave? -En mi casa. -Pero entonces, por qu diablos la buscas aqu afuera? -Por que aqu hay ms luz... (Relatos Sufes)

Cuento argentino Juro por Dios y los Santos Evangelios cumplir y hacer cumplir.....etc. etc. Si as no lo hiciera, que Dios y la Patria me lo demanden... (Manual de Ceremonial y Protocolo)

INTRODUCCION

Hace muchos aos, cuando comenzaba mi carrera periodstica, tena las mismas ambiciones e inquietudes de cualquier joven que decide seguir su vocacin: dinero, fama, conocimiento, y en mi caso, la extraa idea de cambiar el mundo. La experiencia posterior con mis semejantes, me hizo comprender algo elemental: que no todos quieren cambiar, y entre los que quieren, muchos no pueden, o no saben cmo. Y obviamente, no cambia el mundo si no cambian sus habitantes. Bien se dice que el periodista es una especie de cronista de la historia contempornea, y con el paso de los aos, a medida que realizaba entrevistas y reportajes, tanto a encumbrados personajes de la poltica, del gremialismo, del arte, como a gente simple de la calle, me fue invadiendo la extraa sensacin de que estaba escribiendo verdaderas crnicas del absurdo. Nada pareca estar en su lugar, y me daba la impresin de que los hombres iban a contramano de todo lo que la historia nos haba dejado como enseanza. Hoy, aquella sensacin se ha convertido en certeza. La globalizacin ha hecho del planeta un enorme mercado comn, que favorece el comercio y las relaciones financieras, pero no ha erradicado el hambre ni la pobreza, y la brecha entre pobres y ricos ha ido en aumento. La irrupcin de Internet y la llegada de los celulares, cada vez ms accesibles a mucha gente, ha ligado a la humanidad en una comunicacin casi instantnea, pero ello no ha mejorado la convivencia, y las personas no se entienden mejor. De hecho, salvo las diferencias en el armamento, los hombres continan matndose entre s como en los mejores tiempos de Atila el huno, paradjicamente considerado por nuestros historiadores como un brbaro por sus atrocidades. Qu dirn los historiadores del futuro sobre los brbaros de nuestro tiempo? Donde stos pisan, tampoco vuelve a crecer la hierba... La clase poltica contina envuelta en luchas casi tribales por el poder, y sus intrigas palaciegas recuerdan a las antiguas cortes reales. El algn momento, esta crnica del absurdo cotidiano me pareci un viaje sin retorno. Hoy, ya al final de mi carrera, releyendo mis apuntes acumulados a lo largo de los aos, he comprobado que la solucin no es cambiar el mundo, sino cambiar uno mismo, pues cuando se logra esto, misteriosamente, el mundo tambin cambia.

Incluso esto no es del todo exacto, porque en realidad no hay nada que cambiar, sino solamente quitar el polvo para que aparezca lo que ya existe, pero encubierto debajo de la basura acumulada. El cambio, el darse cuenta es una experiencia personal, intransferible, y no viene en pastillas ni en pcimas milagrosas de esas que se venden por TV con el llame ya! Cuesta trabajo, y no es la batalla de un da, sino el combate de toda una vida. Sacudirse la hipnosis colectiva a la que estamos sometidos en nuestro estado de conciencia normal, exige una metamorfosis interior que no se logra leyendo un par de libros de autoayuda ni asistiendo a conferencias de barbados gures orientales. Como deca Chuang Tzu, si fuese tan fcil,todo el mundo se lo contara a su hermano. No se trata de leer y escuchar para almacenar datos a fin de enriquecer nuestro archivo intelectual, sino centrar la atencin en palabras y frases que nos producen un sacudn interior, y releerlas una y otra vez, en el sentido de un pensar que medita, al decir de Dussel. Y este pensar que medita suele ser el primer paso en la bsqueda. Lo que es bueno para unos no debe serlo necesariamente para otros, pero como al decir de Radakhrisna, la luz es buena, cualquiera sea la lmpara en que arda, se me ocurri recopilar en este libro los apuntes ms relevantes de mis libretas. Estos apuntes fueron concebidos originalmente como soporte de nuestros Seminarios de Mejoramiento Personal, y no tienen mayores pretensiones literarias ni de originalidad. Sobre los temas aqu tratados existe abundante literatura, escrita por sabios y mejor dotados que el suscripto, por lo cual no tendra sentido copiar o repetir lo que ya abunda. Nos limitamos a citar numerosos autores y libros que se encuentran en las buenas libreras, y cuya compra posiblemente sea la mejor inversin que puedan realizar. Nuestra nica intencin es que sirvan como introduccin, como datos, quizs intrigantes, que despierten el deseo, la curiosidad, la polmica, y la sospecha de que, tal vez, como dijeron los msticos de siempre y lo afirman los cientficos de ahora, lo que llamamos realidad no sea tan real, y el universo al fin, se parezca ms a una mente que a un reloj. Con lo cual quedar en claro la forma equivocada en que, en la mayora de los casos, estamos enfrentando nuestra realidad cotidiana. Como estos pensamientos vienen de ms all de quien los escribe, seguramente no faltar quin encuentre en ellos la palabra justa, en el momento exacto, para gritar Eureka, y dar el salto al vaco para caminar sobre las aguas. Cuando el odo est preparado, llega la palabra.

EL ABSURDO DE LA REALIDAD1

HABIA UNA VEZ...Los hombres son dioses muertos de un templo ya derrumbao. (A. Yupanqui)

Cuenta la historia que hace muchos siglos, en la vieja Atenas, el filsofo Digenes recorra las calles de la ciudad con una lmpara encendida, a plena luz del da, y cuando sus conciudadanos le preguntaban qu cosa buscaba, Digenes responda: Busco un hombre. En medio de la decadencia generalizada, las palabras del filsofo provocaban risas y burlas, lo cual nos demuestra que los ignorantes de entonces actuaban igual que los de ahora, que cuando no logran entender a los sabios, se ren alegremente, en vez de llorar a mares la desgracia de su estupidez. Si en esta poca ciberntica, Digenes reviviese en nuestras calles, seguramente usara una linterna elctrica, pero su bsqueda sera la misma. Al igual que entonces, o peor, hallar un hombre resulta una tarea ms difcil de lo que parece. Pues si bien existen machos, y su contra parte femenina, (aunque tambin aqu la diferencia se vuelve cada vez ms sutil...) lo cierto es que la virilidad, el temple y las virtudes bsicas del ser humano, ms all de la ancdota del sexo, parecen ser nuevamente caractersticas en extincin. Sin dominio sobre s mismo y a merced de sus instintos, incapaz de mantener un buen estado de salud fsica y mental, angustiado, desorientado, su vida cotidiana se ha convertido en una competencia feroz por sobrevivir, y alcanzar un status socioeconmico acorde a lo que marca como ideal una desenfrenada sociedad de consumo. Una sociedad estructurada de tal manera que nuestro hombre pasa obligatoriamente a ser uno de sus engranajes, sin mayor autodeterminacin real. Cierto que en las campaas electorales, a la hora de votar es misteriosamente rescatado del olvido, para ensayar una grotesca parodia de libertad personal, pero luego de las elecciones, es devuelto nuevamente al silencio y a la nada.

Quien pretenda aislarse de la colmena pasa automticamente a ser un marginal, privado de beneficios y derechos, y una de las consecuencias ms trgicas de esta esclavitud psicolgica, es que a partir de esta situacin, el individuo queda de tal manera alienado, que cuando dice Yo, en realidad quiere decir nosotros. Ya no tiene ideas propias, piensa en sociedad, y el gran YO social compuesto por la muchedumbre se lo devora, a veces definitivamente. Deja de existir como individuo consciente para limitarse a girar como un autmata, como una rueda movida desde el exterior, en medio de un caos generalizado. Los hombres son dioses muertos, de un templo ya derrumbao, algo as como los ltimos restos de un naufragio csmico. Para Digenes redivivo, sera evidente que, si bien alrededor del hombre todo ha cambiado, la humanidad sigue haciendo gala de los mismos vicios y la misma decadencia que llevara a la ruina a tantas civilizaciones del pasado. Nuestros fantasmagricos paisajes de piedra y cemento, nuestros alimentos congelados, nuestras aguas sucias y contaminadas, le daran la pauta de que el hombre mantiene inamovible su estupidez. La rueda de la historia gira imperturbable, y hoy como ayer, las civilizaciones, imperios y sociedades nacen, prosperan y mueren por las mismas causas, como repetida crnica de una muerte anunciada. En nuestro mundo digital y globalizado, donde Internet nos acerca instantneamente cualquier informacin o acontecimiento, y sofisticados programas de computacin tienden a reducir al mximo el esfuerzo y la creatividad, el hombre, (o lo que queda de l) es atormentado por todo tipo de complejos emocionales, ansiedad, temores y frustraciones que han usurpado el lugar del optimismo y la confianza. Preguntarle a alguien desprevenido si verdaderamente es feliz, puede ser causal de un infarto, o cuanto menos ponerle en un brete enojoso. La esperanza, el jbilo y la alegra se han convertido en elementos exticos que no puede comprar en los hipermercados, y entonces intenta llenar este creciente vaco con diversiones baratas, y literatura meditica extrava