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PensamientoDebates, versiones, rupturas

y arte en los 90

Alberto Argello Grunstein

addenda no.5

CE NI D IA P

Primera edicin:2003 Ttulo original: Pensamiento y arte en los 90. Debates, versiones, rupturas Autor: Alberto Argello Grunstein Imagen de Portada: Teresa Magallanes. Lengua Addenda nmero 5, julio de 2003 El presente ensayo lo escrib en el invierno de 2001 respondiendo a la invitacin que me hiciera el crtico de arte Carlos Blas Galindo a desarrollar un texto sobre este tema, mismo que se presentara en un Simposio organizado por l y en el que participaran artistas, investigadores y crticos de arte. Coordinador de la coleccin: Miguel ngel Espinosa Editora de la coleccin: Sol lvarez Diseador de la coleccin: Jos BlendaLos derechos de los textos incluidos en la coleccin de libros virtuales son propiedad de los autores y estn respaldados por el Centro de Investigacin Documentacin e Informacin de Artes Plsticas (CENIDIAP) y por el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA). Este libro puede distribuirse electrnicamente de modo gratuito, siempre y cuando se reproduzca completo e incluya la siguiente advertencia: "Este ensayo apareci originalmente en la revista Discurso Visual No.8" Para registrar su copia escriba a discursovisual@yahoo.com.mx

Agradecimientos

El Simposio Pensamiento y arte en los noventa no se llev a cabo, pero qued por escrito mi aportacin que he ido corrigiendo y ampliando desde entonces. Agradezco los comentarios de mis lectores, el propio Carlos Blas Galindo, Luis Rius Caso, historiador e investigador, y muy especialmente del maestro Alberto Hjar, losfo y crtico de arte, de quien recib una serie de interesantsimas sugerencias y puntualizaciones que me sirvieron para enriquecer el texto. Desde luego, todos los puntos de vista expresados en el mismo, sus aciertos y errores, son responsabilidad ma. Agradezco a mi esposa, Rosa Mara Gonzlez Victoria, quien siempre ha sido un apoyo clave en mi vida y me motiv a no descui-

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dar esta veta de mi trabajo acadmico. Agradezco tambin a Alma Rosa Snchez que ha trasncrito la primera y subsecuentes versiones de este texto, siempre con amabilidad y entusiasmo. Doy gracias asimismo a la Srita. Claudia Fierro por haber elaborado con rapidez y eciencia el Apndice de datos biogrcos e informaciones que lo integran, con base en un listado que le proporcion, a la par de que tambin consiguiera las imgenes que acompaan e ilustran algunas referencias que se hacen en el propio ensayo.

Sumario

La frontera actual en la agona del arte La brecha generacional, ilusiones y decepciones Nostalgias y premoniciones

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La posmodernidad como estadio cultural y como debate Posmodernismo y neoconservadurismo

Pensamiento crtico vs pensamiento nico Implicaciones para el campo artstico del debate entre pensamiento nico y pensamiento crtico Discursos artsticos en los noventa Un ejercicio de comprensin Otros discursos, otros debates

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Apndice

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del conocimiento humano: la cultura no se destruye... slo se trans-

La frontera actual en la agonia del arte

forma. Y en este proceso lleva su condena. Hemos dicho que la agona del arte, como la de todo lo humano, es continua. Cobra sentido esto que decimos cuando descubrimos que agona es una palabra derivada del griego agonizs que signica lucha, combate. A esta acepcin se le asocian, de manera

En los aos noventa se decretaron o, en el mejor de los casos, se diagnosticaron muchas muertes: de la historia, de la poltica, del sujeto, de las utopas, del Estado-nacin, de las ideologas e incluso del arte. Pero si todo ello ha muerto y el arte tambin por qu existe tanta preocupacin por este y otros asuntos nados?, se trata de una mana necrolgica post-terica que agobia a los intelectuales urbi et orbi? La del arte, como la de la poltica, de las ideologas, las utopas y las perspectivas u horizontes culturales, nunca es una muerte total. Su agona, por el contrario, es continua. Por lo que decimos, sobreviene la imposibilidad de responder a la pregunta de si el arte ha muerto. Y esta incapacidad se multiplica si ampliamos nuestra perspectiva sobre el arte: ha muerto la msica?, ha muerto el teatro?, ha muerto la danza?, ha muerto la pintura?; dnde?, cundo?, para quienes?, cmo? y qu sucede con aquellas manifestaciones que han roto las fronteras entre los diversos medios expresivos? Las respuestas no son fciles de formular, por lo que preero, por el momento, parafrasear -a medias- una clebre declaracin

inmediata, otras dos palabras muy signicativas: los protagonistas, que combaten en primera lnea y los antagonistas, que luchan en contra1. Pero a pesar de este ajuste de sentido, no podemos negar que ante la mirada inexperta, ante el odo anquilosado, ante aquellas mentes ocupadas en otros asuntos (o bien, preocupadas por la sobrevivencia) o acostumbradas a un arte instituido para siempre, por los siglos de los siglos igual a s mismo, conservado dentro de sus convenciones, el arte s ha muerto. Sobre todo para aquellos que siempre enlazan sus apreciaciones a la obstinacin por la belleza y, sobre todo, la belleza euroccidental, clasicista, ordenada, racionalista, equilibrada, proporcionada y sobria. Quizs para algunos, los ms conservadores o los ms amilanados, la muerte o el cambio del arte, de un estado (anteriorcomprensible) a otro (el actual-incomprensible) sea contundente, porque nunca estuvieron al da (no vieron o no quisieron ver) de lo que aconteca en el campo del arte, en el campo de la reexin

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Ignacio Ramonet, Agona de la cultura?, en Pensamiento crtico vs. Pensamiento nico, Madrid, Le Monde Diplomatique, edicin espaola (L-Press), 1998, p.251.

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sobre el arte o en el campo del debate intelectual de los ltimos treinta aos. A quienes el goce artstico convencional les arroba y obnubila, sobre todo si se inscribe en lo bello, los cambios ordenados y mnimos quizs les sorprendan e, inclusive, les entretengan. Pero los cambios drsticos o las rupturas, les parecen intolerables por incomprensibles. Todo esto prueba, una vez ms, que el pblico tambin contribuye a crear el arte y que el goce esttico, el gusto por el arte, tambin es cambiante, sobre todo si entra en sintona con lo que plantean los creadores. La oposicin a las rupturas o a las innovaciones drsticas tambin registra ciclos con ascensos y declinaciones, de manera que, por sobresaturacin, lo que se pens provocador ya no sorprende y probablemente llegue a aceptarse con aburrimiento o con una mnima sonrisa. Lo destacable aqu es que los pblicos, si estn al tanto de lo que arriesgan los creadores vivos, tambin son co-jugadores en el juego simblico del arte.

Si los pblicos que se inclinan o preeren el arte de los noventa, nacieron a nales de los setenta o a principios de los ochenta qu podran discutir con aquellos pblicos de arte (me reero a los anquilosados) que nacieron en los cincuenta, cuarenta o treinta? La brecha generacional es tan slo una entrada para vislumbrar esta problemtica pero, como se comprender, no es una entrada simplista.2 Adems, para el tema que nos ocupa, ante nadie podemos ocultar el hecho de que es un tema que preocupa, ocupa e importa a individuos o grupos de actores sociales que forman parte de las clases media y alta de nuestro pas, cuyas acciones transgresoras o irreverentes, cuando las hay, operan fundametalmente como resistencias simblicas ante los valores instituidos de la cultura dominante, ms que como formas explcitas y contundentes de oposicin prctica (por ejemplo, poltica). Si dialogamos con algunos jvenes para quienes el 68 es prehistoria, Vietnam no signica nada y la cada del Muro de Berln ni les va ni les viene (y no me reero a que carezcan de informacin, sino al hecho de que acontecimientos como estos no les signiquen ni sean experiencia de cultura), nos daremos cuenta de lo mucho que

La brecha generacional, ilusiones y decepciones No creemos que haya una estricta correspondencia entre creadores, pblicos y agentes operadores del gusto artstico, ni que la estructura del campo artstico opere como una maquinaria perfectamente engrasada, pero s es posible sealar ciertas lneas de fuerza que hacen surgir, o estancarse, a unas u otras tendencias estticas.

se distinguen y se distancian las preocupaciones, las preferencias y los gustos. Por decir algo: aquellos que nos sentamos marxistas revolucionarios (aunque sea de caf), hoy somos vistos como viejos romnticos utpicos o bien como choreros trasnochados, por aquellos ochenteros que se supone tienen la mirada fresca, desinhibida y despreocupada (no en todos los casos, por fortuna).2

Otras entradas podran ser el gnero, la etnia, la clase social, la escolaridad y la cercana o lejana del campo artstico.

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Y la brecha generacional avanza a pasos agigantados: hay, por cierto, un mayor brinco generacional entre los que llambamos nios Atari y los actuales nios Nintendo, que la que hubo, por ejemplo, entre quienes operaban las primeras mquinas de escribir Smith & Corona y luego las Olimpia elctricas. Estas diferencias no slo se reeren al uso del medio tecnolgico sino a un complejo conjunto de nociones de uso e interrelacin que implican transformaciones conceptuales; es decir, para los ltimos nios Nintendo (o Play Station 2), son ordinarios y hasta anodinos, conceptos como: interactividad, navegacin libre, grcas 3D, pluriculturalidad, hiperviolencia, erotizacin, fantasa sin freno; homogeneizacin y hegemonizacin de la imagen (es decir, de lo visual) sobre lo verbal, y otros etcteras como, por mencionar algo que se da de manera sincrnica: la expansin del gusto por la msica technorock (utilizada como fondo musical en los propios videojuegos). Quizs hoy podamos imaginar el shock de estos jvenes pblicos de la industria cu